En el primer día de su juicio en Alemania, Oskar
Gröning, conocido como el "contador de Auschwitz", pidió "perdón" a las
víctimas del Holocausto, asumiendo su culpabilidad "moral" y describió
en detalle algunas de las macabras ejecuciones que presenció.
En
el que podría ser uno de los últimos grandes juicios por el Holocausto,
Gröning está acusado de asistir en el homicidio de unas 300.000
personas, aunque él siempre lo ha negado. Se expone a una pena de entre 3
y 15 años de cárcel por "complicidad en 300.000 homicidios agravados".
Los
cargos se remontan el período entre mayo y julio de 1944, cuando
llegaron a Auschwitz 137 trenes con unos 425.000 judíos de Hungría.
"Para
mí, no hay ninguna duda de que comparto una culpabilidad moral", dijo
Gröning al inicio del juicio en la ciudad de Luneburgo, en el norte de
Alemania. "Comparezco ante las víctimas con remordimiento y humildad
(...) Respecto a si soy culpable en términos penales, ustedes
decidirán", añadió, durante una larga declaración pronunciada con voz
firme. "Pido perdón", agregó.
La audiencia, celebrada ante una
gran afluencia de medios y la presencia de 67 partes civiles,
sobrevivientes y descendientes de las víctimas fue traducida
simultáneamente en inglés, hebreo y húngaro.
El hombre, que entró
en la sala con sus dos abogados y con la ayuda de un andador, no eludió
ninguna pregunta y se defendió con firmeza hasta la suspensión de la
audiencia a media tarde. En un momento, incluso rió cuando su abogado
pidió al juez que hablara más alto para que su cliente pudiera
escucharlo. El juicio se reanudará mañana.
El "contador"
Gröning es denominado "el contador de Auschwitz" porque recolectaba
las pertenencias de los deportados cuando llegaban al campo de
concentración, inspeccionaba los equipajes, y recogía y contabilizaba
los cheques bancarios que pudiera haber para enviarlos a las oficinas de
la SS en Berlín y así ayudar a financiar la campaña nazi.
"Al
enviar los cheques bancarios él ayudó al régimen nazi a beneficiarse
económicamente", dijo Jens Lehmann, abogado de un grupo de
sobrevivientes y familiares de víctimas de Auschwitz que son los
demandantes en el caso.
Gröning tenía entonces 21 años y según
admitió era un férreo partidario nazi cuando fue enviado a trabajar a
Auschwitz en 1942. Su caso es inusual porque a diferencia de muchos
hombres y mujeres de la SS empleados en campos de concentración, él ha
hablado abiertamente en entrevistas sobre el período que pasó en la
instalación de la entonces ocupada Polonia.
El antiguo contador, que regresó a Alemania después de la guerra,
nunca se escondió. Antes de ser atrapado por la justicia, había contado a
la prensa y a la televisión su pasado en Auschwitz, explicando querer
"combatir el negacionismo".
En una extensa entrevista con la
revista alemana Der Spiegel en 2005, Gröning dijo que no sentía "nada"
cuando veía a judíos siendo llevados a las cámaras gas. "Si estás
convencido en que la destrucción del Judaísmo es necesaria, entonces ya
no importa cómo se llevan a cabo esas muertes", declaró, en referencia a
comportamiento como un joven oficial de la SS.
Su proceso
judicial ilustra la severidad creciente de la justicia alemana con los
antiguos nazis, desde la condena en 2011 de John Demjanjuk, ex guardia
del campo de exterminio de Sobibor (Polonia), a cinco años de prisión.
Cerca
de 1,1 millones de personas, incluidos alrededor de un millón de judíos
de Europa, murieron entre 1940 y 1945 en el campo de
Auschwitz-Birkenau, de un total de 6 millones de víctimas durante el
Holocausto pergeñado por Adolf Hitler.
Aclaración
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Gröning, a los 21 años. |
Oskar
Gröning -viudo, jubilado, con dos hijos de 65 y 70 años- relató su
adhesión voluntaria a las Waffen SS (la milicia de las SS) en octubre de
1940, y su primer puesto en la administración, para ser transferido
posteriormente a Auschwitz en 1942. Allí permaneció hasta el otoño de
1944.
Describiendo la vida cotidiana en el campo de concentración,
se esforzó por marcar la diferencia entre su trabajo y el de los
guardias directamente implicados en el exterminio, asegurando que su
tarea consistía principalmente en "evitar los robos" de los equipajes de
los deportados.
"Había mucha corrupción y tenía la impresión de
que existía un mercado negro" en el interior del campo centrado en los
"relojes de oro" de los recién llegados, se defendió Gröning, asegurando
que no tuvo "nada que ver" con el procedimiento de los asesinatos.
"Conmocionado"
Gröning
contó que varias veces intentó abandonar el campo de concentración,
"conmocionado" por las escenas a las que había asistido, algunas de las
cuales relató.
Justo después de su llegada, en noviembre de 1942,
había visto a un guardia matar a un bebe porque "lloraba". Lo agarró de
los pies y lo estampó contra un vagón. Su superior admitió que "este
hecho no era particularmente aceptable" pero consideró que su salida del
campo era "imposible".
Tres semanas más tarde, patrullando en el
campo después de varias evasiones, oyó gritos "cada vez más y más
fuertes y desesperados, antes de morir" de las personas en las cámaras
de gas, y dijo que después asistió a la cremación de cuerpos.