viernes, 11 de abril de 2014

El origen de la palabra vasallo



En la Edad Media, vasallos eran aquellos que se ponían al servicio de un señor que les concedía el derecho de cultivar un pedazo de tierra, a cambio del cual se comprometían a servirlo como soldados, mediante un juramento de homenaje y fidelidad. Tanto el señor como el vasallo eran, pues, hombres libres que asumían compromisos, cada uno con relación al otro.

La palabra se formó a partir del bajo latín vassos o vassus 'servidor', que proviene, probablemente, del galo vasso 'hombre' o gwas, casi idéntico al bretón gwaz 'hombre joven'.

Vassus está documentado en latín desde el siglo V de nuestra era, y vassallus aparece en diversas lenguas prerrománicas hacia el siglo X. La palabra se registra en español a partir del Cid, con la grafía vassallo.

De vasallo se derivan en español vasallaje, avasallar, avasallamiento, etcétera.

viernes, 4 de abril de 2014

Relatos insólitos de las Malvinas

En 1966 apareció una de las obras argentinas más completas sobre las Islas. La Historia completa de las Malvinas, de José Luis Muñoz Azpiri (un diplomático de carrera, a cargo durante años del archivo histórico de la Cancillería argentina), fue presentada por Editorial Oriente como un esfuerzo por “servir al perfeccionamiento y a la recuperación nacionales”. La editorial, especializada en “temas nacionales”, ofrecía una obra sobre un tema “inscripto en el corazón argentino”. No obstante, el “Prólogo” de la obra destacaba que una encuesta realizada por la editorial arrojaba un dato preocupante: pese a ser una causa nacional, el tema Malvinas “es escasamente conocido”. La Historia completa de Azpiri, pues, achicaría la brecha entre la unidad nacional que propiciaban las Malvinas y el desconocimiento acerca de ellas, en un contexto diplomático muy favorable para el reclamo argentino por Malvinas. Un año antes, en 1965, la Organización de Naciones Unidas (ONU) había aprobado la Resolución 2065 (XX), que reconocía la existencia de una disputa de soberanía con Gran Bretaña, e invitaba a ambos países a negociar una solución pacífica.

La Historia completa de las Malvinas se inscribía en una corriente de libros que, desde fines de la década de 1930, había reinstalado la causa Malvinas en el espacio público argentino. En 1938 Juan Carlos Moreno publicó Nuestras Malvina s, una historia y crónica de su visita a las islas. Para Azpiri Moreno era el “Gagarín de las islas”: su libro estaba destinado “a remover un terreno semiabandonado y a cubrir la necesidad imperiosa de reflejar con fidelidad los valores económico-militares –sociales y políticos– del archipiélago argentino”. Fundamental fue también la Toponimia criolla de las Malvinas , de Martiniano Leguizamón Pondal (1956), que rescató en tono épico los sangrientos incidentes del 26 de agosto de 1833, cuando luego de la ocupación inglesa, el gaucho Antonio Rivero y sus seguidores mataron a cinco empleados de Luis Vernet (comandante político y militar isleño) que continuaban representando sus intereses.

El gaucho y los cóndores

También en abril de 1966 la Academia Nacional de la Historia (ANH), en respuesta a un pedido de asesoramiento del Poder Ejecutivo, dictaminó que no se podía probar que Antonio Rivero y sus compañeros se habían alzado contra los ocupantes ingleses de Malvinas por motivos patrióticos. La consulta se debía al pedido de autorización para construir un monumento que evocara la resistencia del gaucho. Desde ese momento a la fecha la figura del gaucho Rivero genera controversias. Algunos ven en ellos un gesto de defensa de la soberanía argentina, y otros una mera matanza originada en las difíciles condiciones de vida en las islas empeoradas por la agresión inglesa.

