miércoles, 10 de junio de 2009

El Estado ha vuelto (si es que ustedes creían que se había ido)

Después del 11-S y de la crisis global, ni Marx ni Fukuyama ni Wall Street se atreverían a decir que no se necesita el poder de gobiernos soberanos para tomar decisiones en medio de la tormenta. La realidad ha devuelto al mundo casi al escenario de los Valois y los Tudor.

Algo curioso le sucedió a la sociedad humana en algunos lugares de Europa occidental hace unos quinientos años. Las unidades territoriales más chicas, ducados, principados, ciudades libres, regiones que dominaban caudillos bélicos anárquicos, y también zonas fronterizas violentas, cedieron paso a una serie de Estados-nación unificados (España, Francia, Inglaterra y Gales) cuyos gobiernos proclamaron poderes extraordinarios: monopolio de la fuerza policial y militar, derecho a recaudar impuestos y a establecer estructuras uniformes de gobierno, además de una asamblea nacional, una lengua común, himno, bandera, sistema postal y todos los atributos de la soberanía que los 192 miembros actuales de la ONU dan por descontados. El Estado nacional había llegado, y el mundo ya no volvería a ser el mismo.

Ahora bien, el Estado siempre tuvo enemigos y críticos, entre ellos muchos intelectuales que con audacia pronosticaban su caída. Karl Marx, por ejemplo, vaticinó que el futuro triunfo del comunismo internacional llevaría de forma inevitable a la "extinción del Estado".

Hace menos tiempo -y eso nos acerca al tema de esta columna-, observadores del capitalismo de libre mercado sin controles sostenían que el mundo se estaba convirtiendo en un gran bazar en el que los gobiernos eran mucho menos efectivos, las guerras y conflictos pertenecían al pasado, la Guerra Fría era una curiosidad histórica y las finanzas cosmopolitas constituían la fuerza dominante en los asuntos internacionales. Los lectores recordarán libros con títulos tan desconcertantes como El mundo sin fronteras (Kenichi Ohmae, 1990) y artículos audaces sobre "El fin de la historia" (Francis Fukuyama, 1989) como ejemplos de esa línea de pensamiento. Si el mundo pertenecía a algún grupo, era a los jóvenes ejecutivos bancarios de Goldman Sachs, a los capitalistas de riesgo y a los economistas del laissez faire. El Estado era algo anticuado, sobre todo en lo relativo a sus formas "sobredimensionadas" o de estilo totalitario.

Pues bien, dos importantes acontecimientos de principios del siglo XXI cuestionaron la premisa de que ya no necesitamos -ni tenemos por qué prestar atención a- lo que los conservadores estadounidenses califican en términos despreciativos de "big government". El primero fue el atentado terrorista del 11 de septiembre. Las acciones inesperadas y mortíferas de actores no estatales causaron una profunda herida al país más poderoso del mundo y lo llevaron a una asombrosa serie de respuestas contra al-Qaeda y luego contra los talibanes. También lo hicieron movilizar a la mayor parte de los otros gobiernos del globo para que éstos actuaran en defensa del orden de cosas centrado en el Estado.

Medidas de seguridad de todo tipo, una vasta acumulación de datos sobre ciudadanos particulares, el acto de compartir la inteligencia nacional con otros estados, así como medidas coordinadas contra cuentas bancarias sospechosas y productos prohibidos fueron algunas de las muchas consecuencias de la llamada guerra contra el terrorismo.

En lo que a mí respecta, escribí esta columna durante un reciente viaje por el mundo durante el cual el Estado fue algo omnipresente: en el aeropuerto de Roma pasé por tres controles de seguridad antes de llegar al sector destinado a la clase business, donde comenzaría una nueva serie de controles. Todo eso habría parecido muy raro hace veinte años. Si al miedo al terrorismo se le suman el recelo generalizado y las medidas contra la inmigración ilegal, se tiene la impresión de que el Estado sin fronteras, si es que alguna vez existió, quedó ahora reemplazado por controles gubernamentales y demostraciones de autoridad en todas partes.

