lunes, 6 de agosto de 2007

Los periódicos antes de La Gazette de Renaudot

Francis Balle indica que la historia de los periódicos debe contentarse, para no ceder a la tentación de las generalizaciones, con distinguir tres planos diferentes para cada periodo estudiado: el de las técnicas propiamente dichas, el de las primeras utilizaciones de éstas –bajo la forma de prototipos o de innovaciones sociales- y el del paso a la comercialización, que requiere la adopción de la novedad por parte de las mayorías.

Desde el Siglo XIII se habían organizado servicios regulares de correspondencia manuscrita en Alemania e Italia. Venecia, gran encrucijada comercial, suponía un centro importantísimo de difusión para estos escritos, que llevaban el nombre italiano de avvisi. De este modo, los ancestros de los periodistas fueron los autores de estas “noticias a mano” a los que la Italia del Renacimiento daba el nombre de menanti. Acosados por los papas Pío V, Gregorio XII y Sixto V, rivalizaban en velocidad, efecto e indiscreción para vender a precio de oro las noticias manuscritas que burlaban la vigilancia de los censores oficiales.

Herederos de los menanti fueron los nouvellistes franceses, encargados también de burlar la censura oficial hasta finales del Siglo XVIII.

El arte de los primeros impresos periódicos, a mediados del Siglo XV, consistía en recoger información utilizando cualquier medio que fuera. Era sobre todo –se decía- un asunto de saber escuchar tras las puertas. Para Voyenne (Cit. en Balle), no era necesario que supieran escribir ni que fueran inteligentes, sólo que supieran estar donde correspondía en el momento indicado.

Entre los que Balle llama “ancestros oficiales” de los periodistas, este autor destaca como última figura la de los gazetiers, surgidos durante el Renacimiento.

Estos relataban los acontecimientos más diversos en cuadernos de cuatro, ocho o dieciséis páginas que se vendían en librerías o puerta a puerta en las grandes ciudades. Desde batallas lejanas, pasando por fiestas populares y funerales principescos, todo –incluso copiar algún avvisi- servía a los gazetiers. A principios del Siglo XVI encontraron nueva fortuna con la aparición de los canards, hojas volantes que parecen poco emparentadas a los periódicos actuales, pero que ejercieron su influencia hasta bien entrado el Siglo XIX.

Nacidos bajo la Reforma, los libelles tuvieron una existencia menos feliz y mucho más corta. Nutrieron, bajo la Contrarreforma, las polémicas religiosas y políticas más ardientes. Las persecuciones contra los editores y difusores de estas hojas se multiplicaron por Europa durante el siglo XVI, bajo la acción conjunta de la censura eclesiástica y de los poderes públicos.

Fuente: Balle, F. Comunicación y Sociedad. Evolución y análisis comparativo de los medios. Tercer Mundo Editores, Bogotá. (1º Reimp. 1994)

No hay comentarios: