miércoles, 30 de enero de 2008

El complejo Tehuelche 6 - Araucanización

Los grupos araucanos, conocidos en forma general como Mapuches, comenzaron a llegar desde el Oeste trasandino, en actual territorio chileno, desde tiempos prehispánicos. Sin embargo, estas corrientes migratorias se daban en grupos pequeños y en forma asilada.

A mediados del siglo XVII la interacción de los araucanos con los tehuelches se intensifica a partir de las relaciones comerciales y los primeros comienzan a tomar un papel cada vez más activo y central en la vida de la pampa y la región patagónica. Finalmente, en los últimos años del siglo XVIII se hicieron con el poder en la región por varias razones, entre las que destacamos dos de mayor relevancia: la desaparición de los principales caciques de las actuales provincias de La Pampa y Río Negro, y las victorias en la guerra contra los grupos locales.

Por otra parte, en la provincia de Santa Cruz el contacto con los recién llegados fue pacífico, aunque el predominio mapuche marcó a la región y dio como resultado el mestizaje, que en el norte de la región pampeana se dio como consecuencia de la victoria militar de los araucanos, que tomaron por esposas a mujeres tehuelches.

Como ya se dijo en esta serie, los tehuelches no tenían jefaturas sólidas, sino que más bien la autoridad de los caciques se limitaba a decidir los cursos de marcha y las cacerías. La arraigada y fuerte cultura guerrera de los araucanos va a producir un fuerte cambio en este sentido y, en pos de la supervivencia de sus grupos, los caciques tehuelches ganaron en poder, aunque como se ve, el cambio no fue suficiente para evitar el dominio de la nueva cultura y la derrota en la guerra.

Otro cambio introducido por esta cultura se dio en la vestimenta, que ya no sólo sería el típico quillango o manto patagónico, sino que ahora además se comenzaría a usar la lana de llama, traída por los araucanos.

Algunas características de los araucanos.
Los grupos araucanos estaban constituidos por tres parcialidades, asentados al oeste de la Cordillera de los Andes en actual territorio chileno. Estas eran: picunches (al norte), mapuches (al centro), huilliches (al sur).

Todos practicaban la agricultura, sobre todo sembrando maíz y papa; la caza de pumas, guanacos y aves; y la pesca. Además, habían desarrollado la cría de llamas, de las que utilizaban la lana en sus vestimentas.

Las mujeres eran propiedad absoluta del hombre. Los caciques podían llegar a tener diez esposas, que se heredaban junto con el cargo. Sin embargo, el chamanismo era desarrollado por las mujeres de gran prestigio, llamadas machi, y tenía múltiples funciones, como el diagnóstico y cura de enfermedades, interpretación de sueños, comunicación con el mundo sobrenatural, etc.

Los araucanos creían en la existencia de Nguenechen, creador de todas las cosas, dueño de la naturaleza y dador de la vida, y a él se dirigían las plegarias para pedirle gracias como comida abundante y larga vida. Este rito es el Nguillatún, y aún hoy persiste.
El mapa con la localización de estos grupos, aquí.

viernes, 25 de enero de 2008

El complejo Tehuelche 5 - La aparición del caballo


De la mano de los conquistadores europeos llegaron al actual territorio argentino los caballos. La expedición de Pedro de Mendoza (que llegó al Río de la Plata en 1536) dejó tras de sí un centenar de yeguas y caballos que se fueron internando en la llanura y reproduciéndose a un ritmo vertiginoso.

Los primeros grupos Tehuelches en toparse con estos animales los fueron amansando hasta dominarlos, y la combinación hombre – caballo en la llanura pampeana actuó como el motor de una profunda transformación cultural.

Antes de disponer de caballos, los territorios de caza de los grupos Tehuelches eran reducidos, debido a que las bandas se trasladaban a pie, a partir del dominio de estos animales los territorios se expandieron, y las técnicas de caza se perfeccionaron con la utilización de cercos de fuego y el rodeo.

La organización para la guerra también cambió. Se pasaron a utilizar armas ofensivas, como la lanza, en lugar de arcos y flechas; y se implementó la armadura de cuero de caballo.

De a poco, la caza fue reemplazada por la depredación, ya que las bandas se acercaban a los poblados para robar el ganado, que por aquella época también se había reproducido notoriamente.

También cambió el rol de la mujer Tehuelche, que comenzó a ocuparse más de las tareas de su familia y de la toldería en general, librada de la obligación de transportar los elementos de la comunidad, que quedó a cargo de los caballos.

Según Martínez Sarasola, el adiestramiento que los Tehuelches dieron a sus caballos fue “incomparable” y como herramienta les permitió una gran ventaja sobre sus enemigos y les proporcionó una gran herramienta para la defensa adecuada de la vida comunitaria.

