domingo, 31 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 6 - La Real Mesta

El estudio de los orígenes de la mesta deja bastante que desear en el libro de Klein, sobre todo cuando se intenta determinar hasta qué punto la mesta fue realmente un producto de la zona fronteriza de la cuenca del Guadiana.

Los orígenes de la mesta son más oscuros de lo que comúnmente se cree. Lo que frecuentemente se llama carta de fundación de Alfonso X es de hecho una serie de cuatro documentos distintos, fechados en 1273, pero redactados para reemplazar otros más antiguos gastados por el uso excesivo. Estos documentos no describen una organización, sino que suponen su existencia y le conceden protección real, pastos y otros privilegios. La mesta, pues, debió existir antes de 1273 y sus comienzos pueden situarse, no en el extenso periodo que va de 1212 a 1273, sino en el intervalo entre la conquista de las tierras de pasto extremeñas y una fecha muy anterior a 1273, que justificaría el desgaste de los documentos por el uso, antes citado. Si fijamos el intervalo entre 1230 y 1263 no estaremos muy lejos de la verdad.

El acontecimiento más importante de los que pudieron influir en la creación de la mesta fue seguramente el comienzo de las grandes marchas trashumantes en el otoño, de ganado vacuno y lanar.

Si olvidamos la novedad que supuso la entrada de las gentes y ganados norteños en los pastizales de la cuenca del Guadiana, no podemos comprender lo que sucedió. Sabemos sin duda que estas marchas comenzaron después de hecha la reconquista de estas llanuras. Y a partir de allí Bishko habla de un rápido desarrollo de la industria, acompañado de distintas concesiones reales.

Debe recordarse que en estas grandes marchas hacia el sur se trasladaba gran cantidad de ganado, los pagos de montazgo se calculaban basándose en rebaños de ovejas. De acuerdo a la costumbre secular, los pequeños ganaderos agrupaban sus rebaños individuales en un solo rebaño municipal.

En estas condiciones la mezcla de reses extraviadas en rebaños municipales distintos a los que pertenecían, y las disputas entre ciudadanos con motivo de sus diferentes Fueros, debieron multiplicarse y hacer necesarias varias instituciones reguladoras de carácter supramunicipal.
Pero estos no eran los únicos problemas con que los ganaderos trashumantes tenían que enfrentarse en su marcha hacia el sur. Más urgentes todavía eran la seguridad de sus derechos de pasto y la defensa contra los ataques de los ganaderos de la cuenca del Guadiana que, como se comprenderá, no veían con buenos ojos las anuales invasiones de sus pastizales y los aprovechamientos de su agua.

El violento antagonismo contra los pastores trashumantes fue en gran parte extremeño y manchego. Las órdenes militares y las ciudades de la cuenca del Guadiana –no las de Castilla de más allá del Tajo, que por lo general eran miembros de la mesta- fueron los más encarnizados enemigos de los ganaderos norteños y, desde su fundación, de la Real Mesta.

La lucha esencialmente se daba entre dos grupos de competidores de pastores y vaqueros del norte y del sur, cada uno de los cuales se disputaba la posesión de los pastos invernales en las mejores tierras de las llanuras sureñas.

Pero qué acontecimientos llevaron al reconocimiento real de la mesta y en qué orden cronológico se produjeron, es algo que al presente es imposible determinar. Las ciudades más orientales desde Cuenca a las tierras de pasto de La Mancha, Murcia y Andalucía, se unieron en algún año de la segunda mitad del siglo XIII y formaron el llamado “Consejo de la Mesta de la Cañada de Cuenca”.

Pero ¿fueron las ciudades o el rey quien tomó la iniciativa para establecerla? No podemos contestar a esta pregunta por ahora, como tampoco podríamos hacerlo en el caso paralelo de Extremadura.

De lo único que puede hablarse con certeza es de que de la afluencia de ganado en el otoño en la zona extremeña surgió, probablemente entre 1260 y 1265, el Real Concejo de la Mesta. Y en este sentido cabe afirmar que la mesta fue un producto de la ganadería de tipo fronterizo en la cuenca del Guadiana.

El capítulo del Guadiana en la historia de las áreas fronterizas ibéricas ofrece características únicas de interés:

1. El éxito de la adaptación castellana a condiciones de llanuras semiáridas, impropias para ser regidas por instituciones agrarias urbanas normales en la Edad Media.

2. El intenso desarrollo de una sociedad ganadera de pequeñas ciudades y pequeños ganaderos que apacentaban gran número de ovejas y vacunos en pastizales abiertos.

3. La supremacía militar, gubernamental y religiosa de las órdenes militares a expensas de la ciudad, la corona y la Iglesia.

4. Las invasiones trashumantes que produjeron el establecimiento de la mesta.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

jueves, 28 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 5 - La Mesta

Julius Klein, en su libro sobre la Mesta, supone que las ciudades medievales de la Península poseyeron, desde épocas muy antiguas una especie de asociación de ganaderos llamada el otero a la mesta, que se reunían dos o tres veces por año para reintegrar las reses pérdidas a sus dueños, para fijar las condiciones en que debían nombrarse pastores y vaqueros y para castigar las infracciones de las leyes de pastoreo.

Son distintas, como Klein establece, de lo que considera como su prolongación institucional, la celebrada Real Mesta o asociación nacional de ganaderos de Castilla fundada por Alfonso X en el siglo XIII. Pero la existencia de tales organizaciones pastoriles antes de la segunda mitad del siglo XII es muy dudosa.

Lo que parece cierto es que mientras la economía ganadera municipal se movió dentro de los más o menos estrechos límites de las ciudades del norte de Castilla y León, la eficacia de los agentes oficiales para dirimir cuestiones de pastoreo era adecuada; pero como en el caso de la rafala y la esculca, la creciente práctica de trashumancia y su extensión hacia el sur produjo cambios en su estructura tradicional.

