miércoles, 15 de agosto de 2007

Historia de la radio en Argentina - 3

En la última entrada de esta serie nos dedicamos a los géneros artísticos surgidos en la radio en los albores de, justamente, el arte radiofónico.

Los géneros

En 1924, Radio Cultura transmitía, en una jornada normal, a las 13.00 un boletín informativo suministrado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería, a las 21.00 un concierto de un autor clásico y a las 22.00 el cierre de la transmisión con la hora oficial, extraída de un cronómetro Election del Trust Joyero Relojero, según anunciaba el locutor.

En poco tiempo esta situación cambiaría, abriéndose una amplia gama de géneros inéditos hasta entonces para la radio. La música popular pasa a un primer plano.

Las audiciones musicales eran protagonizadas por artistas que actuaban específicamente para la radio.

Radio Argentina llevaba su micrófono al espectáculo, Radio Brusa, Sudamérica y Cultura traían el espectáculo a la radio.

En esas primeras audiciones predominaba un estilo “serio”, y lo popular no aparecía, excepto por algún tango.

En 1924 se produce un giro y aparecen tangos, ahora con más fuerza, valses criollos, zambas, que van relegando a los géneros clásicos.

Las orquestas típicas comienzan a desplazar a los cantantes líricos.

Estas orquestas trabajaban en clubes, teatros, cabarets, cines (cuando este era mudo) y en otros lugares de corte popular.

Asl típicas no solo tocaban tangos, sino también foxtrots, shimmies, etc. Eso sucedía porque no había muchos conjuntos de jazz, así que, si no fuera por las típicas, no había quién tocara esos repertorios.

  • Entre 1920 y 1922 la radio se nutre de los espectáculos teatrales.

  • Desde 1923 se destaca que las nuevas estaciones abundan en presentaciones musicales clásicas.

  • En 1924 se mantiene lo musical, pero varía el género, volcándose hacia lo popular.

Como datos para rescatar, se puede indicar que: a) La radio era considerada un vehículo de cultura. El avance de lo popular significa, para muchos, el avance de lo inculto. Y b), muchos talentosos no llegaron a insertarse en la radio porque los géneros populares eran preferidos por la audiencia, según las primitivas mediciones de entonces. Ello porque la radio-empresa, aquella con publicidad incorporada y como método de subsistencia, se inclinó hacia lo popular.

Ya desde entonces, artistas mediocres patrocinados por marcas obtenían importantes espacios. Hubo, en aquel momento, una importante polémica entre el diario La Nación y Radio Cultura por el rol educador de la radio.


Recitados, monólogos y humor

Al comienzo, la palabra hablada estaba limitada a la publicidad, las presentaciones y las noticias.

Para variar la primacía del género musical (cualquiera que fuera éste), nacen y comienzan a introducirse muy tímidamente nuevos géneros.

Monólogo: se trata de un soliloquio protagonizado por un actor, que efectuaba narraciones de diversa índole, en general con un libreto propio.

Uno de los precursores fue Tomás Simari. Los primeros monologuistas provenían del teatro y eran actores, pero no traían un currículum teatral importante.

Antes de que aparecieran las audiciones humorísticas propiamente dichas, aparecieron los números cómicos cuyos protagonistas eran los propios monologuistas.

Muy pocos de ellos tenían un perfil definido. Muchas veces interpretaban un rol serio y luego una escena humorística.

Dos vertientes nutren lo que después fueron las audiciones cómicas:

  1. Los monologuistas volcados a ese género

  2. Los grupos de parodias, que comenzaron haciendo sus números con música de por medio y luego se volcaron al diálogo.

Diálogos y teatro: El monólogo genera el diálogo, y luego de inclinarse hacia el humor da paso a los programas pluripersonales.

En el diálogo conviven personajes de ambos sexos, sin que uno seduzca al otro y se basaba, esencialmente, en la lectura de fragmentos de obras teatrales. El diálogo alcanza poca relevancia, porque enseguida las emisoras contaron con elencos propios que reproducían obras enteras.

El lanzamiento de obras completas puede situarse a mediados de 1926, cuando se organiza la Agrupación Dramática Radio Nacional.

Desde 1927, el género se expande a otras radios y se afianza. Los actores con buena trayectoria teatral pierden el prejuicio y se mejoran los elencos

Tres etapas de la actividad teatral en radio:

  1. En primera instancia, el micrófono iba al escenario

  2. Luego, las estaciones de radio conforman sus propios elencos, presentando las obras sin adaptación previa, o con algún pequeño arreglo.

  3. Por último, aparecen obras adaptadas específicamente para la radio, aunque con predominio de obras mediocres.

Finalizando la década de 1920, en un claro antecedente del radioteatro, aparece en el teatro radial un participante de vital importancia: el relator.

Su misión era poner en clima al oyente, introducirlo en la trama y traducir en palabras todo lo que el oyente no podía ver.

Esta aparición tuvo reacciones dispares. Mientras unos elencos lo convertían en la columna vertebral del relato, otros lo rechazaban con énfasis. Sin embargo, poco después el relator para a ser una figura clave.

El radioteatro: El teatro radial de entonces, con o sin adaptaciones, buen o mal guión, etc., tenñia una carcaterística fundamental: el relato se completaba en una jornada.

A partir de allí el radioteatro elabora su diferenciación: es episódico. Se transmite diariamente y la trama se prolonga en el tiempo. Las historias llegaban a durar un mes, aproximadamente.

Lo único que se necesitaba era un actor con la habilidad suficiente para dejar al público en suspenso hasta el próximo episodio.



2 comentarios:

J.C. dijo...

Se menciona un monologuista llamado Tomás Simoni, y creo que en realidad se refiere a Tomás Simari, un actor con gran habilidad para crear diferentes personajes, a quien llamaban "el hombre de las mil voces". Tuve oportunidad de escucharlo en "La familia Ramboullet", que se transmitía por LR2 Radio Argentina en la década del 50. Recuerdo que incluso dialogaba consigo mismo, con timbres de voz tan diferentes que uno se enteraba cuando escuchaba el reparto. No eran imitaciones, sino creaciones propias, aunque es probable que las tomara de la vida real, ya que uno era catalán (Ramboullet), su consuegro, don Nicola, italiano, su yerno Agapito, un porteño de barrio, y varios más que no recuerdo. Hará una veintena de años, ya octogenario, lo ví en una entrevista que le hicieron en televisión, y a manera de demostración contó un cuento de gente que viajaba en el colectivo: una señora con una canasta y un niño y varios pasajeros. Al principio pensé con pena que ya esas cosas estaban superadas, pero a poco de avanzar en el cuento no podía creer que ese viejito, al que estaba viendo, me creaba la ilusión de que había varias personas que oía aunque no podía ver. Evidentemente era un don que poseía y que sabía manejar muy bien. No soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor, pero tampoco se puede negar que ciertas cosas son irrepetibles, aunque no tengan el reconocimiento que merecen.

Carlos dijo...

Estas en lo cierto, la referencia era a Tomás Simari. Advertí el error luego de leer el comentario y revisar Estamos en el aire, de Ulanovski, así que corregí la entrada.
Por otra parte, es cierto que no todo tiempo pasado fue mejor, pero pienso que las limitaciones que afrontaron los pioneros los obligaron a tocar sus límites, reconocerlos y trascenderlos, y eso hace que en muchos casos sus creaciones hayan sido geniales. Gracias por tu aporte, el comentario y la anécdota.