viernes, 20 de marzo de 2009

La repoblación del valle del Duero: aspectos políticos 2

La desaparición total de las viejas divisiones hispanogodas de las regiones vueltas a la vida, daba una gran fluidez a las fronteras de las unidades político – administrativas. Y los reyes dispusieron inicialmente en ellas de plena libertad para designar a sus rectores y para variar sus límites.

La historia registra muchos alzamientos nobiliarios; de ninguno cuenta que hiciese tambalear a la realeza. Faltaba a los posibles rebeldes elementos con que organizar clanes vasallático – beneficiales numerosos.

Desde Alfonso III por lo menos, los reyes otorgaron no pocos privilegios de inmunidad. Los señores de tales inmunidades –en su gran mayoría obispos y abades- no rigieron por ello grupos humanos de importancia suficiente como para constituir milicias numerosas. Solo cuando maduró la repoblación y se desgastaron por tanto las armas políticas que en sus comienzos la realeza había tenido, se produjo la gran crisis del reino leonés.

El avance de la colonización del país tras un largo siglo desde su inicio, el paulatino crecimiento del poder de las dos aristocracias por la repoblación arraigadas en el valle del Duero, el relativo agotamiento de la libertad de maniobra de la realeza al cerrarse parte de sus viejas disponibilidades de tierras y de gobiernos, la merma de sus fuerzas bélicas y fiscales por el torrente de concesiones de inmunidades pueden contarse entre las causas del debilitamiento del poder real.

Las masas de hombres libres surgidas del singular poblamiento del país, masas que habían constituido un sustento militar y tributario de la realeza por obra de la repoblación empezaron a ser absorbidas por las aristocracias. A Sánchez Albornoz incluso le parece “lícito” vincular la secesión castellana con la empresa colonizadora. Porque fueron dispares quienes se establecieron en León y Portugal de quienes se establecieron en Castilla.

No se debe olvidar la dispar herencia temperamental de los repobladores. Asiento León de la Corte, ombligo del reino, la repoblación de las tierras legionenses estuvo lastrada por la realidad, porque influyó en la autoselección de los colonizadores. Se reflejó en la colonización de la marca galaico portuguesa la jerarquización de una Galicia en la que por lo fugas y leve del paso musulmán no se borraron las viejas estructuras sociales. Castilla fue, en cambio, repoblada por un mosaico de pueblos –cántabros, vascones, celtas y godos- que lo recio de su lucha secular con el Islam –un siglo de terrible golpear- había hermanado igualitariamente todo lo que a la sazón era posible.

La secesión castellana fue el resultado de la integración de la base humana del país por masas repobladoras que pudieron servir de sustento político a una familia ambiciosa e inteligente.
La realeza leonesa vio segregarse a Castilla no solo por la impotencia familiar de la estirpe regia, sino porque en Castilla la repoblación había mezclado una extraña sociedad histórica, de infanzones pobres y de libres villanos pequeños propietarios, agrupados en libres comunidades locales y habituados a la lucha con el moro. Es decir, por obra de la singular colonización del país.
Tras el devastador paso de Almanzor, tanto Castilla como León dictaron leyes que sirvieron para varios propósitos:

1. Repoblar León, sede del gobierno, arrasada y despoblada por Almanzor.
2. Restaurar el orden social, alterado por la razzia, y profundizado por las rebeliones posteriores.
3. Devolver el poder a las monarquías, que a través de su intervención intentaban volver a la vida lo que Almanzor había destruido.

A esta etapa de la repoblación se deben, entonces, las dos primeras formulaciones escritas de derecho político de la España cristiana, hasta allí regidas por las normas del derecho consuetudinario.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

martes, 17 de marzo de 2009

La repoblación del valle del Duero: aspectos políticos 1

Al cabo de una generación los godos refugiados en Asturias enlazaron con el ayer las prácticas externas de la monarquía. Pero los reyes de Oviedo estuvieron muy lejos de poseer originariamente, de iure y de facto, el poder de los soberanos de Toledo.

El poder de estos soberanos se debió al éxito en rechazar las violentas acometidas de Córdoba y es innegable la contribución en el sentido de vigorizar el poder de la realeza asturleonesa la repoblación del valle del Duero.

Jurídicamente la realeza era dueña de las tierras yermas. Era necesaria su autorización o confirmación en el establecimiento de presuras, y la realeza revertía el quinto de las realizadas expontanea voluntate por presores. ¿Podría dudarse que tal realidad hubo de aumentar la fuerza de la monarquía naciente?

En este sentido, la monarquía utilizó el derecho germánico tradicional, pero también el derecho islámico que le sirvió de ejemplo y le amplió el margen de maniobra.

A la afirmación de la autoridad regia colaboró también la empresa repobladora. Había delegados reales encargados de llevar a cabo las tareas colonizadoras. Los reyes designaban a quienes les venía en gana para que dirigieran la vuelta a la vida de las comarcas.

Ese poder de selección les permitía ejercer de hecho un poder discriminatorio sobre los nobles de sangre, quienes para medrar dependían de la benevolencia real.

Hay precisos testimonios del enriquecimiento de algunos clanes nobiliarios desde el instante en que uno de sus miembros había realizado la puebla de una comarca.