El más antiguo y seguro ejemplo de esta innovación aparece en el Fuero de Cuenca, en donde puede verse que antes de comenzar la marcha hacia el sur, a comienzos de diciembre, los caballeros que formaban la esculca escogían alcaldes especiales, y que estos alcaldes de la esculca ejercitaban no solamente funciones puramente militares, sino también judiciales y de autoridad gubernamental en general en relación con los pastores y esculqueros.

Además, esta autoridad era definitiva y las decisiones de estos alcaldes especiales no eran apelables y no podían reconsiderarse cuando, al regresar a las villas, los alcaldes reintegraban su autoridad al concejo.

La organización era muy diferente de la observada por Cuenca durante el periodo de verano cuando los sesenta pastores de sus aldeas a cargo del pastoreo de las tierras altas se encontraban bajo la autoridad del alcalde. En el caso de la esculca y los alcaldes de invierno (que eran vecinos de Cuenca y no de sus aldeas), un grupo de ciudadanos se ausentaba del territorio municipal por asuntos oficiales, permanecía disfrutando de los derechos y sujeto a las obligaciones indicadas por el Fuero y continuaba siendo regido por él, tal y como lo ponían en práctica los que, en realidad, no eran sino alcaldes ambulantes.

No sabemos cuántas veces guardas y pastores se reunían en asambleas especiales para oír decisiones judiciales de los alcaldes de esculca en materia de reses extraviadas, ni siquiera si estas reuniones existían de hecho.

Pero varios capítulos del Fuero de Cáceres refieren a las asambleas obligatorias de los guardas y pastores de la rafala, al parecer tres veces al año, para celebrar un otero, en que se decidían cuestiones judiciales. También el Fuero de Salamanca en el capítulo que regula la guarda de los cerdos que atravesaban la sierra habla del otero, aunque en este caso se reúne diariamente, sin duda por la necesidad de reagrupar y reintegrar a sus dueños a los huidizos animales. Notemos que en ninguno de estos textos se aplica la palabra mesta o reunión de pastores y guardas.

La que parece ser la más antigua documentación de la palabra mesta en el sentido de otero, o algo así como una asamblea de pastores, se encuentra en dos diplomas de Alfonso X fechados en Sevilla en el mismo día de 1266; en ellos el rey autoriza la celebración de mestas en Sevilla y Alcaraz, muy al sur de La Mancha.

El rey ordena mestas obligatorias de pastores y vaqueros que se habrán de celebrar (literalmente “hacer”) tres veces al año en las bifurcaciones (El Horcajo) del río Guadalmena; en el diploma también se dictan breves reglas en relación con las reses extraviadas, disturbios entre pastores y otros asuntos parecidos. Esto parece ser claramente lo que en Extremadura era un otero.

No es seguro que el fondo de este pergamino de Alcaraz sea de tipo andaluz; Alcaraz se regía por el Fuero de Cuenca, y el rey ordena a sus ganaderos que consulten este Fuero o el de Alarcón si se suscitaran problemas, lo cual hace suponer que antes de 1266 las citadas mestas existían ya en las dos últimas villas. El primer enigma, a estas alturas, es saber por qué el rey intervino para establecer una mesta –que, a diferencia del otero, parece ser la designación que el rey da a una organización pastoril- en Alcaraz, y por qué, que nosotros sepamos, no hizo lo mismo con los ya citados oteros.

La solución de esta cuestión está, si es que existe solución, relacionada con otro problema de los suscitados por el régimen ganadero en la zona fronteriza de La Mancha y Extremadura, de mayores proporciones todavía, que es el de los orígenes del Real Consejo de la Mesta.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Devolución de piezas arqueológicas a Perú

Después del título me parece que no hace falta aclarar mucho. Lo que sí me parece que sería productivo, en todo caso, podría ser contar con los comentarios de nuestros lectores peruanos, a ver qué tan al tanto están de la noticia, y si nos pueden agregar algún dato más.

Esta noticia, que espero de disfruten, fue publicada hoy por el diario Crítica, con otro título, bastante desagradable y que si siguen el enlace van a ver. Digo desagradable porque la palabra "gauchada" tiene varios sentidos, siendo bienintencionados, diríamos que la Argentina le hace un favor al Perú al devolverle su propiedad. Aquí no hay ningún favor: lo que me parece es que -aunque tarde- se está reconociendo también el expolio del patrimonio peruano por parte de otros latinoamericanos.

En otras ocasiones me quejé de lo desprensivos que solemos ser los argentinos con el patrimonio cutlural propio y la falta de políticas de estado al respecto. Como es obvio, no se puede esperar de este modo que se respeten los patrimonios de otros países.

Hechas estas consideraciones, les dejo la noticia del día de hoy.

En un acto inusual, se restituyeron vasijas, estatuillas y otras obras incaicas que habían llegado al país de manera ilegal. Las más antiguas tienen cerca de tres mil años. Un gesto contra el saqueo patrimonial.

Cuarenta y cuatro piezas de cerámica, metal, tejido y madera pertenecientes a culturas precolombinas fueron restituidas por el Estado argentino a Perú. Los objetos tienen una antigüedad que va desde el año 900 antes de Cristo hasta el 1250 después de Cristo. El acto de entrega se realizó ayer en la Secretaría de Cultura de la Nación. Una de las colecciones que volverá a Perú fue recuperada luego de que la Justicia detuviera al ciudadano argentino Humberto Abel Scarzo, quien intentaba trasladarla desde Córdoba hacia Chile. Eran un total de catorce objetos peruanos entre los que había cinco fragmentos de tejido, seis piezas de cerámica, una figura humana y dos guerreros de metal.

La otra colección pertenecía a dos hombres que decidieron devolverlas a Perú luego de verse envueltos en una causa judicial mayor, y constaba de treinta piezas: 23 cerámicas, dos máscaras de metal, dos artefactos de madera, dos porras de cobre y un arpón de bronce. Lo restituido pertenecía a las culturas: Moche –en su mayoría–, Nazca, Vicus, Chancay, Sicán e Inka, entre otras.

