viernes, 29 de mayo de 2015

Así funcionaba Zyklon-B, el gas que usaron los nazis en Auschwitz




Hace más de un mes comenzó el juicio contra Oskar Gröning, el alemán de 93 años conocido como el "Contador de Auschwitz". Desde entonces, ese ex soldado de las SS ha tenido que ver cómo se sentaban en la misma sala múltiples sobrevivientes del Holocausto y escuchar sus trágicas historias.

Pero fue el doctor Sven Anders, el último de esa fila de testigos, quien logró ponerle los pelos de punta al narrar detalladamente los efectos que produce en el cuerpo humano Zyklon-B, el gas letal ideado por los nazis para acabar con la vida de millones de personas en los campos de concentración.

Gröning, concretamente, está siendo juzgado en Lüneburg, Alemania, por su implicación y colaboración en la muerte de más de 300.000 judíos húngaros que llegaron a Auschwitz en 1944. Desde que comenzó el juicio, el ex guardia de las SS ha negado rotundamente que hiciera daño a ningún prisionero y afirma que su único trabajo fue organizar la contabilidad del campo de concentración y enviar al gobierno central las riquezas que eran robadas a aquellos que eran asesinados.

El Zyklon-B era un gas ideado como pesticida que terminó utilizándose en las cámaras de exterminio de los campos para llevar a cabo asesinatos masivos. 

"Los nazis buscaban constantemente formas de exterminio más eficientes. En septiembre de 1941, en el campo de Auschwitz se realizaron experimentos con Zyklon-B (usado previamente para la fumigación) en los que se gaseó a unos 600 prisioneros de guerra soviéticos y a 250 enfermos. Sus gránulos se convertían en un gas mortal al entrar en contacto con el aire. Se demostró que era el método de gaseo más rápido y se seleccionó como medio para realizar masacres en Auschwitz", explicó el sitio web del U.S. Holocaust Memorial Museum.


Según explicó en el juicio Sven Anders, médico forense de la Universidad de Hamburgo-Eppendorf, el gas provocaba un "dolor extremo, convulsiones violentas, atacaba el cerebro y producía un ataque cardíaco en cuestión de segundos". Ideado para limpiar de insectos grandes edificios o fábricas, se caracterizaba por oler a almendras amargas y a mazapán y ser, en palabras del doctor, más ligero que el aire: "Penetraba por inhalación en los pulmones y bloqueaba la respiración celular".

Una vez inhalado, el Zyklon-B atacaba en primer lugar al corazón y al cerebro. "Los síntomas comenzaban con una sensación de escozor en el pecho similar a la que puede causar el dolor espasmódico y al que se produce en los ataques de epilepsia. La muerte por paro cardíaco se producía en cuestión de segundos. Era uno de los venenos de acción más rápida", añadió el doctor.

Eso, en el mejor de los casos, pues una inhalación menor (algo común en las grandes cámaras de gas de Auschwitz) podía hacer que el fallecimiento durase una media hora. "Una intoxicación inferior conducía a un bloqueo de la sangre en los pulmones y provocaba dificultades para respirar. Comúnmente se habla de agua en los pulmones, la respiración sería entonces más profunda y más fuerte, porque el cuerpo ansía después del oxígeno. Sería una agonía", advirtió el experto.

A su vez, Anders determinó que la altura de la persona era un factor clave a la hora de morir afectado por el Zyklon-B. Y es que, al ser más ligero que el aire, se acumulaba en la parte superior de las cámaras de gas acabando primero con los adultos. Por el contrario, los niños fallecían minutos después, con mayor sufrimiento y tras haber visto en primera persona la muerte de sus seres queridos.

Cuando los presos llegaban a Auschwitz, eran separados en dos grupos: aquellos que podían trabajar (mujeres y hombres fuertes) y niños, ancianos y enfermos. Los segundos eran llevados directamente a las cámaras de gas. Sin embargo, y para no alarmarlos, normalmente se les aconsejaba que dejasen sus pertenencias en el tren tras afirmar que regresarían a este tras una ducha. 