Los historiadores revisionistas cuestionaron duramente el dictamen de la ANH. Para esta corriente histórica y política, Antonio Rivero es un símbolo poderoso: un gaucho (encarnación de la argentinidad) fuera de la ley por enfrentar los abusos de los patrones (los asesinados, extranjeros, eran administradores de Vernet) que resiste al invasor allí donde el gobierno porteño ha claudicado. El rastro de Rivero y sus seguidores se pierde en Montevideo, donde los ingleses les facilitaron la fuga, lo que agrandó la leyenda: algunos plantean que Rivero murió como soldado federal en la Vuelta de Obligado (1845). Esto coronaría el mito: el resistente en Malvinas, muerto en batalla contra la flotilla anglo francesa que intentaba forzar el paso de las aguas del Paraná.

Puesto que el revisionismo se erigía como la visión alternativa y “verdadera” por oposición a la historia “oficial”, “liberal” y “mitrista” (encarnada en la ANH), las disputas por Rivero no eran sólo sobre Malvinas. Los “modelos” en pugna en la década de 1960 encontraron en la historia del gaucho otra divisoria de aguas, potenciada porque también fue leída en la clave de la proscripción del peronismo.

Esto tal vez explique por qué el 28 de septiembre de 1966, un comando secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas y lo desvió a Malvinas. Desde hacía tres meses, el dictador Juan Carlos Onganía gobernaba la Argentina. En ese contexto, un grupo nacionalista y peronista planificó el primer secuestro aéreo de la historia, al que bautizó “Cóndor”. Su líder, Dardo Cabo, un militante de la resistencia peronista, invitó al vuelo al director del diario Crónica, Héctor Ricardo García, garantizándole una importante primicia.

En la mañana del 28, los kelpers se acercaron al avión inmóvil en su hipódromo (no había pista aérea), del que saltaron los militantes armados, que les entregaron una proclama en inglés y los tomaron como rehenes. Plantaron siete banderas argentinas y rebautizaron a la ciudad como “Puerto Rivero”, en honor al gaucho mítico, pero fueron rodeados por la milicia de defensa local, y tuvieron que atrincherarse en el avión. Finalmente, el “Grupo Cóndor” liberó a los rehenes y entregó sus armas al comandante del avión argentino. El 1° de octubre fueron embarcados en un barco de la Armada argentina, y ni bien se alejaron de la costa de Malvinas (y de las autoridades inglesas) fueron apresados.

Según la Historia completa de Muñoz Azpiri, publicada en 1966, la causa Malvinas era tan fuerte como escasamente conocidas las islas. La adhesión no era homogénea, como prueba la controversia nacida ese año en torno a la figura de Antonio Rivero. Que meses después un comando peronista bautizara con su nombre a la capital de Malvinas, muestra tanto el peso de esos símbolos como que la salida violenta era parte del repertorio político de la época. Es emblemático que en 1982 la dictadura, con el nombre de “Puerto Argentino”, anulara el intento hecho desde el diario Crónica por reinstalar el nombre de Puerto Rivero para la capital de las islas recuperadas. También, que años antes, asesinara con la “ley de fugas” a Dardo Cabo, que del nacionalismo de derecha había pasado a militar en Montoneros. 

1966 aparece como un “año 0” para la causa Malvinas. Todas las opciones estaban ahí: un exitoso frente diplomático, la adhesión emotiva a la causa, el recurso de la fuerza. Retrospectivamente, con una guerra de por medio y una situación que si no es de retroceso es al menos de estancamiento, no deja de ser dolorosamente sorprendente. Y un recordatorio acerca de la idea de Pierre Vilar de que la Historia debe enseñarnos a leer los periódicos.