Las piezas de comunidades indígenas peruanas han sufrido repetidos saqueos: varios llevados a cabo por coleccionistas y comerciantes, muchos de los cuales representaban a instituciones y Estados. Sin dudas, el caso más paradigmático es el de las más de 46 mil piezas que la Universidad de Yale de Estados Unidos sustrajo de Machu Picchu en 1912 y nunca devolvió a Perú pese a los pedidos reiterados que hizo el Estado de ese país, y sobre los que subieron el volumen cuando supieron que los norteamericanos poseían casi diez veces más de piezas que las 5 mil que declaraban.

“A los saqueadores sólo les interesan las piezas que pueden comerciar y las cortan para tener un negocio más lucrativo sin saber que el patrimonio nos pertenece a todos”, dijo en el acto Diana Rolandi, directora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, quien custodió hasta ayer los objetos en cuestión.

“Desarmar un sitio histórico les quita sentido a las cosas que se dejan”, aseguró el secretario de Cultura, José Nun, y la directora Nacional de Patrimonio, María de las Nieves Incolla, afirmó que en el último tiempo aumentaron los controles fronterizos para proteger los bienes arqueológicos y paleontológicos. Por su parte, Judith de la Mata Fernández, la embajadora de Perú en la Argentina, aseguró: “El patrimonio está ligado a la identidad. Y en este caso son piezas invalorables, son nuestros hijos que vuelven al país”.

Perú ha recibido en el último tiempo otras devoluciones de piezas: entre ellas, noventa que entregó Chile en febrero luego de decomisarlas en un paso fronterizo y 45 recuperadas en España que volvieron en octubre pasado.

Según el Instituto Nacional de Cultura peruano, la cantidad de piezas robadas aumentó en el último año: en 2008 fueron 292 piezas de arte religioso, de las que sólo se recuperó un lienzo colonial, y el año anterior, 2007, las piezas robadas habían sido 228.

Mientras el tráfico ilegal continúa, son varios los museos europeos que exhiben piezas llegadas del saqueo, y Rolandi ayer recordó que muchas veces las casas de subastas Sotheby´s y Christie´s sacan a remate esas piezas.

Esta devolución de 44 objetos podría ser un pequeño paso si avanza una causa en la que están involucrados varios coleccionistas y que implicaría la restitución de 5 mil piezas peruanas y quinientas ecuatorianas. Según fuentes de la causa, que ya tiene un primer fallo a favor de la devolución, la situación podría resolverse dentro de dos meses.

Un barco hundido y una disputa

Un caso paradigmático de pelea por el patrimonio es el del cargamento de 17 toneladas de monedas de oro y plata de la época colonial que pone en juego los límites del patrimonio y de la independencia latinoamericana: la empresa norteamericana Odyssey encontró –en 2007– el tesoro en un barco hundido, y Perú y España, cada uno por su parte, aseguran que les pertenece.

El país europeo lo hace argumentando que en aquel momento era soberano sobre el territorio sudamericano y dio el primer paso para reclamar ante los tribunales de Florida, Estados Unidos, la propiedad del hallazgo, alegando que se trataría de la fragata española hundida en 1804 Nuestra Señora de las Mercedes y las Ánimas (algo que desmintieron desde Odyssey). Perú contraatacó y solicita también que se reconozca su derecho sobre el cargamento, ya que las monedas fueron acuñadas en territorio peruano cuando éste pertenecía al virreinato español. Mientras tanto, la empresa de rescate considera lo encontrado como parte de sus activos.

martes, 26 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 4 - La trashumancia ovina

Las fuentes documentales prueban que la clase de pequeños ganaderos, característica también de la ganadería de la meseta norteña, estaba profundamente arraigada a través de La Mancha y Extremadura.

En los centros ganaderos castellanos situados más al norte, a ambas riberas del Duero, el pastoreo se llevaba a cabo basándose en rotación de pastos en las estaciones, dentro de los límites de la circunscripción municipal: pastos de tierras bajas más próximas a la villa en el invierno y de las tierras altas más próximas a la sierra en el verano. Tal sistema requería un mínimo de instituciones especiales.

Podían nombrarse montañeros que patrullasen los montes municipales (pastos) y evitasen la entrada de intrusos, y los alcaldes ordinarios u otros funcionarios municipales locales podían dirimir todas las cuestiones de extravío de ganado, derechos de pasto, daño ocasionado por el ganado en viñedos o tierras de cultivo, salarios e infracciones e los pastores, disputas e imposición de penas.

Cuando la frontera avanzó hacia el sur, a partir del reinado de Alfonso VI, la regulación del pastoreo y la distribución de los pastos del municipio, por regla general, quedó bajo la autoridad de los alcaldes. Pero pronto surgieron cambios importantes, debidos principalmente al hecho de que muchas de estas ciudades llegaron a poseer una extensión mayor de tierras municipales que las que de costumbre habían tenido hasta entonces. Estas tierras, muchas veces, se extendían hasta llegar a las sierras de Guadarrama y de Gredos, donde estaban situados los más preciados agostaderos.

De este modo, por primera vez, se hizo corriente que los pastores que conducían sus ovejas y vacunos se ausentaran de la villa por varios meses para ir a lugares remotos del territorio municipal o a las distantes llanuras del sur.

Como consecuencia, en las ciudades de las sierras centrales y de las márgenes de la llanura del Guadiana, se forman escoltas de jinetes armados y soldados de a pie, que acompañan a los rebaños durante su estadía en lejanos campos de pasto, al objeto de guardar el ganado y a sus pastores.

De acuerdo con el Fuero de Cuenca, cada año, a comienzos de diciembre, las ovejas y el ganado vacuno de los ganaderos de Cuenca se colocaba bajo la guarda oficial de lo que se llamaba esculca, que era claramente una compañía de gente armada.