Y si la aristocracia quedaba así vinculada de hecho y de derecho a la realeza, la repoblación sometió asimismo la Iglesia de iure y de facto a la monarquía. Cierto que la tradición jurídica visigoda atribuía a los reyes la designación de los obispos; la repoblación llevó mucho más lejos la autoridad de los príncipes sobre la alta clerecía. La restauración de las viejas sedes, desiertas desde el siglo VIII, también fue obra de la realeza. Su vuelta a la vida constituía parte preeminente de la repoblación. Los reyes decretaban la ordenación de prelados en las que eran restauradas, creaban otras nuevas, designaban a sus pastores y las dotaban generosamente.
La realeza tenía así una fuerza innegable sobre la clerecía, cuya vida y medro dependían de la realeza, como clara proyección de la repoblación del valle del Duero.

La abundancia de tierras yermas, de derecho propiedad de la corona, permitió además a los reyes enriquecer a su capricho a laicos y eclesiásticos mediante donaciones de vicos, villas, heredades… más o menos despoblados, pero con potestad de poblarlos a su arbitrio.

La repoblación contribuyó asimismo en el reino regido por los Alfonsos, los Sanchos, los Ordoños, los Ramiros, los Bermudos, a la paralización del proceso feudalizante que triunfaba ya en las monarquías desmembradas un día del imperio carolingio o de él continuadoras.

La fuerza y el poder que la repoblación dio a los soberanos asturleoneses hizo innecesario a estos organizar su embrionario Estado sobre la base de personales relaciones vasallático – beneficiales. El temprano Estado asturleonés se articuló sobre las bases de derecho público que habían caracterizado la monarquía visigoda. Incluso se detuvo el deslizamiento que esta conoció en sus postimetrías hacia un prefeudalismo.

Este Estado se articuló no sobre relaciones contractuales que constituían la cadena feudal, sino sobre la base igualitaria de la vinculación de los súbditos con la alta magistratura rectora del reino. A todos sus habitantes se extendía la regia autoridad. Todos debían al rey servicio de guerra; directamente daba el rey beneficios o exenciones, todos estaban sometidos a la justicia, eran limitadas las franquicias de las pequeñas unidades geográficas inmunes. Correspondía al soberano la suprema potestad reguladora del Derecho.

Solo cuando la lejanía del inicio de la colonización fue madurando una sociedad más jerarquizada, fueron creciendo los anillos de la cadena vasallático – beneficial. No encontramos sin embargo atestiguado tal crecimiento, sino en el primer tercio del siglo XI.

El régimen administrativo visigodo se prolongó históricamente en las norteñas regiones de Galicia, en las que no se había hecho sentir el impacto de la gran catástrofe demográfica producida por la invasión islámica. Al filo de año 900 comites e imperantes regían minúsculos comissa o comitatus y los regían muy sometidos a la autoridad regia.

Ni en unas ni en otras pudieron soñar con hacer hereditarios sus gobiernos. La fuerza que la repoblación dio a los reyes les permitió conservar intacto su poder discrecional de nombrar y trasladar los rectores de los distritos administrativos en que el reino se hallaba dividido.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

sábado, 14 de marzo de 2009

La repoblación del valle del Duero: aspectos sociales 3

Está por investigar científicamente esa asamblea rural asturleonesa que comparte el nombre de concilium con las reuniones del palatium regis y con algunas de la clerecía. Es problemático su origen, al igual que su constitución y actividades.

Los iudices hispanogodos se hallaban asistidos por auditores o jurados, siguiendo probablemente la tradición germánica, y no es aventurado suponer que en la zona donde los godos se asentaron masivamente perduraría la costumbre de congregarse para resolver sus problemas.

Durante los primeros siglos de la Reconquista, se documentan con frecuencia las actividades jurídicas de los concilia populares y solo muy tardíamente sus actividades socioeconómicas. Entre las primeras figuran, naturalmente, la substanciación de los litigios civiles y penales.

Quizás al desaparecer las curias y la organización municipal romana comenzaron a realizarse los negocios jurídicos ante las asambleas populares hispanogodas.

Los emigrantes a tierras galaicas, astures o cántabras habrían llevado al norte tales prácticas en el siglo VIII y los repobladores las habrían llevado luego al valle del Duero.

La geografía y la repoblación distinguieron acaso en su día dos clases de concilia populares. En Galicia, donde existieron desde temprano pequeños comissa o comitatus, es probable que funcionaran concilia abarcantes de los moradores de cada una de esas unidades geográficas regidas por un comes o un imperante. En las tierras de nueva colonización, donde los condados eran muy extensos, quizás triunfó el sistema de los concilia locales. Sin embargo, en las tierras leonesas y castellanas se documentan concilia de radio geográfico reducido.

Pero un problema sale al paso al examinar la personal acción procesal en un concilium de los moradores en un commissum, una civitas, un castrum, un valle o una villa. Podían estar integrados por libres propietarios, o podían estarlo por villanos de señorío.

Parangonemos, a modo de ejemplo, al concilium de León de libres ciudadanos, con el del Valle del Fenar, cuyos integrantes no eran dueños de las tierras que labraban. Nadie nos garantiza que eso mismo no ocurriera en diversos concilia de Galicia, Portugal, León y Castilla.