Publicada por Infobae.

jueves, 28 de mayo de 2015

Resuelven el primer "asesinato" de la historia



Los humanos ya se mataban entre ellos hace 430.000 años, según demuestra el cráneo de un joven de aquella época descubierto en la Sima de los Huesos de Atapuerca, en España. El hallazgo aclara también que los antiguos pobladores de Atapuerca utilizaban el lugar como un cementerio en el que acumularon restos de por lo menos 28 individuos, lo que representa la conducta funeraria más antigua de la historia de la humanidad. Allí ya había sido hallado en 2008 un fósil clave para estudiar la evolución del género Homo.

El cráneo número 17, como lo llaman los investigadores, presenta dos orificios en el hueso frontal, unos centímetros por encima del ojo izquierdo. La investigación, basada en modernas técnicas de análisis forense, reveló que fueron causados por impactos de un objeto contundente y puntiagudo.

Ambos tienen el mismo diámetro pero presentan trayectorias de impacto distintas, lo que indica que la víctima fue golpeada dos veces, probablemente con la misma arma. Según los resultados presentados en la revista Plos One, los dos impactos atravesaron el cráneo y entraron hasta el cerebro.

“A este tipo le remataron”, señala Eudald Carbonell, codirector de las excavaciones de Atapuerca. “Debían tenerle inmovilizado o debía haber quedado inconsciente, porque es inverosímil que se puedan aplicar golpes lo bastante fuertes para atravesar un hueso frontal en un combate cara a cara con un enemigo que se está moviendo. Y aunque un solo golpe hubiera bastado para matarle, le dieron dos. Se ensañaron con él”.

Era una persona joven del linaje de los Neandertales, informa Nohemi Sala, paleontóloga del Centro Mixto Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII) y primera autora de la investigación. Cuando vivió, aún faltaban más de 200.000 años para que aparecieran los primeros Homo sapiens –nuestra especie- en algún lugar de Africa. Debía tener unos 20 años, a juzgar por el buen estado de su dentadura, y no se pudo determinar si era un hombre o una mujer. Su cráneo se reconstruyó a partir de 52 fragmentos –galletas, los llaman en Atapuerca-, la mayoría de los cuales apareció en la campaña de excavación del 2010.

Si estaba tan fragmentado no es por el ataque que sufrió el día que lo mataron, sino por haber estado casi medio millón de años enterrado bajo toneladas de sedimentos. Pero los dos orificios circulares que tiene en la frente son distintos a las fracturas características de los cráneos fósiles y sólo pueden explicarse como “el resultado de golpes intencionales y repetidos durante un acto letal de violencia interpersonal”, escriben los investigadores en Plos One. “Demuestra que ésta es una conducta humana antigua”.

Los indicios más antiguos de violencia interpersonal que se conocían hasta ahora corresponden a un neandertal de hace 40.000 años hallado en la cueva de Shanidar (Iraq), que sobrevivió a una lesión causada por un objeto penetrante en la parte izquierda del tórax; y un Homo sapiens de hace 30.000 años hallado en el yacimiento de Sungir (Rusia), que murió por un trauma en una vértebra, aunque no está claro si fue un homicidio o un accidente.

En Atapuerca, se encontraron también marcas de cortes en fósiles de Homo antecessor de unos 800.000 años de antigüedad. Dado que los cortes se hicieron para arrancar la carne, esto indica que fueron víctimas de canibalismo.

Pero en el caso del cráneo 17, y en el resto de fósiles de la Sima de los Huesos, no hay marcas de corte. “No lo mataron para comérselo; lo mataron porque querían que muriera, que es muy distinto”, señala Carbonell. “Muchos animales matan para comer, los humanos matan por matar”.

Lo cual no significa que la violencia fuera gratuita. Posiblemente se produjo en aquel momento en Atapuerca algún tipo de competencia por un recurso limitado. Pudo ser una confrontación entre clanes por el control del territorio. O pudo ser un enfrentamiento entre dos o más individuos por motivos de pareja. “Es imposible precisar las circunstancias exactas, pero el origen de una conducta como ésta, que se mantuvo en la historia posterior de la humanidad, debe tener una razón”, razona Carbonell.

