miércoles, 28 de diciembre de 2011

Santa Fe: descubren restos del primer asentamiento europeo en Argentina


El equipo de arqueólogos que investiga el primer asentamiento europeo en la Argentina en la localidad santafesina de Puerto Gaboto, descubrió nuevos restos de la estructura del Fuerte Sancti Spiritu, "fuera de su límite original de exploración", por lo que su emplazamiento ocuparía un área mayor de la que se creía.

Así lo reveló a la agencia de noticias Télam el arqueólogo rosarino, Guillermo Frittegotto, quien dijo que "por los elementos hallados en estos días, no hay dudas de que aquí estuvo el Fuerte Sancti Spiritu fundado en el año 1527 por Sebastián Gaboto, el primer asentamiento europeo en el país".

Los arqueólogos hallaron nuevas evidencias sobre el fuerte, en la localidad santafesina de Puerto Gaboto, situada a unos 70 kilómetros al norte de Rosario.

“Seis años atrás localizamos lo que fue el primer asentamiento europeo en la cuenca del Río de la Plata, entre los años 1527 y 1529. Pero hace unos 10 días, hemos podido detectar que el fuerte se extiende más allá de los límites que teníamos pensado”, aseguró Frittegotto.

El experto detalló que al excavarse fuera del área original de emplazamiento “se confirmó la presencia de estructuras en el subsuelo del terreno”. Tras las tareas de excavación aparecieron restos de un muro de tapia o tierra apisonada, que tenía que ver propiamente con la estructura del fuerte.

En cuanto a los objetos encontrados, Frittegotto enumeró que se hallaron 52 dados de huesos óseos, diferentes tipos de cerámica europea, masas indígenas, una llave de metal, clavos cuadrados forjados típicos del siglo XVI y más de 300 cuentas de vidrio.

El sitio del hallazgo es el extremo Sur-Este de Puerto Gaboto, cerca de la confluencia del río Carcarañá con el Coronda. “Esa zona es lo que sería el talud del valle de inundación de ambos ríos”, explicó el arqueólogo.

De la serie de hallazgos realizados hasta el año 2009, más los sondeos geofísicos en el sitio de excavación, permitieron precisar al especialista que “estamos ante el primer asentamiento europeo en Argentina, en este caso español”.

"El asentamiento fue una base de operaciones efectiva de los españoles, que llegaron a esta zona con el objetivo de desplazarse hacia el interior para buscar oro y plata. Aquí además se realizó la primera misa y sepultura", amplió.

Frittegotto refutó la teoría de arqueólogos uruguayos que sostienen que el primer asentamiento fue en el vecino país. "En realidad hubo una parada efímera (de los españoles en el Uruguay), pero no hay datos contundentes de que esto fuera así”, apuntó.

Además del arqueólogo, el equipo está integrado sus colegas Cristina Pasquali, Gabriel Cocco y Fabián Letieri; las antropólogas Marina Benzi y Marcela Valdata, la conservadora Nancy Genovés y la historiadora María Eugenia Astiz. El estudio está impulsado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia, el Museo Histórico Provincial de Rosario "Dr. Julio Marc", con la financiación del Consejo Federal de Inversiones (CFI).

Noticia publicada por el diario Clarín.

martes, 20 de diciembre de 2011

El día en que nació Jesús, un enigma que permanece abierto


Los evangelios de San Mateo y de San Lucas ofrecen algunos datos. El primero recuerda que llegó al mundo en Belén en los tiempos de Herodes, rey de Judea. Quien, según la narración de los hechos, todavía estaba vivo. San Lucas, en un relato absolutamente distinto, recuerda que durante el reinado de Herodes nació Juan el Bautista y, seis meses más tarde, Jesús.

Tomando como base el cálculo del monje Dionisio el Exiguo (siglos V-VI), el primero que se aboca al cálculo de los años desde la llegada de Cristo, el Salvador habría visto la luz en el año 753 de la fundación de Roma. Pero el religioso comete un error. Herodes, de acuerdo con el historiador Flavio Josefo, quien proporciona datos en su libro Antigüedad judía (XVII, 191 y 213), murió tras un eclipse total de luna y una Pascua.

Ahora bien, sabemos que en el año 5 a.C. se registraron dos eclipses totales; uno parcial se produjo en marzo del año 4 a.C., y uno total en el año 1 a.C. Por eso se presume que el rey murió en el año 4 a.C., poco antes de la Pascua. Por lo tanto, Jesús nació antes del año 4 a.C.

Se ha repetido que no lo sabemos con precisión. No faltan las hipótesis, y ni siquiera los primeros cristianos parecen estar de acuerdo.

La iglesia oriental lo fija el 6 de enero, y las occidentales el 25 de diciembre. Se ha justificado esta falta de certeza recordando que nuestra tradición habría empezado a festejar la Navidad el 25 de diciembre, después del Concilio de Nicea (325), cuando el cristianismo se propaga gracias a la libertad de culto.

La celebración suplantó, de hecho, la fiesta del Sol Invictus del agonizante mundo del paganismo. Cristo se convertía en la verdadera luz.

Gianantonio Borgonovo, docente de teología y exégeta del Antiguo Testamento, que trabaja en la Facultad Teológica de Italia Septentrional, doctorado en la Ambrosiana y canónico del Duomo di Milano, traductor del hebreo de la Biblia Cei de 2008, está terminando su investigación sobre los calendarios y el cálculo del tiempo en el mundo antiguo. Su investigación se publicará pronto. Y proporcionará datos que podrían esclarecer la antigua discusión sobre el nacimiento de Jesús.

Según Gianantonio Borgonovo, el punto de partida sería el siguiente: "El 25 de diciembre y el 6 de enero aluden a la misma fecha, es decir el 25 de Tevet del calendario hebreo".

Y prosigue el experto italiano: "El 25 de diciembre sería la transcripción popular de la fecha hebrea, mientras que el 6 de enero no sería el equivalente preciso".

Es cierto que el calendario empleado entonces en el mundo latino era el juliano, que estuvo en vigencia hasta 1582. En ese año, el papa Gregorio XIII, de acuerdo con los científicos de la época, decidió "saltarse" los días que van del 4 al 14 de octubre de ese año para reordenar el cálculo del tiempo. Desde ese momento, la reforma creó una duplicación de la fecha de la Natividad.

Equivalencia

Y Borgonovo agrega: "He confrontado el calendario hebreo desde el año 10 a.C. hasta el 10 d.C., un solo año presenta la equivalencia del 25 de Tevet con el 6 de enero. Es precisamente el año 3756 de la creación del mundo, según el cálculo hebreo. Y nuestro año 5 a.C.".

Para Borgonovo, también es posible determinar el momento del día en que nació Jesús, aunque de manera aproximada: "El calendario juliano establece el principio del día a la medianoche; para el calendario hebreo, el día comienza con la caída del sol, alrededor de las 18. Así, se podría decir que en el año 5 a.C. el 2 de Tevet empezó alrededor de las 18 del 5 de enero y terminó alrededor de las 18 del 6 de enero. Era un jueves".

En suma, la equivalencia entre el 25 de Tevet y el 6 de enero rige solamente desde la medianoche hasta las 18 del día siguiente. Jesús habría nacido en ese arco de tiempo.

La obra del investigador es, hasta el momento, el último agregado a una teoría infinita.

A mediados del milenio, Gerolamo Cardazzo escribió su Oroscopo di Cristo (que es una traducción de la Mímesis), que fue recibido con más refutaciones que consenso.

