miércoles, 24 de junio de 2015

Neandertales y Homo sapiens se cruzaron genéticamente y convivieron 5 mil años




El análisis de ADN de una mandíbula de 40 mil años de antigüedad, hallado en 2002 en una cueva de Rumanía, aporta una nueva prueba del cruce entre Homo sapiens y Neandertales. El estudio del fósil sugieren que ambas especies convivieron en Europa por lo menos durante 5.000 años. Durante dicho período, se cruzaron genéticamente en numerosas ocasiones. 

La estimación de los científicos sugiere que la ascendencia Neandertal del portador de aquel hueso se remonta a entre 4 y 6 generaciones en su árbol genealógico. Lo cual es un indicio concluyente de que los primeros humanos modernos que llegaron a Europa se mezclaron con los Neandertales que ya estaban establecidos en el lugar. 

Para llevar adelante este proyecto, dos de los referentes mundiales en materia de ADN antiguo –David Reich de Harvard Medical School y Svante Pääbo del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva de Leipzig, en Alemania– se aliaron. El resultado fue publicado en la edición online de la revista científica Nature.

El equipo de investigación analizó un maxilar hallado en el yacimiento Pestera cu Oase (cueva con huesos), en el suroeste de Rumania, que datan de unos 37 mil a 42 mil años. Allí se detectaron los restos del Homo Sapiens más antiguos de Europa y concluyeron que entre un 5% y 11% de este genoma estaba ligado a los Neandertales. 

La teoría más consensuada sostiene que la primera coincidencia temporal entre ambas especies se produjo hace unos 60 mil años en Oriente Medio, cuando se cruzó el hombre moderno que venían de África con los Neandertales procedentes de Eurasia. 

“Hay evidencia arqueológica de que los humanos modernos interactuaron con los Neandertales durante el tiempo que vivieron en Europa: cambios en la herramienta para hacer tecnología, los rituales funerarios, y la decoración del cuerpo implican un intercambio cultural entre los grupos. Pero tenemos muy pocos esqueletos de este período”, señala Reich. 

La mandíbula fue hallada junto al cráneo de otro ejemplar, aunque no se identificaron utensilios en las inmediaciones, por lo que los espeleólogos carecen de otros indicios culturales. En el mentón del individuo de Oase predominaban las características físicas de los humanos modernos, pero con algunos rasgos neandertales. En una primera instancia se pensó que el hueso podría pertenecer a un descendiente de ambos grupos. 

Pero ese no fue el único problema. Cuando Qiaomei Fu, del laboratorio de Pääbo, obtuvo el ADN de los huesos, la mayoría era de microbios que vivían en el suelo donde fue hallado. Mediante un método novedoso Fu enriqueció la proporción de ADN humano en la muestra, usando sondas genéticas para recuperar fragmentos de ADN que abarcaban cualquiera de 3,7 millones de posiciones en el genoma humano que se consideran útiles en la evaluación de la variación entre las poblaciones.

Sin embargo, los resultados arrojaban que el fósil es genéticamente más parecido a los asiáticos del este y a los nativos americanos actuales que a los europeos modernos. 

Para calcular el número de generaciones que habían sucedido desde el apareamiento más reciente entre las dos especies, los expertos cotejaron la longitud del conjunto de genes contenidos en los cromosomas. Dado que el ADN se fragmenta y se recombina a cada nueva generación, cuantas más generaciones han transcurrido desde un antepasado, más fragmentado está su genoma. Fue así que evaluaron que habían pasado menos de 200 años –entre 4 y 6 descendientes– desde el último ancestro neandertal del Homo sapiens de Rumania.

Esto sugiere que el individuo formó parte de una población que se cruzó con los Neandertales, pero no contribuyó al genoma de los europeos actuales. “Pudo ser un grupo pionero de humanos modernos que llegó a Europa, pero que más tarde fue reemplazado por otros grupos” sugiere Pääbo.

Publicada por Clarín.

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