Este pasto de invierno duraba cuatro meses y medio. A mediados de marzo, escoltas pastores y ganado regresaban a las proximidades de Cuenca y allí se desbandaba la esculca.
El día de San Juan (24 de junio) los rebaños emprendían su marcha hacia el norte, hasta los pastos de verano en las alturas de la serranía; esta vez, sin embargo, eran escoltados por sólo sesenta pastores a pie, proporcionados por siete aldeas de las cercanías de Cuenca, al mando del alcalde de esta ciudad. El 1º de noviembre, fecha en que expiraba el nombramiento del alcalde, los rebaños eran traídos de nuevo a Cuenca para una especie de reunión y recuento otoñal, y con el objeto de preparar el ganado para la próxima marcha, a comienzos de diciembre, bajo la protección de la esculca.

Esta innovación conquense de la guarda armada para rebaños y pastores en las llanuras fue practicada también por las ciudades de llanura que adoptaron el Fuero de Cuenca. Muchos pueblos observaban el Fuero, en su forma original o en adaptaciones que suponen los de Consuegra y Montiel. Además, la escolta armada para el pastoreo, llamada rafala, se comprueba en varias villas ganaderas situadas bastante al oeste de Cuenca.

En el Fuero de Salamanca hay también referencias a la rafala; que guardaba las manadas municipales de cerdos, cuando eran llevados a través de la sierra, que sin duda era de la Peña de Francia.

El sistema de rafala – esculca no fue, sin embargo, la única institución a que dio lugar la economía ganadera de las ciudades castellanas.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

viernes, 22 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 3 - Población, agricultura y ganadería

La población en todas las ciudades de llanura estaba formada por –mayormente- las dos clases sociales características de la meseta castellana fronteriza: caballeros villanos y peones. Cada primer poblador, de cualquiera de estas dos clases, recibía al tiempo de la fundación un solar (Porción de terreno donde se ha edificado o que se destina a edificar // Corral o terreno libre situado en la parte posterior de las casas, que se utiliza como huerto o para la cría de animales y a veces como desahogo.) y muchas veces una porción de tierra cultivable a la salida misma de la ciudad.

Estas concesiones de tierras, de acuerdo con la práctica castellana, eran absolutamente alodiales. Parece evidente que los cultivos, sobre todo el de granos, se llevaban a cabo en las tierras próximas a la ciudad, a juzgar por las referencias de las fuentes documentales. Raramente se menciona el cultivo de olivo, pero la viticultura, por otro lado, no hay dudas de que estaba profundamente difundida. La orden militar de Calatrava se esforzó en fomentarlo.

Mucho más importante, económicamente, que la agricultura de los cereales y la viticultura fue la ganadería explotada en la forma progresiva en que se desarrolló en la Península Ibérica más provechosamente que en ninguna otra parte del mundo medieval.

A partir de 1085, debido a la limitación de tierras de cultivo y de agua para riego en la meseta norteña, y a las condiciones militares de la Reconquista que favorecían la propiedad mueble por sobre la de tierras de cultivo y huerta, fáciles de destruir, puede verse una rápida expansión del pastoreo entre los nuevos poblamientos de la región Tajo – Duero, al norte de las Sierras Centrales y al sur de las mismas.

A partir de mediados del siglo XII este floreciente pastoreo castellano y la existencia de ricos pastos al sur de las llanuras del Tajo, debieron actuar como poderoso factor –hoy poco tenido en cuenta- en la expansión castellana hacia el sur.

En el siglo siguiente, con la final expulsión de los moros, bajo el reinado de Alfonso IX, Fernando III y Alfonso X, y con la posibilidad de explotar los más ricos pastizales de La Mancha y Extremadura, una rapidísima expansión de la industria ganadera tiene lugar en esta zona.

Este movimiento está muy claramente reflejado en el gran número de capítulos que fueros como los de Coria y Cáceres dedican a los derechos de pasto, impuestos y diezmos sobre el ganado, discusiones entre ganaderos, compensaciones por daños a las cosechas y asuntos parecidos.

Estas fuentes legales aclaran también tres problemas centrales de desarrollo de la ganadería en las zonas fronterizas de La Mancha y Extremadura; el rango social de los ganaderos, el sistema de pastoreo en que se basaba la industria ganadera y la evolución de nuevas instituciones que la regulaban.

La ganadería de la cuenca del Guadiana estaba en manos de las órdenes militares con sus grandes rebaños y hatos, o en las de muchos ganaderos de pequeña o mediana cuantía que vivían en las villas.

Como de costumbre, es difícil mencionar las cantidades, pero un pleito de 1243 entre los Templarios y la orden de Alcántara, sobre 42.000 ovejas en la vecindad de la villa de Ronda en el valle del Tajo, da una idea de la importancia de esta industria.

Por otro lado, había muchos ganaderos ciudadanos, caballeros villanos y hombres libres simplemente que tenían pequeñas o medianas cantidades de ganado. Su riqueza no estaba en las tierras, sino en ganado y en el preciado derecho de tener acceso a los pastos comunales de la villa y frecuentemente a los de las órdenes militares y a los de la corona.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

martes, 19 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 2 - El papel de las órdenes militares

Esta prolongada lucha, de la que hablábamos sobre el final de la entrada anterior, impuso cambios importantes en la organización militar castellana. Para moros y castellanos la interminable guerra era en sí mismo un conflicto típico de la llanura, en donde de cuando en cuando se llevaban a cabo grandes campañas con objeto de conquistar territorios poblados, más allá de la zona deshabitada, pero en las que normalmente se realizaban incursiones y ataques seguidos de inmediatas retiradas con las que se trataba de sorprender al enemigo, devastar sus ciudades y heredades y, acto seguido, retirarse a través de las llanuras intermedias, con prisioneros, ganado y otra clase de botín. Por esto la zona del Guadiana obligó a los gobernantes de Castilla y de León a un costoso sistema defensivo y a tremendos esfuerzos para mantener el control de las rutas de montañas estratégicas y los puertos en las montañas como el de Muradal (Despeñaperros).

Del fuero de Cuenca (1189-1190) y de otras fuentes semejantes se deduce que los ejércitos urbanos con que contaban castellanos y leoneses estaban adaptados a las exigencias de la guerra de llanuras incluían caballería de caballeros cillanos o de la nobleza menor, residentes en la villa, e infantería de peones, ciudadanos soldados libres, pero no nobles, y arqueros de a pie y a caballo.