Ahora, un grupo formado, entre otros, por un astrónomo del observatorio de Brera y por una astróloga, ha realizado investigaciones sobre la fecha del nacimiento y de la muerte de Jesús.

Una combinación de planetas, dicen, explicaría la aparición del cometa. ¿Fue así? Pero ésa, diría Kipling, es otra historia. Tal vez en otra oportunidad podamos contarla.

Noticia publicada por el diario La Nación.

martes, 18 de octubre de 2011

El uso de alucinógenos en los Andes meridionales


Dice Raúl Mandrini en La Argentina aborigen. De los primeros pobladores a 1910:

"Hace más de 4000 años estaba arraigada en las poblaciones de la dilatada región que se extiende al sur del Titicaca la costumbre de consumir alucinógenos, esto es, productos que provocaban estados de éxtasis con visiones y alucinaciones. Esta práctica, realizada por los chamanes, era esencial para acceder al mundo de los antepasados y los seres sagrados".

Pobladores de la actual provincia argentina de Jujuy, al noroeste del país, utilizaban pipas de piedra o hueso en las que fumabvan polvo o semillas molidas y/o tostadas de cebil, un árbol que se encuentra en las selvas cálidas de la región oriental de los Andes, llamadas yungas o tierras calientes.

"La demanda de este producto -sigue Mandrini- de alto valor simbólico, fue un factor crítico en la intensificación del tráfico de las caravanas de llamas, así como en la emergencia de las sociedades agrícolas, pues las primeras plantas domesticadas en las tierras altas parecen tener sus ancestros en la región de las yungas".

Imagen: vaina de cebil

lunes, 17 de octubre de 2011

A 60 años de la primera transmisión televisiva del país

Se llevó a cabo el 17 de octubre de 1951, con una antena instalada en el Ministerio de Obras Públicas. El viejo Canal 7, conocido en ese entonces como LR 3 Radio Belgrano TV, transmitió el discurso de Eva Perón en los actos centrales de la Plaza de Mayo.

La primera transmisión, que tuvo lugar un día feriado por decisión oficial, se concretó con tres cámaras ubicadas en el segundo piso del edificio central del Banco Nación. Las cámaras registraron las palabras de Eva Perón en los actos centrales por el Día de la Lealtad, que se trasmitieron por el flamante canal 7.


En la terraza del Ministerio de Obras y Servicios Públicos se erigió una antena de 50 metros de altura con 5 kilómetros de alcance, para captar y transmitir imágenes en movimiento desde un estudio improvisado en el microteatro de Radio Belgrano, en Ayacucho y Posadas. El promotor del ingreso al país de este singular invento fue Jaime Yankelevich, propietario de Radio Belgrano.

Debido a las dificultades de circular en medio de la desconcentración de la multitud reunida en Plaza de Mayo por el acto del peronismo, durante algunos minutos se vieron dibujos animados. Luego dio comienzo un programa musical en el que participaron el coro y el ballet del Teatro Colón y la orquesta de Radio Belgrano. Pero eran poquísimos los hogares argentinos tenían televisor, y pocos fueron entonces quienes repararon en que se había instalado la primera antena transmisora de televisión en el país.



Un poco de historia
El propietario y director general de LR3 Radio Belgrano, Jaime Yankelevich, había importado de Estados Unidos el equipo transmisor Bell, las cámaras Dumont, y la antena emisora de polarización horizontal de 50 m (montada en el edificio del Ministerio de Obras Públicas, MOP, en Avenida 9 de Julio). El 24 de septiembre de 1951, Enrique Telémaco Susini, director de la transmisión, pone al locutor Fito Salinas delante de cámara con un libreto y acompañado de un trío musical –Los Prado–. Ese día se completaron tres horas de transmisión de prueba. Los receptores de TV estaban ubicados en marquesinas de conocidos comercios, a no más de 500 m de la planta transmisora; los primeros días hubo solo 500 w de salida, y la señal se fue perfeccionando hasta llegar a los 40 kW, con llegada perfecta a la capital y los partidos circundantes (probablemente unos 40 km de radio). Por la tarde continuaron la transmisión otros locutores de Radio Belgrano.

Pasada la primera transmisión oficial, se sucedieron transmisiones de exhibiciones artísticas de carácter experimental, de concertistas, danzas folklóricas y españolas. Carlitos Ginés se convirtió en un animador precursor, y era posible también ver las lujosas técnicas billaristas de Pedro Leopoldo Carrera. Incluso había funciones privadas a las que concurría el público para conocer qué era eso de la "pantalla chica”.

El 4 de noviembre de 1951 se inició la programación regular: espectáculos folklóricos, espacios musicales, transmisiones desde circos, programas de moda y de cocina. El 18 de noviembre se transmitió el primer partido de fútbol: River vs. San Lorenzo. En 1952 surgieron los primeros teleteatros y, en 1954 el primer noticiero.

En estos años poca gente tenía televisor en su hogar. La mayoría de los aparatos eran importados desde Estados Unidos y las transmisiones podían verse en bares y negocios. Recién en 1954 se abrió la primera fábrica nacional: Copehart Argentina. Así, muy lentamente, la televisión fue reemplazando a la radio como principal fuente de información y entretenimiento de los hogares.

Ir a la nota original.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Publican en la web manuscritos del Mar Muerto


Escritos hace 2 mil años en hebreo antiguo y arameo, son los textos bíblicos conocidos más antiguos. Por primera vez desde su hallazgo en el desierto de Judea podrán ser vistos por cualquier persona

Los manuscritos, publicados en el marco de un proyecto lanzado por el Museo Nacional de Israel y Google, incluyen el bíblico libro de Isaías, el manuscrito conocido como el rollo del templo y tres más. Quienes paseen por internet pueden buscar las imágenes en alta resolución de los manuscritos para ver pasajes específicos, acercarse o alejarse y traducir los versos a cualquier idioma.

La aparición de cinco de los más famosos manuscritos del Mar Muerto en internet es parte de un amplio intento por parte de quienes conservan los celebrados rollos de papel -que alguna vez fueron criticados por permitir que fueran monopolizados por pequeños círculos de académicos- para ponerlos al alcance de cualquiera con una computadora.

Los manuscritos, divulgados en el marco de un proyecto lanzado por el Museo Nacional de Israel y Google, incluyen el bíblico libro de Isaías, el manuscrito conocido como el rollo del templo y tres más. Quienes paseen por internet pueden buscar las imágenes en alta resolución de los manuscritos para ver pasajes específicos, acercarse o alejarse y traducir los versos a cualquier idioma.

Los originales son conservados en cajas de seguridad en un edificio en Jerusalen construido especialmente para albergar los rollos. El acceso exige al menos tres diferentes tipos de llaves, una tarjeta magnética y un código secreto.

Los cinco manuscritos están entre los adquiridos por investigadores israelíes entre 1947 y 1967 por parte de casas de antigüedades, luego de que fueron encontrados por pastores beduinos en el desierto de Judea.

Los rollos, considerados por muchos como el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, se piensa que fueron escritos o recolectados por una secta judía ascética que huyó de Jerusalén al desierto hace 2.000 años y se establecieron en Qumrán, en los asentamientos del Mar Muerto.

Los cientos de manuscritos que sobrevivieron, parcialmente o completos, en cuevas cerca del sitio, han iluminado el desarrollo de la biblia hebrea y los orígenes del cristianismo.

