viernes, 29 de marzo de 2013

Los vaqueros negros de EE.UU.



La homenajeada película "Django Unchained" ("Desencadenado") del famoso director de cine Quentin Tarantino, es una de las relativamente pocas en Hollywood que narra la historia de un cowboy o vaquero negro. 

Pero en realidad, hubo muchos, y algunas de sus historias fueron adaptadas para actores blancos.

La imagen más común de un cowboy es la de un pistolero blanco calzando botas, como John Wayne o Clint Eastwood. 

Pero la representación que Hollywood muestra del Viejo Oeste es una versión maquillada de la realidad. Se estima que un cuarto de los cowboys eran negros. 

Como muchos, Jim Austin, un empresario de 45 años, nunca había oído hablar de la presencia afroestadounidense en el Viejo Oeste.

Y ese descubrimiento los inspiró a él y a su esposa a crear el Museo Nacional Multicultural del Viejo Oeste en Fort Worth, Texas.

"Rendimos honor a algunos de los vaqueros negros olvidados, hombres como Bill Pickett, un campeón del rodeo que inventó el bulldogging, una técnica que consiste en saltar desde un caballo hasta las costas de un buey y derribar al animal mordiéndole los labios". 

"A los niños no les enseñan en las escuelas la realidad de lo que fue el Oeste", dice Austin.
"Te apuesto a que nueve de diez personas en este país piensan que todos los cowboys eran blancos, como creía yo". 

"En el Viejo Oeste real, no el que muestran las películas, los vaqueros negros eran comunes".
"A estos les daban, con frecuencia, el trabajo de amansar a caballos que pocos habían montado", explica Mike Searles, profesor retirado de historia de la Universidad del Estado de Augusta.

A Searles, los alumnos lo conocían como Cowboy Mike, porque daba cátedras con un vestuario que incluía espuelas, chaparreras y un sombrero de vaquero. 

"Los vaqueros negros eran también cocineros en los Chuckwagon, especie de carreta adaptada para el transporte y cocimiento de provisiones. También eran buenos cantantes, y de esa forma ayudaban a mantener calmado al ganado", cuenta. 

"Ser un vaquero negro era duro"

Searles dice que su investigación, que incluyó revisar entrevistas con exesclavos de la década de 1930, sugiere que los cowboys negros gozaban de una relativa "igualdad en el rancho". 

"Como vaquero necesitabas un cierto grado de independencia", dice. "No podías tener a un vigilante, porque tenían que ir a caballo muchas veces por varios días".

La vida era, sin embargo, más dura para los cowboys negros que para los blancos. Vincent Jacobs, de 80 años, un exjinete de rodeo que vive cerca de Houston, Texas, recuerda el racismo del que era víctima cuando empezó.

"Había rodeos separados para blancos y para negros", recuerda. "Era duro, muy duro. Sólo me dejaban montar cuando todos los blancos habían dejado la arena".

"Ser un vaquero negro era duro", concuerda Clevelland Walters, de 88 años, quien vive en las afueras del pueblo de Liberty, en Texas.

"Odio recordar el racismo que sufrí. Cuando había que marcar al ganado, yo era el que tenía que atrapar los animales y mantenerlo sujerado. Quien marcaba era blanco, o sea que los vaqueros negros hacíamos el trabajo más duro y sucio", expresa.

Tanto Jacobs como Walters crecieron en la década de 1940, mirando peliculas del Viejo Oeste, pero nunca vieron a un negro en un papel de importancia.

Historias con otro rostro

Hollywood no sólo ignoró a los cowboys negros. Uso sus historias de vida como materia prima para muchas de sus películas. 

Se cree que "El llanero solitario", por ejemplo, se inspira en la figura de Bass Reeves, un agende del orden negro que se disfrazaba, tenía a un indígena estadounidense y nunca sufrió un disparo en toda su carrera.

La película de 1956 "The Searchers" ("Más corazón que odio"), de John Ford, fue inspirada en parte en las hazañas de Brit Johnson, un cowboy negro cuya esposa e hijos fueron capturados por los comanches en 1865. 

En la película, John Wayne tiene el papel de un veterano de la Guerra Civil que pasa su vida buscando a su sobrina secuestrada por aborígenes.

En años recientes, personajes negros han aparecido en varias películas del Oeste, como "Posse" ("Los justicieros del Oeste"), "Unforgiven" ("Los imperdonables") y "DjangoUnchained" ("Desencadenado"). 

