jueves, 26 de junio de 2008

Hallan cerámicas indígenas del siglo XVII en pleno Monserrat

Primero apareció un piso de baldosas en la profundidad de la obra, en un pasaje del barrio de Monserrat. Cuando siguieron removiendo escombros, quedó al descubierto la base de un conjunto de paredes construidas con ladrillos muy antiguos. La arquitecta del proyecto resolvió frenar los trabajos en ese sector y llamar al arquitecto Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología de la UBA, para que investigara. En sus excavaciones, el arqueólogo encontró los restos de dos casas de los siglos XVII y XVIII y fragmentos de cerámicas indígenas del 1600. Según el investigador, este último hallazgo es muy inusual porque ya casi no quedan vestigios del pasado más remoto de la Ciudad. El descubrimiento se hizo en Bolívar 373-375, un predio que alguna vez perteneció a Martín de Alzaga y, más adelante, a la familia de la malograda viuda de éste, Felicitas Guerrero (ver Con el sello...).

Hasta hace 15 años, allí funcionaba un pasaje comercial construido en 1884 por los Guerrero. También conocido como galería La Continental, ahora el pasaje está siendo reconvertido como hotel temático de tango. El actual no es el primer hallazgo: ya en 2005, el piso de otro sector de la obra se hundió y dejó a la intemperie un pequeño tesoro. "Aparecieron frasquitos de perfume y de medicamentos y restos de loza "relata la arquitecta Ana María Carrio, responsable del proyecto .

Entonces también recurrí a Schávelzon. Prefiero ir más lento con la obra pero rescatar los restos arqueológicos para la Ciudad". Aquella vez, el arqueólogo encontró algunas paredes del siglo XIX, y también un aljibe y su enorme cisterna, donde había desde bolitas de vidrio para jugar hasta pedazos de bacinillas que él reconstruyó. Casi todo de fines del siglo XIX y principios del XX. La nueva excavación está a apenas unos metros de la anterior. Unos cuantos metros en los que se resume la historia de Buenos Aires, desde su fundación hasta hoy , se entusiasma Schávelzon.

Es que esta investigación, financiada por la Dirección de Patrimonio porteña, significa un viaje a un pasado aún más antiguo. Aparecieron las bases de varias paredes, de entre 40 y 50 centímetros, pertenecientes a dos casas superpuestas anteriores a la galería cuenta Schávelzon . Una, del siglo XVIII, era la de la familia De la Peña, que fue la que le vendió la propiedad a Martín de Alzaga. Y la otra es anterior, del siglo XVII. Los cimientos de las dos están hechos con ladrillos partidos. A los enteros los reservaban para dejar a la vista . Aunque el descubrimiento más importante se escondía en la tierra que quedó entre las bases de las paredes de estas dos construcciones. En lo que suponemos que fue el fondo de las casas, hay humus muy antiguo dice Schávelzon .

Ahí encontramos una enorme cantidad de cerámica indígena, criolla y española de la primera mitad del siglo XVII. Esto es muy raro, porque las demoliciones ya borraron los rastros de ese Buenos Aires tan antiguo . Ayer, el equipo de Schávelzon seguía trabajando, apartando la tierra con un pincel para rescatar unos cuantos restos óseos. El especialista explicó que estimaba que eran de algún animal que sirvió de alimento a los habitantes de una de las casas hacia 1620. Mientras, otro de los colaboradores del arqueólogo lavaba algunos fragmentos de cerámica antiquísima, que eran distribuidos en bolsas para después poder volver a armarlos como si fueran un intrincado rompecabezas. Todos esos elementos servirán para reconstruir la vida porteña en el siglo XVII. Estas piezas serán exhibidas en el futuro hotel, un emprendimiento de la familia Cassará, dueña de los laboratorios que llevan su apellido.

Este hotel tendrá 23 habitaciones, galería de arte, restaurante y salón de convenciones. Los cimientos de las casas antiguas van a quedar a la vista debajo de un piso vidriado, con una iluminación adecuada anticipa Carrio . Y parte de la excavación de 2005 va a quedar al descubierto. Para nosotros, estos hallazgos son un valor agregado para el edificio.

miércoles, 25 de junio de 2008

París: descubren asentamiento de más de 7.000 años


Un asentamiento prehistórico de más de 7.000 años de antigüedad fue descubierto en el sur de París, cerca del Sena, anunció hoy el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (INRAP).