Noticia publicada por el diario Infobae.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El hombre que siempre estuvo

Desde Paris

“Permanecer despierto. El mayor tiempo posible. Luchar contra el sueño. El cálculo es simple. En una hora fabrico treinta documentos vírgenes. Si duermo treinta minutos, morirán quince personas.” Es la insoportable ecuación que la Resistencia le impuso a Adolfo Kaminsky, 18 años, un día de enero de 1944 en París. Ante los reveses militares, la Alemania nazi había resuelto multiplicar las razzias, acelerar la Solución Final. Tres días para salvar a 300 niños, es decir falsificar más de 900 documentos falsos: actas de nacimientos, salvoconductos, certificados de bautismo... La carrera contra la muerte culminó esa vez con Adolfo exánime pero victorioso, perdiendo el conocimiento en su laboratorio de fotograbado, disimulado en una mansarda del 17 de la Rue des Saint-Pères. Desde allí puso sus conocimientos de tintorero-alquimista al servicio de la “Sexta”, célula clandestina de la Resistencia conformada por cinco chicos y chicas, científicos o estudiantes de Bellas Artes, que simulaban ser artistas en su atelier para justificar ante los vecinos el vaho tóxico de las sustancias que quemaban en alambiques para encontrar la fórmula que imitaría o erradicaría la tinta de un documento.

¿Cuántas vidas salvó así Kaminsky durante la Segunda Guerra? “El, unas 3000, su red hasta 14.000, según el historiador Pierre Vidal Naquet”, precisa su hija Sarah, 30 años, que mira con orgullo a Adolfo, de 84, en esta tarde de invierno en su cálido y moderno edificio del oeste de París. Durante la entrevista, Sarah orienta las palabras del padre cuando se va por las ramas o, por pudor, minimiza su protagonismo; explica que el artefacto de madera que domina el living es la misma cámara oscura que usaba para fabricar documentos en su buhardilla, financiada, como el resto del material, por la institución que habían infiltrado: la Unión General de los Israelitas de Francia, la estructura legal impuesta por el gobierno de Vichy a iniciativa de los nazis y que tenía la controvertida función de representar ante el Estado a todos los judíos, que debían inscribirse obligatoriamente, lo que de hecho simplificaba la burocracia del exterminio.

Hoy, esta mestiza que heredó los ojos esmeraldas del padre y la piel color café de su madre argelina puede explicar este tipo de detalles, así como entender por qué el día que llamaron del colegio para informar que la niña había falsificado la firma paterna para justificar sus ausencias, él no la retó por copiar su autógrafo, sino “por no haberlo imitado mejor”. De chica, antes de convertirse en actriz y guionista, Sarah creció creyendo que él era profesor o militar, hasta que harta de atar cabos sueltos hechos de silencios y rumores, “antes de que sea demasiado tarde”, decidió armar el rompecabezas de este destino vertiginoso en Adolfo Kaminsky, une vie de faussaire (Ed. Calmann-Lévy), una biografía que se lee como una novela de espionaje que atraviesa, del lado de los perseguidos, los odios raciales y políticos que jalonaron el siglo XX.

En este testimonio histórico privilegiado, estructurado como un diálogo padre-hija, Kaminsky no narra con cifras, sino con imágenes indelebles. Evoca cómo con cara de idiota y el corazón en la boca sorteaba en el metro parisino, con una valijita repleta de sellos y documentos vírgenes, los controles policiales que buscaban al que inundaba con falsificaciones el norte de Europa, o escenas que aún lo habitan, como cuando aquella madre de la calle Oberkampf, desde el umbral de la casa, rechazó ofuscada la entrega de los papeles que habrían podido salvarla a ella y a sus hijos. “¿Por qué me escondería, yo que no hice nada, yo que soy francesa desde hace varias generaciones?”, me dijo. “Tuve el tiempo de ver, por encima de su hombro, la mesa tendida en el comedor, en la que cuatro chicos cenaban tranquilamente”, recuerda, reprochándose el no haber logrado convencerla con la descripción de los tres meses que acababa de pasar en el infierno de Drancy, última escala antes de la cámara de gas.

En ese campo de concentración, Kaminsky vio y supo. Vio a “a una mujer de 104 años sacada del hospital y que tenía que ser transportada por su hija octogenaria en camilla que, como a unos bebés enfermos, eran trasladados con el pretexto de que tenían que ir a trabajar a Alemania...”. Vio “cada día” al director del campo, Alois Brunner, responsable de la deportación de 25.000 franceses a Auschwitz. “Yo trabajaba en la lavandería del campo. Brunner pasaba todos los días a las 11 de la mañana. Todos se ponían firmes y él se paraba delante de mí. Había que bajar la vista, pero yo lo miraba fijo a los ojos. Me observaba de una manera completamente inexpresiva y se iba. Al día siguiente volvía a ocurrir lo mismo. Era inexplicable. Hoy, creo que tal vez lo hacía por mi nombre, Adolfo”, sospecha, quien durante su infancia, incluso a pedido de sus padres, se negó a cambiarse el nombre que compartía con el verdugo. “Sobra un Adolfo, ¡pero no soy yo!”, les repetía. Lo dice entre risas que brotan de su larga barba blanca, un homenaje a la dignidad perdida de un viejo coqueto y burgués conocido en el campo, irreconocible luego de que le afeitaran la cabeza y el rostro, “señal de que ya estaba muerto”, por su inminente deportación. Un destino que los Kaminksy esquivaron por ser argentinos.

Una infancia argentina
Como tantos otros judíos rusos, los padres de Adolfo buscaron en 1917 mejor suerte en Argentina. Salomón, periodista del diario del Bund, el movimiento sindical israelita de corte socialista, había hecho una primera escala en París, adonde recaló perseguido por la represión zarista. Allí conoció en 1916 a su futura mujer, Anna, que huía de los pogroms cosacos. Pero un año más tarde, con la llegada de los bolcheviques al poder en Rusia, el gobierno francés decidía deshacerse de los rusos “rojos”, y Salomón estaba en la lista negra. El viaje en barco mercante a Sudamérica, entorpecido por los submarinos de la Primera Guerra y las condiciones insalubres, acabó con la vida de Michel, el primogénito de pocos meses, que sucumbió a la gripe española y a la falta de leche de su madre, seca por la desnutrición. En Buenos Aires nacieron Pablo (1922), Adolfo (1925) y Angel (1927), quienes, como sus padres, obtuvieron la nacionalidad argentina. Salomón apostó por una asimilación total trabajando como sastre. Hoy, Adolfo rememora “una infancia bañada por la luz brillante bajo un cielo invariablemente azul”, una escuela donde, “al menos en el mundo de los niños, no había racismo”. Al cabo de una década, sin embargo, la insistencia de León, el hermano de Anna, para que la familia se instalara en Francia, puso fin a la vida porteña de los Kaminsky.

Luego de permanecer un tiempo en París, la inminencia de la guerra los llevó a instalarse en el pueblo normando de Vire, donde vivía León, dedicado a la venta de medias. Pablo debía trabajar con el tío, pero no congeniaron y Anna decidió que Adolfo lo reemplazara. “Alérgico al comercio” y resignado a renunciar a su vocación de pintor, Adolfo prefirió trabajar con 14 años en la fábrica del pueblo, pero la llegada de los alemanes en 1940 significó el despido de los judíos y la obligación de declarar su condición ante la policía. Los Kaminsky, por venir de Argentina, neutral hasta el momento, estaban dispensados, pero Salomón, pese a que el policía de guardia trató de disuadirlo, insistió en inscribirse para evitar favoritismos.