Mientras Hollywood ha empezado finalmente a reconocer a los cowboys negros del pasado, su memoria también es honrada por los 200 miembros de la North Eastern Trail Riders Association, una organización de vaqueros y vaqueras modernos. 

Estos recorren regularmente más de 100 millas (unos 160 kilómetros) en siete días, montados a caballo o en carretas al estido del Viejo Oeste, desandando los caminos por los que en su momento anduvieron los esclavos.

"Es algo que no está en el imaginario popular. No existe", dice Searles. Pero, ¿por qué Hollywood decidió enmascarar la diversidad racial del Viejo Oeste?

"El Oeste se considera con frecuencia la cuna del país, donde los estadounidenses mostraban cuán distintos eran de los europeos", explica Searles. 

"Era en el Oeste donde el hombre blanco mostraba su coraje. Pero si el negro podía también ser héroe y tener todas las características buenas que le atribuyes al blanco, entonces, ¿cómo puedes tratar al negro como un sirviente y un animal?".

Publicada por BBC Mundo.

miércoles, 27 de marzo de 2013

José Antonio Pérez Gollán: “El revisionismo es la línea oficial, y el Museo Histórico no tiene que bajar línea”



José Antonio Pérez Gollán está molesto. Su salida del Museo Histórico Nacional y su reemplazo por Araceli Bellotta, una funcionaria kirchnerista que milita en el Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, le deja un sabor amargo. Se emociona cuando recuerda el asado “con choripanes” que el personal del Museo hizo el último fin de semana para despedirlo, lo que demuestra el estado de la relación de ambas partes y comparte su visión de lo que un museo tiene que ser hoy: “Comprensible para la gente; que lo entienda un chico que va al colegio, un universitario, un jardinero y un extranjero. El concepto de museo no tiene nada que ver con lo popular, sino con hacer que el nivel del lenguaje esté al alcance de todos, con varios niveles de lectura. El lenguaje de la ciencia se deja en la puerta”. Y señala, visiblemente molesto con quienes lo acusan de “tener una visión academicista del Museo Histórico Nacional”, que “el revisionismo excluye porque da una sola versión de la Historia, propone la verdad agarrada por el rabo. Lo fantástico con los revisionistas es que, antes de empezar, ellos saben cuál va a ser el resultado”. Con la llegada de Bellotta a esa institución, el gobierno se propone hacer un circuito neorrevisionista que unirá el Museo del Bicentenario y la Casa del Bicentenario, con diversas sedes en el país. A la cabeza de este proyecto se encuentra el escritor Mario “Pacho” O’Donnell, presidente del Instituto de Revisionismo Manuel Dorrego.

–¿Hay un modelo popular de Museo Histórico Nacional?

–No, lo que hay que hacer es un museo serio. Es infame que me digan academicista. Si así fuera no me hubieran propuesto quedarme en otro espacio de la Secretaría de Cultura. Soy un académico a mucha honra.

–¿Qué presupuesto tenía usted para funcionar?

–No tenía presupuesto. Durante todo 2012 me dieron cajas chicas de 2000 pesos. Un coleccionista me ofreció una colección de 700 piezas arqueológicas debidamente documentadas, no producto de saqueo. Yo quería hacer una muestra del mundo indígena. El dueño pedía 100 mil pesos por una colección que vale 700 mil. Todavía estoy esperando la respuesta oficial. Lo que recibí de presupuesto fue en materiales, chapas, maderas… y en seis años de gestión tuve que abocarme primero a arreglar el edificio, porque la gente trabajaba en condiciones pésimas, y luego a crear con un subsidio de YPF un taller de conservación, gracias al que restauramos las 32 obras de Cándido López, además de armar una matriz de la muestra permanente. Porque el museo tiene que ser una cadena de transmisión entre el conocimiento y la sociedad. Que no me digan que ésta es una visión elitista.

–¿El museo tiene que exponer la identidad nacional? ¿Existe la argentinidad?

–No hay una identidad nacional; la identidad nacional se construye desde una diversidad. No es lo mismo un chico que vive en Susque, Jujuy, que un chico del barrio de Recoleta. La Argentina es un mosaico de diversidades. El Museo Histórico tiene que reflejar eso, pero para ello hay que discutir mucho. Hay muchas formas de argentinidad y luego hay lugares comunes donde nos encontramos todos.

–¿Cuáles son los principales obstáculos para cumplir ese objetivo?