Más allá de aclarar el origen de la violencia interpersonal, la investigación aclara también cómo se acumularon los restos de por lo menos 28 humanos en la Sima de los Huesos de Atapuerca. No hay ningún otro yacimiento en el mundo con tantos fósiles humanos. Esta abundancia de restos en una cámara situada en el interior de una cueva y en el fondo de un pozo de13 metros de altura es uno de los mayores enigmas de la paleoantropología.

La hipótesis de que osos o hienas llevaran allí los restos humanos quedó descartada hace años al no haberse encontrado marcas de mordiscos en ninguno de los 6.700 restos humanos hallados en la Sima de los Huesos. También se descartó que los fósiles hubieran sido arrastrados al fondo de la sima por algún proceso geológico.

Las dos únicas hipótesis plausibles que quedaban eran que los 28 humanos hubieran caído al pozo por accidente uno tras otro. O que los antiguos pobladores de Atapuerca dejaran allí a sus muertos. El estudio del cráneo17 reveló que no cayó a la Sima y después murió, sino que primero murió y después lo tiraron.
“Sabemos que lo llevaron poco después de morir porque no hay marcas de mordiscos en los fósiles”, señala Carbonell. “Si lo hubieran dejado unos días a la intemperie, los carroñeros se lo habrían comido”.

Por lo tanto, concluyen los investigadores en Plos One, la acumulación de cadáveres “era una práctica social en este grupo del pleistoceno medio” y la Sima de los Huesos “representa la conducta funeraria más temprana del registro fósil humano”.

Publicada por el diario Clarín.

miércoles, 22 de abril de 2015

El "contador de Auschwitz" admitió ser cómplice del Holocausto y reveló detalles

En el primer día de su juicio en Alemania, Oskar Gröning, conocido como el "contador de Auschwitz", pidió "perdón" a las víctimas del Holocausto, asumiendo su culpabilidad "moral" y describió en detalle algunas de las macabras ejecuciones que presenció.

En el que podría ser uno de los últimos grandes juicios por el Holocausto, Gröning está acusado de asistir en el homicidio de unas 300.000 personas, aunque él siempre lo ha negado. Se expone a una pena de entre 3 y 15 años de cárcel por "complicidad en 300.000 homicidios agravados".

Los cargos se remontan el período entre mayo y julio de 1944, cuando llegaron a Auschwitz 137 trenes con unos 425.000 judíos de Hungría.

"Para mí, no hay ninguna duda de que comparto una culpabilidad moral", dijo Gröning al inicio del juicio en la ciudad de Luneburgo, en el norte de Alemania. "Comparezco ante las víctimas con remordimiento y humildad (...) Respecto a si soy culpable en términos penales, ustedes decidirán", añadió, durante una larga declaración pronunciada con voz firme. "Pido perdón", agregó.

La audiencia, celebrada ante una gran afluencia de medios y la presencia de 67 partes civiles, sobrevivientes y descendientes de las víctimas fue traducida simultáneamente en inglés, hebreo y húngaro.

El hombre, que entró en la sala con sus dos abogados y con la ayuda de un andador, no eludió ninguna pregunta y se defendió con firmeza hasta la suspensión de la audiencia a media tarde. En un momento, incluso rió cuando su abogado pidió al juez que hablara más alto para que su cliente pudiera escucharlo. El juicio se reanudará mañana.

El "contador"


Gröning es denominado "el contador de Auschwitz" porque recolectaba las pertenencias de los deportados cuando llegaban al campo de concentración, inspeccionaba los equipajes, y recogía y contabilizaba los cheques bancarios que pudiera haber para enviarlos a las oficinas de la SS en Berlín y así ayudar a financiar la campaña nazi.

"Al enviar los cheques bancarios él ayudó al régimen nazi a beneficiarse económicamente", dijo Jens Lehmann, abogado de un grupo de sobrevivientes y familiares de víctimas de Auschwitz que son los demandantes en el caso.

Gröning tenía entonces 21 años y según admitió era un férreo partidario nazi cuando fue enviado a trabajar a Auschwitz en 1942. Su caso es inusual porque a diferencia de muchos hombres y mujeres de la SS empleados en campos de concentración, él ha hablado abiertamente en entrevistas sobre el período que pasó en la instalación de la entonces ocupada Polonia.

El antiguo contador, que regresó a Alemania después de la guerra, nunca se escondió. Antes de ser atrapado por la justicia, había contado a la prensa y a la televisión su pasado en Auschwitz, explicando querer "combatir el negacionismo".