Un domingo, la pareja que regenteaba el burdel de la región golpeó la puerta acompañada por un oficial alemán. Querían ver la casa. Cuando León comprendió que era para convertirla en un prostíbulo, sacó a patadas al soldado. Al cabo de un mes, la policía le anunció que debía esconderse porque su arresto era inminente, por lo que partió a París. Imprudente, Anna le escribió una carta –revelando así su dirección– interceptada por la Gestapo. Cuando comprendió el error, se tomó el primer tren para advertirle, pero jamás regresó. Salomón y Pablo tuvieron que ir a reconocer a la morgue “la cabeza separada del cuerpo y los pedazos de cerebro” de la mujer. Los investigadores aseguran que la madre cayó al vacío al abrir la puerta trasera del tren que la traía de vuelta, pensando que era la entrada del baño. “Para mí la empujaron, fue un asesinato”, asegura Adolfo.

Kaminsky encontró entonces un puesto de aprendiz de tintorero. Su principal función, en aquellos tiempos de escasez, era teñir el caqui o azul de los viejos uniformes militares de la Primera Guerra para uso civil. Al poco tiempo, su pericia para borrar manchas imposibles fue reconocida en los pueblos de los alrededores, que enviaban sus prendas para ser salvadas. “Fue así como encontré mi vía”, cuenta Adolfo, que a partir de entonces absorbió todos los conocimientos sobre química a su alcance, sobre todo haciendo experimentos explosivos en la cocina materna, hasta que un conato de incendio lo obligó a mudarse a una cabaña. Allí montó el pequeño laboratorio que iba comprando por partes a un farmaceuta, que extrañamente le vendía microscopios y tubos de ensayo por la décima parte de su valor real. Pronto puso sus nuevos saberes al servicio de la población, fabricando sal de cocina, jabones y velas.

“¿Si te muestro cómo hacerlo, te gustaría fabricar algo más peligroso que jabones?”, le preguntó un día el farmaceuta, en realidad un agente secreto de De Gaulle. Fue así como empezó a crear sustancias corrosivas y detonadores para sabotear las vías de tren utilizadas por los alemanes. “Ya no me sentía más impotente después de la muerte de mi madre. Tenía la sensación de vengarme. Estaba orgulloso, era un resistente.”

En el verano del ‘43, los Kaminsky y el puñado de judíos que vivían en el pueblo fueron deportados. En el tren a Drancy, Pablo escribió desesperado varias cartas dirigidas al cónsul argentino, que distribuyó entre empleados del ferrocarril e incluso lanzó por las ventanas con la esperanza de que llegarían a la sede diplomática. Tras tres meses de internación en Drancy, el cónsul obtuvo la puesta en libertad de la familia. “De este modo, debimos nuestra liberación a la cobardía diplomática de un gobierno que, para no enemistarse con la poderosa Norteamérica y al mismo tiempo no romper los acuerdos económicos que la vinculaban a la Alemania nazi, había elegido proclamarse neutral. La neutralidad no existe. No hacer nada, no decir nada, es ya ser cómplice”, comenta Kaminsky, con un sentimiento agridulce.

Diez días después de su liberación, su familia volvía a ser enviada a Drancy: los acuerdos con Argentina habían caducado. Sin embargo, la información oficial tardó unas horas en llegar a las autoridades de Drancy, lo suficiente para que la confusión les permitiese dejar nuevamente el campo. A la salida, se cruzaron con otros judíos argentinos menos afortunados que eran ingresados por la policía; para ellos no hubo azar burocrático.

Falsificador de Estado

De regreso al París ocupado, Salomón reanudó el contacto con sus amigos del Bund y consiguió para toda la familia documentación falsa fabricada por la Resistencia judía. Adolfo tuvo que ir a recogerla, un trámite que le permitió divulgar sus talentos al contacto y obtener una invitación a sumarse a la célula de la Rue des Saint-Pères.

El día que puso su primer pie en el laboratorio, se escandalizó al descubrir que los jóvenes usaban lavandina hervida para borrar la estrella de David estampada por los funcionarios en las identificaciones. Les explicó cómo la marca resurgiría con el ácido úrico de las manos y elaboró una solución probándoles que “las tintas indelebles no existen”. Les mostró cómo el ácido láctico disolvía el “imborrable azul Waterman” de los funcionarios de la prefectura. Armado con una máquina “que le copié a Leonardo Da Vinci”, que combinaba lentes y espejos para proyectar una imagen virtual del dibujo o sello a copiar, puso en pie una pequeña usina “que permitía no sólo falsificar papeles existentes, sino fabricar nuevos, tan verdaderos como los que salían de la imprenta nacional”.

Con el fin de la Ocupación, este pacifista declarado se alistó para ir al frente como camillero, pero el servicio de contraespionaje francés le ofreció en cambio mudar su laboratorio clandestino a las lujosas oficinas del Gobierno para falsificar documentos para los paracaidistas que debían infiltrar las líneas enemigas. Esta labor duró hasta la capitulación del Eje. Su nueva misión, cartografiar Indochina para llevar a cabo “una guerra colonial”, le supuso un problema de conciencia y renunció, encontrándose nuevamente en la calle.

Al poco tiempo, se puso al servicio de las organizaciones sionistas Haganá y Stern para facilitar la emigración ilegal a Palestina de los supervivientes que, pese al fin de la guerra, había visto cómo seguían muriendo en los campos sin que nadie los quisiese acoger. El laboratorio volvió a funcionar para crear visas y documentos que les permitieron embarcar en navíos que desviaban la trayectoria anunciada para apostar en los futuros puertos israelíes. “Querían emigrar a Palestina. Personalmente, poco me importaba el lugar, no era sionista”, aclara Adolfo, que dice que no pudo soportar que Israel eligiese ser un Estado “religioso e individualista, que creaba nuevamente dos categorías de población: los judíos y los demás”.

Porque no soportaba que los mismos que cazaban en las calles las “narices judías” persiguiesen luego las “pieles morenas”, colaboró con el FLN argelino. Para ellos reprodujo “los infalsificables” pasaportes suizos y fabricó toneladas de dinero falso para desestabilizar la economía si el gobierno francés no negociaba. Las quemó el día de los Acuerdos de Evian. Le siguió la lucha contra Franco y Salazar, el apoyo a los movimientos revolucionarios latinoamericanos. “En 1967, suministraba documentos falsos a combatientes e insumisos de 15 países distintos”, resume quien jamás aceptó un centavo por su labor.

Un año después, su talento permitía el mediático retorno a Francia de un judío alemán deportado, un tal Daniel Cohn Bendit, “mi única contribución a Mayo del ‘68”. Después de involucrarse en la Primavera de Praga y el combate contra la dictadura de los Coroneles, en Grecia, y el apartheid, los tiempos cambiaron. El creciente interés de quienes venían a buscarlo fascinados por el dinero o las armas, el haberse vuelto demasiado conocido, lo llevaron a cerrar su laboratorio tras 30 años de servicio. Se retiró y se fue a vivir a Argelia, donde se casó con Leila, la hija de un Imán liberal. Sarah es su última hija, hermana de José, un conocido rapero, y Atahualpa. El ascenso del islamismo lo llevó de nuevo a Francia, país del que recién pidió la nacionalidad en 1992, “por mis hijos”. Consultado sobre lo que piensa de la Francia de hoy, Adolfo Kaminksy sigue indignándose, sobre todo cuando el Estado quiere definir, otra vez, quién es francés: el debate sobre la identidad nacional que desgarra en estos días a su país de adopción. Juzga que con la Historia ocurre lo mismo que con los documentos: “Todo lo que el hombre ha hecho, el hombre puede volver a hacerlo”.