El segundo acontecimiento aterrador es la crisis financiera de 2008-2009, en la cual la extendida irresponsabilidad del mercado inmobiliario subprime de los Estados Unidos tuvo un efecto dominó en todo el mundo y afectó a personas, bancos, empresas y sociedades enteras en un radio de miles de kilómetros. Pueden hacerse muchas observaciones en relación con este revés dramático, pero sin duda una de las más importantes debe ser la forma en que humilló a los que el novelista estadounidense Tom Wolfe bautizó con sarcasmo "los amos del universo", vale decir, los ejecutivos de la banca comercial, los asesores de fondos de cobertura y los falsos profetas de un índice Dow Jones en eterno ascenso. También se desplomaron algunas de las firmas financieras más distinguidas y venerables.

Lo que quiero destacar es que el mundo del capitalismo de libre mercado sin controles llegó a un fin abrupto y estremecedor y que el Estado intervino para retomar el control de los asuntos financieros y también de los políticos. En distintas partes del mundo, por supuesto, el Estado nunca desapareció y para fines de la década de 1990 ya había indicios de que aumentaba su poder en países tan diferentes como Rusia, China, Venezuela y Zambia.

Es, por lo tanto, el giro en las que hasta ahora habían sido economías de mercado, sobre todo en los Estados Unidos, lo que constituye el más asombroso de los cambios. Ver que las comisiones legislativas interrogan una y otra vez a los principales banqueros de los Estados Unidos, ver que sus empresas quedan sometidas a "pruebas de resistencia" gubernamentales, enterarse de que sus sueldos y sobresueldos, antes ilimitados, en el futuro deben tener un "techo", supone presenciar el derrumbe de gigantes. Es también un poderoso recordatorio de la fuerza latente del Estado-nación.

¿Quiénes son ahora los amos del universo, los Señores del Capital que año a año acudían en sus limusinas y helicópteros al Foro Económico Mundial de Davos, o los funcionarios de rostro adusto que están al frente de nuestros bancos centrales y Departamentos del Tesoro nacionales? La respuesta es obvia.

Hasta las grandes instituciones financieras globales bailan al compás de sus amos políticos, vale decir, los gobiernos que tienen el mayor poder de decisión en el seno de las mismas. Es verdad, el Fondo Monetario Internacional puede recibir miles de millones de dólares más en recursos para ayudar a las economías afectadas y las monedas que declinan, ¿pero de dónde salió esa autorización? De un grupo de gobiernos nacionales que vieron la necesidad de rescatar el sistema financiero mundial. No importa que haya sido decisión del viejo G7 o del nuevo G20 en su última reunión de Londres; lo que importa es que es evidente que fue un acto "G", un acto "Gubernamental".

En resumen, el Estado volvió al centro de la escena (si es que alguna vez había abandonado el teatro en lugar de limitarse a hacer una pausa tras bambalinas). El porcentaje gubernamental del PBI de la mayor parte de los países está en decidido aumento, a tono con el gasto del Estado y las deudas nacionales. Todos los caminos parecen conducir al Congreso, al Parlamento o al Bundestag, o al Banco Popular de China. Los mercados estudian con ansiedad hasta el más mínimo indicio de una alteración de las tasas de interés o cualquier comentario -deliberado o producto de la torpeza- sobre la fuerza del dólar estadounidense.

Nada de eso habría sorprendido a los reyes Valois de Francia, a los monarcas Tudor de Inglaterra ni a Felipe II de España. En definitiva, y para citar una de las frases favoritas del presidente Harry Truman, "el dólar se queda aquí", vale decir, que las autoridades políticas, electas o no, son las que tienen las riendas del poder.

Artículo del historiador Paul Kennedy para Clarín.

13 comentarios:

Oscar dijo...

Carlos, la anomia política terminó por hacer explotar un sistema en el cual todo estaba permitido salvo regular. La mano invisible de Adam Smith hizo estragos.

