jueves, 28 de febrero de 2008

Subastan una "lista negra" de Hitler que incluía a Charles Chaplin y Albert Einstein


Una lista de personalidades odiadas por el dictador nazi Adolfo Hitler, entre los que se encontraban Charles Chaplin y Albert Einstein, se subastará en los próximos días en el Reino Unido, informó hoy la prensa británica.

La subasta de la publicación será realizada por una casa de remates de Shropshire, Inglaterra, según precisó el diario londinense The Daily Mail en su edición digital.

El libro, llamado "Juden Sehen Dich An" (Los Judíos te están espiando), fue elaborado en la década del '30 por el activista antisemita Johann von Leers bajo órdenes de Hitler.

La lista califica a Chaplin de "seudo judío" e incluye a 95 figuras internacionales como el científico Albert Einstein, entre otros.

"El libro tenía como objetivo principal el ataque a los judíos en todo el mundo y alertaba al pueblo alemán de que esta personas formarían una red internacional encaminada a dominar el mundo", dijo el subastador Richard Weswood Brookes, titular de la casa de remates.

El especialista explicó que "cada supuesto líder judío aparece con una fotografía o un retrato a lápiz. Lo más notable y extraño es la inclusión en el libro de Charles Chaplin".

"Chaplin es atacado en la sección de artistas y se sugiere que era de procedencia judía, por lo tanto se lo calificaba de seudo-judío", afirmó Westwood-Brookes.

Y agregó: "Este material histórico nos sirve para darnos cuenta que pasó y qué pudo haber pasado. Es fácil verlo en una película, pero cuando tenemos en nuestras manos un material original como éste es aterrador".

Noticia aparecida en el diario Ámbito Financiero

Imagen: Charles Chaplin, de La Curiosité

martes, 26 de febrero de 2008

El panteón fenicio

El sistema de dioses y dioses en la religión fenicia influenció a muchas otras culturas, pudiendo establecerse gran cantidad de similitudes y paralelismos. En algunas ocasiones, los nombres de los dioses sufrieron pequeñas modificaciones; e incluso muchas leyendas mantienen profundas similitudes entre aquellas narradas en la cultura originaria y aquella que pide “prestados” estos relatos y divinidades. Entre las culturas con influencias fenicias se puede contar a egipcios, babilonios, asirios y persas.

Grandes marineros, los fenicios invocaron primeramente a aquellos dioses que les aseguraran un viaje seguro, permitiéndoles atravesar tormentas, evitar peñones y rocas que hundieran sus embarcaciones y alcanzar puertos hospitalarios que les ofrecieran refugio de las hostilidades de la naturaleza y los hombres. Esas fueron, sin duda, las principales peticiones en las rogativas de los fenicios hacia el dios Resheph.

Los fenicios adoraban a una tríada de deidades, cada una de las cuales tenía diferentes nombres y atributos de acuerdo con la ciudad en que recibiera culto, a pesar de lo cual la naturaleza básica de estas deidades permanecía inalterable.

El dios principal era El, protector del universo, y también llamado Baal. Su hijo, Baal o Melkart representaba el ciclo anual de la vegetación, y estaba asociado a la deidad femenina Astarté en su rol de diosa maternal.

A ella se la nombraba como Asherar-yam -nuestra señora del mar- y en Biblos era Baalat, nuestra querida señora.

Las estatuillas de Astarté eran dejadas a modo de ofrendas en capillas y santuarios, pidiendo en general por buenas cosechas, salud para los niños, y protección y tranquilidad en el hogar. La tríada divina de los fenicios fue tomada en diverso grado por culturas vecinas, y Baal y Astarté tomaron, eventualmente, el aspecto de otras deidades.

Algunos de los dioses del panteón fenicio:

Adón(is): El dios de la belleza joven y la regeneración (similar al griego Adonis)

Anath: la diosa del amor y la guerra, la doncella (similar a la griega Afrodita)

Ashera: o Baalat Gubl, la diosa de Biblos

Astarté (ashtarte): la reina del cielo (similar a la griega Hera)

Baal (El): el señor del Universo, hijo de Dagan, jinete de las nubes, todopoderoso, señor de la Tierra (Similar al griego Zeus y al romano Júpiter)

Baal-Hammon: el dios de la fertilidad y renovador de todas las energías en las colonias fenicias del Mediterráneo occidental (similar al griego Cronos o, en algunos aspectos a Zeus)

Eshmun: o Baalat Asclepius, el dios de la sanación

Kathirat: diosas del matrimonio y los embarazos

Kothar: Hasis, el habilidoso, dios de los trabajos manuales

Melkart (Melqart): rey del mundo subterráneo y del ciclo de la vegetación (similar al griego Heracles)

Mot: dios de la muerte

Resheph y Shamash (Samás): dioses del fuego, el relámpago, la plaga y el caos.

