viernes, 21 de diciembre de 2007

Relaciones comerciales entre Buenos Aires y España en el siglo XVIII


En el transcurso del siglo XVIII se produjeron en el Río de la Plata transformaciones políticas y económicas que condicionaron el desarrollo de lo que posteriormente sería el territorio argentino. Entre estas transformaciones una de las de mayor relevancia está relacionada con el aspecto económico que, según C. Assadourian y otros constituye el factor que determinó “el predominio definitivo de la zona del Litoral por sobre el resto del país”.

El crecimiento del mercado externo para los productos coloniales, enmarcado en un alza generalizada de precios en Europa y las fuertes actividades capitalistas, movió a ingleses y franceses a buscar, ejerciendo cada vez mayor presión, los productos coloniales necesarios para sus manufacturas, amén de nuevos mercados para sus producciones.

El crecimiento de la población europea, junto con el gran desarrollo del comercio colonial y la reactivación del flujo de metales preciosos hacia Europa fueron los causantes del aumento general de precios antes mencionado.

La gran acumulación de capitales, impulsada principalmente por el comercio colonial, el perfeccionamiento de las instituciones comerciales y financieras, y el avance de los métodos y técnicas de producción que culminarían en las innovaciones técnicas de la Revolución Industrial, caracterizaron los años de mediados del siglo en Europa y condicionaron el tipo de evolución económica de América. Bajo estas nuevas condiciones económicas, las colonias verán romperse el equilibrio interregional alcanzado y sostenido tanto tiempo con sus sistemas económicos arcáicos. El desarrollo de zonas de monocultivos produjo asimismo la debilitación de los lazos interregionales, en tanto se acentúa la relación con los mercados europeos, a los que sirven de fuente de materias primas o alimentos, y de mercado para sus producciones.

La caña de azúcar, el caco, el añil, el tabaco, los cueros, el café -además por supuesto de los metales preciosos- siguen creciendo, desalojando viejas producciones, ganando nuevas tierras de cultivo y, en definitiva, absorbiendo la vida económica de las colonias.

En el desarrollo de esta nueva relación con Europa, el Río de la Plata atravesará la llamada “época del cuero”, por la casi absoluta preeminencia de esa producción en su economía, especialmente en la zona del litoral, que comienza a imponerse sobre el interior gracias a este proceso.

Los intereses de las casas comerciales europeas y el afán de lucro de los colonos, que veían en su producción la única posibilidad de subsistencia, y que estaba dada justamente por su riqueza natural, el ganado; eran polos en permanente atracción mutua, pero imposibilitados de encontrarse por el monopolio comercial español.

En 1767 Buenos Aires pasó a verse beneficiada con el sistema del correos marítimos implantado en 1764, con navíos que llegaban directamente al Río de la Plata cuatro veces al año trayendo determinadas mercancías desde España, y que podían retornar cargados de cueros. En 1776 se extienden a esta ciudad los beneficios de la Real Cédula de 1774 de libre comercio entre las colonias; mientras que en 1778 aparece el Reglamento de comercio libre, complementado en 1795 con la reglamentación del comercio con colonias extranjeras y en 1797 con la reglamentación del comercio con potencias neutrales.

Al promediar el siglo, para los autores antes mencionados ya estaban dadas las condiciones que conducirían al cambio de papeles entre el interior y el Litoral, región beneficiada tanto por la reanimación económica coyuntural como por el cambio de la política económica aplicada desde la metrópoli. El ganado, y el cuero que de éste se obtenía, tenía en Europa un mercado en expansión con precios sostenidos.

En el interior del Río de la Plata, en cambio, la situación era completamente diferente. España estimulaba a aquellos sectores de la economía de Indias capaces de contribuir al fortalecimiento del comercio y las manufacturas metropolitanas, pero impedía el desarrollo de todo aquello que pudiera competir con sus producciones. Debido a estas prohibiciones y al agobiante sistema de impuestos, el desarrollo de la agrcultura del interior y la del Litoral estaba “contenido”.

En este marco, la aparición del Reglamento para el comercio libre de España a Indias significó la apertura al crecimiento del comercio y la ganadería de Buenos Aires a la que, junto a Montevideo, se le habilitó puerto para el comercio con España.

Las medidas adoptadas por el Reglamento de 1778 aliviaban de obstáculos el comercio con las colonias,pero seguía subsistiendo la prohibición para extranjeros, de manera que las mercancías no españolas debían pasar primero por España, pagar derechos de entradas y salidas, navegar en buques españoles hasta puertos americanos, donde nuevamente debían abonar derechos, situación que persistió hasta 1795, cuando se autorizó a Buenos Aires al intercambio con las colonias extranjeras, aunque solo para algunas mercancías.

Para 1797, con la primera guerra napoleónica, y debido a la imposibilidad de España de atender el comercio con las colonias, se permitió la apertura del comercio con las potencias neutrales, disposición que se mantuvo hasta 1802.

Por último, cabe mencionar la creación de la Aduana de Buenos Aires, en 1788 y por medio de una Real Cédula, lo que correspondió a la importancia que ahora se confería a este puerto.

Fuente: Assadourian C., Beato C., Chiaramonte, J.C. Argentina: de la conquista a la Independencia.

Imagen: Acuarela de Buenos Aires en la época colonial

1 comentario:

L. de Guereñu Polán dijo...

Me ha gustado el artículo. Hay estudios que demuestran lo que significó la pérdida (inevitable) de América para ESpaña en el plano comercial, precisamente comparando los datos de las últimas décadas del siglo XVIII: aproximadamente la mitad del valor de las exportaciones y del valor de las importanciones eran a y desde América, lo que quiere decir que España llega a 1814 habiendo perdido la mitad de su comercio exterior.