Los argentinos sabemos de crisis y de "corrales", pero los extremos son peligrosos cuando un gobierno deja de hacer o interviene más de lo que debe.
El 28 de junio, y por adelantado, los argentinos volvemos a ejercer nuestro derecho democrático al elegir mediante el voto a 127 diputados nacionales en todo el país y 24 senadores en ocho provincias. El adelanto es precipitado por la situación económica local e internacional que aún en estado moribundo sigue arrastrando las voluntades gubernamentales. Esperemos que el gobierno no tome la desición de "ACORRALARNOS" de nuevo al necesitar "FONDOS PATRIÓTICOS" frescos para una economía que por muchos años vivió a la intemperie.

El que pueda entender que entienda.

Carlos, te dejo mi saludo ritual (pero afectuoso) como un apretón de manos o un "Ave María Purísima", Firme y Digno, Oscar.

Carlos dijo...

Ciertamente, Oscar, esperemos que cosas tan desgraciadas no nos vuelvan a ocurrir.

Me parece, igual, que para que eso no ocurra, parte de la responsabilidad es de quienes votamos.

Creo, sinceramente, que el 28 hay que ir a votar con convencimiento, con responsabilidad, con tranquilidad, pero que la participación no tiene que terminar ahí; que el 29 tenemos que empezar a exigirles a quienes resulten electos que se arremanguen y se pongan a trabajar en los proyectos que prometieron.

Te dejo un abrazo grande, y te agradezco tu participación, esperada y celebrada siempre en este espacio.

Víctor L. dijo...

Creo que en este tipo de análisis se echa en falta una respuesta más elaborada sobre cuáles son las causas de la crisis.

Oigo frecuentemente que la causa de la crisis fue el "laissez faire", pero nadie sabe explicarme qué falló en él exactamente; sencillamente, la gente da por hecho que la especulación lleva a esa situación -cuando en realidad es un juego de suma cero que NO destruye riqueza, y por lo tanto no puede generar crisis en sí misma-.

Por cierto, el mercado financiero está planificado centralmente por los Bancos Centrales, es un contrasentido culpar al libre mercado -que jamás ha existido.

Te recomiendo que le eches un vistazo a la teoría austriaca del ciclo económico; Ludwig von Mises explicó sus causas a partir de las expansiones crediticias, lo cual sigue perfectamente vigente hoy: el Estado reduce artificialmente el tipo de interés mientras el ahorro no aumenta proporcionalmente, las inversiones se disparan y, finalmente, el desequilibrio entre ambas magnitudes estalla en una crisis.

Un saludo, te sigo con interés!

Oscar dijo...

¿Domingo Cavallo lo habrá leído? o ¿en Wall Street lo habrán leído a Ludwig von Mises... o a Domingo Cavallo? ja, ja, ¡nunca nos lo dirán!.

Carlos, gracias por el espacio que me das.

Hola Victor, según lo que sé de Ludwig von Mises es que era un pro-capitalista. Su oposición a todas las formas de intervención gubernamental proviene de su total y único apoyo al capitalismo y su consecuente amor por la libertad individual y la convicción de que los intereses propios de la gente son "armoniosos". Ahora me pregunto: ¿la ganancia de alguien en el capitalismo no sólo no es la pérdida de otro, sino que realmente es la ganancia de otros ya que todos deberán reacomodorase de acuerdo a los movimientos de la economía?, no sé cualquier cosa le echamos la culpa a la mano invisible ¿no?.
Mises fue un constante defensor del hombre hecho a sí mismo, del pionero intelectual y empresarial, cuyas actividades son la fuente de progreso para toda la humanidad y que, según él, sólo pueden florecer bajo el capitalismo.

Con respecto del "laissez-faire", Ludwig von Mises, sostuvo que la base de la paz mundial es una política de "laissez-faire", tanto nacional como internacional y que la intervención gubernamental destruye los frutos del capitalismo por que produce "depresiones" (o crisis como pusiste)... Mises era un defensor del patrón oro y del "laissez-faire" en la banca, que, según creía, llevaría virtualmente a un patrón de reserva de oro al 100% y haría así imposible tanto la inflación como la deflación.