Shahar: dios del amanecer

Shalim: dios de la oscuridad

Shapash: la diosa Sol

Tanit: Diosa reina de Cartago, la Diosa Madre, reina de la buena fortuna y la cosecha

Yamm: (probablemente) el dios del mar.

Yarikh: el dios Luna.

Esta lista no es completa, y los cartagineses no formularon escalas de dioses en la forma en que lo hicieron los fenicios. Varios dioses egipcios eran asimismo adorados por los cartagineses, como el pequeño dios enano Bes.

Fuente: Wikipedia (en inglés)

Imagen: Wheel of the year (en inglés)

lunes, 25 de febrero de 2008

Más sobre la cultura Chimú


Hace un tiempo escribí una entrada sobre la ciudad Chimú de Chan Chan. En esa entrada yo no hacía mención al hecho de que la misma es la más grande ciudad de barro que hay en América, cuestión en la que gentilmente zUb, de ArqueoHistoria, me puso al tanto.

Más recientemente, un lector anónimo me dejó en los comentarios de esa misma entrada los enlaces de dos videos que ahora comparto con ustedes.





Como podrán apreciar los lectores habituales de este espacio, la entrada ha sido modificada, gracias a las artes informáticas de Niklaus, de universo.Babel, quien me proporcionó las herramientas necesarias.

Para ver los videos en su contexto original, toquen en los siguintes enlaces:

"El hombre y el barro".

"Trabajadores: Chan Chan revive".

La foto que acompaña esta entrada es de Skycrapercity.

viernes, 22 de febrero de 2008

Las últimas rebeliones indígenas


En 1924 la "Reducción de Indios de Napalpí", asentada en terrenos cedidos por el gobierno nacional, estaba habitada por integrantes de las parcialidades mocoví y toba. El título de ocupación de esas tierras era de carácter precario, y se les exigía a los pobladores la entrega de un porcentaje de su cosecha de algodón.

A esta quita se sumó un importante crecimiento de la población de la colonia, con lo cual las condiciones de hacinamiento y la creciente pobreza fueron determinantes para el estallido de Napalpí.

Los indios siguieron a sus caciques-chamanes Pedro Maidana (mocoví), José Machado y Dionisio Gómez (tobas), que anunciaban la próxima resurrección de los muertos. Al tiempo que los reclamos de los aborígenes tomaban impulso, entre la población "blanca" comenzó a correr el rumor de que aquellos se estaban armando. La opinión pública pedía una represión ejemplar y el gobernador iniciaba negociaciones -que no tendrían éxito- tendientes a calmar los ánimos.

El punto cúlmine en el crescendo de la tensión fue el asesinato del chamán Sorai, y el asesinato de un turista francés, venganza supuestamente ejecutada por los indios. Los aborígenes se atrincheraron en la Reducción, pero no estaban armados y no esperaban un conflicto de esas características.

Lo cierto es que el 19 de julio de ese año, mientras realizaban un baile ceremonial, creyendo que ello evitaría que las balas les hagan daño, las fuerzas nacionales abrieron fuego sobre la muchedumbre matando a unas doscientas personas, entre ellas los caciques Maidana y Gómez.

Durante este "fusilamiento masivo", se dispararon cinco mil balas, y muchos de los muertos fueron posteriormente mutilados.

Otro caso significativo de rebelión popular indígena en el siglo XX son la de Tapanaik, que entre 1933 y 1934 "soñó" la llegada de aviones con cargamentos que pondrían fin a la pobreza de los indios, los aviones jamás llegaron , sus seguidores iniciaron una rebelión y Tapanaik fue a parar a la cárcel.

El último ejemplo es el del chamán Natochi, un líder de tobas y mocovíes reunidos entre 1935 y 1937 en el actual Departamento de General San Martín. Natochi predicaba la vuelta a los valores tradicionales, profetizaba una era de abundancia y entregaba "bastones" a sus seguidores para transferirles poder.

El movimiento de Natochi culminó, nuevamente, en represión por parte del poder nacional y la huida del líder.

Fuente: Los hijos de la tierra. Carlos Martínez Sarasola

Imagen: aborígenes de la Reducción de Napalpí, de ONI.

Exhiben por primera vez los "secretos" de la Inquisición


Roma - Una década después de la apertura oficial de los archivos del Santo Oficio del Vaticano, numerosos documentos raros y preciosos son exhibidos por primera vez al público en una exposición organizada en Roma con el fin de develar los "secretos" de la temida época conocida como la Inquisición.