Noticia publicada por Página/12.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Vinculan la peste negra de la Edad Media con una enfermedad actual

Una versión mucho menos virulenta de la bacteria que provocó la peste negra, la devastadora pandemia que mató a un tercio de la población de Europa en el siglo XIV, todavía existe en la actualidad, según un estudio publicado este martes.
 
Pruebas de ADN de esqueletos de víctimas de esa terrible enfermedad, hallados en una fosa común en un cementerio medieval de Londres, revelaron parte de la misma secuencia genética que la peste bubónica moderna, a pesar de sus atributos diferentes.

"Al menos esta parte de la información genética ha variado muy poco en los últimos 600 años", señaló Johannes Krause, uno de los autores del estudio, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) de Estados Unidos.

"Sin lugar a dudas el agente patógeno conocido hoy como (Yersinia) pestis fue también la causa de la peste (negra) en la Edad Media", añadió.

La peste negra mató a un tercio de la población de Europa en sólo cinco años desde 1348 hasta 1353, pero los brotes modernos han sido mucho menos mortales.

Un brote en Mumbay, India, en 1904, por ejemplo, mató a tres por ciento de la población a pesar de que ocurrió antes del descubrimiento de los antibióticos.

Para el estudio, realizado por el Instituto de Arqueología Científica de la Universidad de Tubingen en Alemania, y la Universidad McMaster en Canadá, los investigadores extrajeron el ADN de 109 esqueletos de una fosa común en el cementerio de East Smithfield, en Londres.

Al comparar el ADN con el de 10 esqueletos excavados de un sitio anterior a la peste negra, los investigadores pudieron demostrar que no había sido contaminado por material moderno genético o bacterias del suelo.

Los autores sostienen que la versión de la bacteria que causó la peste medieval probablemente se haya extinguido, pero sugieren que nuevas investigaciones podrían revelar cómo pudo haber evolucionado hasta convertirse en una cepa menos virulenta.

La peste negra, que afecta tanto a animales como a humanos, es causada por la bacteria Yersinia pestis, que los roedores contagian a los humanos a través de pulgas infectadas.

Esta noticia fue publicada por el diario mexicano La Jornada.

viernes, 12 de agosto de 2011

Adiós a Francisco Solano López

Esto es un muy humilde homenaje a un gran dibujante. Solano López dibujó los cómics que matizaron buena parte de mi primera adolescencia, así que, cómo no tenerlo presento hoy aquí, tantos años después. Solano López se tuvo que ir del país en el 77, algo que Oesterheld no llegó a hacer. Antes pudo hacer la declaración completa de lo que ocurría entonces en el país.

En la segunda parte de El Eternauta, un "mano" describe con una sola frase quienes son los "ellos". "Ellos -dice el mano- son el odio cósmico.

A continuación, un homenaje gráfico que saqué de El Blogazo, y las noticias que reflejaron su fallecimiento en los medios hoy.



Murió Francisco Solano López. Dibujó la imagen de "El Eternauta", que con los años se convirtió en el prototipo del héroe, símbolo de toda una época de la historia cultural, social y política del país. "Fue una especie de metáfora de la lucha de los invasores extraterrestes", afirmó alguna vez solano López. Sus restos no serán velados, serán cremados y quedará en una bóveda familiar en el cementerio de la Recoleta. El blog de FIERRO lo recuerda con su última entrevista publicada en la revista.

Juan Sasturáin declaró en Télam que "Mi primer relación con Solano fue desde pequeño. Lo leí desde muy pequeño. Los años me llevaron, por mi profesión, a escribir sobre tu trabajo. Pero el regalo más lindo que tuve, por esto de tener algunos años, fue conocerlo", recuerda. El escritor lo describió como "el mejor dibujante de historietas porque era genuino. Era integral y no se lo puede definir como un artista, separado del medio que utilizó para expresarse y para realizarse". "Sin ningún tipo de idealización -agrega-, fue uno de los tipos más queridos de este ambiente. Fue una persona muy querida acostumbrado a trabajar en equipo". El conductor del programa "Ver para leer" sostuvo que Solano López "era un tipo absolutamente vital. Vivió intensamente. Era un eterno enamorado. Un hombre que siempre le dio espacio a los sentimientos en su vida", confiesa Sasturain. "Vivió en distintos lugares del mundo pero siempre estuvo atado a la realidad a través de su tablero. Dibujó donde la vida lo llevaba porque le gustaba laburar, le gustaba lo que hacía".

viernes, 29 de julio de 2011

Un documental desempolva historias de combatientes argentinos en la II Guerra Mundial


De la Segunda Guerra Mundial se han contados diversas historias, en su mayor parte con un alto contenido de hechos ignominiosos, donde la violencia y el horror son el denominador común. Sin embargo, muy pocos conocen a fondo cómo fue el accionar de los tres escuadrones latinoamericanos en el frente de batalla, entre ellos uno argentino. Este lunes a las 21 horas, History presenta “Escuadrones de honor: Latinoamericanos en la II Guerra Mundial”.

Presentado por el músico de Os Paralamas, Joao Barone, quien es hijo de uno de los combatientes por el lado brasileño. El documental no solo cuenta con archivo de imágenes y testimonios de los protagonistas, sino que también tiene recreaciones en CGI de los combates de las tres fuerzas latinoamericanas.

La primera en entrar en combate fue la argentina, en 1942, con la particularidad que al estar el país en una posición de neutralidad ante el conflicto (postura similar a la de la Primera Guerra y que sólo dejaría de lado pocos días antes del final), fue a través de voluntarios que se formó este cuerpo. Su destino, el Mar del Norte.

“Firmes Volamos” fue el nombre que adquirió el cuerpo argentino, que estaba incluido en otro más amplio junto a británicos, estadounidenses y canadienses, el escuadrón 164. Dentro de las tareas que le encomendaron a este grupo, estuvo la participación del desembarco en Normandía, en el famoso “Día D”, en tareas de apoyo y defensa.

Pero no fue éste el único cuerpo latinoamericano. Pues, Brasil sí comprometió de manera oficial sus fuerzas con las tropas aliadas frente al Eje. “Senta a Púa” fue el apelativo para las tropas lusófonas, y como en el caso de argentinos y mexicanos, también eran fuerzas aéreas. Su teatro de operaciones se limitó a Livorno, en el norte de Italia, en 1944.

“Las Águilas Aztecas”, pilotos mexicanos, no se dirigieron rumbo a Europa, sino que su destino estaba en Japón. Los nipones provocaron en el ingreso de Estados Unidos en el conflicto luego del bombardeo a Pearl Harbour, y fueron los últimos en rendirse. Los aztecas combatieron ante los temibles japoneses en Manila, Filipinas, en 1945.

Los detalles de sus batallas y las vivencias de los combatientes podrán verse este próximo lunes, en un programa especial que contó con la participación no solo de Joao Barone, sino también de Mario Siperman – ex Cadillacs- en la creación de la música original.