Lo que más me llama la atención de Ludwig von Mises es que toda su vida fue rechazado e ignorado por el establishment intelectual, aunque "algunas" de sus ideas fueron tomadas por "algunos" premios Nobel como F. A. Hayek (un antiguo alumno de él)y Milton Friedman, que logicamente, defienden el libre mercado a igual que Ludwig von Mises.
Victor, con espíritu de seguir dialogando, ¿me puedes explicar de dónde salió eso de que el libre mercado jamás ha existido? a decir verdad no entiendo, si eso es verdad, que es lo que ha defendido este hombre a lo largo de toda su vida.

Les dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave maría Purísima", Firme y Digno, Oscar.

Víctor L. dijo...

Hola Oscar.

Espero que no me prejuzgues; no comparto todas las opiniones de Ludwig von Mises, y en muchos casos estoy totalmente opuesto. Pero no creo que sea honesto desestimarle simplemente porque se tildó de "capitalista" (lo que él identificaba, en mi opinión erróneamente, con el libre mercado).

Su oposición a la intervención gubernamental era meramente utilitarista: postulaba que el Estado era perjudicial para la economía.
En el caso de la banca central y la reserva fraccionaria, afirmaba que las expansiones crediticias distorsionaban la estructura temporal de la economía, creando un desfase entre la cuantía del ahorro y las inversiones que era insostenible a largo plazo, provocando crisis.


Es verdad que Mises fue rechazado por el stablishment intelectual de su época, claro que no le tocó una época muy receptiva a sus ideas. De todos modos, coincidirás conmigo en que eso no es suficiente para rechazar sus postulados. Milton Friedman se apartó de su escuela, la austriaca, para integrar la de Chicago; pero otros como el mencionado Hayek, Kirzner o Rothbard siguieron hasta época muy reciente ampliando sus enseñanzas.

Dije que el libre mercado jamás ha existido, no en el sentido de que nadie lo haya defendido, sino de que siempre ha habido intervención gubnernamental masiva, incluso en el mitificado siglo XIX (piensa en el monopolio de la banca, las leyes antiobreras, los aranceles, etc.).

Un saludo.

Oscar. dijo...

Hola Victor, gracias por responder y no te prejuzgo, simplemente estamos dialogando sobre Don Ludwig... (trato de ser lo más neutral posible para llegar a un análisis profundo e interesante y creo que lo estamos logrando)...
coincido contigo de que no hay que rechazar sus postulados, siempre a de tomarse, de todos los pensadores, lo que sea bueno para todos.

Sí, por su parte la escuela austríaca desarrolla la teoría marginal del valor, donde el valor económico está determinado por la utilidad marginal, es decir, la escasez es lo que determina el verdadero valor de un bien, por lo que un bien que existe en abundancia tendrá poco valor y uno que sea escaso tendrá un precio elevado.
Es bajo este fundamento teórico conceptual que surge el neo liberalismo, como una corriente que va más allá del pensamiento clásico del libre mercado y que postula que es el mercado quien debe determinar el devenir económico sin ningún tipo de intervención que afecte su dinámica natural. Esta corriente más que tener la intención de mantener la vigencia del pensamiento liberal, surge como una respuesta de la posguerra en la década de los cuarentas ante la intervención del Estado en los países socialistas y mantiene su influencia sobre todo en Latinoamérica como política aplicada por los gobiernos de corte militar. Pero los casos que mejor ejemplifican la intervención estatal en la economía son los de los países socialistas, donde existían restricciones a todo tipo de comercio internacional e incluso una marcada regulación de la actividad económica nacional, esto es lo que da pié a que economistas como Friedrich Hayek y Milton Friedman aprovecharan el escenario para atacar al modelo socialista mediante un resurgimiento del liberalismo pero llevado al extremo de pedir la no intervención del Estado en la economía y dejar que esta operara de manera natural, la oferta y la demanda debía regir todas las acciones.
Este fue uno de los argumentos más importantes de los Estados Unidos durante la guerra fría en contra del bloque socialista, posteriormente se volvió una política que favorecía la expansión del comercio internacional.

Cada tanto hay que arreglar el des-orden que produce la economía en un marco global que la contiene y no siempre se da en la tecla... por lo menos los de otro lado del charco siempre somos afectados por la onda expansiva que produce la economía de mercado y que muchas veces se transforman en tsunamis...