Bajo el título "Raros y preciosos", la muestra abierta al público desde hoy y hasta el 14 de marzo en el céntrico Vittoriano, permite descubrir el ambiente religioso, cultural, artístico, literario y político en el que surgió el tribunal eclesiástico, instituido en el siglo XII para acabar con la herejía.

Entre los documentos expuestos, muchos de ellos frágiles, escritos con tintas vegetales, figura el sobrecogedor índice del archivo del tribunal, el misal de un santo del siglo XVII que creía ser la reencarnación de Cristo, así como las primeras plantas de los barrios judíos de Italia y los decretos con los que la Iglesia ordenaba censurar libros.

Inaugurada con ocasión de un seminario en Roma sobre la historia y los archivos de la Inquisición, la exposición exhibe sobre todo documentos únicos e inéditos
y evita presentar los célebres instrumentos de tortura con los que la Inquisición y el Santo Oficio pasaron a la historia.


"Gozaba de muchas competencias, en principio todo tenía que ser revisado por el Santo Oficio", explicó a la prensa Marco Pizzo, entre los curadores de la exposición junto con Alejandro Cifres, director del Archivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ex Santo Oficio.

Para dar a conocer otra visión de ese momento histórico, los curadores se sirvieron de los documentos guardados por siglos en el Vaticano y que tan sólo desde hace una década pueden ser consultados por historiadores y estudiosos.

"Se descubre una imagen del Santo Oficio muy diferente a la que pasó a la historia. Su tarea no era sólo reprimir y censurar sino que abordaba otros ámbitos", sostiene Pizzo.

Entre las curiosidades exhibidas se encuentra el modelo del Santo Oficio con el que se ordena realizar el retrato de Pío V y las anotaciones de las censuras a los textos del célebre escritor italiano de inicios del Renacimiento, Ludovico Ariosto, autor del célebre poema Orlando furioso.


Noticia aparecida en el diario Perfil.


Imagen: tribunal de la Inquisición, del Portal Planeta Sedna.

jueves, 21 de febrero de 2008

El mito de Inulpamahuida

Este es un extraño ser mitológico. Se trata de un árbol animado y carente de raíces, cuyas ramas terminan en ganchos y que trepan por las rocas en cualquier punto de la montaña.

Lo estiman como un aliado de la machi (persona que tiene la función de autoridad religiosa, consejera y protectora del pueblo Mapuche), que lo invoca para anular la acción maléfica de otros espíritus adversos que viven en la fronda. Su nombre, en mpaudungún (habla de la Tierra), significa: "trepador de la montaña" (Inulpa, forma evolucionada de huenulún, trepar y mahuida cerro).


Respecto de las tradiciones y la identidad, en la Revista Pachamama se menciona que "la importancia de la tradición arraigada (...) expresa que los mitos se aceptan sin cuestionamientos. El mito es un hecho real, con la realidad del saber, conocido y elaborado por las sociedades originarias, y que constituye el fundamento de una vida y cultura propias. Si estas particularidades hubiesen sido opacadas desde sus comienzos, la comunidad mapuche carecería de uno de sus pilares básicos".

Fuentes: Diccionario de Mitos, Revista Pachamama.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Lamentables descuidos del patrimonio histórico argentino


En junio del año pasado un grupo de personas robó del Museo Histórico Nacional un reloj que el rey Jorge III de Inglaterra le había obsequiado al general Manuel Belgrano. El viernes pasado, una banda de ladrones, utilizando la técnica del boquete, penetró en el Museo del Banco de la Nación Argentina y sustrajo una valiosísima colección de monedas, valuada según el diario Clarín en unos setecientos mil dólares.

Tristemente, resulta obvio que para las autoridades locales el patrimonio histórico es de nula o escasa importancia, sobre todo cuando se lee en Clarín que los ladrones de la colección de modenas contaban información "muy precisa".

En fin, no me parece que esto sea más grave que los severos problemas de desnutrición y muerte por inanición de niños y niñas de escasísimos recursos, pero sí me parece lamentable la desidia con la que se manejan este tipo de asuntos: el reloj de Belgrano ya no apareció (el responsable del MHN fue sobreseído en la causa), y no hay por qué guardar distintas esperanzas para esta colección de monedas, que seguramente en pocos días más tendrá nueva vitrina en la casa de algún rico traficante.

A continuación, un extracto de la noticia publicada hoy en el diario Clarín:

Un robo audaz, pensado al detalle y con información muy precisa, se cobró la mayor colección de monedas históricas que había en la Argentina. El viernes a la noche, una banda de ladrones entró al Museo Histórico del Banco Nación, junto a Plaza de Mayo, y se llevó casi todas las piezas que había en sus vitrinas. Según los especialistas el botín está valuado en unos 700.000 dólares.

