viernes, 22 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 3 - Población, agricultura y ganadería

La población en todas las ciudades de llanura estaba formada por –mayormente- las dos clases sociales características de la meseta castellana fronteriza: caballeros villanos y peones. Cada primer poblador, de cualquiera de estas dos clases, recibía al tiempo de la fundación un solar (Porción de terreno donde se ha edificado o que se destina a edificar // Corral o terreno libre situado en la parte posterior de las casas, que se utiliza como huerto o para la cría de animales y a veces como desahogo.) y muchas veces una porción de tierra cultivable a la salida misma de la ciudad.

Estas concesiones de tierras, de acuerdo con la práctica castellana, eran absolutamente alodiales. Parece evidente que los cultivos, sobre todo el de granos, se llevaban a cabo en las tierras próximas a la ciudad, a juzgar por las referencias de las fuentes documentales. Raramente se menciona el cultivo de olivo, pero la viticultura, por otro lado, no hay dudas de que estaba profundamente difundida. La orden militar de Calatrava se esforzó en fomentarlo.

Mucho más importante, económicamente, que la agricultura de los cereales y la viticultura fue la ganadería explotada en la forma progresiva en que se desarrolló en la Península Ibérica más provechosamente que en ninguna otra parte del mundo medieval.

A partir de 1085, debido a la limitación de tierras de cultivo y de agua para riego en la meseta norteña, y a las condiciones militares de la Reconquista que favorecían la propiedad mueble por sobre la de tierras de cultivo y huerta, fáciles de destruir, puede verse una rápida expansión del pastoreo entre los nuevos poblamientos de la región Tajo – Duero, al norte de las Sierras Centrales y al sur de las mismas.

A partir de mediados del siglo XII este floreciente pastoreo castellano y la existencia de ricos pastos al sur de las llanuras del Tajo, debieron actuar como poderoso factor –hoy poco tenido en cuenta- en la expansión castellana hacia el sur.

En el siglo siguiente, con la final expulsión de los moros, bajo el reinado de Alfonso IX, Fernando III y Alfonso X, y con la posibilidad de explotar los más ricos pastizales de La Mancha y Extremadura, una rapidísima expansión de la industria ganadera tiene lugar en esta zona.

Este movimiento está muy claramente reflejado en el gran número de capítulos que fueros como los de Coria y Cáceres dedican a los derechos de pasto, impuestos y diezmos sobre el ganado, discusiones entre ganaderos, compensaciones por daños a las cosechas y asuntos parecidos.

Estas fuentes legales aclaran también tres problemas centrales de desarrollo de la ganadería en las zonas fronterizas de La Mancha y Extremadura; el rango social de los ganaderos, el sistema de pastoreo en que se basaba la industria ganadera y la evolución de nuevas instituciones que la regulaban.

La ganadería de la cuenca del Guadiana estaba en manos de las órdenes militares con sus grandes rebaños y hatos, o en las de muchos ganaderos de pequeña o mediana cuantía que vivían en las villas.

Como de costumbre, es difícil mencionar las cantidades, pero un pleito de 1243 entre los Templarios y la orden de Alcántara, sobre 42.000 ovejas en la vecindad de la villa de Ronda en el valle del Tajo, da una idea de la importancia de esta industria.

Por otro lado, había muchos ganaderos ciudadanos, caballeros villanos y hombres libres simplemente que tenían pequeñas o medianas cantidades de ganado. Su riqueza no estaba en las tierras, sino en ganado y en el preciado derecho de tener acceso a los pastos comunales de la villa y frecuentemente a los de las órdenes militares y a los de la corona.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

1 comentario:

Juan dijo...

Buena entrada sobre el Medievo español como siempre. Esa riqueza de Castilla se debía a las ovejas merinas y su lana de gran calidad, muy apreciada en el norte de Europa. La Corona de Castilla y sus nobles organizaron sus ingresos en esa exportación, en detrimento de la agricultura. Se fundó el Honrado Concejo de la Mesta, institución que tenía toda serie de privilegios laneros. Duró hasta el desarrollo de las Cortes de Cádiz y el final del Antíguo Régimen.
Las ovejas hacían la trashumancia anual, es decir, por una red de cañadas -vías pecuarias- perfectemente reglamentadas para el tránsito del ganado ovino. Surcaban estos singulares caminos la Meseta el norte a sur y hoy son la delicia de los senderistas como yo, mochila al hombro y bastón en mano.
El recorrido era: en primavera miles y miles de ovejas guiadas por toda una tropa de zagales, pastores y mastines frente a los ataques de los lobos, surcaban esas cañadas rumbo a los verdes pastos estivales de las montañas cantábricas e ibéricas, donde pasaban todo el verano. Al empezar los priemeros fríos otoñales, los rebaños hacían el recorrido inverso: se dirigían al sur, a los pastos invernales de las dehesas extremeñas y del valle de Alcudia, al sur de La Mancha.
Toda una serie de cantares y decires se fue creando a los largo de esos siglos.

"Ya se van los pastores
para la Extremadura
dejando a la sierra
triste y oscura".

La nobleza tenía pingües beneficios de esta lana que se exportaba a Flandes e Inglaterra por los puertos del Cantábrico: Bilbao y Santander sobre todo, los dos "puertos de Castilla".
Saludos.
Ya he puesto dos entradas sobre La Rioja y Argentina. Me queda una cuarta.