El sitio, el más antiguo jamás hallado en la capital francesa, data del Mesolítico (9.000 a 5.000 años antes de nuestra era); fue ocupado por cazadores y recolectores, que dejaron una gran cantidad de puntas de flechas de sílex de 1 a 3 cm, un percutor para tallar el sílex, raspadores de ese mismo material para trabajar las pieles, restos de cenizas y huesos de animales. Los pueblos que vivían en esa época eran nómades y cazaban ciervos, jabalíes o corzos.

Según la responsable de las excavaciones, Benedicte Souffi, la zona estudiada, que se extiende por unos 5.000 m2, situada en la parte sur de la capital francesa, debió ser ocupada en varias ocasiones.

Se supone que las tribus nómades llegaban hasta ese lugar para obtener el sílex de los aluviones del Sena, y tallaban allí mismo las puntas de flechas que fijaban luego con resina a una varilla. Entre los objetos encontrados, los arqueólogos recogieron "fragmentos de huesos que permitirán afinar la datación y determinar las especies que eran cazadas".

Las poblaciones del Mesolítico vivieron después de la desaparición del mamut y del reno, en un paisaje temperado donde el bosque remplazó a la estepa glacial. Según los arqueólogos, la zona de excavaciones en París está particularmente bien conservada porque fue cubierta muy pronto por el légamo del Sena y después, durante los siglos XVIII y XIX, por terraplenes destinados a proteger la ciudad de las crecidas del río.

Noticia e imagen aparecidas en el diario Perfil.

lunes, 23 de junio de 2008

La muerte en los navíos negreros


Buscando material para una investigación que promete llevar mucho (pero mucho) tiempo, me encuentro en la página de la Biblioteca del Congreso de la Nación, con este relato anónimo sobre las enfermedades y la muerte en los barcos que transportaban a los negros capturados en África, y posteriormente vendidos como esclavos en los mercados de las colonias españolas en América Latina. La imagen que acompana esta entrada es la de un barco negrero hacia 1765, obtenida de La Druida, donde se pueden leer más detalles acerca de estas embarcaciones.


“Durante más de setenta días, tuve que levantarme a las cuatro de la mañana y bajar hasta donde se encontraban los esclavos, para ver los que habían muerto y auxiliar a los moribundos. Me vestía a las siete y suministraba remedios a más de cien lisiados o enfermos. A las diez, asistíamos a los blancos de la tripulación y atendíamos nuevamente a blancos y negros a las cuatro de la tarde. A las seis, conducíamos los esclavos a sus lugares de descanso, previa revisación de toda su ropa, precaución, ésta, dictada por el temor de que tuviesen armas escondidas, cuchillos, clavos, etc. A las ocho de la noche, administrábamos los remedios indicados para esa hora y luego, a las doce, suministrábamos a los enfermos una pequeña dosis de agua medicinal. Sus indisposiciones requerían una vigilancia especial, para evitar que bebieran mucha agua. La preparación y composición de los remedios llenaban gran parte de las horas restantes. Podría decirse con toda verdad, que el señor Juan Abato, primer cirujano, y yo, éramos esclavos de los esclavos. Ningún galeote trabajó más, remando, que nosotros, con el evidente disgusto de comprender que todo nuestro trabajo era vano. La hidropesía fue enfermedad fatal. De cuatrocientos cincuenta y cinco esclavos entre hombres y mujeres, sepultamos más de la mitad. La hidropesía se originó en individuos no acostumbrados al encierro, debido a la falta de ejercicios y a la reducida alimentación de porotos, arroz, etc. La enfermedad determinada por estas causas, hubiera hecho difícil su curación en tierra, a bordo resulta irremediable, acrecentando su gravedad, la aparición del escorbuto.”

(Anónimo), “Viaje al Río de la Plata” (1752-1756) en Anuario de Historia Argentina, año 1940. Buenos Aires, 1941.

viernes, 20 de junio de 2008

Afirman que Karl Marx estaba enfermo de la piel por culpa del cigarrillo


A esa conclusión han llegado los profesores de medicina alemanes Rudolf Happle y Arne König, de la Universidad de Marburg, que basan sus conclusiones en estudios clínicos e informes históricos sobre el autor de El Capital.

La Universidad de Marburg informó este viernes que ambos profesores consideran que "la enfermedad dermatológica del conocido padre de la doctrina comunista es un ejemplo ilustrativo de las graves consecuencias del consumo de tabaco".