Diversos libres propietarios aparecen realizando o presenciando en un concilium diversos negocios jurídicos. A los casos ya citados, pueden añadirse los que atestiguan la intervención en uno de ellos como testigos de quienes no podemos calificar de foreros .

¿Habrían podido concertar con un claustro la construcción de un cauce para llevar agua a su molino quienes hubiesen dependido de otro claustro o de un magnate? ¿Habían podido concertar su entrada en dependencia de una comunidad religiosa o de un infanzón quienes no hubiesen sido plenamente libres y se hubiesen hallado vinculados a un claustro o a un cenobio? ¿Habrían sido admitidos como fiadores o como cojuradores gentes cuyo status de libertad jurídica hubiese estado de alguna manera maculado?

Todos los testimonios alegados bastarían para que no nos fuera lícito dudar de la presencia en el valle del Duero de una considerable masa de presores o de hijos y nietos de presores, o de partícipes o de hijos y nietos de partícipes en más extensas presuras colectivas.

Pruebas que atestiguan su declinación social, con merma de la plenitud de su libertad jurídica y del respaldo fundiario de la misma. Otras pruebas atestiguan la agrupación en aldeas libres, por libres propietarios habitadas, en aldeas que poseían bienes comunales y que empiezan a adquirir embrionarias libertades políticas.

Nadie podrá negar la importancia de estas aldeas tempranamente adornadas con una embrionaria autonomía política. También atestiguan la realidad de tal existencia la aparición de gentes que de alguna manera podían disponer de sus destinos para obtener la protección de un poderoso señor laico o clerical.

En este grupo podemos incluir a los incomuniatos de tierras galaico portuguesas y a los documentables homines de benefactoría de Galicia y León.

Eran unos y otros pequeños propietarios libres, a quienes su necesidad había llevado a buscar la protección de un magnate o de una iglesia poderosa. Por hallarse sumergidos en una sociedad muy jerarquizada, muchos pequeños propietarios libres hubieron de convertirse en incomuniatos entregando la mitad de sus bienes a un monasterio o a un señor y recibiéndola luego en tenencia agraria, o bien hubieron de aceptar alguna otra forma de patrocinio territorial.

Menos fuerte la clase superior de las tierras leonesas en el inicio de la repoblación, fue más reducida la presión ejercida por ella sobre las masas de pequeños propietarios libres. Pero el lento aunque continuado medro del poder de la aristocracia laica y el rápido crecimiento de la fuerza social de iglesias y cenobios en ellas, al cabo se dejó sentir en los destinos de los grupos rurales libres.

De algunas de las aldeas originalmente habitadas por gentes dueñas de sus destinos tenemos noticia de su dependencia posterior a una institución religiosa.

Aunque asombre en Castilla, luego tierra clásica de las behetrías (1), no hallamos en la época asturleonesa huellas claras de que se concretara tal fórmula de patrocinio territorial.
Pero hallamos documentada la existencia de aldeas libres que poseían bienes comunales de los que a veces disponían y que aparecen litigando o contratando libremente con instituciones religiosas.

Castilla había sido repoblada por gentes no estratificadas jerárquicamente como las moradoras en Galicia, y la realeza ovetense por su lejanía, no había podido intervenir cada día en el proceso repoblador.

Por múltiples razones los reyes no hicieron en tierras castellanas tantas libertades como en tierras galaicas o leonesas. La casa condal de Castilla no fue proclive a favorecer el desarrollo de clanes laicos que pudieran hacerle sombra. Para defenderse de los reyes leoneses y de los califas musulmanes, y en ocasiones de los soberanos de Navarra, los condes de Castilla necesitaron el apoyo popular. Y las masas de hombres libres incluso lograron ascender de condición cuando tuvieron medios para adquirir caballos y coraje para pelear como jinetes .

La repoblación había dado nacimiento a la clase de los ingenuos boni homines; pero trajo además al valle del Duero a otros hombres libres: los colonizadores de la segunda hora, ingenuos de nacimiento o que habían alcanzado la libertad por los avatares de su emigración, pero sin tierra. Los que llegaron a poblar en las tierras del rey convirtiéndose en los nuevos homines mandationis, o que recibieron ad populandum heredades de una iglesia o de un magnate no eran nobles como los infanzones, ni plenos propietarios como los boni homines pero se beneficiaron del aire de libertad de la repoblación del Duero, y formaron parte de esta extraña sociedad que había surgido en él como proyección.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

1: Antiguamente, población cuyos vecinos como dueños absolutos de ella, podían recibir por señor a quien quisiesen.

viernes, 13 de marzo de 2009

La repoblación del valle del Duero: aspectos sociales 2

La mayor novedad de la sociedad nacida en el valle del Duero como proyección de repoblación del país estuvo constituida por le existencia en él de numerosas masas de hombres plenamente libres en la extensa zona que se extiende desde los alcores burgaleses hasta las costas portuguesas del Atlántico.

Abundan los testimonios de muy varios negocios jurídicos que solo hombres plenamente libres podían realizar.

Por la mínima importancia de los bienes cedidos o vendidos en esas operaciones no se puede suponer que estos vendedores o donantes son gentes de desahogada posición económica.
No podríamos por ello dudar que vendedores o cedentes eran libres, pero pequeños propietarios. Si no hubieran sido dueños de los bienes con que operaban hubieran estado en graves problemas legales.