-Una exhibición obsoleta y anacrónica en el Museo y la necesidad de contar con gente capacitada que sepa de historia argentina. No se puede sanatear. Este país es el de los Maradonas, todo el mundo opina de cualquier cosa. Tampoco me interesa un Museo que baje línea. El Museo Histórico tiene que cuestionar y la gente tiene que salir con más preguntas de una visita. Hoy en el Museo se muestra al San Martín héroe y también una visión crítica hecha por quienes lo cuestionaban duramente. Ese es un ejemplo.

-¿Con qué criterio hay salas abiertas y otras cerradas en el Museo? Por ejemplo, la de Rosas?

-Tenemos tres salas abiertas. La Sala Rosas tenía una muestra anacrónica, no había seguridad suficiente. El Museo tiene que tener exhibiciones que reflejen otras miradas. Hicimos una muestra sobre las Madres de Plaza de Mayo, que son el símbolo de uno de los momentos más trágicos de la historia argentina del siglo XX. Las salas abiertas contienen los documentos de Mayo, hay otra con los tesoros del Museo (la guitarra de Manuelita Rosas, el piano de Mariquita Thompson, etc), una tercera con una muestra sobre la Vuelta de Obligado. No nos hagan creer que Rosas era el adalid del antiimperialismo. Fue un republicano, pero cuando llegó a Southampton, en Inglaterra, fue recibido con todos los honores. Hemos pedido hace meses 48.000 pesos para hacer una muestra sobre Cándido López que todavía estoy esperando. Lo único que conseguí fueron 30.000 pesos que me dio la subsecretaria Marcela Cardillo. Ella es muy cordial y escucha.

-¿Cuál es el proyecto oficial para el Museo Histórico?

-Se ha creado el Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. Esa es la línea oficial. Y yo creo que el museo tiene que tener una visión pluralista. La Argentina es una construcción histórica que no existía y esa complejidad tiene que ser exhibida. Mi proyecto era empezar con el poblamiento de lo que hoy es la Argentina, y llegar hasta la actualidad en una muestra permanente.

–¿Por qué es tan difícil mostrar la diversidad?

Porque éste es un país que se angustia frente a la diversidad, no puede admitirla. Uno no puede asustarse con los indios o los negros. Vea lo que ocurre con el pueblo qom. Se habla mucho de los pueblos originarios, pero después se los persigue. La Argentina es un país de consignas que la gente acepta como verdades inmutables. Y eso es el revisionismo histórico. Pero la identidad nacional está hecha de muchas cosas.

–¿Dónde queda el relato de la diversidad si se impone una historia oficial?

–Los ciudadanos tienen derecho a tener un capital cultural diverso y los museos tienen que entregar ese capital cultural y no bajar línea. Cada uno tiene que descubrir cuál es su patrimonio. Un circuito oficial puede ser válido pero no como relato único, como una visión de buenos y malos. El Museo Histórico Nacional tiene que ser un lugar donde cada uno encuentre su propia memoria. Finalmente tenemos una historia compartida y construimos una memoria con puntos de contacto.

Entrevista publicada por Clarín.

Espero que hayan leído atentamente y, si tienen ganas, debatimos un poco!

lunes, 25 de marzo de 2013

La memoria de un rey guerrero





La amplia mirada de incrustaciones de piedra blanca y negra es lo primero que destaca de la estatua que un grupo internacional de arqueólogos ha recuperado en el sureste de Turquía. Sus labios, sellados, callan, pero no así su espalda. Una inscripción tallada a lo largo de su parte posterior registra los logros y las campañas de Suppiluliuma, el rey que, dentro de una coalición entre sirios e hititas, probablemente hizo frente a la expansión del Imperio Neoasirio en el 850 a.C. Más allá de las especulaciones sobre la identidad del guerrero desenterrado, el hallazgo de su estatua, y de la base de una columna parcialmente decorada, permitirá a los arqueólogos profundizar en la riqueza cultural de la Edad del Hierro de la zona.

Ambos hallazgos “proporcionan un vívido atisbo del carácter innovador y de la sofisticación de las culturas de la Edad del Hierro que emergieron al este del Mediterráneo tras el colapso del poder de los grandes imperios de la Edad del Bronce, al final del segundo milenio a.C”, según el director del 'Proyecto Arqueológico Tayinat', Tim Harrison. En concreto, quien también es catedrático de Arqueología de Oriente Próximo de la Universidad de Toronto señaló que las nuevas esculturas son un ejemplo interesante de la tradición escultórica local de la cultura neohitita.