Noticia publicada por el diario Clarín.

jueves, 7 de julio de 2011

Cien años del descubrimiento de Machu Picchu



En julio de 2011 se cumplen cien años del descubrimiento de la ciudadela de Machu Picchu, en Perú. El conjunto había permanecido oculto durante siglos hasta que en 1911 el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham descubrió esta asombrosa ciudad inca. A partir del día 7 de julio de 2011 empezarán las celebraciones en Perú del centenario de este “reencuentro” de la Humanidad con parte de su legado e historia.


La ciudadela de Machu Picchu se encuentra encaramada en una ensillada de la Cordillera de los Andes, a 2.430 metros de altitud sobre el nivel del mar. Se cree que este conjunto monumental desempeñó una importante función ritual en el culto del sol practicado por las poblaciones incaicas que se asentaron en la región entre los siglos XI y XVI.
Además de la extraordinaria belleza de su emplazamiento, Machu Picchu es probablemente la más lograda realización arquitectónica del periodo de apogeo del Imperio Inca. Sus muros, terrazas y rampas colosales están construidos de tal manera que dan la impresión de haber sido tallados en la roca misma de las montañas. Asimismo, esta región de la cuenca alta del Amazonas destaca por la diversidad de su fauna y flora.
La ciudadela estaba escondida en las estribaciones orientales del bosque tropical andino hasta que fue descubierta el 24 de julio de 1911 por Hiram Bingham. No obstante, algunos habitantes de la zona sabían ya de la existencia de Machu Picchu. Sin ir más lejos, cuando Bingham llegó a la antigua ciudad imperial había dos familias de campesinos que vivían en el lugar. Las primeras referencias directas a Machu Picchu de hecho datan de 1902, cuando un grupo cusqueños visitó los vestigios de la ciudad.
El lugar fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1983 por sus valores culturales y naturales. En la actualidad es la mayor atracción turística del Perú. Sin embargo, este éxito acarrea también riesgos para la buena preservación de la ciudadela.
Noticia publicada por UNESCO.

lunes, 4 de julio de 2011

El dibujo más antiguo de la civilización egipcia

A pesar de lo taxativo del título, y la presencia del discutido y polémico Hawass, vamos a compartir esta noticia de hoy con la estimada platea lectora de este espacio, a ver qué opinión les merece:


Científicos norteamericanos e italianos hallaron una roca tallada a unos 800 km de El Cairo, con una inscripción de un monarca que existió unos 5 mil años atrás.

Según el ministro de Antigüedades egipcio, Zahi Hawas, el monarca, que lleva una corona blanca del Alto Egipto, pertenece a la llamada Dinastía cero (3.200-3.000 a.C.), un período en el que se vivió un difícil proceso de unificación política, hasta la creación del Estado y el nacimiento de la primera dinastía.

En el dibujo pueden distinguirse una serie de jeroglíficos, escritura que tuvo origen en esas épocas, además de las primeras estampas de una celebración real. Ésta se ve ilustrada exactamente igual que la conocida en las diferentes épocas faraónicas, declaró en un comunicado Hawas.

En el bajorrelieve, el faraón lleva una corona y está escoltado por lo que podrían ser tanto fieles de Horus (dios celeste, iniciador de la civilización egipcia y símbolo de la zona fértil del valle del Nilo) como una comitiva real. También pueden verse escenas de enfrentamientos, celebraciones en barcas, símbolos del poder político y animales.

El hallazgo se produjo en la zona de Al Hamdulab, al noroeste de la ciudad de Asuán. A juicio de la arqueóloga María Carmela Gato, directora de la misión, el descubrimiento es "una actualización o finalización de los trabajos" llevados a cabo en la orilla oeste del río Nilo.

Gato considera que la importancia del descubrimiento se encuentra en su composición. Esta pieza de arte rupestre de la época predinástica "representa una procesión de barcas supervisada por el rey acompañada de dos abanderados, un cortesano y un perro".

Y muestra similitudes con las escenas talladas en la paleta de Narmer, una placa de pizarra que algunos estudiosos consideran el ícono de la unificación del Alto y Bajo Egipto y uno de los vestigios de Nejen, la capital del sur.

El páramo está repleto de dibujos e inscripciones antiguas, muchas de las cuales aún no han sido reveladas.

Noticia publicada por el diario Infobae.

lunes, 13 de junio de 2011

Veteranas de Malvinas: las mujeres argentinas que fueron a la guerra


En Malvinas, bajo el fuego cruzado del teatro de operaciones en el Atlántico Sur, también hubo mujeres argentinas. Civiles, voluntarias. Fueron siete las que pisaron Puerto Argentino y hubo en total unas 20 distribuidas en el corro de buques mercantes que rodeaba la escena de fuego. Seis de ellas eran instrumentadoras del rompehielos Almirante Irízar, entonces convertido en hospital. Otra era una enfermera: la única mujer del buque Formosa, una embarcación célebre por haber burlado dos veces el bloqueo inglés a las islas. Muy jóvenes, habían dejado sus vidas cotidianas para ir a defender la soberanía nacional. Forman un grupo casi desconocido: el de las veteranas de Malvinas.

Una de ellas, Silvia Barrera, llegó a la zona de conflicto a bordo del Irízar. Otra, también argentina pero de nombre anglófono, Doris West, viajaba como enfermera en el buque mercante Formosa. A 29 años del fin de la guerra, volvieron a verse, convocadas por Tiempo Argentino.

“Encontrar a un veterano es como volver a ver a un amigo de toda la vida, aunque pasen años”, dice Silvia, luego de un afectuoso abrazo. En 1982 trabajaba como enfermera en el Hospital Militar Central, tenía apenas 22 años cuando comenzó el conflicto. “El 8 de junio nos reunieron en el hospital y nos dijeron que necesitaban instrumentadoras quirúrgicas para viajar a Malvinas. Nos ofrecimos 20. Nos dijeron: ‘Hay que salir mañana’. Entonces quedamos cinco”, recuerda. Las otras que se embarcaron rumbo a Río Gallegos fueron Norma Navarro, María Marta Lemme, Susana Maza, María Ricchieri y María Angélica Sendes (que era enfermera en el Hospital de Campo de Mayo). Todas tenían entre 18 y 25 años.

Silvia tenía el pelo muy largo y un novio militar que no tomó a bien que “una mujer” fuera a la guerra (sobre todo porque él debía quedarse en su base a trabajar). Recién ese año, el Ejército Argentino enroló mujeres como enfermeras, y en el ambiente castrense eran vistas como extraterrestres. “Hombres hay muchos, pero guerra hay una sola”, cuenta Silvia que pensó. Entonces le dijo adiós a su novio, se fue a una peluquería y se cortó el pelo bien cortito “porque yo pensaba que mi pelo largo iba a ser un problema práctico en Malvinas, sin comodidades para arreglarlo”. Dice que, como otras chicas de su edad, en ese momento su preocupación mayor era: “¿Qué me pongo para ir a Sunset? Porque en aquella época ya existía.” Pero ella no dudó ni en las cuestiones de estética ni en las de la patria. Se embarcó al día siguiente rumbo al sur. Y llegó a Puerto Argentino el 10 de junio

Saca de una cartera las fotos prolijamente ordenadas en un álbum, que ella misma pudo tomar, y que salvó de que se las secuestraran escondiéndolas en su ropa. “Algunos rollos nos los sacaron los ingleses y otros Inteligencia, pero yo tenía unos guardados en el pantalón de combate.” Las instrumentadoras se habían embarcado en el Irízar, que en 48 horas había sido transformado en buque hospital, para atender a los heridos. Le habían puesto 260 camas, equipando sus bodegas con dos salas de terapia intensiva, tres quirófanos, una sala de terapia intermedia y dos de terapia general, además de laboratorios bioquímicos, sala de quemados y de radiología.