Lo menguado de su patrimonio está acreditado, además, por los numerosos casos en que habiendo cometido delito de sangre, un delito sexual o de cualquier otro género, no podían pagar la calumnia o pena pecuniaria en que habían incurrido, y se arrojaban a los pies de quienes habían agraviado –o de las autoridades competentes- y solicitaban su misericordia, a cambio de entregarles sus pobres bienes raíces.

Está también atestiguada la activa y pasiva responsabilidad penal y procesal de muchos campesinos: responsabilidad que comprueba su condición de hombres libres. Numerosos documentos los presentan litigando libremente en defensa de sus derechos o de su misma libertad jurídica y social.

Los litigios en defensa de derechos agrarios o de personales libertades jurídicas no siempre acreditan la condición de pequeños propietarios libres de tales litigantes. Porque, por la importancia de los bienes disputados, podríamos hallarnos en presencia de gentes cuyas fortunas sobrepasarían las que podemos atribuir a la masa campesina libre.

Tienen en cambio indiscutible valor probatorio los casos en que un campesino entrega un bien raíz de extensión reducida en pago de la pena pecuniaria en que había incurrido, entrega realizada antes del juicio o después de que este tuviera lugar.

Numerosos documentos presentan a muchos campesinos entregando pequeños bienes raíces por haber mentido en juicio.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Arqueólogos españoles hallan joyas de oro de hace más de 3.000 años en Luxor


El Cairo (EFE) - Una misión de arqueólogos españoles ha descubierto cinco pendientes y dos anillos de oro de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo (1539-1075 a.C) en la ciudad monumental de Luxor, en el sur de Egipto, anunció hoy un comunicado oficial.
El Consejo Supremo de Antigüedades (CSA) explica en la nota que las piezas se encontraron en la cámara mortuoria de Gehuti, responsable de la Hacienda durante la época de la Reina Hatchepsut (1482-1502 a.C), en la zona de Derá Abu al Naga, en la orilla occidental del Nilo en Luxor, a 600 kilómetros al sur de El Cairo.

Según los primeros estudios de los arqueólogos españoles, es posible que estas joyas pertenezcan al propio Gehuti o a un miembro de su familia, ya que era un funcionario importante que se vestía con joyas como los reyes, agregó el texto.

Estos estudios han probado también que la tumba de Gehuti fue saqueada en distintas épocas faraónicas.
Además, los contenidos de la tumba como el ataúd y la momia fueron quemados en un incendio en el periodo entre 725 y 1081 antes de Cristo.

El secretario general del CSA, Zahi Hawas, explicó que es probable que los pendientes y los anillos hallados fueran extraviados por los ladrones durante el robo de la tumba, por lo que pudieron ser encontrados ahora, mientras que otras joyas han desaparecido.

Los nombres del propietario de la tumba y de sus padres, que se encuentran en el techo de la cámara mortuoria, fueron dañados aunque se pueden leer, añadió Hawas.

El arqueólogo José Manuel Galán, que encabeza la misión española, destacó que los estudios que han hecho muestran que algunos arqueólogos visitaron la tumba en 1898 o en 1899, años durante los que fue robada.

Durante las excavaciones, la entrada de un pozo de tres metros de profundidad apareció dentro de la cámara mortuoria, añadió Galán, a quien cita la nota del CSA. No fue posible localizar al arqueólogo español para conocer detalles del hallazgo.

En el mismo lugar fue descubierta, asimismo, la entrada de otra cámara mortuoria, cuyos muros están decorados con inscripciones coloreadas que muestran la imagen de la diosa del cielo "Nut" con las manos abiertas para abrazar al difunto.

Según el responsable de las antigüedades de Luxor, Mansur Breik, la tumba de Gehuti es la cuarta en esta ciudad perteneciente a un importante funcionario, con algunas frases del "libro de los muertos" inscritas en los muros.
Gehuti se encargó del traslado de los templos de Hatchepsut de Asuán a Luxor, un papel importante durante el mandato de esta reina, añadió Breik.

Noticia de EFE publicada por Yahoo! Noticias.

La repoblación del valle del Duero: aspectos sociales 1

De la aventura repobladora nació la extraña sociedad que las escrituras de la época permiten descubrir. Varias características la distinguen de la sociedad ultrapirenáica contemporánea. La presidía una realeza, muy fuerte hasta la crisis de la segunda mitad del siglo X, secundada por un reducido número de comites e imperantes de real nombramiento.

Ocupaba el primer lugar en esa sociedad un grupo no muy numeroso: los infanzones, llamados también filii benenatorum. Estaban exentos de tributos, gozaban del wergeld o valor penal de 500 sueldos y de algunos privilegios procesales que les diferenciaban del común del pueblo.
Recibían patrimonios o soldadas con cargo al servicio de guerra y llegaron a adquirir inmunidad en sus casas.

No los encontramos en los documentos como ricos propietarios. Se habla temprano de sus heredades, pero excepcionalmente.

Aparecen viviendo en ajustada dependencia vasallática del rey, de los ricos prelados y de los pocos magnates laicos a quienes el monarca había elevado a la dignidad condal y que habían logrado adquirir fuerza política y económica.

