lunes, 29 de junio de 2009

Los restos hallados en una iglesia de Roma serían de San Pablo

Por primera vez abrieron el sepulcro para un estudio científico. Y encontraron huesos humanos del siglo I. "Esto parece confirmar la tradición unánime de que se trata del apóstol", dijo Benedicto XVI.

El Papa anunció ayer emocionado, al clausurar el Año Paulino, que en la tumba de San Pablo se encontraron restos que serían del apóstol. Benedicto XVI lo confirmó tras rezar las vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, erigida en el lugar donde fue sepultado el apóstol, que murió decapitado en el año 67.

El Papa explicó que el sepulcro, que no había sido abierto hasta ahora, fue objeto "recientemente de un atento análisis científico". Dijo que "se ha practicado una minúscula perforación para introducir una sonda especial", con la que se quitaron del sepulcro "minúsculos fragmentos de huesos, cuyo examen del carbón 14 demostró que pertenecieron a una persona que vivió entre los siglos I y II" de nuestra era. "Esto parece confirmar la tradición unánime e incuestionable de que se trata de los restos mortales del apóstol Pablo. Todo esto llena nuestro ánimo de una profunda emoción", afirmó el pontífice.

La sonda también reveló "rastros de una tela preciosa de lino color púrpura con oro laminado y de una tela azul con filamentos de lino" y "granos de incienso rojo", explico Benedicto XVI.

Desde fines de 2006, bajo el altar principal de la basílica -que fue prácticamente destruida por un incendio en el siglo XIX y después reconstruida- los fieles pueden observar el sepulcro, que fue descubierto cuatro años antes.

El culto popular durante siglos había permitido dar por seguro de que en la basílica estaba la tumba del apóstol. En 2005, el Vaticano confirmó que era el sepulcro de San Pablo, nacido en Tarso de una noble familia judía del Asia Menor. Contrario a los cristianos, Pablo de Tarso fue "fulgurado en la vía de Damasco" y se convirtió en el gran evangelizador de los pueblos paganos del Mediterráneo, hasta que lo decapitaron en Roma durante su cuarto viaje.

El cardenal Andrea Cordero Lanza de Montezemolo, arzobispo de la única de las cuatro basílicas pontificias romanas que se encuentra más allá de los muros de la vieja capital del imperio, adelantó que el Papa quiere hacer "un análisis profundo" de la tumba. Pero la tarea es muy difícil porque el sarcófago es muy grande y obligaría a demoler el altar.

Pero este no fue el único hallazgo arqueológico vinculado al apóstol. Los expertos del Vaticano que investigan continuamente en las catacumbas romanas, en gran parte todavía inexploradas, descubrieron un fresco con la imagen más antigua de San Pablo, en la iglesia de San Tecla. Estas catacumbas se encuentran en la vía Ostiense cerca de la basílica de San Pablo Extramuros. El viernes 19, gracias a la utilización de las técnicas del láser, los arqueólogos encontraron la pintura, durante una restauración de una composición pictórica en San Tecla.

El diario vaticano "L'Osservatore Romano" indicó que este descubrimiento "es sensacional", porque "muestra el rostro severo y reconocible de San Pablo". Se trata del más antiguo que se conoce de la civilización figurativa de la antigüedad cristiana. El órgano vaticano destacó que en las últimas horas emergió también una pintura afrescada de finales del IV siglo con el rostro de San Pedro.

Noticia publicada por el diario Clarín.

jueves, 25 de junio de 2009

Una flauta de hueso, el instrumento más antiguo


Una flauta de hueso desenterrada en una cueva alemana fue fabricada hace unos 35.000 años y es el instrumento musical hecho a mano más antiguo descubierto hasta ahora, dicen los arqueólogos. El hallazgo ofrece una evidencia más de que los primeros seres humanos modernos en Europa habían establecido una cultura compleja y creativa.

Un equipo conducido por el arqueólogo Nicholas Conard reconstruyó la flauta con 12 trozos de huesos de buitre dispersos en la cueva de Hohle Fels en el sur de Alemania. Conjuntamente, las piezas componen un instrumento de 22 centímetros con cinco orificios y un extremo agujereado.

"Es sin duda el instrumento más antiguo en el mundo", sostuvo. Sus conclusiones fueron publicadas el miércoles por la revista Nature. Otros arqueólogos coincidieron con su evaluación. "De eso se deduce que la música jugaba ya un papel importante en la vida del hombre", afirmaron los científicos. Hace 35.000 años la música podría haber ayudado a crear redes sociales más grandes. Y eso marcó posiblemente una diferencia con sus antepasados neandertales, concluyeron.

Publicada por el diario Clarín.

miércoles, 24 de junio de 2009

Revelan que Hemingway apoyó económicamente a la Revolución Cubana


El escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway apoyó económicamente la Revolución de Fidel Castro, con donaciones al Partido Comunista Cubano (PCC) desde la Finca Vigía, la casa en la que vivió en La Habana por 20 años.