Propiamente hablando, pues, la guerra de las ciudades fronterizas era una guerra económica. En las campañas, a juzgar por lo que se hacía en Cuenca, la costumbre era que el ejército se dividiera en dos partes iguales: la azaga, a cuyo cargo estaba la construcción de una base de defensa, y la algara, propiamente dicha, que salía de esta base para lanzar sus ataques relámpago al campo enemigo y regresaba a ella para esperar el inevitable contraataque.

Bishko dice que en la segunda mitad del siglo se producen algunos cambios. Lo que se necesitaba, además de estas fuerzas regulares, como la crisis almohade de 1155-1175 reveló, era un nuevo tipo de soldados, que acampados en las proximidades de los puntos de defensa de la frontera, en el valle del Tajo o más al sur, pudieran guardar castillos y fortalezas adelantados, que estuvieran constantemente alerta, y que quisieran llevar a cabo la conquista y colonización de La Mancha y Extremadura. Sobre este fondo se yerguen de pronto poderosas en la historia castellanoleonesa las seis grandes órdenes militares de los Templarios, Hospitalarios, Calatrava, Alcántara y las dos ramas de la de Santiago, San Marcos en León y Uclés en Castilla.

Estos guerreros paramonásticos, los caballeros freires (Caballero profeso de alguna de las órdenes militares), a quienes la regla de Calatrava describe como durmiendo vestidos y armados, y siempre prestos para montar sus caballos de guerra y atacar a los moros, fueron los que, con caballeros y peones vasallos de sus tierras constituyeron la protección normal de los poblamientos de la zona fronteriza y el persistente azote de los almohades.

La conquista castellana de la cuenca del Guadiana, excepto la de los más meridionales afluentes del río, se había terminado en 1235; pero la era de la colonización se extiende, por lo menos, hasta finales del siglo XIII. Los esfuerzos de los reyes para promover el poblamiento y el desarrollo económico de aquella zona dependen, casi exclusivamente, de dos entidades: la villa y la orden militar. La gran importancia que para la colonización del territorio entre el Duero y el Tajo tuvo, en el siglo XII el concejo real contrasta con el papel secundario que desempeñó en La Mancha y Extremadura.

Es cierto que los reyes fundaron villas y ciudades en sus tierras (que se hubieran regido por el concejo real), hubo notables ejemplos de aquellas, con gran autonomía; pero tales villas fueron comparativamente pocas, por un lado porque las aglomeraciones urbanas permanecieron dispersas en la región de las llanuras, y en parte porque gran porción de ese territorio fue puesta en manos de las órdenes militares.

Mucho más importantes que los concejos de realengo como centros de colonización, lo fueron las órdenes militares que a través de La Mancha y Extremadura dirigieron el poblamiento y castellanización de la zona fronteriza. La actividad militar era sólo una de las cuatro funciones de las órdenes militares, que gobernaban y administraban justicia por medio de sus capacitados grandes maestres o priores y por sus subordinados comendadores.

Hasta los días de los Reyes Católicos, el gobierno era potestad y monopolio de las órdenes militares, como lo reconocen las leyes reales y fueros cuando los monarcas hablan de “mi tierra y las de las órdenes”.
Las órdenes no sólo reemplazan al gobierno del rey, sino también el de la Iglesia secular, exentas de la jurisdicción episcopal por privilegios papales, administran sus iglesias de señorío, nombran los párrocos y reciben los diezmos. No menos de admirar es que las órdenes militares prohiban radicalmente el establecimiento de centros monásticos en su “tierra”, y como parte de Cáceres, Badajoz y otras ciudades de realengo no toleran que se regalen, vendan o cambien tierras a las órdenes religiosas, esta región de llanuras constituye una extraña zona sin monasterios, y es la única gran área donde las órdenes religiosas no desempeñan papel alguno en la vida religiosa.

Por último, las órdenes militares fueron activos agentes colonizadores en la zona fronteriza del Guadiana, por medio de concesiones de tierras a nobles, que emprendieron poblamientos en ellas, y establecieron por sí mismas ciudades y pueblos a los que concedieron, para atraer colonos, fueros liberales.

A pesar de esto, muchas de estas ciudades no pasaron nunca de ser pequeñas, y preponderantemente rurales en su estructura social y económica.

Fue debido a que el ambiente no era propicio para el crecimiento urbano, pero también porque con frecuencia las órdenes concedían a los pueblos una, en cierto modo, limitada autonomía y retenían varios derechos y privilegios señoriales. Además los colonos no podían sentirse atraídos al ver que no se aplicaban las leyes reales y que se prohibían las apelaciones al rey en casos judiciales.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

domingo, 17 de mayo de 2009

La Reconquista de La Mancha y Extremadura 1 - Introducción

Para esta nueva serie que comenzamos hoy con el relato de, como se anticipa en el título, la Reconquista del territorio manchego y extremeño, nos basamos en un trabajo de Charles Julian Bishko, llamado El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media, donde se revisan varios aspectos diferentes del avance castellano hacia el sur en esta etapa.

En este primer momento, lo que haremos será un repaso general a las condiciones que los reconquistadores tuvieron que afrontar, para luego meternos más de lleno en los aspectos que para Bishko resultan centrales: el político y el económico. Espero que disfruten de esta nueva serie.

El autor refiere que se acepta fácilmente, como generalidad, la profunda influencia de la Reconquista sobre el nacimiento y carácter de Castilla. Sin embargo, sólo en las últimas décadas historiadores eruditos han dicho que aquellos ocho siglos de avance hacia el Sur, a veces más rápido, otras veces más lentamente, no significaron simplemente una Ilíada de combates militares y políticos sino, sobre todo, una repoblación o recolonización medieval de la Península Ibérica. Vista así, la Reconquista se nos aparece como un auténtico movimiento de frontera, es decir, ocupación y desarrollo de territorios.

