miércoles, 10 de diciembre de 2008

Democracia, divino tesoro


Es la segunda vez en el año. Sí, amigos, sí amigas, la segunda vez que le prestamos atención a una fecha en particular aquí en El estudiante.

Bueno, la razón, al igual que en el caso anterior, es que me parece que aunque no tengamos efemérides esto me parece muy importante de rescatar, de tener presente y, por supuesto, para ejercitar la memoria. Sobre todo esta última cuestión, porque parece que nosotros los argentinos nos olvidamos muy pronto de algunas cosas.

Hace 25 años asumía como presidente, después de siete años de tenebroso terror, Raúl Alfonsín. No quiero proponer una reflexión demasiado sesuda; sí me gustaría remarcar que me parece una fecha para el regocijo, no para el festejo porque la restauración de la democracia le costó la vida a miles. Muchos y muchas viven aún hoy una vida que no es la suya, cientos de familias aún no saben a dónde pueden llorar a sus muertos y otras tantas buscan a los hijos de sus hijos desaparecidos/as.

Más que nunca, en este contexto gris, con un gobierno decididamente improvisado y poco inteligente, si queremos saber a dónde vamos, veamos de dónde venimos. No olvidemos, por favor, a los 30.000, a los chicos de Malvinas, las violaciones a los Derechos Humanos, la censura a la prensa y un sinfín de sufrimientos que laten todavía.

¿Por qué la imagen del pañuelo? Porque las Madres son un símbolo de la lucha durante la dictadura, del regreso de la democracia y de la persistencia en el reclamo por el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad. Como siempre, podemos estar de acuerdo -o no- con lo que piensan, hacen o dicen, pero me parece que su rol en estos últimos años ha sido destacado, y porque, en última instancia, ellas son un ejemplo desde el punto de vista de quien pelea por un objetivo con toda su fuerza.
Como sabemos, la democracia es una obra del hombre. Como tal, es perfectible. Bueno, el tema es ver qué podemos cada uno hacer para aportar desde la responsabilidad a un proyecto que incluya a todos, que proteja a los necesitados, y que ponga límites a la ambición de los poderosos.

1 comentario:

L. de Guereñu Polán dijo...

Mi simpatía y solidaridad con esas madres del pañuelo y todos los que las apoyaron.