Esta colección, que llevó 40 años para su armado, tenía entre sus monedas más destacadas una de 1836, con la imagen de Juan Manuel de Rosas, tasada en 140.000 dólares. Una acuñada en 1881, que perteneció a Carlos Pellegrini, que vale 50.000 dólares y la primera moneda argentina acuñada en oro, de 1813, también de 50.000 dólares.

Los ladrones también se llevaron la colección completa de monedas de La Rioja (1821-1860) y toda la colección argentina del siglo XIX. Además faltan monedas de Tucumán, Salta y Córdoba desde 1817 a 1854.


Imagen: El reloj de Belgrano, del diario Clarín.

martes, 19 de febrero de 2008

Waka Taua



En maorí y en el inglés de Nueva Zelanda, Waka es el nombre que se da a las embarcaciones maoríes, mayormente canoas cuyo tamaño varía entre las más pequeñas -que no llevan ornamentación alguna (waka tiwai)-, usadas para la pesca y la navegación de ríos, y otras mucho más grandes canoas de guerra decoradas (waka taua), de hasta unos 40 metros de largo.


Según diversas fuentes, los maoríes exploraron el Pacífico durante siglos hasta que hacia el noveno de nuestra era comenzaron a hacer viajes de exploración más prolongados y en ellos descubrieron una isla grande, fértil a la que llamaron Aotearoa, "la tierra de la larga nube blanca", y que hoy conocemos con el nombre de Nueva Zelanda.

Las waka taua (canoa de guerra) eran grandes embarcaciones impulsadas por 80 remeros. Muchas de ellas eran simples troncos de pino kaurí ahuecados. Las waka más grandes, usualmente con una elaboración y decoración más compleja, podían llegar a consistir de varias piezas.

Aunuqe las waka taua ya no son usadas para la guerra, el resurgimiento de la cultura maorí ha propiciado la construcción de estas canoas, pero ahora con fines ceremoniales.


Además de los remeros, las waka maoríes contaban con una vela en forma de triángulo invertido, de hecho, los maoríes exploraron gran parte del océano hacia el sur en sus waka hourua, naves de "doble casco", en las que las velas permitían desarrollar una velocidad mayor que utilizando los remos.

Fuentes: Wikipedia (En inglés), Candamo, y Garvan Laing.

Imagen: The Encyclopedia of New Zealand (En inglés).

lunes, 18 de febrero de 2008

La aparición de las villas miseria en Buenos Aires


Las denominadas villas miseria, bolsones de pobreza nucleados alrededor de los grandes centros urbanos y actualísimo drama social, tienen su origen en la década de 1930, cuando debido a la crisis económica que atravesaba el campo en Argentina, y a la floreciente industria nacional, se produjo una masiva migración de la población del interior del país hacia la capital.


Una de las más conocidas es el Barrio General Belgrano. Si bien este es su verdadero nombre, se la conoce más como Ciudad Oculta, a partir de que en 1978 la dictadura militar mandara construir un muro circundante para ocultar la miseria circundante a los ojos de los visitantes extranjeros.


Surgida en 1937, originalmente vivieron en ella los empleados del ferrocarril, del Mercado de Hacienda y de la industria frigorífica. María C. Cravino explica que “este proceso urbano está ligado a la etapa en que nuestro país comnienza la industrialización sustitutiva de importaciones…, la tasa de crecimiento de la población urbana fue mayor a la del crecimiento de la población industrial, lo que provocó una masa de marginados del proceso productivo o de una inserción inestable. Esto trajo aparejada una acelerada expansión del área metropolitana, junto a la consolidación de formas precarias e ‘ilegales’ del hábitat, como las villas”.


En aquel momento, y hoy día aún ocurre, las casas que conformaron estos barrios se asentaban en terrenos cedidos o apropiados ilegalmente, y estaban hechas de cartones y chapa, con pisos de tierra y techos de zinc, sin cloacas ni agua corriente.


Durante la década de 1960 las villas transformaron a la ciudad de Buenos Aires en dos áreas importantes: Retiro y el Bajo Flores, en la zona sudoeste.


La Villa 31 de Retiro nació en los años ’40 por iniciativa del gobierno peronista, como forma provisoria de albergar a inmigrantes europeos de escasos recursos. Posteriormente se construyeron, en las inmediaciones, otras casillas prefabricadas destinadas a dar albergue a los trabajadores del ferrocarril. A fines de la década de 1950 se produjeron nuevos asentamientos en las inmediaciones de esta villa, comenzando de esta manera un crecimiento explosivo de la población, cuestión que caracterizó no sólo a este si no a todos los asentamientos de este tipo.


Desde fines de la década del ’40 hasta fines de la de 1960 en la zona del Bajo Flores llegaron a aparecer diez asentamientos. Una de las primeras, en 1948, fue el Barrio Lacarra, destinado a alojar a las familias afectadas por el ensanche de la Av. Belgrano. En 1955 tomó forma el Barrio Rivadavia, ocupado por pobladores de las zonas inundables del Bajo Flores. En el ínterin, nacieron y se consolidaron otras villas, denominadas todas con números: 2, 20, 3, 1, 11, 14, 13, etc.


La población de las villas crecía rápidamente, incluso más rápido que el resto de la problación urbana. En 1960 eran habitadas por 34.430 personas; 42.462 en 1962 y 93.554 en 1966.


Entre 1976 y 1983 (recordemos que en este periodo la Argentina estuvo gobernada por una dictadura militar) la población de las villas sufrió una reducción abrupta de su población, que pasó de alrededor de 214.000 personas a 12.600.


Esta disminución se debió a una política de erradicación iniciada en 1977. El criterio de erradicación estaba basado en la necesidad de mejorar la calidad de la población porteña, apelando a la violencia. El plan abarcó a 17 villas, y las que quedaron sufrieron una reducción drástica de sus habitantes, estimada entre el 70 y el 99 por ciento.


Para 1983 en la zona norte de la ciudad el fenómeno de las villas estaba prácticamente desaparecido, quedando solo la Villa 31, cuya población había mermado, sin embargo, en un 91 por ciento.


Fuente: Historia de la economía argentina del siglo XX. Nro. 14. Migraciones internas y el movimiento obrero. Publicación del diario Página 12.


Imagen: la villa 31 de Retiro.


jueves, 14 de febrero de 2008

Hindúes en el Ferrocarril San Martín

Cuando pensamos en los inmigrantes que llegaron a la Argentina en las distintas "oleadas", en general nos referimos a los italianos y españoles que se instalaron por casi todo el país, en los alemanes y ucranianos (franceses y belgas en menor medida también) que comenzaron a vivir en la provincia de Misiones, pero... ¿hindúes?. No solemos pensarlo.

Lo cierto es que el historiador Roberto Conde relata, en el Nº 32 de la Revista de Historia Bonaerense, que en los primeros años del siglo XX se publicaba una revista denominada Central Argentine Railway, dedicada a la actividad ferroviaria, y en la que aparecían todo tipo de notas de color y acontecimientos sociales, como casamientos, nacimientos, cumpleaños, etc.


En el número del mes de febrero de 1912 apareció una artículo firmado por el Sr. J. R. Strattford Fox, ingeniero del distrito San Martín del Departamento Vía y Obras. Conde se tomó la tarea de traducir este artículo sobre el trabajo de algunos hindúes orientales que llegaron al país por aquella época (la revista se publicaba en inglés), y aquí compartimos algunos de los aspectos más interesantes de este artículo.

“… Las siguientes notas (son) con respecto a la primera cuadrilla de trabajadores asiáticos que vinieron a esta República.


El 31 de enero de 1912 la embajada británica realizó arreglos (…) para dar trabajo a una cuadrilla de indios que habían llegado a Buenos Aires (…). Los hombres fueron enviados en un tren especial a San Martín
(Provincia de Buenos Aires)
y a su llegada a la estación causaron gran diversión a los numerosos pasajeros del tren, ya que arrojaron primero sus pertenencias y bienes por las ventanas, y luego siguieron ellos también por las ventanas.


Se preparó una lista de los alimentos que se necesitaban (…) se pedía harina de trigo, azúcar, aceite (en lugar de manteca), papas, cebollas, polvo de curry, sal y pimienta, y como carne, carnero. Al día siguiente el muchacho de la carnicería cometió un gran error al traer el carnero en la misma canasta que los bifes para la cuadrilla italiana. El sirdar (capataz) me explicó que la vaca es un animal sagrado (…).


El 1 de febrero se tomaron los nombres de los hombres para los libros y se descubrió que de los 60 (componentes de la cuadrilla hindú) había 51 que terminaban en ‘Singh’, que ahora sabemos que quiere decir que ellos son Sinks; de hecho, estos hombre vienen del Punjaub, cerca de los confines de Cachemira (…).


Una vez que sus nombres fueron registrados se les dio palas y carretillas; éstas últimas les causaron mucha diversión y comenzaron a correr carreras. Más tarde, vi que varias carretillas eran llevadas al campamento, un muchacho (…) la llevaba de la rueda y otro de los dos mangos (…).