Los hallamos gobernando las mandationes o tierras de un obispo, y recibiendo atonitos, es decir, beneficios o soldadas, acompañando al joven hijo de un conde a poner las cadenas, signo de nobleza, en una casa de la que se había apoderado, interviniendo en las divisiones de bienes de algunos señores o sirviendo a otros de cojuradores. Y los encontramos enviados por un rey a regir un condado.
Por las leyes de Castrojeriz de 974 sabemos que los infanzones de Castilla recibían prestimonios, es decir, beneficios, o soldadas como recompensa por su obligación de acudir a la guerra. También tenemos noticia de que sus bienes personales eran mínimos.

No es difícil explicar su generalizada situación de dependencia y lo magro de sus patrimonios personales. Eran emigrantes colonizadores llegados del norte, a donde se habían acogido sus abuelos.

La primera emigración de estos a Cantabria, Asturias y Galicia durante el siglo VIII los habría desarraigado de las tierras que habitaban. Al regresar al sur, los infanzones debieron comenzar desde cero absoluto. Los patrimonios con que empezamos a encontrarlos procederían de sus presuras personales, de los bienes que hubieran ganado en el ejercicio de algunas delegaciones de gobierno al servicio de los reyes de León o de los condes de Castilla.

Dificultaba su enriquecimiento lo yermo de las tierras tomadas en presura o luego adquiridas.
Mientras en tierras asturianas y galaicas es posible documentar numerosos siervos e incluso abundaron en tierras portuguesas, en la zona leonesa hallamos muy pocos testimonios de población servil y en Castilla faltan casi por entero. Y tal proporción está confirmada por la ausencia en esta de libertos, y lo mínimo de su presencia en León, en contraste con su abundancia en la zona galaico portuguesa.

Si la repoblación había limitado y retrasado la formación de una clase social elevada, la repoblación incidió también en la ausencia o abundancia de siervos en las diversas regiones de la monarquía.

La mínima presencia de collazos en la Castilla condal, lo ralo de las menciones de tributarios o iuniores de capite en León y la abundancia de estos en Galicia rima bien con lo dicho sobre siervos y libertos.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

lunes, 9 de marzo de 2009

Diccionario Histórico: un proyecto para medio siglo

¿Le cuesta conciliar el sueño? ¿Tiene pesadillas extrañas? No se preocupe, no es el único. "Hoy me he despertado en plena noche. Me preocupaba un asunto de morfología relacionado con el sufijo dor. Sí, soy un tío raro. Hace años soñé una etimología. La acabé publicando". Bien, antes de que José Antonio Pascual (Salamanca, 1942) nos cuente que sus pesadillas están protagonizadas por un diminutivo disfrazado de gnomo narigudo, hay que señalar, en su descargo, que el vicedirector de la RAE anda enfrascado en la titánica tarea de recopilar la historia de la evolución de las palabras desde el siglo VIII hasta la actualidad.
En efecto, el lexicógrafo está al frente del Diccionario Histórico de la Lengua Española, un proyecto faraónico ("tardaremos medio siglo, no puede ser menos") contra el que se han estrellado los filólogos españoles desde los tiempos de Maricastaña, presos de la falta de recursos y de un exceso de perfeccionismo. "Quisimos hacer el diccionario definitivo. Y lo logramos, pero sólo hasta la letra B. En 40 años...", explica rememorando el grandioso intento fallido de Rafael Lapesa tras la Guerra Civil. "La última vez que lo intentamos nos quedamos en la letra B, tras 40 años"
La pérfida Albión
Visto lo visto, no es de extrañar que Pascual hable con envidia del Oxford English Dictionary. Hagamos memoria: En 1879, la Universidad de Oxford contrató a James Murray para elaborar un diccionario histórico que sustituyera al Dictionary of the English Language, publicado por el mítico Samuel Johnson, en 1755. Murray, que presumía de saber 40 idiomas entre ellos, catalán, a la perfección murió en 1915, trece años antes de que se completara el diccionario. Vamos, que los ingleses nos llevan un siglo de ventaja...
Pero la heroica remontada ha comenzado. El equipo español del diccionario de nunca acabar se reúne cada mañana en el Centro de Estudios de la RAE. Antes de entrar en el edificio, el reportero fantasea con imágenes de filólogos enterrados en libros y vestidos con pelucas blancas, medias y anteojos. Pero, ay, el choque con la realidad resulta brutal: en el equipo de Pascual hay tantos filólogos como ¡informáticos! ¡Cielos! ¡Si Don Samuel Johnson levantara la cabeza! ¿Qué fue de los tiempos en los que Johnson se encerraba con las obras completas de Shakespeare y Francis Bacon, y salía nueve años después con 43.500 definiciones debajo del brazo? Respuesta: la tecnología ha acabado con la figura romántica del filólogo solitario. Y con el diccionario como formato rígido. Cada vez que se complete la historia de una palabra se colgará en Internet.
"En diez años vamos a tener un prediccionario. Es decir, una versión llena de problemas, pero también con grandes posibilidades de mejora. Sin la informática e Internet no se podría hacer así", cuenta Pascual sobre un proyecto cuya primera etapa reconstruirá el pasado de las 50.000 palabras más usuales. "Si el objetivo fuera publicarlo en papel habría que hacer un diccionario perfecto, del tirón, pero esto es otra cosa", añade. Así, la historia de cada palabra se colgará en Internet a medida que esté completa. En cierto modo, Johnson dio la clave para entender el espíritu contemporáneo (léase el espíritu de la Wikipedia) cuando dijo que "los diccionarios son como los relojes: el peor es mejor que ninguno, pero del mejor uno no puede esperar que sea del todo preciso". Ahora, la precisión se alcanza compartiendo el conocimiento: los hallazgos de cualquier investigador pueden acabar en el diccionario.
Y es que, ya no vale con tomar una "fotografía del significado de una palabra", cuenta Santiago Sánchez, una de las manos derechas de Pascual, mientras diserta sobre unos términos que demuestran la condición mutante del lenguaje: los eufemismos, las palabras neutras que sustituyen a otras de mal gusto "Yo he llegado a oír: Me voy al señor Roca", dice Pascual sobre las mil maneras de llamar al lugar donde hacemos de vientre.
Tirando del hilo del eufemismo llegamos al despacho de Octavio Pinillos, jefe de informática del Diccionario, que introduce la palabra retrete en un buscador. Aparecen en su pantalla 293 ejemplos y 93 documentos históricos con retrete, incluido uno de 1438, que dice así: "En casa del ermitaño secretamente, en un retrete muy secreto". ¿Acaso no quería el ermitaño que le vieran haciendo sus necesidades? No exactamente. Como explicará el Diccionario Histórico, el término retrete sólo significaba entonces estancia pequeña situada en un lugar escondido de la casa.
Tras la demostración queda más claro por qué Pascual cree que el español es "una lengua de segunda" sin este diccionario: es imprescindible para entender los textos del pasado. Para conocer cosas como las que cuenta el lingüista José Antonio Millán en sus libros: rebuzno viene del latín buccina, trompeta; igual que la bocina del coche. Ahora ya entendemos por qué piensa lo que piensa el peatón cuando le pitan.
Noticia publicada por El Castellano.

