martes, 22 de abril de 2008

Diversidad lingüística en peligro en Argentina

¿Adónde habrán ido a parar los sonidos del chané, el vilela, el selknam, el hausch, el teuschen, el gününa küne, el allentiac y el millcayac? Nadie lo sabe, pero los lingüistas están seguros de algo: ninguna de esas ocho lenguas indígenas que se hablaban desde Salta hasta Tierra del Fuego, se escucha hoy. Su desaparición advierte sobre el futuro de la diversidad lingüística en el país.

Se estima que antes de la llegada de los europeos al continente, en el actual territorio argentino se hablaban unas veinte o veinticinco 25 lenguas pertenecientes a siete familias lingüísticas distintas. "Las dudas y desacuerdos al respecto se deben a que estas lenguas son ágrafas, es decir, no quedaron registradas por escrito, salvo en los casos en que misioneros o los viajeros redactaron gramáticas y diccionarios" dedujo la periodista científica Valeria Román.

De las lenguas que todavía se hablan ¿cuántos hablantes quedan?

Aquí también hay discrepancias, porque "el único censo sobre hablantes de lenguas indígenas se realizó en 1965 y fue algo impreciso, ya que no tuvo la intención de establecer si la gente que decía ser hablante en una determinada lengua podía expresarse en ella en forma fluida", opina Ana Fernández Garay, especialista en lenguas indígenas del Instituto de Lingüística de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

El retroceso

Hay una lamentable historia sobre la escasa atención se prestó a la supervivencia de estas lenguas luego de la Independencia. La primera Ley de Educación de 1884 sólo reconoció al castellano como lengua oficial y la lingüística recién comenzó a estudiar las lenguas indígenas en los años sesenta.

"El retroceso de las lenguas indígenas comenzó principalmente con la conquista del desierto y del Chaco en el siglo XIX, cuando los indios fueron sometidos por los blancos que les enseñaron el castellano, casi sin opción. Algunos grupos indígenas sojuzgaron a otras comunidades y les impusieron el uso de su lengua, como ocurrió en el caso de los chané, en la provincia de Salta, que dejaron de utilizar totalmente su idioma porque así lo dispusieron los chiriguanos. Los tehuelches, derrotados por los mapuches, adoptaron su lengua y luego la española.

"La pérdida de un idioma da mucha lástima, porque junto a la lengua se pierden también los mitos, los rituales, los personajes que hacen a la identidad cultural de cada comunidad indígena", agrega Fernández Garay en su libro Testimonio de los tehuelches.

Las lenguas que corren mayor peligro de extinción son el tehuelche, con menos de diez hablantes, en la provincia sureña de Santa Cruz, y el Chorote, en Salta, con solo cuatrocientos hablantes. Los demás, como el mapuche, el wichi, el mataco, el pilagá, el mocoví, el quechua de 60.000 hablantes argentinos, el chiriguano-chané, 15.000 o el guaraní, no pasan por una situación tan grave, aunque cada día tienen menos hablantes.

Noticia publicada por la página El Castellano.

3 comentarios:

niklaüss dijo...

Es cierto lo que dice este artículo, y triste también. Nunca en el país se introdujo una política proteccionista para con nuestras culturas. En general eso es común: tampoco EE.UU. protege mucho a sus nativos y reduce cada vez más sus reservas territoriales. En nuestro país, al poco número de hablantes, se le suma la decadencia en la que se encuentran y los altos niveles de pobreza.

Creo que es bueno que se les enseñe castellano ya que, nos guste o no, es nuestra lengua madre. Pero se deberían implementar también políticas favorables a las tradiciones y costumbres de estos pueblos.

El quechua creo también es una lengua ágrafa, pero corre con mucha ventaja: el gran número de la gente que lo habla (en Perú y Bolivia) lo mantiene vigente y latente ahí, al alcance de quienes quieran oírlo.

Muy buen post!

Carlos dijo...

Es cierto Niklauss lo que señalás respecto de la falta de políticas de preservación de las lenguas originarias.
Hace poco leí que falleció en China una mujer de más de cien años que era la última persona que hablaba un dialecto determinado.
Lo cierto es que en esa oportunidad se hizo un trabajo previo al fallecimiento de la persona que incluyó a un grupo de lingüistas que se ocuparon de grabar relatos de la mujer en este dialecto.
Sería bueno en algún momento comenzar a hacer lo mismo por estas latitudes antes de que esas lenguas se pierdan.

Gracias. Un abrazo.

Anónimo dijo...
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