La estatua se conserva intacta desde la cintura hasta los rizos delicadamente tallados que dan forma a su pelo, un recorrido de 1,5 metros. En total, los investigadores calculan que el cuerpo entero medía unos 3,5 metros y que debió haber sido “enterrado ritualmente en la superficie empedrada del pasadizo central que traspasaba la puerta del complejo de Tayinat”, donde las excavaciones arqueológicas han hallado los restos de grandes palacios, de un templo y de numerosos grabados y esculturas.

La costumbre de situar estatuas humanas colosales en los caminos hacia los accesos a las ciudades reales de la Edad del Hierro persistieron en la Edad de Bronce. La intención era acentuar la sensación de frontera y el papel del rey como defensor divino o como guardián de la comunidad. Hacia los siglos octavo y noveno a.C, estos pasajes se convirtieron en una especie de desfile mudo de la dinastía y en un lugar donde las narraciones conectaban el reino humano con el divino, todo ello a través del rey.

Noticia publicada por Quo.es

jueves, 21 de marzo de 2013

Paleo porno



Voluptuosa, carnal y con el descoco de una chica alegre. Tal vez fue así como vio el creador de la Venus de Hohle Fels, hace 35.000 años, a la musa que le inspiró su estatuilla y por eso fue tan espléndido en dotarle de rasgos sexuales y tan cicatero a la hora de esculpir cualquier detalle del rostro que le hubiese aportado un mínimo de expresión o identidad. 

¿Estaba tallando en piedra una figura erótica? Un amplio repertorio de tallas de cuerpos de mujeres sin rostro hacen que los expertos les busquen un significado. Pero no se ponen de acuerdo. Para unos son sin duda figuras que ensalzan el sexo, para otros son símbolos de fecundidad. ¿Deidades de la reproducción o un recurso onírico y onanista? Veamos.

La semilla del sexo fuera de la reproducción
El tema parece resuelto ligando sexualidad y reproducción, pero se desploma cada vez que un arqueólogo desempolva una figurilla, pieza o grabado rupestre, y de nuevo se manifiestan, explícitas e insistentes, exageradas formas fálicas y objetos supuestamente fabricados para darse placer. El resto parecía importar poco a los artistas paleolíticos.

Dan fe de ello las caras sosas o inexistentes y las extremidades resueltas con apenas unos esbozos. ¿Cómo saber si la pornografía ya ocupaba buena parte del pensamiento humano? 

En esas está, por ejemplo, Marcos García Díez, doctor en Prehistoria por la Universidad del País Vasco y coautor, junto a Javier Angulo, del libro El sexo en piedra: “Algunos estudiosos solo ven formas, sin querer entrar en análisis. 

Otros, desde una visión antropológica, lo interpretamos como una fuente de información representativa de las conductas humanas y, en este contexto, consideramos que la representación de los genitales femeninos o masculinos en estado de excitación, la sobredimensión de la genitalidad y otras figuras en determinadas posiciones encarnan la conducta sexual humana de los primeros Homo sapiens; es decir, nuestros primeros yo biológicos”. Algo así como el germen de nuestra actitud sexual.

Una de las revelaciones más sorprendentes, según apunta García Díez, ha sido que los humanos de hace al menos 30.000 años ya entendían la sexualidad no solo con un fin reproductivo, sino también como acto social vinculado al placer y al juego. “Cualquier científico está condicionado por su realidad, por su contexto y por su propia percepción de las cosas. Pero el registro arqueológico está ahí, y el reconocimiento de lo erótico parece inevitable. ¿Cómo podemos interpretar, si no, la variedad de posturas reconocidas en el arte prehistórico, la imagen de un hombre eyaculando con expresión de gozo e incluso algunas imágenes femeninas en actitud sugerente?”.

Lógicamente, el pensamiento no queda registrado en los materiales arqueológicos. Nunca sabremos del todo cuándo la llamada sexual se convirtió en erotismo y el acto reproductor se transformó en un fenómeno sociológico, pero es evidente que esta percepción de la sexualidad es intrínseca a nuestra condición y da respuesta a nuestros pensamientos, sensaciones y necesidades. Y esto no es nuevo.

