martes, 26 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 4 - La trashumancia ovina

Las fuentes documentales prueban que la clase de pequeños ganaderos, característica también de la ganadería de la meseta norteña, estaba profundamente arraigada a través de La Mancha y Extremadura.

En los centros ganaderos castellanos situados más al norte, a ambas riberas del Duero, el pastoreo se llevaba a cabo basándose en rotación de pastos en las estaciones, dentro de los límites de la circunscripción municipal: pastos de tierras bajas más próximas a la villa en el invierno y de las tierras altas más próximas a la sierra en el verano. Tal sistema requería un mínimo de instituciones especiales.

Podían nombrarse montañeros que patrullasen los montes municipales (pastos) y evitasen la entrada de intrusos, y los alcaldes ordinarios u otros funcionarios municipales locales podían dirimir todas las cuestiones de extravío de ganado, derechos de pasto, daño ocasionado por el ganado en viñedos o tierras de cultivo, salarios e infracciones e los pastores, disputas e imposición de penas.

Cuando la frontera avanzó hacia el sur, a partir del reinado de Alfonso VI, la regulación del pastoreo y la distribución de los pastos del municipio, por regla general, quedó bajo la autoridad de los alcaldes. Pero pronto surgieron cambios importantes, debidos principalmente al hecho de que muchas de estas ciudades llegaron a poseer una extensión mayor de tierras municipales que las que de costumbre habían tenido hasta entonces. Estas tierras, muchas veces, se extendían hasta llegar a las sierras de Guadarrama y de Gredos, donde estaban situados los más preciados agostaderos.

De este modo, por primera vez, se hizo corriente que los pastores que conducían sus ovejas y vacunos se ausentaran de la villa por varios meses para ir a lugares remotos del territorio municipal o a las distantes llanuras del sur.

Como consecuencia, en las ciudades de las sierras centrales y de las márgenes de la llanura del Guadiana, se forman escoltas de jinetes armados y soldados de a pie, que acompañan a los rebaños durante su estadía en lejanos campos de pasto, al objeto de guardar el ganado y a sus pastores.

De acuerdo con el Fuero de Cuenca, cada año, a comienzos de diciembre, las ovejas y el ganado vacuno de los ganaderos de Cuenca se colocaba bajo la guarda oficial de lo que se llamaba esculca, que era claramente una compañía de gente armada.

Este pasto de invierno duraba cuatro meses y medio. A mediados de marzo, escoltas pastores y ganado regresaban a las proximidades de Cuenca y allí se desbandaba la esculca.
El día de San Juan (24 de junio) los rebaños emprendían su marcha hacia el norte, hasta los pastos de verano en las alturas de la serranía; esta vez, sin embargo, eran escoltados por sólo sesenta pastores a pie, proporcionados por siete aldeas de las cercanías de Cuenca, al mando del alcalde de esta ciudad. El 1º de noviembre, fecha en que expiraba el nombramiento del alcalde, los rebaños eran traídos de nuevo a Cuenca para una especie de reunión y recuento otoñal, y con el objeto de preparar el ganado para la próxima marcha, a comienzos de diciembre, bajo la protección de la esculca.

Esta innovación conquense de la guarda armada para rebaños y pastores en las llanuras fue practicada también por las ciudades de llanura que adoptaron el Fuero de Cuenca. Muchos pueblos observaban el Fuero, en su forma original o en adaptaciones que suponen los de Consuegra y Montiel. Además, la escolta armada para el pastoreo, llamada rafala, se comprueba en varias villas ganaderas situadas bastante al oeste de Cuenca.

En el Fuero de Salamanca hay también referencias a la rafala; que guardaba las manadas municipales de cerdos, cuando eran llevados a través de la sierra, que sin duda era de la Peña de Francia.

El sistema de rafala – esculca no fue, sin embargo, la única institución a que dio lugar la economía ganadera de las ciudades castellanas.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

1 comentario:

Juan dijo...

Aunque ya comenté en la entrada anterior el asunto de la Mesta y la trashumancia, te diré que el camino de Soria (en Castilla) a La Rioja, pasaba por el puerto de Oncala y por el desfiladero del río Cidacos a Yangüas, localidad de ovejas merinas. A pocos kms está la raya con La Rioja y por ese río se llega a Arnedillo, y de ahí, a Arnedo (gran centro comarcal), ya casi en el bajo valle del Ebro.
Saludos.