Artículo de Federico Lorenz (Historiador. Autor de “Todo lo que necesitás saber sobre Malvinas” y “ Unas islas demasiado famosas. Malvinas, historia y política”) para la Revista Ñ.

lunes, 31 de marzo de 2014

Lo que Europa medieval hizo con sus adolescentes

Hoy en día existe la percepción de que los padres asiáticos tratan a sus niños con rudeza. Pero, hace cientos de años, en el norte de Europa regía una línea de disciplina particularmente dura con los menores, que eran enviados a vivir y trabajar en casas ajenas. Algo que, sin ninguna sorpresa, los jóvenes no siempre disfrutaban.



¿Cómo era la vida del adolescente europeo por entonces?

Alrededor del año 1500, un asistente del embajador de Venecia en Inglaterra se sorprendió ante los extraños estilos de paternidad que encontró durante sus viajes.

A sus amos en Venecia les escribió que los ingleses mantenían a sus hijos en casa "hasta la edad de 7 o 9 años a lo sumo", pero luego "los echaban, tanto a los hombres como a las mujeres, para que sirvieran en residencias de otras personas, obligándoles a permanecer allí generalmente por otros siete o nueve años".

Los desafortunados niños eran despachados de sus casas independientemente de su clase, "todo el mundo, por muy rico que sea, despide a sus hijos para recibir a otros extraños a cambio".

Aunque le dijeron que era por el bien de los pequeños, él sospechaba que los ingleses preferían tener a los hijos de otra gente en sus casas porque podían alimentarlos con menos comida y conseguir que trabajaran más duro.

Sus observaciones pusieron en evidencia un sistema que operaba en todo el norte de Europa en el período medieval y en los inicios de la edad moderna. Muchos padres de todas las clases sociales enviaron a sus hijos a trabajar como empleados o aprendices; sólo una pequeña minoría se dedicaba a la vida religiosa o iba a la universidad.

Eso sí: no eran tan jóvenes como el autor veneciano sugiere. Según Barbara Hanawalt, de la Universidad Estatal de Ohio, la aristocracia ocasionalmente despachaba a sus hijos a los 7 años, pero la mayoría de los padres los despedían más o menos a los 14.

Diarios y cartas encontradas en libros escolares medievales indican que dejar la casa era traumático. "Todo el placer que sentí siendo un niño desde los 3 hasta los 10 años, bajo el cuidado de mi padre y mi madre, ahora se ha transformado en tormentos y dolor", se queja un niño en una carta entregada a los alumnos para que la tradujeran al latín. Los siervos analfabetos no tenían manera de comunicarse con sus padres y las dificultades para el traslado eran tales que si los niños eran enviados a un lugar a sólo 30 kilómetros de distancia de casa igualmente podían sentirse aislados por completo.

¿De buena fe?

Entonces, ¿por qué evolucionó este sistema aparentemente cruel? Para los pobres, había un incentivo económico evidente: liberar el hogar de una boca que alimentar. Pero los padres realmente creían que estaban ayudando sus hijos al enviarlos lejos y, a la vez, así podían ahorrar un poco para costear un aprendiz.

Esos puestos de aprendiz solían durar siete años, pero podían extenderse por una década. Cuanto más largo fuera el plazo, más barato era: y esa es una señal de que el visitante veneciano no se equivocó al concluir que los adolescentes representaban una fuente de mano de obra barata para sus amos.

En 1350, la peste negra redujo la población de Europa a casi a la mitad, de modo que el trabajo asalariado se volvió costoso. La disminución de la población, por otro lado, significó que la comida se abarató, por lo que tener empleados residiendo en la casa tenía sentido para el amo.

"Había una sensación de que tus padres te podían enseñar ciertas cosas, pero se podían aprender otras si se vivía la experiencia de ser entrenado por alguien más", dice el académico Jeremy Goldberg, de la Universidad de York.

Es posible que también los padres lo vieran como una opción para deshacerse de sus adolescentes rebeldes. El historiador social Shulamit Shahar asegura que en ese momento se pensaba que para los extraños era más sencillo criar a un niño y que esa creencia generalizada en el norte de Europa llegó incluso a lugares de Italia.

