viernes, 14 de septiembre de 2007

El diario del "Tábano"


Natalio Félix Botana Millares era un teniente de infantería uruguayo que llegó exiliado a la Argentina en 1911.

Con capitales prestados, según unas versiones por un tal doctor Berro, otros afirman que por Marcelino Ugarte, y que tenían como destino original la revista PBT, Botana publicó el 15 de septiembre de 1913 el primer número del diario Crítica.

Originalmente pensado como diario del mediodía, fue el único en llegar a tener cinco ediciones: la denominada “tercera” (aunque en realidad era la primera), que salía a las 12.00, la cuarta (14.30), la quinta (17.00), la sexta (21.00) y la séptima (23.30).

El eslogan que Botana eligió para su diario era “Dios me puso sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un noble caballo para picarlo y tenerlo despierto”. Ciertamente que, con el paso del tiempo, Botana mostró suficiencia para llamar la atención –como un tábano- de los distintos actores sociales y, por supuesto, sufrir o gozar las consecuencias de tales atenciones.

La publicación, que incluía siempre una página para los obreros y organizaba campañas de distribución gratuita de máquinas de coser, tenía toda la intención de ser popular desde el lenguaje, evitando la solemnidad y convirtiéndose en un diario para todos.

La figura de Botana, por otra parte, está siempre envuelta en la polémica. Para algunos, como el periodista Andrés Bufali, “revolucionó el periodismo en Argentina (…) con su estilo ágil y conciso, una mezcla de denuncia seria con sensacionalismo”. Para Pedro Orgambide el diario (y Botana, por supuesto) fue importante porque “tenía un público nuevo, más popular, que se mezclaba con la clase media”, cumpliendo de este modo con aquella aspiración del diario para todos. Además, el diario contaba con un contenido editorial de excelencia, con artículos de gran factura escritos por Roberto Arlt y un joven Jorge Luis Borges, deportes, policiales, política y cables del exterior, además de posicionarse como uno de los pioneros en la publicación de suplementos semanales a color.

Otros, en cambio, encontraban aborrecible tanto el diario como la figura de Botana, y ya llegaremos a eso.


En “100.000 ejemplares por hora” Roberto Tálice (100.000 ejemplares por hora. Memorias de un redactor de Crítica, el diario de Botana. Corregidor, Buenos Aires, 1989) cuenta que desde una semana antes del 6 de septiembre de 1930 eran muchos los sectores que reclamaban la renuncia del entonces presidente argentino Hipólito Yrigoyen.

Tálice, que llegó a Crítica luego de que Botana leyera la página teatral de La Razón –donde trabajaba-, tenía entre sus rutinas una entrevista con el general Agustín P. Justo, que le proveía información exclusiva. Según Carlos Ulanovsky, ningún diario estuvo tan al día en los acontecimiento de septiembre de 1930, y ninguno tan cerca políticamente de los golpistas. A tal grado había llegado la intervención política de Crítica entonces. Esta publicación ayudó, sin dudas, en la creación del ambiente de extrema hostilidad contra el presidente constitucional, y el radicalismo jamás olvidaría la afrenta de ver a Yrigoyen caricaturizado y con el apodo de “el peludo”.


Cuando, comandado por José Félix Uriburu, el golpe de Estado finalmente se produjo, el diario La Nación adhirió también, remarcando que se trataba de una “verdadera apoteosis cívica”. Sin embargo, el apoyo que Botana había brindado para el golpe que dio inicio a la denominada "Década Infame" se desvaneció rápidamente.

Ese día Crítica rozó el millón de ejemplares vendidos (fue el primer diario en superar esa cifra tiempo después) y en ese momento nada hacía pensar que tiempo después su director sería encarcelado. Una vez que el gobierno de facto comenzó a mostrar su verdadera faz, Crítica comenzó a atacarlo denunciando sus atropellos, convirtiéndose en tenaz opositor nuevamente. Cuando fue liberado, debió exiliarse en Uruguay.

Sin embargo, no fue Crítica el único diario proscrito en aquel momento, ya que Uriburu mandó suspender más de cien periódicos.

Poco tiempo después, el general Justo –aquel de los informes a Tálice- se hizo cargo de la empresa con la ayuda de la esposa de Botana, Salvadora Medina Onrubia, y publicó Jornada, con buena repercusión.

En 1931 el gobierno de facto convocó a elecciones que, con el radicalismo proscrito, ganó el general Justo, con lo cual Crítica pudo volver a circular.

Cuando murió Uriburu, en 1932 y alejado de la política, Crítica apareció con un gigantesco titular, dictado por el propio Botana a su jefe de cierre: “Hoy en París murió el ex dictador de Argentina José Félix Uriburu. Crítica, sin odios y sin perdón, hace el silencio que merece la muerte”.

Botana, hombre de revólver al cinturón e infaltable habano, murió en un accidente automovilístico en 1941.

Crítica, por otra parte, continuó apareciendo hasta septiembre de 1963. El espacio vespertino que su desaparición dejaba vacante sería ocupado por Crónica, que continúa apareciendo y apelaba a los mismos tópicos y tonos que el diario de Botana.

Fuentes:

100.000 ejemplares por hora. Memorias de un redactor de Crítica, el diario de Botana. Tálice, R. Corregidor, Buenos Aires, 1989

Paren las rotativas. Diarios, revistas y periodistas (1920-1969) Ulanovsky, C. Emecé, Buenos Aires, 2005

Imagen: Find a grave (en inglés)

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