En una extensa entrevista con la revista alemana Der Spiegel en 2005, Gröning dijo que no sentía "nada" cuando veía a judíos siendo llevados a las cámaras gas. "Si estás convencido en que la destrucción del Judaísmo es necesaria, entonces ya no importa cómo se llevan a cabo esas muertes", declaró, en referencia a comportamiento como un joven oficial de la SS.
Su proceso judicial ilustra la severidad creciente de la justicia alemana con los antiguos nazis, desde la condena en 2011 de John Demjanjuk, ex guardia del campo de exterminio de Sobibor (Polonia), a cinco años de prisión.

Cerca de 1,1 millones de personas, incluidos alrededor de un millón de judíos de Europa, murieron entre 1940 y 1945 en el campo de Auschwitz-Birkenau, de un total de 6 millones de víctimas durante el Holocausto pergeñado por Adolf Hitler.

Aclaración

Gröning, a los 21 años.
Oskar Gröning -viudo, jubilado, con dos hijos de 65 y 70 años- relató su adhesión voluntaria a las Waffen SS (la milicia de las SS) en octubre de 1940, y su primer puesto en la administración, para ser transferido posteriormente a Auschwitz en 1942. Allí permaneció hasta el otoño de 1944.

Describiendo la vida cotidiana en el campo de concentración, se esforzó por marcar la diferencia entre su trabajo y el de los guardias directamente implicados en el exterminio, asegurando que su tarea consistía principalmente en "evitar los robos" de los equipajes de los deportados.

"Había mucha corrupción y tenía la impresión de que existía un mercado negro" en el interior del campo centrado en los "relojes de oro" de los recién llegados, se defendió Gröning, asegurando que no tuvo "nada que ver" con el procedimiento de los asesinatos.

"Conmocionado"

Gröning contó que varias veces intentó abandonar el campo de concentración, "conmocionado" por las escenas a las que había asistido, algunas de las cuales relató.

Justo después de su llegada, en noviembre de 1942, había visto a un guardia matar a un bebe porque "lloraba". Lo agarró de los pies y lo estampó contra un vagón. Su superior admitió que "este hecho no era particularmente aceptable" pero consideró que su salida del campo era "imposible".

Tres semanas más tarde, patrullando en el campo después de varias evasiones, oyó gritos "cada vez más y más fuertes y desesperados, antes de morir" de las personas en las cámaras de gas, y dijo que después asistió a la cremación de cuerpos.

 Publicada por La Nación.

martes, 21 de abril de 2015

La riquísima historia de la pizza



El nombre de este plato italiano proviene del antiguo germánico bizzo, que significaba 'morder' y 'bocado' ('cantidad de alimento que se puede tomar con una mordida'). En su forma original, la pizza se compone de un pan de forma circular y achatada, cubierto con queso de tipo mozzarella, tomates y aceite de oliva. Al extenderse por Italia a lo largo del siglo XIX, algunas características del plato fueron cambiando: al llegar a Roma, se sustituyó el tomate por cebolla y aceitunas, y en la Lombardía se enriqueció con anchoas, entre otras modificaciones. 

A comienzos del siglo XX, la pizza cruzó el océano y llegó a Buenos Aires, donde la masa se hizo más gruesa, y a Nueva York, donde se le añadió un variopinto conjunto de ingredientes: rebanadas de salchichas, panceta, camarones y trozos de ají. Sin embargo, fue solo a mediados del siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el antiguo alimento napolitano conquistó el mundo. 

Espero que hayan leído esta entrada con una cerveza bien fresca :)

jueves, 16 de abril de 2015

La familia italiana que encontró un tesoro arqueológico mientras arreglaba un baño

"En Lecce, aquí en el sur de Italia, en cualquier lugar que excavas puedes encontrarte con un pedazo de historia".


La frase se la repite varias veces Andrea Faggiano, uno de los propietarios del museo Faggiano, que recoge los hallazgos arqueológicos realizados por su familia durante los últimos diez años.

Hallazgos que no resultaron de profundos estudios académicos, sino de un evento más casual y mundano: el arreglo de un baño.