Buena conducta por contrato

En el siglo XIV, el comerciante florentino Paolo de Certaldo aconsejó: "Si usted tiene un hijo que no hace nada bueno, entrégueselo a un comerciante para que lo envíe a otro país. O envíelo usted mismo a uno de sus amigos cercanos. Nada más puede hacerse. Mientras permanezca con ustedes, no corregirá su conducta".

Muchos adolescentes estaban contractualmente obligados a comportarse. En 1396, un contrato entre un joven aprendiz llamado Thomas y un brasero de Northampton (Inglaterra) llamado John Hyndlee fue avalado por el alcalde de la ciudad. Hyndlee asumió el papel formal de tutor y se comprometió a alimentar a Thomas y también a enseñarle su oficio y a no castigarlo muy severamente por sus errores. El joven, por su parte, prometió no irse sin permiso y tampoco robar, jugar, visitar prostitutas o casarse. Si el contrato llegaba a romperse, el plazo de su aprendizaje se duplicaría y pasaría a ser de 14 años.

Una década del celibato fue demasiado para muchos jóvenes y los aprendices adquirieron la reputación de frecuentar tabernas, en las que se comportaban de manera libertina y promiscua. Perkyn, el protagonista del cuento de Geoffrey Chaucer The Cook's Tale, es un aprendiz al que lo echan por haber robado a su maestro y se va a vivir con un amigo y una prostituta. En 1517, el gremio Mercers se quejó porque muchos de sus aprendices "eran enormemente desordenados" y gastaban el dinero de sus amos en "rameras y otros derroches". 

En algunas partes de Alemania, Suiza y Escandinavia, cierto nivel de contacto sexual entre adolescentes, e incluso veinteañeros, era sancionado. Aunque estas tradiciones sólo se describieron en el siglo XIX, los historiadores creen que se remontan a la Edad Media.

"La niña se queda en casa y un hombre de su edad va y se encuentra con ella", relata Colin Heywood, estudioso de la Universidad de Nottingham. "A él se le permite pasar la noche con ella, incluso puede meterse en la cama con ella, pero a ninguno de ellos se les permitía quitarse la ropa. En realidad no podían hacer mucho más que acariciarse".

Fuera de control

Hasta cierto punto, los jóvenes vigilaban su propia sexualidad. "Si una chica tenía reputación de ser demasiado fácil, se le dejaba algo desagradable en la puerta de su casa, para que todo el pueblo supiera que tenía una mala reputación", señala Heywood.

Los chicos también expresaban sus opiniones sobre la conducta moral de los mayores, en tradiciones como la "cencerrada", el ruido hecho con ollas, sartenes y trompetas, entre otros, para burlarse de los viudos en la primera noche de sus nuevas bodas. Si desaprobaban de un matrimonio -tal vez porque el marido golpeaba a su esposa o porque había una gran diferencia de edad- la pareja era sometida a la vergüenza pública.

Los jóvenes de Francia, Alemania y Suiza se organizaban en bandas y elegían a un "Rey de la juventud" cada año. "Salían a la luz en épocas como carnaval, en momentos en los que el mundo estaba patas para arriba", afirma Heywood.

Como era de esperar, las cosas se salían de control. El historiador Philippe Aries describe cómo en Aviñón los jóvenes intentaron apoderarse de la ciudad un día de carnaval, diciendo que darían "palizas a judíos y prostitutas si no les pagaban un rescate".

En Londres, los diferentes gremios se dividieron en tribus y participaron en violentas disputas. En 1339, los pescaderos estuvieron envueltos en grandes batallas callejeras con los orfebres. Pero irónicamente, los aprendices con la peor reputación de violencia eran los abogados: esos chicos tenían objetivos independientes y no vivían bajo la vigilancia de sus amos.