domingo, 8 de marzo de 2009

La repoblación del valle del Duero: aspectos económicos 2

El clima de la zona recién poblada imponía el cultivo de los cereales y las leguminosas de secano, hacía posible el de la vid y en tierras bien regadas permitía la horticultura y el trabajo del lino.

La abundancia de tierras yermas y la falta de brazos dieron sin embargo, en el valle del Duero, con frecuencia, el triunfo a la ganadería sobre la agricultura.

Esto se puede ver a través de:

a) Los registros de números de cabezas de ganado que nos brindan algunos inventarios.
b) Las estadísticas que los documentos permiten trazar del valor de estimación de las diversas especies de animales domésticos.
c) Cambio en el derecho. En el derecho germánico no se conocía la gratuita cesión de bienes; pero los documentos muestran centenares de donaciones.
d) Las noticias que sobre bustos, vacarizas, dehesas de pastos, etc., se hallan en los textos, particularmente castellanos.

Fueron muy frecuentes las disposiciones de los condes de Castilla otorgando dehesas de pastos a diversos cenobios o concediéndoles derechos a pastorear en los montes o defesas de las comunidades locales.

Para poder enfrentar a la poderosa caballería musulmana, se apuntó especialmente a la cría caballar; lo atestigua la alta valoración alcanzada por los caballos, especialmente en tierras de León y Castilla. Superaba desproporcionalmente al de las otras especies de animales domésticos y a veces a los mismos objetos de lujo.

Eran muy apreciadas las mulas, abundaba el ganado vacuno, no faltaban el porcino ni el hircino (1), y en las llanuras alcanzó el ovino tal importancia que la oveja llegó a emplearse como moneda de cambio y de cuenta con el sueldo de plata y el modio de trigo. No dejaron de criarse palomas, ánades y grullas.

Se dio también la explotación de las diversas y muy ricas salinas castellanas. Pozos y eras de sal fueron trabajadas por moradores en las aldeas próximas.

Algunos grandes monasterios lograron de los condes de Castilla derechos de explotación más o menos amplios, a veces casi monopólicos, en algunas salinas. No se puede dudar del importante desarrollo generado alrededor de la sal.

En León empiezan a documentarse mercados, y no solo en la sede regia, sino también en lugares sin relieve demográfico e incluso en minúsculas aldeas. Hay noticia de mercados en León, Ceia, Abelda, Giles, Ameyugo y Burgos, también aparecen tiendas en centros urbanos como León y Burgos.

Este cuadro puede movernos al error. Refleja una abultada imagen de la vida económica muchas, muchas décadas después de iniciada la repoblación y, sin duda, hipertrofia la realidad. Desierta la tierra, su colonización exigió un lento y paciente esfuerzo.

Siempre quedaron grandes claros desiertos. Nunca se agotó del todo la enorme sed de hombres de esa tierra. La vida económica hubo de ser embrionaria.

En el valle del Duero fue desarrollándose lentamente una economía agraria y ganadera que sin mostrar todos los relieves de la economía natural se le acercaba: conoció un muy frecuente trueque de objetos por objetos y carecía de moneda acuñada peculiar. El cambio directo de objetos por objetos se practicó incluso en la adquisición de bienes raíces y ganado.