“Hemingway no era comunista, pero sí progresista y antifascista”, explican los guías cubanos en el recorrido por la finca, visitada en numerosas ocasiones por el tesorero del PCC, Ramón Nicolau, para recibir dinero del escritor, precisaron.

El autor de “Adiós a las armas” y “El viejo y el mar” vivió en esa quinta de 1940 a julio de 1960 cuando regresó a Estados Unidos, un año antes de suicidarse y un año después de que Castro tomara el poder en la isla, quien en antiguas entrevistas dijo recordar haber visto a Hemingway “en dos ocasiones”.

Durante un encuentro internacional sobre el escritor que se celebró en Cuba con motivo de la restauración de la villa Vigía, investigadores de estadounidenses y cubanos aseguraron que colaboraron “con gran éxito” en ese proyecto.

Noticia de la agencia Télam publicada por el diario La Capital.

lunes, 22 de junio de 2009

La leyenda de Cosakait

En esta leyenda que circula entre los tobas, se cuenta que durante la época embrionaria del mundo, cuando los seres humanos formaban una pequeña minoría, Cosakait, el más apuesto y virtuoso de los varones de aquel grupo se había enamorado de una joven doncella.

Apuesto y ejemplar, estas virtudes no le alcanzaron para enamorar a la joven doncella que tanto amaba. Su tristeza y desventura lo condujeron por el sendero de la enfermedad, de la que nunca regresó.

"Decidle que no quiero morir. Mas Yago (Dios) me quita la vida. Pero estaré siempre con ella. Adornaré su cabeza de flores perfumadas. Ahuyentaré los parásitos de su lado. Daré fragancia al agua que beban sus labios y laven sus ojos. Iré al cielo en el humo aromado de su ruego en la ceremonia del NAREG. Y estaré donde ella se encuentre y le dare lo que pida..."

Tras estas palabras, la fiebre abrasó su cuerpo y murió invocando el nombre de su amada.
La tierra que lo sepultó engendró el árbol cosakait (Palo Santo), apreciado por sus aromáticas flores y perfumada madera. Apenado por su dolor, su dios le dio vida eterna en la forma de aquel árbol que luego se expandió por toda la selva, cumpliendo con las promesas del joven enamorado.

Los tobas consideraron al palo santo como un árbol venerable por su nobleza y le concedieron el honor de llamarlo cosakait.

Fuentes:

Floklore Tradiciones

Diccionario de Mitos y Leyendas

miércoles, 10 de junio de 2009

El Estado ha vuelto (si es que ustedes creían que se había ido)

Después del 11-S y de la crisis global, ni Marx ni Fukuyama ni Wall Street se atreverían a decir que no se necesita el poder de gobiernos soberanos para tomar decisiones en medio de la tormenta. La realidad ha devuelto al mundo casi al escenario de los Valois y los Tudor.

Algo curioso le sucedió a la sociedad humana en algunos lugares de Europa occidental hace unos quinientos años. Las unidades territoriales más chicas, ducados, principados, ciudades libres, regiones que dominaban caudillos bélicos anárquicos, y también zonas fronterizas violentas, cedieron paso a una serie de Estados-nación unificados (España, Francia, Inglaterra y Gales) cuyos gobiernos proclamaron poderes extraordinarios: monopolio de la fuerza policial y militar, derecho a recaudar impuestos y a establecer estructuras uniformes de gobierno, además de una asamblea nacional, una lengua común, himno, bandera, sistema postal y todos los atributos de la soberanía que los 192 miembros actuales de la ONU dan por descontados. El Estado nacional había llegado, y el mundo ya no volvería a ser el mismo.

Ahora bien, el Estado siempre tuvo enemigos y críticos, entre ellos muchos intelectuales que con audacia pronosticaban su caída. Karl Marx, por ejemplo, vaticinó que el futuro triunfo del comunismo internacional llevaría de forma inevitable a la "extinción del Estado".

Hace menos tiempo -y eso nos acerca al tema de esta columna-, observadores del capitalismo de libre mercado sin controles sostenían que el mundo se estaba convirtiendo en un gran bazar en el que los gobiernos eran mucho menos efectivos, las guerras y conflictos pertenecían al pasado, la Guerra Fría era una curiosidad histórica y las finanzas cosmopolitas constituían la fuerza dominante en los asuntos internacionales. Los lectores recordarán libros con títulos tan desconcertantes como El mundo sin fronteras (Kenichi Ohmae, 1990) y artículos audaces sobre "El fin de la historia" (Francis Fukuyama, 1989) como ejemplos de esa línea de pensamiento. Si el mundo pertenecía a algún grupo, era a los jóvenes ejecutivos bancarios de Goldman Sachs, a los capitalistas de riesgo y a los economistas del laissez faire. El Estado era algo anticuado, sobre todo en lo relativo a sus formas "sobredimensionadas" o de estilo totalitario.