Una antigua creencia del mundo de los marineros afirma que “las mujeres y los curas traen mala suerte a bordo”. Esto, sumado a que los militares de carrera no tenían costumbre de trabajar con mujeres, fue el decorado de una escena en la que se sintieron extrañas: “A la tripulación del Irízar no le habían avisado que llegábamos. Tuvieron que buscarnos un camarote para las seis.” Hasta les hicieron un examen bucal para poder tener un registro de reconocimiento en caso de que murieran en combate.

Dice Silvia que entre la adrenalina de escuchar los bombardeos, el trabajo de atender a los heridos, a los que también tenían que contener afectivamente, y la experiencia nueva de estar en un buque en altamar, durante los diez días que estuvo en Malvinas casi no durmió. “Desde aquellos días nunca más volví a dormir bien. Esto es algo que compartimos muchos veteranos de guerra”, explica. A su vuelta, dejó a aquel novio militar. Y conoció a un “civil” con el que se casó y tuvo cuatro hijos, que hoy tienen entre 24 y 9 años, cada uno con su propia visión de la historia de esta guerra. “Durante años no quise dar reportajes porque se asociaba haber ido a Malvinas con la dictadura militar. Nosotras fuimos a defender la soberanía argentina. Si nos hubiera mandado la presidenta Cristina Fernández, también hubiéramos ido sin dudarlo. Malvinas fue un hecho patriótico y los civiles fuimos como voluntarios”, dice Silvia.

Doris West escucha el relato de su antigua colega y comienza a hacer memoria. Ella ingresó a trabajar en 1978 a la desaparecida ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas) como enfermera de buques mercantes. “Veníamos de un viaje desde el Golfo de México, y al llegar al puerto de Buenos Aires nos enteramos que habían invadido las islas. Estábamos en guerra. Cargaron el barco, subieron militares con pertrechos y salimos con rumbo desconocido hasta llegar a Puerto Quilla, en Santa Cruz, a las 7 de la tarde del 2 de abril”, recuerda. En ningún momento tuvo ganas de abandonar el barco: “Lo hubiera vivido como una traición, nunca pensé en bajarme.” Ella iba en el Formosa, el buque mercante que logró burlar en dos oportunidades el bloqueo inglés, trasladando municiones y comida para los soldados. “Llegué a Malvinas el 24 de abril y estuve hasta el 1 de mayo. En Puerto Argentino, los aviones ingleses ya habían empezado a bombardear”, recuerda. “En las islas te cruzabas con los soldaditos, caminando sin ropa adecuada, sintiendo frío. Por eso las mayores afecciones que atendía eran las respiratorias.”

La tarde del 1 de mayo, Doris estaba en la enfermería preparando vacunas y medicamentos cuando escuchó, primero, el sonido de un avión que volaba a baja altura, y enseguida un estruendo de hierros abriéndose en la cubierta del barco, y ruido de ametralladoras. Una bomba había caído en la bodega, pero de milagro no detonó. Fue un error. El atacante era un avión argentino, tripulado por el capitán Pablo Carvallo. “Los hombres de la tripulación estaban lívidos, muertos de miedo”, cuenta. “Recién al año de que la guerra terminara, supimos que el ataque había sido de fuego amigo.” Doris recuerda a uno de los soldados que atendió, “un chico llamado Gustavo Polo, de La Plata”, que le encargó llamar a su mamá y a su novia para darles un mensaje de su parte. “Luego lo vi, y supe que se casó con esa novia.”

Silvia dice que el peor momento fue cuando se enteraron que habían firmado el cese de hostilidades. Era la rendición. “Todos lloraban, sentían una congoja terrible.” Pero también el regreso a Buenos Aires no fue como lo esperaba: “La gente en la calle ni hablaba de Malvinas. Los años que siguieron fueron de ‘desmalvinización’, yo lo puedo ver en mis hijos, que no tienen mucha información sobre el conflicto. Ahora, la más chica, que tiene 9 años, empieza a interesarse, se está hablando de nuevo del tema.” Dice que la indignó que los medios cubrieran como lo hicieron el casamiento del príncipe Guillermo. Y se pone peor –se le llenan los ojos de lágrimas- cuando dice que vio a un muchachito periodista decir que el príncipe “iría en misión a Puerto Stanley. Nombrar a Puerto Argentino con el nombre que usan los ingleses habla de una gran ignorancia y desinterés acumulado en años. Me da tanta bronca, me dan ganas de llorar. Será que me estoy poniendo vieja”, dice Doris, tocando una de sus medallas de veterana.
 
Noticia publicada por el diario Tiempo Argentino.

jueves, 26 de mayo de 2011

Gracias a los satélites, logran identificar 17 nuevas pirámides


Nada más alejado de esa idea que rodea a la arqueología tradicional. En este caso, no hubo hombres vestidos de explorador, ni espátulas, ni pinceles, ni peligros de cine. Hubo satélites, especialistas, financiamiento de la NASA y computadoras sofisticadas. Así, mediante imágenes tomadas desde el espacio con rayos inflarrojos, fueron identificadas en Egipto 17 pirámides de diferente tamaño, más de 1.000 tumbas y 3.000 asentamientos antiguos subterráneos.

Quizás la segunda etapa, el tiempo de la excavación propiamente dicha, sí se parezca a las aventuras de Indiana Jones. Pero por ahora, para los investigadores estadounidenses continúa el tiempo de las sorpresas. “Excavar una pirámide es el sueño de todo arqueólogo”, dijo Sarah Parcak, líder del estudio. “Pero para eso habrá que esperar un poco”, remató. “Estuvimos realizando esta investigación de manera intensa durante mucho tiempo, por eso, ahora que tenemos la confirmación, no hay que apresurarse. Me sorprendí cuando fui capaz de ver desde afuera todo lo que habíamos encontrado. No podía creerlo”, aseguró.

Durante un año, el equipo analizó las imágenes de los satélites en órbita que se encuentran a 700 kilómetros por encima del planeta, equipados con cámaras muy poderosas, capaces de identificar objetos de menos de un metro de diámetro sobre la superficie de la tierra.

Los antiguos egipcios construyeron sus casas y estructuras utilizando ladrillos de barro, un material mucho más denso que el suelo arenoso que lo rodea, por lo que fue posible identificar las formas de las casas, templos y tumbas aunque se encuentren debajo de la superficie. Pero Parcak cree que Egipto puede seguir deparando sorpresas. “Estos son sólo lugares cercanos a la superficie. Hay otros miles de sitios que el Nilo ha cubierto con sedimentos. Este es sólo el comienzo de este tipo de trabajos”, aseguró.

El hallazgo se produjo en una zona desértica, ubicada al norte de El Cairo, llamada San El Hagar. Hasta ahora, lo único que se excavó en el lugar –para confirmar las tomas satelitales– fue una casa construida hace 3.000 años. Y las imágenes de satélite coincidieron a la perfección con lo descubierto. Desde entonces, ese sitio, que en un primer momento no parecía interesar a las autoridades locales, se convirtió en uno de los más custodiados de Egipto. Otra de las imágenes captadas, por ejemplo, muestra calles y casas enterradas en la antigua ciudad de Tanis.