Llevada a cabo la repoblación por una sociedad no jerarquizada –solo Galicia lo estaba parcialmente- y falta de fuerzas humanas de trabajo, no pudo surgir en el valle del Duero una sociedad señorialmente articulada en unidades de extensión suficiente y con suficiente sustento humano colonático para que, dentro de ellas, hubiera podido producirse el proceso eterno de creación, distribución y consumo de la riqueza.

No se admite hoy que en el imperio carolingio se viviera en un régimen de economía cerrada, de tipo señorial. No se admite que triunfase de un modo exclusivo un régimen económico articulado sobre la base de autárquicas unidades construidas por los grandes señoríos rurales. Pero no se niega el papel predominante desempeñado por estos en la vida económica y se reduce a límites precisos los intercambios que desbordaban las fronteras de los mismos.

Es evidente el contraste de la articulación social allende los Pirineos con la característica del valle del Duero.

Por la misma naturaleza de las adquisiciones originarias de las iglesias y cenobios, que recibían tierras en lugares de ordinario alejados entre sí, fue lenta y difícil la unificación de sus dominios territoriales. Pero más lenta y difícil fue aún la formación de los dominios nobiliarios, por los peculiares métodos de formación de los mismos: herencias, matrimonios, compras; el ejercicio de las funciones de gobierno, abusos de autoridad… Y porque su paulatina acumulación tropezaba además con los sucesivos colmelli divisionis o repartos de las herencias familiares.

No se debe olvidar que la mayor parte de las villa, villula, hereditates, hereditatelias que iban integrando patrimonios de nobles y eclesiásticos no estaban habitados por siervos ni por ningún otro género de labradores en situación de dependencia. Son muy escasos los testimonios documentales de siervos en el valle del Duero.

Consta, sí, que muchos de los patrimonios de las dos aristocracias, laica y clerical, se formaron por la acumulación de pequeñas parcelas recibidas de pequeños propietarios libres, de ellos adquiridas o a ellos arrebatadas.

¿Qué entendían concretamente por villa castellanos y leoneses del siglo X? En muchos casos con tal palabra aludían a un fundo de no muy gran extensión, explotada por un grupo de labriegos, con frecuencia no totalmente asentados en ella.

No podemos por tanto pensar en la existencia de una economía señorial en tierras leonesas, y en Castilla es aún menos imaginable. Solo en muy reducido número existían en ella propietarios laicos o eclesiásticos dueños de importantes dominios territoriales.

Los documentos procedentes de Otero de Las Dueñas permiten seguir paso a paso la formación de los dominios de dos nobles leoneses, Pedro Flainiz y Fruela Muñoz, durante la primera mitad del siglo XI. Compraron numerosas propiedades, cambiaron algunas por otras que, cabe suponer, limitarían con el núcleo central de sus bienes y recibieron no pocas de las siguientes formas:
a) de litigantes obligados a pagarles pro suo iudicato
b) de quienes habían sido eximidos de prestar la peligrosa ordalía del agua caliente (2)
c) de quienes habían recibido o esperaban recibir su ayuda en un concilio o asamblea judicial
d) de testigos falsos, condenados por haberlo sido
e) de homicidas, raptores, asaltantes, ladrones… en pago de una pena pecuniaria
f) De fiadores del cumplimiento de promesas fácticas o de deudas y de quienes no podían levantar créditos con ellos contraídos.
g) De inductores de robos en sus casas o en las ajenas
h) De quienes habían cometido delitos sexuales
i) De quienes quebrantaban los límites de algunas propiedades o se apoderaban de otras
j) De alguien a quien uno de los condes “tobo ad comenda en su Kasa”, etc.

En el valle del Duero, aún después del lento esfuerzo de concentración territorial, las propiedades laicas y eclesiásticas seguían integradas por bienes dispersos, dentro de los cuales no podían realizarse la triple tarea de producción, distribución y consumo de la riqueza.

La repoblación había dado origen a una economía agraria y ganadera que, sin acercarse a la economía de mercado, que había de caracterizar otra etapa de la historia económica europea, se basaba en forzosos intercambios dentro del cuadro total del reino. Solo esa realidad explica la proliferación de mercados en centros rurales sin relieve urbano alguno y la temprana aparición de tiendas.

Lo rudimentario de la vida económica surgida en el otrora desierto valle del Duero contrastaba con la contemporánea y vecina de la España musulmana. Triunfaba en ésta una economía que sin demasiada hipérbole podríamos calificar de industrial y numeraria. El intercambio determinó la relativa invasión del reino asturleonés por el comercio de lujo procedente de Al-Andalus.

