domingo, 5 de abril de 2015

Occidente se plantea dejar de devolver obras de arqueología



Las reliquias asirias que permanecieron en pie durante 3.000 años han sido destrozadas y profanadas. Las ruinas de la época babilónica han sido bombardeadas y demolidas. Los pergaminos y los santuarios devastados desde Somalía hasta Tombuctú. Los directores de museos, arqueólogos y coleccionistas, con una pasión encarnizada por salvaguardar las antigüedades, se han unido en su aversión, mientras los militantes islámicos exhiben los objetos devastados del mundo antiguo. Sin embargo, la devastación también intensificó el debate sobre si los museos de los Estados Unidos y los coleccionistas en Occidente deben reintegrar los objetos en disputa a los territorios de origen, una práctica conocida como repatriación.

Gary Vikan, ex director del Walters Art Museum en Baltimore, dijo que dada la violencia en Irak, Siria, Afganistán y el norte de África, los museos deben ser más conservadores con esas devoluciones.

Otros expertos y la mayoría de los arqueólogos reaccionaron con dureza a esa mirada, sugiriendo que quienes utilizan la ola destructora de los extremistas del Estado Islámico para presionar en contra de la repatriación quieren justificarla”.

“Era solo cuestión de tiempo que algunos coleccionistas de arte trataran de aprovechar esta pesadilla cultural en beneficio propio” dijo Ricardo L. Elia, arqueólogo de la Universidad de Boston, que cree que el mercado occidental de antigüedades incentiva el saqueo.
En los últimos años, el apoyo a la repatriación ganó terreno en los círculos dedicados a las antigüedades. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) disuade a los museos y coleccionistas de adquirir objetos antiguos, si éstos dejaron sus países de origen después de 1970. Y cada vez más museos y vendedores de arte concuerdan en regresar los objetos que estén mal documentados o en disputa. Con el objetivo de impedir el contrabando arqueológico, y de defender la soberanía de las naciones fuente, la repatriación ha sido consagrada en los tratados internacionales, aceptada por el gobierno de los Estados Unidos, y proclamada como respuesta moral a las muchas décadas durante las que los vendedores de arte y los museos occidentales comerciaban las reliquias mundiales de manera indiscriminada y, a veces, ilegal.

Quienes se resisten a esta política han sido atacados por hacer apología del colonialismo y del latrocinio cultural. “La idea de que cualquier forma de comercio de objetos culturales es mala se ha transformado en un artículo de fe” aseguró Timothy Potts, arqueólogo y director del J. Paul Getty Museum, en Los Ángeles. Sin embargo, Potts y otros expertos en antigüedades afirman que el pillaje por parte del Estado Islámico y otros grupos radicalizados, debilita esa ortodoxia.

Entre ellos se destaca James Cuno, presidente de J. Paul Getty Trust, que opera el Getty Museum. Conocido por su creencia de que las antigüedades importantes deberían ser consideradas patrimonio de la humanidad, Cuno publicó, en los últimos meses, una carta en el diario estadounidense The New York Times argumentando que la repatriación al por mayor amenaza el patrimonio cultural de los propios países a los que supuestamente beneficia. “Las calamidades pueden suceder en cualquier lugar, pero es improbable que sucedan en todos al mismo tiempo” –dijo en una entrevista– “distribuyamos el riesgo”.

Quienes están a favor de la repatriación afirman que es desalentador volver a un debate que muchos consideran superado. Tess Davis, abogado y experto en objetos saqueados, que está a favor de la repatriación, dijo que Europa estuvo en guerra el siglo pasado y nadie argumentó, por ejemplo, que los Aliados tendrían que haberse quedado con los objetos que rescataron durante la Segunda Guerra Mundial, porque, digamos, Francia o Italia no eran lugares seguros para conservarlos. “Hoy Irak es un punto conflictivo, pero no hay motivo para pensar que Nueva York no lo será en el futuro” afirmó Davis, que ayudó a repatriar objetos robados de Camboya. “Las estatuas de 3.000 años de antigüedad que hoy están bajo amenaza en Irak vieron llegar y desaparecer a muchos imperios".
 
Publicada por Revista Ñ.

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