Karl Marx sufrió durante años dolorosos abscesos y fístulas en las axilas y las ingles, así como en torno al ano, señalan los expertos germanos en un estudio que publicará el mes próximo el "British Journal of Dermatology" y que ha sido adelantado por su facultad.

A su juicio ese mal tenía su origen en el elevado consumo de tabaco, como lo demuestra un estudio realizado por Happle y König con pacientes que padecen esa enfermedad y de los que el 89 por ciento eran fumadores empedernidos.

De ese estudio, así como de otro similar realizado anteriormente y que ofreció resultados muy parecidos, los profesores de Marburg sacan la conclusión de que fumar es, "con elevada probabilidad, una de las causas fundamentales de la hidradenitis supurativa".

Noticia e imagen obtenidas de Revista Ñ

martes, 17 de junio de 2008

La historia antigua no es superflua - Marcelo Campagno

En primer lugar, me parece importante contarles a mis lectores y lectoras que en las últimas semanas no he tenido la oportunidad de ir publicando material porque se ha sucedido una serie de cambios a nivel personal -que no vienen al caso ahora-, a los cuales se ha sumado la alta demanda que el profesorado presenta siempre en estas épocas (trabajos, parciales, finales, y el prolongadísimo etcétera que seguramente todos conocen).

Hoy lo que les quiero presentar es una entrevista que, aunque Página 12 la publicó hace un tiempo considerable, estaba releyendo con renovado interés por varias cuestiones, una de las cuales es que me encanta todo lo relacionado con las culturas antiguas. Lo que dice este estudioso es bastante interesante, me parece, en el sentido de que pocas veces se encuentran especialistas que puedan conceptualizar de manera que todos, sin importar el nivel de estudios que cada uno tenga, lo podamos entender correctamente.

La entrevista es larga, pero es muy fácil de leer, mérito de Campagno, que sabe explicar, y del periodista, que sabe preguntar. Que lo disfruten.

–Bueno, por qué no me cuenta qué hace de su vida.
–Soy doctor en historia por la Universidad de Buenos Aires, secretario del Instituto de Historia Antigua Oriental de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet. Trabajo en la Cátedra de historia antigua 1 de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

–¿Qué hace un egiptólogo en la Argentina?
–La palabra egiptólogo suena a algo raro y esotérico, pero dista mucho de ser eso. Es un tipo que piensa en el pasado a partir de algunas formas especiales que se dieron en el pasado. A mí me interesa salir de esa idea de que la historia antigua es superflua. Se valora demasiado la historia argentina y se le resta importancia al resto. “Como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de estancias y no del universo”, diría Borges. El universo no es sólo de los europeos sino nuestro también. Pensar en la historia antigua es una actividad intelectual interesante, y ése es el trabajo de un egiptólogo: pensar cómo funcionaba una sociedad distinta a la nuestra.

–Pero lo que yo decía es que el problema de la lejanía de la evidencia existe.
–Sí, eso es cierto. Incluso un arqueólogo egipcio, que trabaje en Egipto, conoce poco: su lugar y nada más, el resto debe verlo en la bibliografía. Entonces es una dificultad relativa. El punto es el siguiente: en Argentina no vamos a ser nunca los mejores arqueólogos egipcios, pero la batalla en el plano teórico, de interpretación y de las ideas se puede dar, y se puede dar bien. Las cosas que tenemos para decir los argentinos no son de segunda.

–Bueno, por qué no me cuenta cuál es su tema de investigación.
–Mi tema central de investigación es la aparición del Estado. Egipto y Mesopotamia son las dos regiones donde aparecen primero organizaciones sociales de tipo estatal.

–¿Y China?
–China es posterior.

–¿China es posterior?
–Sí, la aparición del Estado en China se da en torno al segundo milenio antes de Cristo, en cambio en Egipto es de finales del cuarto: entre el 3500 y el 3000 A. de. C. tenemos tanto en la Mesopotamia como en Egipto las primeras organizaciones estatales.

–¿Antes de eso qué había?
–Para el quinto milenio A. de C...

–Qué lejano suena eso...
–Y, sí. Tenemos comunidades que comienzan a hacerse sedentarias, que pasan de ser cazadoras y recolectoras a ser agrícolo–ganaderas: lo que se suelen llamar tribus.