Pues bien, dos importantes acontecimientos de principios del siglo XXI cuestionaron la premisa de que ya no necesitamos -ni tenemos por qué prestar atención a- lo que los conservadores estadounidenses califican en términos despreciativos de "big government". El primero fue el atentado terrorista del 11 de septiembre. Las acciones inesperadas y mortíferas de actores no estatales causaron una profunda herida al país más poderoso del mundo y lo llevaron a una asombrosa serie de respuestas contra al-Qaeda y luego contra los talibanes. También lo hicieron movilizar a la mayor parte de los otros gobiernos del globo para que éstos actuaran en defensa del orden de cosas centrado en el Estado.

Medidas de seguridad de todo tipo, una vasta acumulación de datos sobre ciudadanos particulares, el acto de compartir la inteligencia nacional con otros estados, así como medidas coordinadas contra cuentas bancarias sospechosas y productos prohibidos fueron algunas de las muchas consecuencias de la llamada guerra contra el terrorismo.

En lo que a mí respecta, escribí esta columna durante un reciente viaje por el mundo durante el cual el Estado fue algo omnipresente: en el aeropuerto de Roma pasé por tres controles de seguridad antes de llegar al sector destinado a la clase business, donde comenzaría una nueva serie de controles. Todo eso habría parecido muy raro hace veinte años. Si al miedo al terrorismo se le suman el recelo generalizado y las medidas contra la inmigración ilegal, se tiene la impresión de que el Estado sin fronteras, si es que alguna vez existió, quedó ahora reemplazado por controles gubernamentales y demostraciones de autoridad en todas partes.

El segundo acontecimiento aterrador es la crisis financiera de 2008-2009, en la cual la extendida irresponsabilidad del mercado inmobiliario subprime de los Estados Unidos tuvo un efecto dominó en todo el mundo y afectó a personas, bancos, empresas y sociedades enteras en un radio de miles de kilómetros. Pueden hacerse muchas observaciones en relación con este revés dramático, pero sin duda una de las más importantes debe ser la forma en que humilló a los que el novelista estadounidense Tom Wolfe bautizó con sarcasmo "los amos del universo", vale decir, los ejecutivos de la banca comercial, los asesores de fondos de cobertura y los falsos profetas de un índice Dow Jones en eterno ascenso. También se desplomaron algunas de las firmas financieras más distinguidas y venerables.

Lo que quiero destacar es que el mundo del capitalismo de libre mercado sin controles llegó a un fin abrupto y estremecedor y que el Estado intervino para retomar el control de los asuntos financieros y también de los políticos. En distintas partes del mundo, por supuesto, el Estado nunca desapareció y para fines de la década de 1990 ya había indicios de que aumentaba su poder en países tan diferentes como Rusia, China, Venezuela y Zambia.

Es, por lo tanto, el giro en las que hasta ahora habían sido economías de mercado, sobre todo en los Estados Unidos, lo que constituye el más asombroso de los cambios. Ver que las comisiones legislativas interrogan una y otra vez a los principales banqueros de los Estados Unidos, ver que sus empresas quedan sometidas a "pruebas de resistencia" gubernamentales, enterarse de que sus sueldos y sobresueldos, antes ilimitados, en el futuro deben tener un "techo", supone presenciar el derrumbe de gigantes. Es también un poderoso recordatorio de la fuerza latente del Estado-nación.

¿Quiénes son ahora los amos del universo, los Señores del Capital que año a año acudían en sus limusinas y helicópteros al Foro Económico Mundial de Davos, o los funcionarios de rostro adusto que están al frente de nuestros bancos centrales y Departamentos del Tesoro nacionales? La respuesta es obvia.

Hasta las grandes instituciones financieras globales bailan al compás de sus amos políticos, vale decir, los gobiernos que tienen el mayor poder de decisión en el seno de las mismas. Es verdad, el Fondo Monetario Internacional puede recibir miles de millones de dólares más en recursos para ayudar a las economías afectadas y las monedas que declinan, ¿pero de dónde salió esa autorización? De un grupo de gobiernos nacionales que vieron la necesidad de rescatar el sistema financiero mundial. No importa que haya sido decisión del viejo G7 o del nuevo G20 en su última reunión de Londres; lo que importa es que es evidente que fue un acto "G", un acto "Gubernamental".

En resumen, el Estado volvió al centro de la escena (si es que alguna vez había abandonado el teatro en lugar de limitarse a hacer una pausa tras bambalinas). El porcentaje gubernamental del PBI de la mayor parte de los países está en decidido aumento, a tono con el gasto del Estado y las deudas nacionales. Todos los caminos parecen conducir al Congreso, al Parlamento o al Bundestag, o al Banco Popular de China. Los mercados estudian con ansiedad hasta el más mínimo indicio de una alteración de las tasas de interés o cualquier comentario -deliberado o producto de la torpeza- sobre la fuerza del dólar estadounidense.

Nada de eso habría sorprendido a los reyes Valois de Francia, a los monarcas Tudor de Inglaterra ni a Felipe II de España. En definitiva, y para citar una de las frases favoritas del presidente Harry Truman, "el dólar se queda aquí", vale decir, que las autoridades políticas, electas o no, son las que tienen las riendas del poder.

Artículo del historiador Paul Kennedy para Clarín.