jueves, 28 de mayo de 2015

Resuelven el primer "asesinato" de la historia



Los humanos ya se mataban entre ellos hace 430.000 años, según demuestra el cráneo de un joven de aquella época descubierto en la Sima de los Huesos de Atapuerca, en España. El hallazgo aclara también que los antiguos pobladores de Atapuerca utilizaban el lugar como un cementerio en el que acumularon restos de por lo menos 28 individuos, lo que representa la conducta funeraria más antigua de la historia de la humanidad. Allí ya había sido hallado en 2008 un fósil clave para estudiar la evolución del género Homo.

El cráneo número 17, como lo llaman los investigadores, presenta dos orificios en el hueso frontal, unos centímetros por encima del ojo izquierdo. La investigación, basada en modernas técnicas de análisis forense, reveló que fueron causados por impactos de un objeto contundente y puntiagudo.

Ambos tienen el mismo diámetro pero presentan trayectorias de impacto distintas, lo que indica que la víctima fue golpeada dos veces, probablemente con la misma arma. Según los resultados presentados en la revista Plos One, los dos impactos atravesaron el cráneo y entraron hasta el cerebro.

“A este tipo le remataron”, señala Eudald Carbonell, codirector de las excavaciones de Atapuerca. “Debían tenerle inmovilizado o debía haber quedado inconsciente, porque es inverosímil que se puedan aplicar golpes lo bastante fuertes para atravesar un hueso frontal en un combate cara a cara con un enemigo que se está moviendo. Y aunque un solo golpe hubiera bastado para matarle, le dieron dos. Se ensañaron con él”.

Era una persona joven del linaje de los Neandertales, informa Nohemi Sala, paleontóloga del Centro Mixto Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII) y primera autora de la investigación. Cuando vivió, aún faltaban más de 200.000 años para que aparecieran los primeros Homo sapiens –nuestra especie- en algún lugar de Africa. Debía tener unos 20 años, a juzgar por el buen estado de su dentadura, y no se pudo determinar si era un hombre o una mujer. Su cráneo se reconstruyó a partir de 52 fragmentos –galletas, los llaman en Atapuerca-, la mayoría de los cuales apareció en la campaña de excavación del 2010.

Si estaba tan fragmentado no es por el ataque que sufrió el día que lo mataron, sino por haber estado casi medio millón de años enterrado bajo toneladas de sedimentos. Pero los dos orificios circulares que tiene en la frente son distintos a las fracturas características de los cráneos fósiles y sólo pueden explicarse como “el resultado de golpes intencionales y repetidos durante un acto letal de violencia interpersonal”, escriben los investigadores en Plos One. “Demuestra que ésta es una conducta humana antigua”.

Los indicios más antiguos de violencia interpersonal que se conocían hasta ahora corresponden a un neandertal de hace 40.000 años hallado en la cueva de Shanidar (Iraq), que sobrevivió a una lesión causada por un objeto penetrante en la parte izquierda del tórax; y un Homo sapiens de hace 30.000 años hallado en el yacimiento de Sungir (Rusia), que murió por un trauma en una vértebra, aunque no está claro si fue un homicidio o un accidente.

En Atapuerca, se encontraron también marcas de cortes en fósiles de Homo antecessor de unos 800.000 años de antigüedad. Dado que los cortes se hicieron para arrancar la carne, esto indica que fueron víctimas de canibalismo.

Pero en el caso del cráneo 17, y en el resto de fósiles de la Sima de los Huesos, no hay marcas de corte. “No lo mataron para comérselo; lo mataron porque querían que muriera, que es muy distinto”, señala Carbonell. “Muchos animales matan para comer, los humanos matan por matar”.

Lo cual no significa que la violencia fuera gratuita. Posiblemente se produjo en aquel momento en Atapuerca algún tipo de competencia por un recurso limitado. Pudo ser una confrontación entre clanes por el control del territorio. O pudo ser un enfrentamiento entre dos o más individuos por motivos de pareja. “Es imposible precisar las circunstancias exactas, pero el origen de una conducta como ésta, que se mantuvo en la historia posterior de la humanidad, debe tener una razón”, razona Carbonell.

Más allá de aclarar el origen de la violencia interpersonal, la investigación aclara también cómo se acumularon los restos de por lo menos 28 humanos en la Sima de los Huesos de Atapuerca. No hay ningún otro yacimiento en el mundo con tantos fósiles humanos. Esta abundancia de restos en una cámara situada en el interior de una cueva y en el fondo de un pozo de13 metros de altura es uno de los mayores enigmas de la paleoantropología.

La hipótesis de que osos o hienas llevaran allí los restos humanos quedó descartada hace años al no haberse encontrado marcas de mordiscos en ninguno de los 6.700 restos humanos hallados en la Sima de los Huesos. También se descartó que los fósiles hubieran sido arrastrados al fondo de la sima por algún proceso geológico.

Las dos únicas hipótesis plausibles que quedaban eran que los 28 humanos hubieran caído al pozo por accidente uno tras otro. O que los antiguos pobladores de Atapuerca dejaran allí a sus muertos. El estudio del cráneo17 reveló que no cayó a la Sima y después murió, sino que primero murió y después lo tiraron.
“Sabemos que lo llevaron poco después de morir porque no hay marcas de mordiscos en los fósiles”, señala Carbonell. “Si lo hubieran dejado unos días a la intemperie, los carroñeros se lo habrían comido”.

Por lo tanto, concluyen los investigadores en Plos One, la acumulación de cadáveres “era una práctica social en este grupo del pleistoceno medio” y la Sima de los Huesos “representa la conducta funeraria más temprana del registro fósil humano”.

Publicada por el diario Clarín.

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