–Ubiquemos un poquito: en el quinto milenio A. de C., o sea más de cinco mil años antes de nuestra era, la franja del Nilo era mucho más ancha que ahora. Hay una influencia tribus de adentro del Sahara que migraban por la sequía, o algo así. ¿Cómo es esa historia?
–Hasta el sexto milenio antes de Cristo la situación climática era bastante distinta a lo que es ahora. El actual desierto del Sahara no era tal, sino que era probablemente una especia de sabana, había muchos más animales, vegetación y población humana, la composición social era distinta. El Nilo, por supuesto, seguía siendo una zona verde que podía interactuar con todo el norte de Africa. A partir del sexto milenio empieza a haber un decrecimiento de la humedad; las zonas se empiezan a secar, y empieza a haber cierta concentración poblacional hacia el Nilo, ya que éste conserva todavía humedad, vegetación.

–¿En Egipto tenemos los dos reinos?
–La imagen tradicional supone esta idea de que hay un reino en el Sur, el del Alto Egipto y un reino en el Bajo Egipto, en el Norte, que entran en guerra y de la cual resulta que el sur conquista al norte, unificándose. En realidad desde hace muy poco tiempo esa teoría empezó a deshacerse, especialmente porque no hay en el norte, lo que sería el Bajo Egipto, evidencias arqueológicas que indiquen que hubo ahí algo similar a lo que se advierte arqueológicamente en el sur: no se encontraron enterramientos con grandes riquezas, ni santuarios funerarios. En los últimos años las posiciones teóricas afirman que debieron haber aparecido pequeños estados en el sur de Egipto que se habrían unificado entre sí y que luego habrían avanzado territorialmente hacia el norte. Lo importante es preguntarse qué significa lo estatal en el inicio.

–¿Y qué significa?
–Depende de la posición teórica de cada investigador. Si se parte de una posición marxista se busca un estado con características específicas, si la posición es weberiana se verán otras. Mi posición se basa en lo que Weber llamaba “monopolio legítimo de la coerción”. Esto significa que haya un sector reducido de la sociedad que tenga la capacidad de imponerle su voluntad al resto de la sociedad, pudiendo hacerlo porque dispone del monopolio de la fuerza.

–El Estado.
–Sí. En las sociedades no estatales puede haber un jefe, cierta diferenciación social, pero no existe el poder que otorga el monopolio legítimo de la fuerza. En términos antropológicos son sociedades de jefatura, sociedades donde mayormente existe una relación de parentesco y alguna figura de liderazgo. Por decirlo de algún modo, el jefe es el primero de la aldea, que se destaca por algo en particular y que puede llegar a lograr que su hijo lo suceda. Un buen ejemplo de tribus son las latinoamericanas, digamos las que vivían en el territorio argentino previo a la expansión del Estado y la conquista.

–Y exterminio.
–Sí. Fíjese que en esas tribus los líderes no disponen del monopolio legítimo de la coerción. Los jefes actúan de acuerdo a las tradiciones y a las normas que da el parentesco.

–Volviendo a Egipto.
–En la segunda mitad del cuarto milenio, del 3500 en adelante comienzan a extenderse los bienes de prestigio, bienes que provienen de otras regiones y que son demandados por los jefes para ostentar su resonancia social. Una idea un poco ilustrativa: cuando los españoles cambiaban plata por espejitos de colores, lo común es pensar que engañaban a los indios. Pero desde el punto de vista del indígena, los espejitos de colores eran más valiosos que el oro, porque el oro lo disponían en abundancia y los espejitos de colores eran como caídos de la luna. Para ellos era un símbolo de ostentación que los hacía distinto al resto. Estos bienes comienzan a aparecer en los entierros.

–En Egipto...
–... el más paradigmático de todos es el lapislázuli, la piedra azul, que las únicas minas de la antigüedad quedaban en Afganistán. No se supone que haya habido un comercio con Egipto. Y acá se pueden articular tres líneas de pensamiento que venimos manejando (la de los bienes de prestigio, de la guerra y la de la existencia de líderes). En torno de los bienes de prestigio hay algo interesante. Hay una demanda permanente, porque se entierran con uno. Entonces no hay mayores problemas, porque se van robando entre ellos y siempre hay demanda. Pero si pensamos que el resultado de las guerras va a ser una organización sociopolítica donde unos mandan y otros obedecen, entonces debemos concluir que en determinado momento se tuvo que haber generado otra cosa, que el simple robo recíproco.

