jueves, 4 de octubre de 2007

Ayohuma


Tras la desastrosa derrota de Vilcapugio, la noticia corrió rápidamente por la región. Los soldados que en desbandada habían llegado a Chuquisaca dan aviso a las autoridades y vaticinan que todo está perdido. En tanto Díaz Velez había conseguido reunir unos cuatrocientos hombres en su marcha a Potosí, desde allí se moviliza hasta Yocalla, a 6 leguas de Potosí, donde encuentra al coronel Aráoz con otros 500 hombres.

Ambas columnas forman unidas una fuerza como de 800 soldados que, aunque desmoralizados por la derrota, pueden sostenerse fortificándose en la ciudad.
Mientras Belgrano intenta reorganizar la fuerza desde Macha, y solicita "fortaleza, ánimo, constancia y esfuerzos (no de los comunes)" para salvar la causa de la partia. Ocampo, presidente de Charcas, envía doscientos caballos, hombres y municiones, en tanto que el gobernador de Cochabamba, Juan Antonio Álvarez de Arenales, hace también decididos aportes a la causa.

Muy lejos de desesperar -tal vez por eso y por otras razones Belgrano es un hombre importante de la causa patriota, a la vez que querido y respetado-, el abogado devenido militar le escribe a Álvarez de Arenales que "el ejército vive, y vive con su general para escarmentar a los enemigos, y triunfar de ellos, Dios mediante".

El ejército que iniciaba su recomposición contó con el invalorable aporte de la población de la provincia de Chayanta, mayormente aborigen, que ofrendó artículos de guerra, víveres, ganado, caballos para el combate, forrajes, bálsamo para los enfermos y un sinfín más de materiales necesarios. En agradecimiento y recompensa, Belgrano ordena distribuir tierras entre los indígenas perjudicados por la guerra.

Por otra parte, a pesar de su reciente victoria, los realistas carecen de provisiones y caballos, por lo que Belgrano envía multitud de partidas que tienen por finalidad hostigar al enemigo, como también envía misiones de espionaje y reconocimiento para informarse de sus movimientos.

Para fines de octubre de 1813, Belgrano cuenta con tres mil cuatrocientos hombres, casi el mismo número que tenía para encarar el combate de Vilcapugio y, si el ejército se recuperó, fue por el trabajo ininterrumpido de su líder. Sin embargo, de todos esos efectivos, sólo mil eran veteranos.

El 14 de noviembre ambas fuerzas se encuentran en la llanura de Ayohuma para enfrentarse. Mientras los realistas iban bajando la cuesta de un monte cercano, un oficial advierte a Belgrano sobre la conveniencia de ordenar el ataque en ese momento, pero el comandante le replica que los dejaría bajar a todos, a pesar de que en infantería los realistas doblaban a los patriotas.

Luego de bajar la cuesta y cruzar un cauce de agua, los realistas abren fuego de artillería sobre las tropas de Belgrano con sus dieciocho piezas, en tanto que los patriotas respondieron con los ocho que les habían sido acercados por distintos donantes luego de Vilcapugio.

En una pausa del bombardeo, Belgrano ordena una carga completa de infantería, y envía orden de ataque también al ala izquierda de caballería. Sin embargo, esta fuerza no logra resistir el fuego enemigo, que sobre ese sector contaba con dos batallones, la mitad de la caballería y diez piezas de artillería. La infantería no corre mejor suerte, y no queda más opción que retroceder.

Con la suerte del encuentro decidida, Belgrano se concentra en reunir a los dispersos a una legua del campo de batalla, pero allí quedaron doscientos muertos, similar número de heridos, quinientos prisioneros y, nuevamente, todas las piezas de artillería.

Belgrano ordena a la caballería detener la persecución realista, en tanto se pone en marcha con los hombres que había logrado reunir hacia Potosí, a la que arriba el día 16, y dos días después parte hacia Jujuy, perseguido por las tropas realistas comandadas por Zelaya, cuya vanguardia ocupa Potosí.

Aunque logra reunir unos mil ochocientos hombres, Belgrano debe continuar retirándose hacia el sur. Nombra a Dorrego -jefe de su retaguardia- al mando de esa fuerza, con más un grupo de infantería a caballo y unos quinientos granaderos a caballo prontos a reunirse con ellos para disputar territorio a los realistas y poder así abocarse a la reconstrucción del arma.

En febrero del año siguiente, Belgrano se reuniría con San Martín en Yatasto, donde entregaría finalmente el mando de sus fuerzas a este último.

Finalmente, a Belgrano se le achacan estas derrotas, se le han criticado por años, solapadamente. Si Belgrano tuvo a su mando el Ejército del Norte fue porque el Cabildo se lo solicitó, él se negó, consciente de su nula formación militar, pero ante la insistencia accedió por amor a la causa partiota. Lo vimos, no desesperaba, sabía esperar y tenía confianza en la fuerza de sus hombres. Fue injustamente juzgado por su fracaso y, tal vez, su único premio consistió en estrechar manos con San Martín para cederle el mando de su ejército. Como sabemos, la patria por la que sangró fue ingrata con él.

Fuente: Historia del país

Imagen: Joaquín de la Pezuela, comandante de las tropas realistas que derrotaron al Ejército del Norte en Vilcapugio y Ayohuma. De Wikipedia

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