Victor L. te dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave maría Purísima", Firme y Digno, Oscar.

Gracias Carlos por el espacio y confiar en el criterio personal de cada uno para tratar estos temas.

Carlos dijo...

Oscar y Victor: en realidad, el agradecido soy yo, porque es muy pero muy gratificante tener este tipo de intercambios en este espacio.

Les dejo a los dos un abrazo muy grande.

Víctor L. dijo...

Hola de nuevo, Oscar.


En mi opinión, eludes la cuestión de por qué el libre mercado falla -especialmente en Latinoamérica, y en el caso de las crisis económicas. Creo que la teoría austriaca del ciclo económico explica satisfactoriamente los fallos que achacas al mercado.

El término neoliberalismo es muy ambiguo, pero no creo que sea correcto identificarlo con el libre mercado (si aceptamos que el "neoliberalismo" es la ideología dominante), sino más bien con la retórica que utiliza el libre mercado para camuflar políticas estatales pro-corporativas.

Piensa en México por ejemplo: Estados Unidos presiona a su gobierno para que elimine los aranceles agrarios, pero no en beneficio del "libre mercado", sino para colocar el excedente de sus masivamente subvencionados agronegocios en ese país -al tiempo que ellos mantienen altos los suyos.

En Latinoamerica jamás ha existido libre mercado, sino políticas corporativas como esa camufladas en una retórica "liberal" (los tratados de libre comercio, con su pléyade de cláusulas restrictivas, son un buen ejemplo).

Además, si echas un vistazo al Índice de Libertad Económica verás que los países latinoamericanos suelen aparecer en puestos bastante bajos (excepto Chile que, casualmente, es el Estado más próspero).

Creo que los latinoamericanos identifican erróneamente el imperialismo occidental, basado en los organismos internacionales (BM, OMC, etc.) y el comercio subvencionado, con el libre mercado genuino.


Gracias Carlos, un abrazo para ti también!

Un saludo

Oscar. dijo...

El libre mercado establecido por EE.UU en América Latina es unipolar, es para EE.UU y todos aquellos que sean sus "aliados". De hecho en los paises petroleros del Asia el "Libre Mercado" no ha sido para todos sino por la necesidad de EE.UU por el combustible líquido y por el excedente en la fabricación de armas (que es otra de las industrias de EE.UU que mantiene la economía de ese país).

Con lo referente a Mexico, este mismo desarrollo tecnológico en otras areas ha favorecido que las empresas puedan desplazarse físicamente a lugares donde les es más fácil acceder a los medios de producción, llámese materia prima, mano de obra, o capital, lo que ha generado que por un lado las empresas que se internacionalizan busquen ventajas competitivas en los países a los que emigran, lo que ha provocado en los países en vías de desarrollo una competencia por ofrecer las mejores alternativas para que las inversiones se arraiguen en sus territorios.
Esta competencia por atraer capital extranjero ha llevado a los países no desarrollados a tomar medidas cada vez más acordes con el pensamiento neoliberal, es decir, dejar de utilizar la política fiscal o impositiva para promover la inversión extranjera directa.
Este hecho viene aparejado con la política impulsada por organismos como Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, quienes han tratado cada vez más de eliminar barreras no sólo al comercio internacional, sino al flujo de capitales bajo el argumento que la inversión extranjera promueve "el crecimiento económico", situación que es por momentos, el problema consiste en que los capitales extranjeros no se convierten en inversión directa, en otras palabras, en industrias de largo plazo generadoras de empleo, sino que el capital es capital especulativo, fácil de ser cambiado cuando la rentabilidad del mismo desciende por debajo de lo deseado, entonces, el neoliberalismo no ha producido... y no hablemos de los desequilibrios ecológicos que estas empresas dejan a su paso o cuando estan marchando.
Sin embargo existe una gran paradoja en esta argumentación del "crecimiento económico", el crecimiento no va asociado con el mejoramiento del nivel de vida de la población, lo que hace parecer que es más importante mantener buenos indicadores económicos que el bienestar de la población. El argumento neoliberal es que el beneficio a nivel microeconómico se dará en el largo plazo, el problema de este razonamiento es que deja lado el aspecto sociológico, la población vive en el corto plazo, aunque la política prometa el paraíso en el largo plazo. Es un verdadero camuflaje...

