domingo, 23 de noviembre de 2008

El trabajo en la Edad Media - Parte II

La explotación de los recursos.

Del mismo modo que la sociedad, con esferas bien diferenciadas, la tierra explotable estaba asimismo dividida: la terra indominicata (perteneciente al señor), el manso (del vasallo) y las tierras de uso común; en general se trataba de praderas y bosques, a los que los vasallos podían acceder para buscar cosas para sí y para su señor.
De acuerdo con Dhondt, la terra indominicata era explotada por mano de obra esencialmente esclava, la cual –en tanto la sociedad carolingia era heredera de la romana- formaba parte importante de los bienes del señor feudal. Estas posesiones señoriales eran también trabajadas, en parte, por colonos .
Sin embargo, tanto colonos como libres tenían una serie de obligaciones bastante más amplias que las del trabajo rural propiamente dicho. Tales requisitorias por parte del señor podían comprender “la reparación de empalizadas y vallados en periodos preestablecidos (…) actividad artesanal en el taller perteneciente al dominio (gineceos) (…) En muchos casos, debía entregarle una parte de su producción; por ejemplo, huevos, capones, cierta cantidad de tocino, y también tejidos, blejes y leña (…)” .
Respecto de las obligaciones para con el señor, la fuente siguiente ilustra detalladamente qué tipo de servicios se esperan y cómo deben realizarse :

(…) El primer servicio del año
deben (cumplirlo) en San Juan,
deben cortar el heno
medirlo, aparejarlo
y amontonarlo en medio de los prados;
cuando lo han reunido,
deben llevarlo al manoir
en el momento que se les ordena,
los bordiers lo ponen dentro;
cumplen con el servicio en esta época.
(…)
Luego viene la feria del Prado
y la de Nuestra Señora en setiembre,
donde se han de entregar los cerdos;
si el villano tiene ocho porcinos
tomará (para sí) los dos más hermosos,
y el tercero para el señor,
quien no tomará lo peor.
El villano también habrá de pagarle
un dinero por los (cerdos) restantes.
(…)
Si no pueden pagar en el momento,
están a merced de su señor.
luego deben la serna;
una vez que han labrado la tierra,
van a buscar el trigo al granero,
deben sembrarlo y rastrillar
un acre cada uno en su parte
(…)
Después deben las brazadas :
cada uno debe dos sextarios
y tres cuartos de queso.

Luego deben el horno
(…) cuando va la mujer del villano
(…) aunque ella paga su derecho para usar el horno,
y sus tortas y sus aiage ,
y la horneadora, que es muy orgullosa
y altiva, todavía va a gruñir,
y el horneador se pone ceñudo y jura
y dice que no ha cobrado su cuenta
(y) que el horno estará mal calentado,
que no comerá buen pan
(…)
¡Oh Señor!, sabed que no conozco
gente más agobiada bajo el firmamento
que los villanos de Verson;
nosotros, por cierto, lo sabemos.
En este fragmento de la “Historia de Verson”, es notoria la diferenciación en las labores que han de realizar los hombres y las mujeres. Dicha diferenciación la encontramos recogida, también, en el relato de “El campesino Bodo”, cuando Power detalla las actividades de este hombre y aquellas que realiza Ermentrude, su mujer .
En este caso Bodo está sometido a una abadía; a él corresponde trabajar la tierra señorial, a ella corresponden tareas tales como el pago de los tributos: en el relato cumple con la entrega de una polla gorda y cinco huevos; aunque este no era el único tipo de pago, ya que la vecina de Ermentrude debe entregar una pieza de paño de lana; mientras que otras mujeres, en una instalación destinada al efectos, se dedican a la confección de prendas, teñido de telas, etc.
Respecto puntualmente del trabajo de la tierra, los terrenos para la siembre se dividían en tres grupos: el de la siembra de otoño (trigo, centeno, escanda), el de la siembra de primavera (avena, cebada, leguminosas) y un tercero que se dejaba en barbecho (sin sembrar). Estos últimos se utilizaban como terrenos de pastura para el ganado.
Como podemos ver, tanto de los que surge de las fuentes, cuanto de lo que los diversos autores citados traen a la discusión, la inmensa mayoría de lo producido por la sociedad rural redunda en beneficio del señor local. El hecho de que en el relato de Power Bodo esté sometido a una abadía no cambia demasiado las cosas, ya que si bien no son equiparables, tanto la nobleza –vale decir: los señores feudales en el sentido más estricto- como el Alto Clero forman parte del reducido círculo que domina los destinos de la sociedad, junto a la realeza, en el periodo que aquí tratamos.
Además de las tierras de labranza, otro punto que debemos tomar como referencia en la obtención y explotación de recursos son el bosque y las praderas no destinadas a la siembra.
Respecto de estas últimas, Dhondt indica que se destinaban a “la obtención de alfalfa, que, juntamente con los brotes juncales que crecían en las charcas, se utilizaba en invierno como forraje”.
En cuanto al bosque y siempre siguiendo las afirmaciones de este autor, tenía múltiples utilidades, que iban de servir como terreno circundante y protector de un caserío hasta el aprovechamiento del fruto del pino para encender el fuego y como producto de consumo directo, en el caso de lo que conocemos como “piñón”. Igual función cumplía el castaño, “cuyo fruto constituía en numerosas comarcas la base de la alimentación”
Además, el bosque proporcionaba al hombre rural de la Edad Media maderas blandas y duras, según la necesidad lo dictara. Las maderas eran destinadas a la construcción de casas, utensilios de variado tipo y herramientas.
Finalmente, el bosque proporcionaba alimentos para los cerdos, que eran alimentados con hayucos (fruto de la haya) y frutos de la encina.

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