A la mitad de la cuadrilla se los puso a apilar y limpiar ladrillos que quedaban de la demolición de un viejo tinglado (…). Los hombres comenzaron primero cada uno, un ladrillo a la pila que estaba a una distancia de 50 metros. Luego de algunos problemas, se formó una fila y los ladrillos pasaron de hombre a hombre, pero no pude lograr que los arrojaran. Sé que alguna creencia religiosa les prohíbe arrojar cualquier cosa (…) .


Luego de cuatro días de trabajo, 28 de los trabajadores de la cuadrilla decidieron que la paga de $2,50 por día no era suficiente y pidieron un aumento o ser despedidos. El líder, llamado Bushan Singh, hizo varios viajes a Buenos Aires, pero no pudo conseguir un tipo de trabajo más conveniente (…). Finalmente se arregló que los 28 hombres dejaran San Martín para proseguir a Alto Fierro en la provincia de Córdoba para ser empleados en las nuevas extensiones del ferrocarril (…). La despedida fue muy emotiva (…), tenían las manos juntas como si estuviesen rezando, pero en realidad estaban ‘salaaming’ (reverencia oriental profunda que se hace con la palma de la mano derecha sobre la frente). "

Para finalizar, Conde relata que muchos de aquellos hindúes que llegaron para trabajar en el ferrocarril San Martín continuaron viviendo en el partido de San Martín, y sus descendientes lo hacen hoy en ese distrito y en el de Tres de Febrero; otro eligieron trasladarse a las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy. Muchos de ellos son reconocibles por portar, obviamente, el apellido Singh.

Fuente: Revista de Historia Bonaerense, Nº 32 (Noviembre de 2007). Los hindúes del ferrocarril, artículo de Roberto Conde, historiador argentino del partido de San Martín, provincia de Buenos Aires.

martes, 12 de febrero de 2008

¿Hitler puede volver a ocurrir?


Esta columna del historiador Ian Kersahw apareció en el diario Clarín, a modo de reflexión dado el 75 aniversario del ascenso de Hitler al poder.

¿Podría volver a pasar lo mismo? Esa es la primera pregunta que se nos ocurrió el 30 de enero al recordar que 75 años atrás Hitler recibía el poder en Alemania.

Hitler llegó al poder en una democracia con una Constitución muy progresista y sirviéndose de las libertades democráticas para socavar y luego destruir la democracia misma. Esa democracia, establecida en 1919, fue producto de una derrota en la guerra mundial y una revolución y nunca fue aceptada por la mayoría de las elites alemanas.

Perturbada desde el comienzo por divisiones irreconciliables, la democracia sobrevivió a serias amenazas iniciales y encontró una aparente estabilidad de 1924 a 1928 para luego quedar ahogada por la caída de la economía después de la debacle de Wall Street en 1929.

El aumento espectacular del apoyo popular a los nazis (2,6% de los votos en las elecciones legislativas de 1928, 18,3% en 1930, 37,4% en julio de 1932) reflejaba la cólera, la frustración y el resentimiento de millones de alemanes que Hitler fue capaz de aprovechar.

Fue fácil volcar el odio hacia los judíos, a quienes se podía acusar de representar la amenaza externa del capitalismo internacional y el bolchevismo imaginada por Alemania. Poco a poco, un buen tercio del electorado alemán pasó a considerar a Hitler como la única esperanza para volver a poner al país de pie. En 1930 era efectivamente imposible gobernar Alemania sin el apoyo nazi. De todos modos, si bien los progresos electorales nazis podían bloquear la democracia, eran insuficientes para llevar a Hitler al poder.

De 1930 en adelante el Estado alemán quedó atascado en un punto muerto. Las formas democráticas continuaron. Pero la democracia en sí estaba muerta o al menos moribunda. Las elites antidemocráticas trataban de negociar soluciones, pero fracasaban debido a la intransigencia de Hitler. Finalmente, al no poder encontrar ninguna otra solución autoritaria, el presidente Paul von Hindenburg nombró a Hitler como jefe de gobierno, o canciller, el 30 de enero de 1933. Lo que siguió fue un desastre para Alemania, para Europa y para el mundo.

Estos hechos lejanos siguen teniendo ecos aún hoy. En Europa, a raíz del aumento de la inmigración, la mayoría de los países han experimentado algún resurgimiento de movimientos racistas y neofascistas. También en la actualidad políticos hábiles en todo el mundo han demostrado que son expertos en manipular el sentimiento populista y usar las estructuras democráticas par erigir formas de gobierno personalizado y autoritario.