La repoblación harto había hecho con restaurar la vida económica en las tierras antaño desiertas. Las masas repobladoras no pudieron ni soñar en competir y oponerse a ese comercio sureño que matizó la economía del reino cristiano.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

1: De “Hirco”, el macho cabrío de la cabra montañesa. Ganado “cabruno”. Hirco: cabra montés. Especie salvaje, de color ceniciento o rojizo, con las patas, la barba y la punta de la cola negras, una línea del mismo color a lo largo del espinazo y los cuernos muy grandes, rugosos, echados hacia atrás y con la punta retorcida. Vive en las regiones más escabrosas de España.
2: La judicium aquae ferventis es probablemente la forma más antigua de juicio de Dios en Europa. La prueba aparece mencionada en algunos de los textos de leyes más primitivos (por ejemplo en Hinkmar von Reims) de Europa Central. En esta prueba, el acusado debía extraer, con el brazo desnudo, una pequeña piedra o un anillo de un caldero de agua hirviendo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

La repoblación del valle del Duero: aspectos económicos 1

Luego de haber visto en las últimas entradas las causas y contexto de la denominada "Pérdida de España", nos llega el turno ahora de ver cómo fue desarrollándose la reconquista del territorio ibérico por parte de los núcleos cristianos.

En este sentido, es interesante antes que nada prestar atención a Claudio Sanchez Albornoz, el mismo autor que usamos en la serie anterior, quien traza una serie de proyecciones respecto de las posibilidades y limitaciones a la hora de emprender la reconquista.

Lo primero que se debe tener en cuenta es la enorme dificultad que afrontaron los godos de los siglos VIII, IX y X a la hora de intentar recuperar su territorio, empezando por la destrucción de sus núcleos urbanos, la disgregación entre aquellos que quedaron en pie o se erigieron a partir del traslado hacia el norte, la falta de recursos humanos y materiales, etc. Cuestiones todas que condicionaron seriamente su acción.

En un primer momento las acciones bélicas y políticas han debido tener, obligadamente, un carácter defensivo. Al respecto resulta de altísimo interés la batalla de Covadonga (718 o 722, según qué fuente usemos), por todo el simbolismo que conlleva y lo que en su momento significó para los cristianos.

En esta serie no habrá batallas, más allá de la mención de algún evento en particular si surgiera la necesidad, sino que seguiremos los pasos de Sánchez Albornoz para entender con qué se enfrentaron los cristianos que dieron los primeros pasos de la Reconquista. Como siempre, espero que lo disfruten.

La repoblación del valle del Duero: aspectos económicos 1.

Las dos grandes empresas que más contribuyeron a forjar la herencia temperamental y el talante hispanos fueron la reconquista y la repoblación.

La repoblación se proyectó además en la vida económica, en la organización social, en la articulación política, en las creaciones del espíritu, en el talante comunal e incluso en los hábitos del diario vivir. Al establecerse masas humanas en las tierras yermas, fueron restaurándose en el país núcleos de habitación, pero a la vez fue reanudándose la vida económica.

Los primeros repobladores se desplazaron hacia las tierras yermas con sus propias fuerzas humanas de trabajo y sus propios ganados, y crearon explotaciones agrarias sobre campos hasta allí durante décadas y décadas desiertos. Construyeron monasterios, restauraron núcleos de habitación urbana cuyos muñones eran aún visibles y eran aprovechables por su situación en viejos caminos. Y fundaron otros en lugares feraces, vecinos de fuentes, ríos, arroyos y cercanos a montes o dehesas (1) donde carbonear, cazar y hacer pastar sus rebaños, y en lugares ásperos donde resistir las acometidas sarracenas.

En el proceso, los repobladores contaron en muchos casos con la ayuda de la Iglesia y algunos clérigos, quienes escalidaban con sus manos y delimitaban y entregaban presuras (2), donaban ganado, etc.

La mayoría de los repobladores provenían de la zona cantábrica, rica en pastos y por lo tanto en ganados; entonces, el acarreo por parte de los repobladores de sus bueyes, vacas, yeguas, caballos, mulas, asnos y ovejas facilitó la vuelta a la vida y el desarrollo económico de las tierras colonizadas.

Sin embargo, se formaría una imagen equivocada de la repoblación si supusiéramos siempre a los colonizadores avanzando hacia el sur al frente de sus rebaños. Por lo aventurado que tenía el desplazamiento repoblador, lo más probable es que lo emprendieran gentes sin fortuna que iban a buscarla en la frontera.

Los repobladores, al ocupar las tierras mediante la forma jurídica de la presura y realizando luego lo que se llamó escalio (3), comenzaron a construir dormitorios para ellos y a levantar los edificios necesarios para el desarrollo de la actividad. Muchos, también, fueron absorbidos por las instituciones religiosas que participaron de la colonización, y figuraron en los diplomas y registros de las iglesias y claustros.

La repoblación implicó el aprovechamiento del suelo para obtener las provisiones que aseguraran el mantenimiento de la vida diaria. Hay abundancia de testimonios acerca de cómo se poblaron de molinos muchos ríos que para fortuna de las hasta allí desiertas tierras de León y Castilla llevan al Duero.

También hay noticias de la construcción de presas y canales para el riego y para poner en movimiento algún molino. Tales construcciones bastarían para acreditar la intensa siembra de trigo; abundan sin embargo los testimonios de la existencia de muchos campos de pan llevar y de viñas y linares en zonas antes desiertas.

Fuente: Claudio Sánchez Albornoz. Tres proyecciones de repoblación del reino asturleonés. Del ayer de España.

1: Tierra generalmente acotada y comúnmento destinada a pastos para el ganado
2: Presura y escalio: forma en que un terreno es ocupado, delimitado y preparado para la siembra
3: Escaliar: rozar, roturar un terreno