viernes, 23 de mayo de 2008

Reflexiones sobre nación y nacionalismo - II

La segunda consigna es: "¿Qué elementos deben tenerse en cuenta en la caracterización de la nación según Gellner? ¿Qué elementos de las dos definiciones subyacen en su análisis?

Para responder a la pregunta que da título e inicio al quinto capítulo de Naciones y Nacionalismo (“¿Qué es una Nación?”, cap. 5 de "Naciones y nacionalismo"), Gellner postula dos “candidaturas” como elementos para tener en cuenta –al menos inicialmente- a la hora de dar respuesta a la pregunta. Estos elementos son la voluntad y la cultura.

Aún cuando para el autor ambas son importantes, ninguna de las dos es suficiente por sí misma para la formación nacional, así que el todo resulta más que la suma de las partes.

Gellner indica que la voluntad “constituye un factor muy importante en la formación de grupos, sean éstos grandes o pequeños” , y en el mantenimiento de la unidad de estos grupos, además, entran en juego motivaciones que pueden tener diferentes caracteres, ya positivos, ya negativos.

Sin embargo, el autor lamenta que estos elementos pueden encontrarse en “la mayoría de los clubes, conspiraciones, bandas equipos y partidos (…) “ , con lo cual nos va a quedar claro por qué el concepto de adhesión a una idea, en este caso, no resulta suficiente como para capitalizarlo hablando de naciones y nacionalismos, porque si bien es base de una nación, también se aplica a una gran cantidad de agrupaciones de personas que no pueden ser llamadas de ese modo.

Por otra parte, el término (o candidatura) de cultura proporcionará otro grupo enorme de agrupaciones de sujetos unidos por un tópico –si resulta aplicable el término- común.

Sin embargo, me parece destacable que según Gellner los procesos nacionales se dan de arriba hacia abajo. En sus palabras, “el nacionalismo engendra las naciones, no a la inversa” . Hay, implícita en esta afirmación, la idea de un grupo, pequeño, que sostiene una idea determinada y, en función de sus propios intereses, irá difundiéndola y cada uno de los sujetos pasibles de ser influidos por esta idea irá adoptándola como propia.

Para este autor las culturas han devenido en “depositarias naturales de la legitimidad política. Es en estas condiciones, y sólo en ellas, cuando puede definirse a las naciones atendiendo a la voluntad y a la cultura (…) La fusión de voluntad, cultura y estado se convierte en norma” .

Respecto del segundo punto, me parece que tanto la voluntad, como la cultura, como los “parches”, o las motivaciones de cualquier tipo que fijan la pertenencia son elementos a tener seriamente en cuenta.

La voluntad, o la adhesión a una determinada idea, es decir, a una determinada cultura aplicarían, desde mi punto de vista a la noción subjetiva de la que Hobsbawm habla.

Los parches, entendiendo éstos como herramientas propagandísticas tendientes a reforzar la idea nacional, así como las motivaciones negativas surgidas de la imposibilidad de romper la norma a la que refiere Gellner, serían los elementos objetivos presentes en el análisis de Gellner, toda vez que esos “parches” apuntan a reforzar las nociones del pasado común y los demás elementos compartidos.

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