El presidente Vladimir Putin ha ido llevando a Rusia en esa dirección. Venezuela, con el presidente Hugo Chávez, también ha puesto en evidencia tendencias autoritarias claras. En Zimbabwe, el presidente Robert Mugabe transformó la democracia en un régimen personal, arruinando así a su país. En Pakistán, la democracia ofrece una fachada al gobierno mili tar, aunque el presidente Pervez Musharraf se haya sacado su uniforme. Quizá más preocupante todavía sea que el presidente Mahmoud Ahmadinejad haya utilizado el apoyo populista en un sistema pluralista para empujar a Irán a una política exterior riesgosa.

Ninguno de estos ejemplos, sin embargo, representa un paralelo cercano a lo que pasó en Alemania en 1933. Los movimientos neofascistas de Europa pueden asustar a las minorías. Y han conseguido provocar tal resentimiento entre los inmigrantes que los partidos políticos dominantes han tomado nota de la oleada de sentimiento.

Sin embargo, salvo en el caso de alguna eventualidad imprevista como una guerra importante, o quizá, menos improbable, otro colapso del sistema económico, los movimientos neofascistas continuarán en las orillas de la política. Y ninguno de estos partidos puede hoy pensar en prepararse para una guerra de conquista con el objetivo supremo de tomar el poder mundial.

En otras partes, hay -y siempre habrá- formas espantosas de autoritarismo (algunas apoyadas por gobiernos democráticos). Pero ni en la forma en que adquieren poder ni en el uso que hacen de éste los gobernantes autoritarios modernos se parecen demasiado a Hitler. Las organizaciones y las instituciones internacionales que no existían en Europa entre las dos guerras -Naciones Unidas, la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional- también representan algunas barreras al tipo de calamidad que fagocitó a Alemania.

Por fortuna, lo ocurrido en Alemania en 1933 y sus consecuencias, sigue siendo un episodio excepcionalmente terrible en la historia.


Nota e imagen del diario Clarín.

Ian Kershaw en Wikipedia (en inglés)

domingo, 10 de febrero de 2008

El complejo Tehuelche 8 - El final


La expedición conquistadora encabezada por Julio A. Roca en 1879, que constaba de unos 6.000 hombres equipados con el armamento más moderno del momento constituyó un éxito enorme para los planes expansionistas del gobierno de Buenos Aires: la frontera se extendió más allá del Río Negro y del Río Neuquén, se fortificaron mumerosas plazas a lo largo del territorio, se recuperaron unos 500 cautivos, que habían sido tomados prisioneros en diversos malones y se produjo -entre prisioneros y muertos- un total de bajas que ascendió a 14.152 indígenas.

A pesar de lo negro y poco promisorio del panorama, los aborígenes continuaron luchando como podía, con lo que tenían, atacando en malón, a principios de 1881, poblaciones fronterizas de las actuales provincias de Mendoza, Neuquén, Córdoba, San Luis y Buenos Aires. A raíz de estos ataques, Roca -convertido en presidente de la Nación- optó por reanudar las operaciones militares.

Ese mismoi año se movilizó una fuerza de 2.000 soldados, con el objetivo de capturar a los caciques Sayhueque y Reuque Curá, que mantuvo una gran cantidad de enfrentamientos con los aborígenes, con el consecuente saldo de indios muertos y tolderías destruidas. Los combates llegaron hasta las inmediaciones del lago Nahuel Huapi.

Arrinconados, empujados cada vez más al sur, los caciques decidieron no rendirse y lanzaron la consigna "es preferible morir peleando que vivir como esclavos", y lanzaron ataques contra el fuerte General Roca (actual provincia de Río Negro) y Cochicó (La Pampa). La contrapartida no se hizo esperar: 1.400 hombres del ejército, divididos en tres brigadas fueron en persecución de los últimos "rebeldes".

La primera brigada provocó, con sus operaciones, la muerte de 120 indios y la "presentación (rendición) de 100 y capturó a otros 448. La segunda fue tras Namuncurá, Ñancucheo y Reuque Curá, cayendo este último prisionero. La tercera fue en pos del tehuelche-araucano Valentín Sayhueque, señor del "País de las Manzanas", y hasta no mucho tiempo atrás en paz con el gobierno central y reconocido como autoridad entre los indígenas.

Lo que Martínez Sarasola denomina "El combate final" entre los aborígenes -liderados por Sayhueque e Inacayal- y el ejército se efectuó en 1884.

Muchos de los guerreros de Inacayal estaban armados con fusiles y carabinas, pero eso no fue suficiente, al cabo de distintos combates, otros caciques habían ido cayendo o habían sido tomados prisioneros, hasta que el 18 de octubre él y el cacique Foyel (otro importante cacique de la región, y aliado de Sayhueque) cayeron prisioneros.