Este planteamiento suscita muchos problemas para el investigador; y al mismo tiempo sugiere la gran utilidad que tendría explotar comparativamente la notable serie de métodos e interpretaciones que la historiografía de la frontera ha producido, aplicándolos al estudio de otras fronteras, medievales y modernas, sin olvidar la de EE. UU., en donde el tema se ha estudiado con más intensidad, más acaloradamente.

A la luz de tales reflexiones, el historiador de la frontera puede reevaluar la gran región al sur de la Meseta Central de la Península, las ondulantes llanuras y aplanadas estepas comprendidas entre el valle del Tajo y Sierra Morena, que constituyen las provincias históricas de La Mancha y Extremadura. Los historiadores interesados en otros aspectos más típicos de la vida medieval europea han tendido a olvidar esta curiosa parte de España en donde todos los elementos faltaban o eran de importancia secundaria.

De este modo, la ocupación de la cuenca del Guadiana puede considerarse como una de las más interesantes etapas del prolongado avance. Sus problemas y las soluciones que se les dan están cargados de significados no sólo para la historia española, sino también para la sociedad pastoril de llanura que los castellanos transplantarían más tarde a América.

Los hombres de la frontera de la Castilla medieval en las mitades del norte y del sur de la meseta, lo mismo que los de Andalucía, se enfrentan con iguales dificultades al intentar establecer una nueva sociedad en áreas secas de llanura, expuestas a climas extremados, con agua insuficiente, con limitado suelo para cultivo, con vegetación xerofítica (los vegetales adaptados por su estructura a los medios secos, por su temperatura u otras causas) ; pero en La Mancha y Extremadura estas condiciones estaban más ampliamente representadas.

Además, la tierra estaba virtualmente despoblada, y bajo la amenaza militar de los almorávides y almohades, que detuvo o retrasó la Reconquista, de manera significativa, durante un siglo y medio.

La cuenca del Guadiana, todavía hoy, es una tierra de prolongados y abrasadores veranos y de frígidos inviernos sin nieve, de régimen pluvial inadecuado o irregular, con un alto grado de evaporación del agua y extremada permeabilidad del suelo. Su sistema de drenaje está formado por lagos y ríos que, como prolongadas extensiones del propio Guadiana –ancho y poco profundo-, se convierten en el verano en arroyos secos o minúsculos regatos (Arroyo pequeño. Remanso poco profundo).

El viento sopla todo el año y en la estación seca levanta de las grises estepas manchegas el polvo de la calina, pero de hecho sólo a fines de la Edad Media, cuando se intensificó la producción de cereales, se consideró como provechoso construir molinos de viento en una zona tan naturalmente adecuada para su uso.

Las condiciones climáticas y los suelos arcillosos, arenosos o de base salina son la causa de la falta de arbolado casi total de gran parte de la cuenca. La vegetación predominante es el matorral, que comprende varios tipos de arbustos leñosos.

Bishko desestima la teoría de Ignacio Olagüe, quien habla de brusco cambio climático a la hora de explicar la falta de vegetación en la región, porque carece de sustento; pero indica, sin embargo, que es muy probable que los territorios con buenos pastizales hayan sido más extensos durante la Edad Media que hoy día, luego del pastoreo excesivo de siglos y reiterados incendios estivales.

El autor anota la característica de que la hierba del Guadiana que ésta crece no solo durante la primavera, cuando la hierba abunda en la mayor parte de la Península, sino también y en forma copiosa durante el lluvioso otoño. Esto explica los grandes traslados, desde el norte, de ganado ovino y bovino, que tuvo un papel central en la historia de las regiones manchega y extremeña durante su periodo de tierras fronterizas.

La otra razón es de índole militar y consistió concretamente en que entre 1085 y 1235 La Mancha y Extramadura constituyeron el paso para las invasiones y los campos de batalla para los ejércitos beréberes con bases en Andalucía, así como para las fuerzas castellanas y leonesas reclutadas a ambas laderas de las Sierras Centrales. Durante siglo y medio la guerra fronteriza asoló las llanuras en cuatro momentos importantes:

1. El periodo almorávide (1085-1150), cuando bajo Alfonso VII se establecieron poblaciones permanentes en Coria (Extremadura) y Calatrava (La Mancha)

2. Las dos décadas extremadamente críticas (1155-1175) cuando los almohades, con sus feroces ofensivas, lograron anular todas las ganancias de Fernando II en León.

3. El periodo de 1175 a 1212 en que tuvo lugar la tan esperada llegada de los leoneses al valle del Tajo, que culminó en la victoria de Las Navas.

4. El periodo de 1212 a 1235, en que los almohades fueron desalojados de las partes que aún ocupaban en La Mancha y en Extremadura.

Fuente: El castellano, hombre de llanura. La explotación ganadera en el área fronteriza de La Mancha y Extremadura durante la Edad Media. Charles J. Bishko.

viernes, 15 de mayo de 2009

Hallan en Macedonia uno de los esqueletos más antiguos de Europa


Arqueólogos macedonios de la ciudad oriental de Stip han descubierto el esqueleto de un antepasado neolítico, de más de 8.700 años de antigüedad, uno de los más antiguos encontrados en el sureste de Europa, que será mostrado en público por primera vez el 18 de mayo.

Según los últimos análisis efectuados en la escocesa Universidad de Glasgow y presentados la semana pasada en Macedonia, el esqueleto de un hombre, hallado por casualidad hace un año, data del año 6.745 antes de Cristo. El margen de error no supera los 35 años hacia arriba o abajo.

Los restos del hombre del Neolítico se guardan ahora en el Museo de la pequeña ciudad macedonia de Stip. Los conservadores del museo han logrado juntar partes de restos óseos rotos del cráneo y lo harán ahora con la pelvis.

La historia del esqueleto del hombre neolítico de Stip comenzó un día primaveral, en marzo de 2008, cuando una compañía constructora excavaba en la zona un canal para el sistema hídrico local. El trazado del canal debía pasar por 47 yacimientos arqueológicos.