A la arqueóloga canadiense April Nowell, de la Universidad de Victoria, le parece  arriesgado hablar de pornografía o de material sexual. “¿Cómo saber, por ejemplo, si las Venus paleolíticas realmente despertaron deseo, o qué pudo significar, tanto para el autor como para el observador, una talla con el pecho desnudo hace 30.000 años?”, se pregunta Nowell, quien culmina ahora sus investigaciones con un ensayo sobre La pornografía está en el ojo del espectador, del que también es autora su colega Melanie Chang. 

La arqueóloga explica que lo que la exaspera es que la ciencia se empeñe en erotizar el arte rupestre como una proyección del pensamiento actual: “No deberíamos conformarnos con una única interpretación genital cuando hay evidencia de que el arte paleolítico reúne un sinfín de muestras de objetos, seres humanos, animales y seres fantásticos de diferentes formas, estilos y tamaños. De hecho, un estudio reciente de mi estudiante de doctorado Allison Tripp demostró que las formas del cuerpo de algunas estatuas femeninas de hace 25.000 años corresponden a mujeres en diferentes etapas de su vida. ¿Por qué vemos siempre genitales en todo lo que se representa en número par o con forma ovalada, circular, triangular o angular? ¿Qué necesidad hay de sentenciar con el mazo sexual?". 

Publicada por Quo.es

miércoles, 13 de marzo de 2013

Exhiben fotos y documentos de la histórica Asamblea del Año XIII



Eran tiempos violentos los de 1813. Patriotas y contrarrevolucionarios estaban en una lucha que parecía eterna y la independencia no terminaba de llegar. Fue el 31 de enero de ese año que la llamada Asamblea General Constituyente empezó a imaginar una nación donde todavía no había nada.

Este año se cumplieron dos siglos de aquella Asamblea. Por eso, el Archivo General de la Nación inaugurará mañana, 14 de marzo, la muestra “Bicentenario Asamblea del Año XIII”. Allí se podrán ver –en vitrinas y gigantografías– documentos que cuentan una parte fundamental de la historia argentina. Entre los más importantes están el acta de inicio de sesiones, la fórmula de juramento, los decretos sobre libertad de vientres, supresión del yanaconazgo, abolición de la Inquisición, eliminación de la tortura y la aprobación del Himno Nacional.

La exposición busca también mostrar cómo era la vida entonces.Por eso se podrán ver los utensilios que se usaban en las casas, como los grilletes y los cepos con que se apresaban a los prisioneros. Otro de los objetos que integran la muestra es un mapa con los primeros intentos por delimitar un territorio.

El principal objetivo de la Asamblea fue la emancipación y la formación de un Estado con las provincias unidas. Por primera vez un órgano de gobierno se declaraba soberano y sus miembros se negaban a jurar fidelidad al rey Fernando VII. Pero el mayor logro de la Asamblea no fue sólo sentar las bases para la creación de un estado sino intentar hacerlo sobre los mismos principios que inspiraron la revolución francesa. Fue esa Asamblea la que aprobó el Himno Nacional, implementó una moneda propia y terminó de definir una forma de gobierno.

La Asamblea del Año XII marcó un hito fundacional al introducir legislación innovadora en temas sociales y políticos. Uno de los mayores avances fue terminar con la esclavitud decretando la libertad de vientres que determinó que todos los hijos de esclavos nacían libres.

En el mismo sentido, también se suprimió el yanaconazgo, una especie de servidumbre implementada por los incas y que continuó luego con los españoles. Además, se prohibieron las torturas y se dio por terminado el poder de la Inquisición en el territorio. 

La muestra del Archivo General intenta dar cuenta de ese período de la historia. Su curadora, Magdalena Insausti, la dividió en tres etapas que van desde el contexto que dio lugar a la Asamblea, hasta su influencia sobre los derechos humanos y el camino hacia la Independencia de 1816.

Noticia publicada por Clarín.

lunes, 11 de marzo de 2013

Descubren indicios de enfermedades coronarias en momias


Un estudio de cadáveres momificados de Egipto, Perú y América del Norte ha revelado que los humanos prehistóricos también tenían arterias atascadas -una condición que puede provocar ataques al corazón.
Los hallazgos del estudio, publicados en la revista médica Lancet, sugieren que las enfermedades cardíacas podrían ser algo inherente al ser humano. 

La mayor parte de la gente asocia este tipo de enfermedades con vicios modernos como fumar o la obesidad.

Los investigadores analizaron 137 momias de cuerpos con hasta 4.000 años de antigüedad y descubrieron que un tercio tenían arterias atascadas.

Noticia publicada por BBC Mundo.