Agotado, con las fuerzas diezmadas, su gente mal alimentada y agotada por la huifa permanente, el 1º de enero de 1885, Sayhueque se presentó junto a 100 guerreros y 2.500 indios "de chusma" en el fortín de Junín de los Andes (actual provincia de Neuquén).

Para concluir, cito ahora a Martínez Sarasola: "El exterminio de las comunidades indígenas de la Pampa y la Patagonia había concluido. El en periodo 1874/1884 murieron unos 2.500 indígenas, condición necesaria para consumar la obra posterior: el despojo de la tierra, la división política de los territorios ocupados, la transformación económica y el reemplazo de la población originaria por los colonos blancos".

Sayhueque, quizás por su amistad con algunos caracteres importantes del último cuarto del siglo XIX finalmente recibió tierras en las que él y su gente pudieron asentarse para vivir en paz, como siempre había manifestado. Sin embargo, aquellas que las comunidades aborígenes habían ocupado durante más de 10.000 años eran verdes y de ríos abundantes; a partir de la cesión del gobierno argentino, las comunidades debieron contentarse con malvivir en tierras ásperas y pedregosas.

Fuentes de la Serie: Martínez Sarasola, Carlos: Los hijos de la Tierra. Forgione, Claudia. Etonología General y Argentina. Wikipedia (en diversas entradas, todas enlazadas)

Imagen: Julio A. Roca, la figura más recordada de las guerras de conquista contra los pueblos originarios en Argentina. De Wikipedia.

jueves, 7 de febrero de 2008

El complejo Tehuelche 7 - Grandes Caciques


El proceso de araucanización, y la guerra desatada entre los recién llegados y las parcialidades que ocupaban los territorios patagónico – pampeanos tuvo varias consecuencias. Entre las más importantes, es destacable que esta era una guerra completamente distinta de las que hasta el momento libraban entre sí las parcialidades Tehuelches para proteger sus cotos de caza o vengarse de alguna afrenta, porque lo que estaba en juego era ni más ni menos que la integridad cultural.

Más o menos previsiblemente, la guerra contribuyó entonces a fortalecer la figura del cacique, y en los tiempos de las guerras de conquista lanzadas por los colonizadores blancos hubo algunos de ellos que por sus acciones bélicas se convirtieron en el enemigo a vencer.

Pincén, o Pin Then: Nunca participó en ninguna negociación con los gobiernos de Buenos Aires. Sí formó parte de la Confederación de Calfucurá, pero a la muerte de éste prefirió la independencia, y sólo ocasionalmente mantuvo contactos con Namuncurá.

Pincén se definía a sí mismo como un “indio argentino” y afirmaba que había nacido en Carhué. Probablemente fuera un tehuelche mestizado, aunque hay versiones que indican que se trataba de un hijo de cristianos secuestrado de pequeño por un malón.

Los Catriel (Juan, y sus hijos Cipriano, Juan José y Marcelino): A veces enrolados en el bando de los aborígenes, a veces en el bando “blanco”, decidieron con sus intervenciones y el peso de sus guerreros la suerte de uno u otro bando. En tiempos de Juan Manuel de Rosas, Juan se instaló en las cercanías de la ciudad bonaerense de Azul, donde habitó pacíficamente.

Cuando Juan murió en 1865, Cipriano tomó el mando, y en 1872, junto a las fuerzas del coronel Elía, jefe fronterizo, atacó y saqueó las tolderías de los caciques Manuel Grande y Gervasio Chipitruz.

Además de la represalia de Calfucurá, esta acción provocó la rebelión de su hermano Juan José, seguramente ofuscado por la traición, derrotó a Cipriano y lo condenó a morir lanceado.

Juan José Catriel ejerció el cacicazgo en Azul hasta 1878, cuando él y su hermano Marcelino cayeron prisioneros.

Valentín Sayhueque: Su principal anhelo y ambición fue la búsqueda de la paz con “los cristianos”, actitud que le valió a él y a su pueblo muchos años de permanecer ajenos al drama sangriento que asolaba los territorios pampeanos. Al igual que Pincén, Sayhueque decía que “era argentino”, y una bandera nacional, obsequiada por el perito Francisco P. Moreno flameaba en la entrada de su toldo.

La idea integradora de Sayhueque era compartida por otros caciques, como Foyel, que manifestaba que “es de nuestro propio interés mantenernos en buenas relaciones con ellos (los blancos)” para poder comerciar sus ponchos, cueros y plumas.

Lamentablemente, el avance de los ejércitos sucesivamente enviados por el gobierno blanco era incontenible, y a partir de 1879 este avance obligó a Sayhueque y los suyos a alzarse en armas, cuestión que abordaremos en la próxima y última entrada de esta serie.

Imagen: estampilla con la imagen del cacique V. Sayhueque, de Filatelia Argentina