En Macedonia, pequeño país balcánico con una larga historia, hay unos 10.000 sitios arqueológicos, 250 de ellos en la zona de Stip. Debido a ese hecho, los especialistas tenían que sondear previamente la ruta del canal. El resultado fue el hallazgo de una nueva localidad del neolítico, Grncharica, y el día 18 de marzo de 2008, del esqueleto.

El mismo día le dieron el nombre de Slave Makedonski (Slave el Macedonio). Tras el importante hallazgo, el sistema hídrico de la zona tuvo que cambiar la ruta.

"Se acercaba la noche, el día parecía tan corto, y urgía excavar de inmediato" para sacar el esqueleto. "Alguien me pasó una caja de cartón que posiblemente recogimos en una tienda antes de llegar aquí. En la caja, estaba inscrito con un rotulador el nombre 'Slave'. Fue probablemente el nombre de un vendedor". Así contó a Efe, entre risas, el arqueólogo Trajche Nacev, del Museo de Stip, cómo encontró al hombre del Neolítico y cómo nació la idea de darle ese nombre.

Las investigaciones demostraron que el hombre murió a los 45 años, que en aquel tiempo remoto se consideraba una edad muy avanzada. Falleció de muerte natural, tenía los dientes muy sanos y los huesos duros como piedras, tras tantos siglos, explican en el Museo.

La localidad de Grncharica está a unos 120 kilómetros al sureste de Skopje, la capital macedonia. En sus cercanías está la diminuta aldea de Krupishte, en medio de la llanura de Ovce Pole (campo de las ovejas), a la que se puede acceder sólo o a pie o en un vehículo todoterreno.

"Aquí, en ese lugar, lo encontramos. A tan sólo 30 centímetros bajo la tierra reposaba nuestro abuelo Slave", indicó el arqueólogo Nacev, tras precisar que en el Neolítico la gente enterraba a sus muertos donde vivían, para que todos estuvieran juntos.

Asimismo explicó que en ese campo, la gente ha arado desde hace siglos y hasta la actualidad. Pero "la localidad neolítica ha quedado preservada de los arados con toda probabilidad gracias a que los surcos eran de poca profundidad", dijo Nacev.

"Posiblemente, la tierra que cubrió esa localidad no era de calidad ni buena para ararla en profundidad, y por eso ha quedado bien preservada, con todos los objetos que hemos hallado, junto con el esqueleto", indicó. Los objetos encontrados muestran que la localidad data de más de 7.000 años a.C.

A comienzos de año, muestras de unos 2 ó 3 gramos de restos óseos del hombre neolítico fueron enviados a la Universidad de Glasgow, en Escocia, para establecer la antigüedad de Slave por el método radiológico de datación por carbono 14.

El 18 de mayo, el esqueleto y otros objetos encontrados en Grncharica se exhibirán por primera vez en público y con exclusividad, en el Museo de Stip.

Publicada por el diario Infobae.

jueves, 14 de mayo de 2009

Imágenes recuperadas del fin de un mundo


Ayer publicábamos una entrevista del diario Clarín con la antropóloga Anne Chapman, y como para completar un poco el panorama hoy publica el diario Crítica esta interesante noticia que reproducimos a continuación sobre una muestra fotográfica en la que se exhibe el registro de Chapman y del P. Martín Gusinde en sus trabajos con los Selk'nam.

La antropóloga Anne Chapman conoció a fines de 1964 a Lola Kiepja, considerada una de las últimas selk’nam u ona, dado que había nacido en el marco de la conquista y vivió buena parte de sus años según las costumbres de su pueblo. Chapman contó que en el 64 Kiepja habitaba sola en una choza en una pequeña reserva en Tierra del Fuego. Calculó que tendría entre 85 y 90 años y supo que tenía doce hijos ya muertos, un bastón, carne y leña que le procuraban, entrenamiento de chamán, conocimiento del castellano y lucidez.

La antropóloga, nacida en 1922 en Los Ángeles, contaba con sus estudios de grado en México, un doctorado en Columbia y trabajo de campo en Chiapas y Ecuador bajo la dirección de Claude Lévi-Strauss y la invitación a unirse al equipo austral de la arqueóloga Annette Laming-Emperaire.

Ambas compartieron semanas en 1965, y tres meses más, un año después. Kiepja recordó, contó, incluso cantó. Chapman documentó. La grabó entonando en lengua selk’nam y tomó fotos impresionantes que a partir de hoy a las 19 se exhiben en “El fin de un mundo. Retrato de los selk’nam”, muestra curada por la escritora Sylvia Iparraguirre en la Biblioteca Nacional. El trabajo de Chapman, que incluye discos y un documental de aquella época, se mostró en los últimos meses en Ushuaia y en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires, acompañado de conferencias.


Su primer plano del rostro arrugado de Lola, ese que nos hace mirar de frente sus ojos brillantes, o el paisaje inhóspito, a veces poblado por rebaños de ovejas vistos de lejos, no son las únicas piezas que vale la pena descubrir o revisitar.


Chapman se basó en la investigación del austríaco Martín Gusinde, el único blanco que registró en 1923 el “hain”, ritual de iniciación selk’nam. Gusinde retrató hombres desnudos entre montañas con capuchones de nieve y agua helada, con el cuerpo pintado con rayas y máscaras; jovencitos en cuero a la intemperie con las caras también pintadas y gorros de piel. Chapman explicó que no se sabe exactamente cuántos eran los selk’nam. Gusinde calculó que antes de 1880 sumaban cerca de 4.000, dispersos en grupos pequeños. Kiepja falleció en 1966. Chapman dijo que quedaban entonces trece mayores de 50 años, la mayoría hijos de blancos mestizos.