En los siglos XV y XVI, los disturbios entre los aprendices de Londres se hicieron más comunes. El objetivo de la mafia eran los extranjeros, incluyendo a los flamencos y lombardos. El 1 de mayo de 1517, una noche de saqueos y violencia conmocionó a la Inglaterra de los Tudor.

Para entonces, el número de aprendices en la ciudad se había incrementado y para los adultos era cada vez más difícil controlarlos, dice Barbara Hanawalt. Como disminuyeron las muertes prematuras por enfermedades infecciosas, los aprendices debían esperar mucho tiempo para independizarse de sus amos. "Había un buen número de jóvenes aprendices que no tenían ninguna esperanza de conseguir trabajo o tener un negocio propio", explica Jeremy Goldberg. "Había muchos chicos desilusionados y privados de sus derechos, predispuestos a desafiar la autoridad".

De ayer y de hoy

¿Cuán distintos eran los jóvenes de hoy y los de la Edad Media? Es difícil emitir un juicio con la información disponible, dice Goldberg.

Pero muchos padres de adolescentes del siglo XXI asentirán con la cabeza al reconocer que los jóvenes del siglo VIII, que eran esbeltos (a pesar de que comían mucho), veloces, atrevidos, irritables y activos.

También podrían derramar una lágrima sobre la rara colección de cartas del siglo XVI, escritas por los miembros de la familia Behaim de Núremberg y documentados por Stephen Ozment: Michael Behaim fue aprendiz de un comerciante en Milán cuando tenía 12 años. En la década de 1520, le escribió a su madre quejándose de que no le estaban enseñando nada del comercio o los mercados y que lo que hacía era barrer el piso. Para los padres, quizás, lo más preocupante fue leer que tenía miedo de contraer la peste.

Otro de los hijos de los Behaim escribió a sus padres desde la escuela en el siglo XVI. Friedrich, de 14 años, se quejaba de la comida, pedía que le enviaran indumentaria para guardar las apariencias frente a sus compañeros y preguntaba quién lavaría su ropa. Su madre envió tres camisas en un saco, con la advertencia de que " todavía pueden estar húmedas, cuélgalas en una ventana por un rato".

Y -como lo hacen las madres de hoy, sobre todo si tienen los hijos lejos- le hizo llegar sus consejos maternales: "Usa el saco en que te envío estas cosas para luego guardar la ropa sucia".

Publicada por BBC Mundo.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Tehuelches en foto

Esta foto fue publicada en la cuenta de Twitter del Archivo General de la Nación (@AgnArgentina). Se trata de un retrato del cacique Casimiro Biguá (o Biwá), nacido en los alrededores de Carmen de Patagones, e/1819 y 1820 – toldería Bahía San Gregorio, 1874. Fue un cacique principal del pueblo Aonikenk (o bien en mapundungun, tehuelche) desde 1840 hasta 1874, luego de suceder a María la Grande. Su territorio abarcaba desde el estrecho de Magallanes hasta el río Negro, siendo su centro de residencia, la toldería de la bahía de San Gregorio, ubicada en la orilla septentrional de dicho estrecho.


Se puede leer más sobre este cacique en Wikipedia.

viernes, 21 de marzo de 2014

La guerra sigue causando estragos a sitios históricos

 

El Ejército de Siria se ha hecho este jueves con el control del Crac de los Caballeros, la mítica fortaleza de los cruzados que data del siglo XIII y que está reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). El castillo se encontraba en manos de los rebeldes, que durante meses se han escondido en sus torres y pasadizos, especialmente en los cuatro últimos, en los que las tropas fieles al presidente Bachar El Asad se han empleado a fondo para reconquistar la frontera con el norte de Líbano. La televisión oficial siria está emitiendo imágenes en las que se ve cómo los soldados han izado su bandera en el fuerte, que se encuentra en un aparente buen estado. Sin embargo, los Comités Locales de Coordinación indican que habría algunos daños por morteros lanzados contra los opositores.


Para leer más sobre este tema en El País (España), toque aquí.