–Entonces, la línea que usted maneja es la de la construcción de pequeños estados a través del intercambio de bienes de prestigio.
–Exacto, a través del intercambio y de la disputa. Hay excedentes a nivel de las sociedades de jefatura, pero es una producción que no genera necesariamente la aparición del monopolio de la producción porque se siguen rigiendo por lazos de parentesco que evitan que se le imponga una voluntad coercitiva. El Estado, cuando emerge, potencia la posibilidad de producción de excedentes. El ciclo de producción, antes, no intentaba producir grandes excedentes sino cumplir con las necesidades básicas de productores y jefes. Cuando ya están cumplidas, se detienen.

–Claro, porque son nómades. No necesitan excedente. Incluso el excedente es una molestia, algo más que transportar.
–No es requisito que sean nómades. Hasta las sociedades sedentarias detienen el ciclo de producción cuando están satisfechas las necesidades.

–¿Cómo es eso?
–No se sigue trabajando. En las sociedades no estatales no hay una lógica de maximización de las ganancias. Se trabajaba mucho menos que en la nuestra. Con cuatro o cinco horas diarias bastaba. Cuando aparece el Estado, entra en escena el tributo y la lógica cambia.

–¿Se dio en algún momento un tipo de Estado burgués?
–Sería un poco forzado interpretarlo como burguesía. Se puede interpretar que hay comercio, pero los mercaderes están vinculados con la esfera del palacio o de la institución estatal. El comercio extraestatal es de muy poca escala. Nunca son completamente independientes. El monopolio legítimo de la fuerza no es debido a la ley escrita, porque en Egipto no hay ley escrita. El concepto de legitimidad es distinto de la legalidad. Lo legítimo puede no ser legal y lo legal puede apartarse de lo legítimo.

–Bueno, ¿qué es lo legítimo en Egipto?
–Lo que es socialmente aceptado y no resistido permanentemente. Si no fuera aceptado sería un poder fáctico, algo así como “te parto la cabeza mientras tenga la posibilidad”. En Egipto el rey era un dios, no un representante del dios sino un dios él mismo. Eso, por supuesto, legitima aún más las cosas. Entonces legitimidad es una combinación entre representaciones compartidas, procesos de legitimación del Estado y uso de la fuerza.

–¿Y la religión qué papel juega en todo esto?
–Paralelamente a estas líneas de investigación, se estudia cómo se advierte el mundo de los dioses egipcios en los relatos que hay sobre ellos. Horus y Seth son los dos grandes dioses que se pelean por la realeza en Egipto. Horus es halcón y rey, y Seth es su tío y el asesino de su padre, Osiris. La mitología de estos dos dioses resume la disputa por el poder. Si bien algunas veces se habla de guerras o de combate cuerpo a cuerpo entre los dioses, uno de los mitos se resuelve a nivel judicial. Se presentan ante un jurado de dioses egipcios (la Enéada) donde cada cual plantea sus argumentos de por qué tiene que ser rey. La Enéada favorece a Horus porque es el hijo de Osiris, lo cual demuestra que aun el parentesco es decisivo. Sin embargo, Seth rechaza los veredictos y propone hacer una competencia para demostrar quién es más fuerte. La Enéada lo acepta. Entonces inevitablemente surge preguntarse: ¿Qué clase de jurado es éste que no puede imponer un veredicto?

–Algo parecido seguramente a lo que pasaría en las sociedades no estatales.
–Claro, si uno ve etnográficamente cómo se resuelven conflictos en las sociedades no estatales pasa algo parecido. Como no hay Estado, como no hay alguien que pueda imponer el veredicto, hay que negociar. Y la negociación puede ser eterna porque no hay nadie que tenga la capacidad de decidir.

–¿Cómo se resuelve el relato entonces?
–Al final interviene el propio Osiris, que es el rey que ha sido asesinado, pero que como es un Dios ahora es el Dios de los muertos, y dice: “O le dan la realeza a mi hijo Horus, o les voy a mandar un mensajero que va a arrancar los corazones a los que no hacen lo que deben hacer”. Y ahí cambia todo: la misma Enéada que hasta ese momento no podía imponer nada, manda a traer encadenado a Seth, le exige que acepte el veredicto, y él lo acepta sin inconvenientes. Hay un cambio de lógica: apareció el Estado.