Ella siguió investigando. Volvió al sur en 1967 para traducir la voz de Kiepja. Trabajó con una amiga de ella, Angela Loij, miembro de la misma etnia, que falleció en 1974. Emprendió largas expediciones a caballo. Halló un asentamiento yámana que resultó ser el primer sitio prehistórico de los indígenas fueguinos. Y, entre otros libros, publicó Los selk’nam de Tierra del Fuego (Cambridge, 1982) y La vida de los onas (Emecé, 1986/2007). Hoy, Cambridge está por imprimir su monumental volumen sobre los yámanas, que se titula European encounters with yaghan people of Cape Horn before and after Darwin (Encuentros europeos con yámanas del Cabo de Hornos antes y después de Darwin).

El sociólogo Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, escribió sobre esta muestra: “A la distancia, en esas imágenes de peones del sur, esquiladores en traje de domingo, bellas mujeres envueltas en piel de guanaco, adolescentes en ritos de iniciación, ceremonias fantasmales que quizá son el anuncio neolítico de nuestros ahora pobres carnavales, nos traducen los cimientos primeros de la vida en común que yacen ahogados en nuestras civilizaciones”.

Se podrá visitar en Agüero 2502, de lunes a viernes de 10 a 20, hasta el 14 de junio.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Entrevista con Anne Chapman

Bueno, no es que no me hubiera gustado hacerla, pero la entrevista, en realidad, la publicó el diario argentino Clarín en su edición de hoy. Es una entrevista breve y, si como les decía, hubiera tenido oportunidad de hacerla yo, hubiera preguntado algunas cosas más. Pero la verdad es que está bien.

De Chapman hemos utilizado aquí, hace ya un tiempo, su libro Los Selk'nam para hablar sobre El Origen del nombre "Tierra del Fuego". Es un libro muy lindo para leerlo, de abordaje sencillo, no hay que ser un especialista en la materia para saber de qué se está hablando y describe acabadamente las formas de vida de los selk'nam y el importantísimo ritual del Hain, central en esta cultura.

Hechas las presentaciones del caso, espero que disfruten de la entrevista.

La antropóloga francesa Anne Chapman habla como en susurros. Pero habla un español perfecto, que aprendió cuando vivió en México y Centroamérica, con los pueblos tolupanes. En eso estaba cuando, a principios de los 60', en París, alguien le comentó sobre la existencia de una última descendiente de un pueblo, el selk'nam (más conocido como ona), que se encontraba en una tierra lejana, la de Tierra del Fuego. Con la ayuda de Levis-Strauss, Chapman viajó hasta Ushuaia para entrevistar a Lola Kiepja, la ultima ona que vivió como tal. Luego de la muerte de Lola, Anne siguió yendo a Ushuaia, durante diez, veinte, treinta años. Se convirtió así en la única persona que recogió sus testimonios y documentos.

Usted conoce muchas culturas y formas de vida. ¿Cuál elegiría para vivir, la selk'nam, por ejemplo?

No me hubiera gustado ser selk'nam porque eran muy patriarcales. Quizás me hubiera gustado ser otro ser y no un ser humano, un cocodrilo o un gato, por ejemplo. Pero por lo menos estoy segura que no quiero ser un caballo ni un animal doméstico que se puede utilizar a veces cruelmente, como ocurre con los chanchos. Esta epidemia aparece ahora debido -en parte- al maltrato del animal, criado en condiciones de poca higiene, que son las que hay en algunas zonas de México.

Semanas atrás estuvo en Tierra del Fuego, donde intenta armar genealogías de los selk'nam. ¿Por qué son importantes las genealogías?

Es importante para las personas saber de dónde provienen. Pero las genealogías no son sólo los nombres de los individuos, sino también de la posición social y económica en las distintas épocas. Las genealogías, para mí, también tienen otro interés. Las que empecé a partir de Lola Kiepja muestran que luego, cuando llegaron las estancias a Tierra del Fuego, su vida cambió aunque no tan radicalmente como en otras partes de la isla. Lola falleció en 1966, así que también trabajé con otra gente. Gracias a ellos pude reconstruir esas genealogías que no abarcan muchas generaciones, sólo tres o cuatro. Lo que tiene de interesante, también, era saber a qué se dedicaba cada uno de los diferentes individuos. Algunos eran chamanes, otros profetas, otros campeones de diferentes deportes... Aunque todos vivían de la misma manera, o sea, de la caza del guanaco, o de una ballena varada que reunía a muchas familias. Al zorro no lo comían, sólo aprovechaban su piel. A veces los selk'nam pescaban y a veces recogían un poco de raíces, tenían una dieta poco variada, basada sobre todo en el guanaco.

¿Piensa que hoy existe interés por el conocimiento de etnias?

Creo que esa búsqueda tiene diferentes intereses en diferentes situaciones. Hay gente que simplemente se interesa por saber cómo vivían los bisabuelos. Pero también puede haber un interés de orden social, en el sentido de que está un poco de moda. Y también puede haber interés por las ascendencias europeas, en el caso de la Argentina, por ejemplo. O sea, un interés de orden personal. Pero eso está un poco explotado, se construye un poco una moda. También puede haber un interés económico. Si yo reivindico la parte indígena o criolla de la gente aquí, en Argentina, se puede reclamar derecho sobre el pasado.

¿Sobre la posesión de tierras?

Sí, y eso haría falta hablarlo. Por ejemplo, lo que pasa aquí con los mapuches. Ellos pueden interesarse en recuperar tierras, pero no tienen los documentos que digan que son su propiedad porque son originarios de ese lugar. Pero gracias a las genealogías ellos pueden trazar sus ascendientes, para apoyar este derecho a ciertas tierras, que en muchos sentidos les hacen falta para protegerse contra los grandes capitalistas que compran terrenos sobre los que no tienen derechos.

Más información:
Los primeros pobladores
Estela Manzur, una arqueóloga argentina que trabaja junto a Anne Chapman, aporta observaciones sobre el origen de los selk'nam y los primeros pobladores de Tierra del Fuego. "Lo que sabemos es que hubo algunos momentos durante la última glaciación en que el Estrecho de Magallanes estaba ocupado por un gran glaciar que de a poco se fue retirando, y que el nivel del mar estaba más bajo que el actual, por lo que existían puentes terrestres entre el sur del continente y el norte de la isla grande".