Sigue...

Oscar dijo...

aquí.

El libre mercado genuino si se es caracterizado principalmente por buscar en cada nación una maximización del uso de los recursos naturales, promover la producción de bienes manufacturados, dado que tienen mayor valor que las materias primas, que se limite en la medida de las posibilidades la importación de mercancías; se utilizará la importación como medida de protección de los recursos naturales del país y que los excedentes de la producción se exportaran a cambio de oro y plata... es pués por aquí una utopía (como la entendió Tomás Moro).

Víctor, los Latinoamericanos NO identificamos erróneamente el imperialismo occidental, basado en los organismos internacionales (BM, OMC, etc.) y el comercio subvencionado, con el libre mercado genuino (utópico), por la sencilla razón que esas políticas por este lado del charco se padecen y tenés razón al decir que en Latinoamerica jamás ha existido libre mercado, no por que no se haya querido sino por que no se nos deja.

No sé Víctor, se me ocurre que más genuino es el "cooperativismo" entre los países sin recurrir a ningún tipo de camuflaje en las que se benefician políticas estatales pro-corporativas unilateralmente. También es cierto que desde el viejo mundo se tiene una visión de Latinoamérica un poco borrosa, desde aquí se intentan políticas que no siempre conforman a la economía mundial y especialmente al "primer mundo", cada país Latinoamericano intenta hacer un tipo de democracia (y toodo lo que ello implica) más autóctona.

El libre mercado jamás debe de tomarse como una entidad "sui generis" y con "mano invisible", son acciones concretas de países concretos, con políticas de Estados concretos, de hombres concretos ¿por que sino quién los demandará?... ¿Dios y el Estado?; pués este es el mejor camuflaje que se ha podido inventar cuando se creó el Estado-Nación (para algunos ya desaparecido).

Dios nunca se enteró que debía bajar y materializarse para demandar a todos los funcionarios y mucho menos que tenía un socio.

Víctor L. te dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave maría Purísima", Firme y Digno, Oscar.

P.D: Carlos, leí tu e-mail, gracias de todas formas. Hay muchas formas de estar presente. Saludos.

Víctor L. dijo...

Oscar, tienes razón en lo que dices respecto a los capitales extranjeros, aunque cuando se ha liberado el mercado realmente (p. ej. en los "tigres asiáticos") sí ha mejorado realmente la vida de la gente.

De todos modos, no vengo a defender a las grandes corporaciones sino el libre mercado. Las grandes empresas que se asientan por allí necesitan de grandes inversiones públicas en infraestructuras (de transporte, p. ej.), etc. proporcionadas por las instituciones internacionales o los países receptores. Probablemente en un libre mercado genuino donde no existiese tal socialización de costes, el desarrollo de Latinoamérica no tomase tanto de la inversión exterior como de una multitud de pequeñas y descentralizada empresas, con tecnologías multiusos y a una escala más local.


No quería decir que en Latinoamérica hayais rechazado el libre mercado (en buena medida ha sido impuesto por organismos internacionales), sino que existe la confusión general entre este y el neoliberalismo americano y corporativo.


Un saludo.

Oscar. dijo...

Ok, entiendo a lo que querés llegar, gracias por el intercambio y espero que sigamos conectados a través del Estudiante.

Víctor L. te dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave María Purísima", Firme y Digno, Oscar.

L. de Guereñu Polán dijo...

Proudhom lo dijo: "La propiedad es un robo...". Yo añado que por propiedad, como dicho autor quixo expresar, ha de entenderse la que oprime al conjunto de la población, ahora a escala planetaria. Las reflexiones anteriores son muy interesantes, y yo no tengo la respuesta a si se puede vivir sin libre mercado o sin propiedad privada, pero tengo por cierto que este sistema es malo para la mayor parte de la población, que es injunso, que no reparte la riqueza equitativamente y que los Estados intervencionistas (porque de los otros ya ni hablar) se debaten en un terreno muy difícil.