Los dueños se vieron obligados a actuar como fontaneros y empezar a romper pisos y azulejos en su propiedad, ubicada en el centro histórico de Lecce.

 Debajo, se encontraron con mucho más que caños rotos: una colección de vasijas, salones y pinturas que datan la época prerromana de la ciudad.

"En estos últimos años hemos sacado más de 5.000 piezas de cerámica que pertenecen a varias etapas históricas. Y todo eso lo sacamos mi padre Luciano y mis hermanos con nuestras propias manos", relató Faggiano.

Y todo comenzó cuando los antiguos inquilinos de la propiedad, donde ahora funciona el museo, comenzaron a quejarse de la humedad de la casa.

Un baño para cambiar

Mi padre era dueño de un restaurante y a la vez tenía una casa arrendada. Pero después de 20 años de vivir allí, los arrendatarios nos dijeron que la casa tenía muchos problemas de humedad y decidieron marcharse", recordó.

Corría el año 2000. Con el lugar vacío, Luciano pensó que la mejor manera de aprovecharlo era adaptar el espacio y convertirlo en una trattoria, un típico restaurante italiano.

Luciano sabía que era fundamental que el baño funcionara adecuadamente y para eso tenía que resolver un problema con las tuberías que estaban detrás de las paredes del primer piso.
Pero no podía solo, así que pidió la ayuda de la mano de obra más barata que tenía al alcance: sus tres hijos varones, Andrea y sus dos hermanos.

"Apenas comenzamos a romper las paredes de aquella casa nos dimos cuenta que había algo distinto y pronto dejamos de preocuparnos por la tubería, para comenzar a excavar y encontrar más cosas", relató.

Lo que no sabían aún es que esa casa estaba sobre los vestigios que habían dejado allí los mesapios, los habitantes de aquella región italiana unos 500 años antes de que llegaran los romanos a Lecce.


Era un conjunto de lugares que incluían osarios, sitios para esconderse de los enemigos, aljibes, cuartos y despensas, todos adornados con dibujos que fueron hechos hace 2.500 años.

"Fue ahí que papá nos dijo, mientras nos metía con sogas por fosas de 15 metros de profundidad, que no le dijéramos nada a mamá, para no 'ponerla nerviosa'", dijo.

Pero no contaban con que la mamá era que lavaba la ropa sucia de sus hijos, que aquellos años no superaban los 14 años.

Con las propias manos

Pronto se enteraron más personas: primero la "mamma", después algunos vecinos.

Hasta que el rumor de que estaban sacando reliquias históricas entre las tuberías de una casa llegó a los oídos de la municipalidad de Lecce.


"Eso fue en 2001 y sabíamos que era algo importante, pero la municipalidad decidió cerrar la excavación hasta que encontrara a alguien capacitado para hacerlo", recordó Faggiano.

Pero pasó un año y el lugar continuaba cerrado. Luciano, el patriarca, preocupado porque su propiedad no le daba ningún rédito económico, decidió lanzar una propuesta audaz: que ellos mismos se encargarían de la excavación.

"Ellos aceptaron, por supuesto con el control de varios arqueólogos. Estuvimos más de seis años dedicados a eso, a desenterrar objetos de ese lugar, todos los días".

En vez de la trattoria, Luciano pensó que, con semejante registro histórico, la mejor idea era abrir un museo.

En 2008, mientras continuaban los estudios sobre las piezas encontradas, se abrieron las puertas del museo Faggiano.

Giovanni Giangreco, uno de los funcionarios encargados de la supervisión del proceso, le dijo al diario estadounidense New York Times que la casa contiene mucho más que objetos de culturas primitivas.

"La casa Faggiano tiene capas que representan casi todas las eras de la historia de la ciudad, desde los mesapios hasta los romanos, los medievales y los bizantinos", señaló.

Y en el último año la familia Faggiano ha logrado que se completen muchos de los procesos de análisis arqueológico y que que el museo se convierta en uno de los más populares de Lecce.

"Para mí es como un legado que hicimos con nuestras propias manos. Algo que va a quedar para siempre y que nos costó mucho esfuerzo. Y sí, que empezó cuando estábamos arreglando el baño", concluyó Andrea.

Publicada Por BBC Mundo.