El gobierno egipcio pretende ahora utilizar la misma tecnología para proteger futuros hallazgos. “A través de las imágenes se puede saber si una tumba fue saqueada y alertar a la Interpol para que esté atenta a las antigüedades que pueden ser ofrecidas a la venta”, explicó Parcak, con plena conciencia de lo que suyo no es convencional. “La tecnología hizo la diferencia –dijo–. Nos permitió ser más selectivos pues en un lugar enorme es difícil saber por dónde empezar”. Y, medio en chiste medio en serio, remató: “Indiana Jones representa la vieja escuela. Ya estamos muy lejos de ti, Indy, lo siento Harrison Ford”.

Publicada por el diario Clarín.

Tumbas abiertas al público

Lejos de parecer una postal petrificada del pasado, la antigüedad egipcia parece estar en movimiento.

El lunes pasado, seis tumbas de más de 3.000 años, entre las que se encuentra la del tesorero de Tutankamón y la del jefe de las fuerzas armadas del faraón egipcio, Horemheb, se empezaron a exponer al público en Saqara, a 25 kilómetros de la ciudad de El Cairo, por primera vez desde su hallazgo.

Las tumbas fueron restauradas por especialistas en reliquias de la antiguedad de una manera meticulosa y se pusieron vidrios en algunas partes para preservar mejor la integridad de los frescos, indicó el viceministro a cargo de las Antigüedades, Zahi Hawas, quien presentó las tumbas a la prensa vestido con uniforme caqui de explorador.

Horemheb dirigía las fuerzas armadas de Tutankamón, antes de pasar a ocupar el trono, convirtiéndose en el último faraón de la XVIII dinastía. En su tumba, fue enterrada su esposa, ya que este general, tras llegar al poder, ordenó la construcción de un mausoleo en el que fue enterrado.

Maya, ‘tesorero y ministro de Finanzas’ de Tutankamón, fue uno de los hombres más poderosos de su época.

Publicada por el diario Clarín.

lunes, 16 de mayo de 2011

Presentan el relato más antiguo de la batalla de la Vuelta de Obligado


"Ese dia amaneció con una neblina mui cerrada que no se podia distinguir y la Escuadra aliada se arrimó todo lo que pudo”.

Con esa descripción, escrita con clarísima y hermosa caligrafía, el teniente coronel Nicanor Lescano comenzó a relatar, hace unos 140 años, la crónica de la batalla de la Vuelta de Obligado, en la cual participó. Conservado por sus descendientes junto con otros escritos, el documento sería la primera narración del combate naval.

Nacido en Buenos Aires el 9 de enero de 1816, Lescano sirvió al Ejército durante 54 años, 10 meses y 4 días. Puso el cuerpo en varios hechos definitorios de la historia argentina. Combatió en la batalla de Pavón, estuvo en el bloqueo a Montevideo, participó en la batalla de Caseros, intervino en la de Cepeda, y actuó en la Campaña al Desierto. Los años que pasó asentado en el norte de la provincia de Buenos Aires lo acercaron a doña Felisa Acosta, con quien se casó en San Pedro el 27 de abril de 1869. Tenía 50 años, y su esposa, 28.

Ya estaba achacoso y pensando en el retiro cuando comenzó a redactar sus memorias. A lo largo de 16 cuadernos registró, con prolijidad infrecuente, detalles y anécdotas de los hechos en los que había participado; y también de otros de los que había recibido información por testigos, compañeros y camaradas de armas.

Los cuadernos fueron atesorados por sus descendientes, de generación en generación, hasta llegar a las manos del doctor Sebastián Olmedo Barrios, tataranieto por parte de madre de Nicanor Lescano.

Barrios, quien vive en La Plata, había tomado conocimiento de la recuperación histórica encarada desde el Museo de Sitio “Batalla de Obligado” por el Grupo Conservacionista de Fósiles (GCF), entidad de la ciudad de San Pedro dedicada a la puesta en valor de temáticas culturales. Decidió entonces poner a su consideración el análisis de los cuadernos. Los relatos de Lescano fueron leídos cuidadosamente, hasta que en el cuaderno 11 se encontró una detallada narración de la batalla de Obligado, que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845. Los documentos serán presentados públicamente hoy en San Pedro, por el director de Cultura del municipio, José Luis Aguilar, quien también integra el GCF.

Lescano, entonces capitán, era unitario; cuando lo nombra, habla siempre de “el tirano Rosas”. Sin embargo, reivindica su decisión de intentar frenar el avance de “la Escuadra aliada”, como llama a la flota de barcos ingleses y franceses que, con la excusa de derrocar a Rosas, pretendían convertir al Paraná en un río de libre navegación con fines comerciales, e independizar y fundar la “República de la Mesopotamia”.

Encomendó esa misión a su cuñado, el general Lucio N. Mansilla –al que Lescano registra como Mancilla, como él mismo firmaba–, quien mandó tender de orilla a orilla tres gruesas cadenas en el punto más estrecho del río. El primer emplazamiento fue el Paso del Tonelero, pero una tormenta desarmó la instalación, y se volvió a montarla en el paraje Vuelta de Obligado.

El cuaderno 11 de Lescano revela que, gracias al espionaje, la Escuadra aliada estaba al tanto de las cadenas: “Sabiéndo los Almirantes de las Escuadras aliadas, que el Paraná estaba obstruido por éste aparato, hicieron un esperimento en Montevideo, para ver cual de las dos naciones cortaria primero las 3 ó 4 cadenas”.

“Se hizo este esperimento en el muelle el 31 de Octubre d 1.845; se tiró á la suerte quien debia ir primero á cortar las cadenas.” “Por la suerte le tocó al Inglés y las cortó en 7 minutos; en seguida fué el francés y las cortó en 5 minutos; así fue que al francés le cupo la gloria de ser el primero en ir á cortar las cadenas.” “Tuvo de tirarse á la suerte porque estas dos naciones cada una queria ser la primera en cortar las cadenas.” Lescano enumera buque por buque la formación de la flota enemiga, y confirma los tres intentos para liberar el cauce del río. Detalla las serias averías que les produce la artillería de Mansilla; pero no oculta las bajas propias, causadas por un armamento mucho más poderoso, que describe como “un terrible y espantoso fuego en descargas de bala raza, bombas, granadas y metralla”. Caían “como gotas de agua –relata–".

"Quedó el monte arrasado completamente”. La crónica también incluye otros episodios de la llamada Guerra del Paraná, en la que la escuadra invasora terminó retirándose, por los daños sufridos.

El capitán elogia con emoción a las tropas argentinas: “Ese dia se portaron los soldados argentinos como verdaderos leones; éstos bravos soldados probaron ese dia que eran hijos de titanes y se portaron a la altura de sus ante-pasados sosteniéndo ese dia un combate tan desigual”.

El pesado costo para la población

Pesados impuestos y confiscaciones fueron impuestos a la población para afrontar la defensa de la Confederación Argentina. Ni siquiera el teniente coronel Lescano quedó a salvo: “Yó tambien fui desgraciado en éste comboy, perdí 400 patacones que tenia de mis ahorros y que los habia juntado con tanto trabajo.” “Se los habia dado al comerciante D. Tomás Risso y éste perdió dos buques en ésta empresa, uno en Costa Brava y otro en las baterias de “San Lorenzo”.

“Risso hizo un llamado de acreedores y nos abonó el 12 por ciento que nos contentamos con ésto por no perderlo todo”.

Publicada por el diario Clarín.