viernes, 4 de abril de 2008

Tiamat, otra diosa cuya muerte origina una civilización

Hace pocos días hablábamos aquí de la diosa Tlaltecuhtli, cuya muerte dio lugar a la creación del hombre. Existió en Mesopotamia, en Babilonia más puntualmente, una deidad llamada Tiamat, con una historia bastante similar.

Aunque aparecen algunos datos en castellano aquí y allá, la versión de la leyenda en inglés que saqué de Wikipedia es la que más me gustó, porque refleja mejor las semejanzas entre ambas deidades femeninas, a saber: provenir de una gran masa de agua, que sus ojos o lágrimas dan origen a los ríos, asociados claramente a la vida y el ser madre de las primeras generaciones divinas, que luego por distintas razones les declaran la guerra y las asesinan.

¿Cuál es mi idea? No tengo mucha idea de por qué es que civilizaciones tan distantes geográfica y temporalmente coinciden en determinados elementos de su mitología, así que mi idea es ver qué idea o ideas tienen ustedes. A continuación, comparto entonces esta versión traducida por un servidor de la versión en inglés de la Wikipedia. Le agregué, además, algunos enlaces, como el del Enuma Elish, que me parecieron interesantes para ver.

En la mitología babilónica, Tiamat es el mar, personificado como una diosa, y como una monstruosa encarnación del caos primigenio. En el poema Enuma Elish, relato épico de la creción, ella da a luz a la primera generación de dioses, más tarde les declara la guerra y es partida en dos por Marduk, que usa su cuerpo para formar los cielos y la tierra. Fue conocida como Thalatte (una variante de Thalassa, la palabra griega que designa el mar) en el primer volumen de historia universal de Berossus, griego-babilonio; y algunos copistas acadios del Enuma Elish sustituyeron la palabra “mar” por “Tiamat”, siendo entonces la asociación entre palabras, muy cercana.


Respecto de la etimología de la palabra, según la Wikipedia (en inglés) diversos autores sugieren una conexión entre la palabra acadia para “mar”, tamtu, que provendría de ti'amtum, una forma más antigua. Tiamat, sin embargo, también podría derivar del sumerio Ti (vida) y Ama (madre).


Por otra parte, aunque a menudo Tiamat es descrita por autores modernos como una serpiente marina o un dragón, no existen textos antiguos en la que haya una clara asociación entre la diosa y ese tipo de criaturas. Aún cuando ella dio a luz a dragones y serpientes, estos están incluidos en un listado más general de “monstruos”, que incluyen al hombre-escorpión, por ejemplo, nada de eso implica que alguno de esas criaturas se asemejara a su madre.


En el Enuma Elish, en cuanto al aspecto de Tiamat, encontramos que se habla de una cola, partes bajas, vientre, pechos, costillas, fosas nasales, ojos, boca y labios. Es posible que ella tenga entrañas, corazón, arterias y sangre. En tanto, la asociación con la figura de un dragón de múltiples cabezas se debe al juego de rol Dungeons & Dragons, que asoció a Tiamat con otras figuras mitológicas, como Lotan.


El mito.

Apsu (o Abzu) y Tiamat engendraron a Lahmu y Lahamu, los primeros dioses. A su vez, ellos fueron padres de las columnas (o ejes) del firmamento y la tierra, Anshar y Kishar, de quienes se creía que se reunían en el horizonte, convirtiéndose en padres de Anu y Ki. Tiamat era la “brillante” personificación del agua salada que rugía y azotaba en el caos de la creación. Ella y Apsu llenaron el vacío cósmico con las primeras aguas. Tiamat es Ummu-Hubur, “quien creó todas las cosas”.


En el mito, Enki (luego Ea) se dio cuenta de que Apsu, enojado por el caos que habían creado, planeaba matar a los dioses jóvenes, por lo cual aquel asesinó a este último. Kingu (hijo de Apsu y Tiamat), furioso, contó a su madre lo ocurrido, y ella preparó una hueste monstruosa para guerrear contra los dioses y vengar la muerte de Apsu. Este ejército monstruoso fue su descendencia: serpientes marinas gigantes, demonios de la tormenta, hombres-pez, hombres-escoprión y muchos otros. Tiamat poseía las Tablas del Destino, y en la batalla primordial se las entregó a Kingu, a quien había elegido como su amante y comandante de sus huestes.


Aterrados, los dioses se reunieron, pero Anu (más tarde reemplazado, primero por Enlil y luego por Marduk, el hijo de Ea) consiguió que se le prometiera que sería reconocido como el “Rey de los Dioses”, y luego atacó a Tiamat armado con flechas de los vientos, un martillo (o maza), una red y una lanza invencible. El Enuma Elish dice en unos versos:

Y se volvió a Tiamat, a la que había atado.

Holló el señor las piernas de Tiamat,

con su maza despiadada destrozó su cráneo.

Cortó las arterias de su sangre que el viento norte llevó a lugares ignorados.


Cortando a Tiamat en dos mitades, Anu hizo de sus costillas las cámaras de los cielos y la tierra, y sus ojos llorosos se convirtieron en los ríos Tigris y Eufrates. Con la aprobación de los demás dioses, Anu tomó de Kingu las Tablas del Destino, convirténdose a si mismo en cabeza del panteón babilonio. Kingu fue capturado y asesinado, su roja sangre se mezcló con la roja arcilla de la tierra para crear el cuerpo de la humanidad, creada para ser sirviente de los dioses Igigi (de menor importancia) más jóvenes.


Imagen: Tiamat como un dragón, del blog From Baghdad to New York

1 comentario:

laputailuminada dijo...

A mi parecer... ambos relatos vienen a representar cómo se desvirtuó simbólicamente los poderes femeninos para dar paso a las sociedades patriarcales en donde el cuerpo femenino es posesión masculina, subordinada a él y sumisa, pero a la vez la creadora y dadora de la vida...