Imagen: la vuelta del Malón. En esta pintura de Angel Della Valle, de 1892, se aprecia cómo uno de los indios lleva en su montura a una blanca secuestrada, y otro carga una cruz, como trofeos. En los ataques de este tipo era común esta conducta.

martes, 22 de enero de 2008

El complejo Tehuelche 4 - Los Onas


Este grupo estaba ubicado en el territorio de Tierra del Fuego, con excepción de los canales del extremo sur, hábitat de los Yámana – Alakaluf. A su vez, esta parcialidad se encontraba dividida entre los Selk’nam y los Haus (o Maneken).

Los Onas compartieron con las demás parcialidades Tehuelches la forma de vida sustentada en la caza del guanaco y en segundo orden aves, aunque también recolectaban raíces y frutas silvestres.

Lo que es realmente llamativo de esta parcialidad, es que a pesar de su hábitat, no tuvieron medios de transporte acuático y raramente explotaron los recursos marinos.

Estaban organizados, como los septentrionales y meridionales, mediante la familia extensa y el conjunto de éstas constituía la banda. No tenían jefaturas fuertes, excepto en casos de guerra; la autoridad solía recaer en los ancianos y los chamanes.

El territorio estaba dividido en “cotos de caza”, pero de manera muy compleja, por lo cual se producían entre las bandas enfrentamientos por la violación de esos límites.

Un aspecto particularmente estudiado en estas parcialidades –sobre todo por el Padre Martín Gusinde- es el concerniente a los ritos de iniciación de los adolescentes varones, que participaban del “kloketen”, una sociedad secreta de los hombres, destinada a sembrar el terror entre las mujeres.

Los Onas practicaban el matrimonio en forma exogámica, en general era monogámico, aunque se daba el levirato y el sororato.

Respecto de su cosmovisión, los Onas reconocían a Temaukel, creador el cielo y de la tierra, que era también dador de la vida y de la muerte. Debemos incluir también a Kénos, héroe civilizador que en tiempos inmemoriales formó el cielo y la tierra, y era portador de la ley moral. El arco de lo sobrenatural se completa con una serie de demonios que, por lo general, acechaban a las mujeres.

Otra particularidad llamativa de esta parcialidad se da con la muerte de un miembro del grupo: el hecho es vivido como un tabú, su nombre no vuelve a pronunciarse y sus pertenencias son destruidas.

Para finalizar, los Onas escasamente se relacionaron con otras parcialidades o culturas, ya sean los Tehuelches continentales o con los Yámana – Alakaluf, mucho más próximos geográficamente. Ello se debió a su virtual aislamiento al no poseer medios de transporte acuáticos en un primer momento, y luego a que no adoptaron, como sí lo hicieron los Tehuelches continentales, el caballo traído por los conquistadores.

Imagen: Hombres Selk'nam, obtenida de Bariloche.com.ar

El mapa con la situación geográfica de estos grupos se puede consultar aquí.

domingo, 20 de enero de 2008

El complejo Tehuelche 3 - Los Querandíes

Desde el punto de vista cultural, constituían el grupo más septentrional del complejo Tehuelche, ya que compartían con los grupos de la llanura interior la organización social, la forma de vida cazadora, la cosmovisión, y seguramente la lengua.

Lo destacable de esta parcialidad, en todo caso, es que hubo grupos que presentaron algunas características propias, particularmente aquellos grupos próximos a las costas del Río de la Plata.
Estas singularidades que los querandíes presentaban los acercaban a los Guaikurúes, familia cultural y lingüística incluida entre los pueblos que habitaron las llanuras del actual territorio argentino, sólo que lo hicieron en la región del Chaco. Lo cierto, en definitiva, es que esta parcialidad del complejo Tehuelche tuvo fluido contacto con ellos.
Como resultado, brevemente, diremos que 1), la denominación “querandí” se traduce del guaraní como “gente con grasa”, seguramente por su afición a la grasa de guanaco. 2) Practicaban la pesca en canoas, 3) utilizaban los cráneos de los enemigos para beber de ellos, como sucedía en algunas parcialidades Guaikurúes, 4) en determinadas ocasiones practicaban el sacrificio de los cautivos.

Para Martínez Sarasola estos datos permiten hablar de una “etnia intermediaria”, como un nexo entre Tehuelches y Guaikurúes.

Esta parcialidad se extinguió rápidamente a la llegada de los conquistadores europeos, y esta prematura desaparición impidió una interpretación más profunda y acabada de sus modos de vida.
El mapa con la situación geográfica de estos grupos se puede ver aquí.

Reivindican a la Biblia como documento histórico


Noticia aparecida hoy en el diario Clarín.

Un equipo de arqueólogos israelíes descubrieron recientemente en Jerusalén un sello de unos 2.500 años que se suma a los objetos de la antigüedad que demuestran que la Biblia se puede emplear como un documento histórico.
El dato fundamental del hallazgo fue el nombre de la familia Témaj escrito en el sello en hebreo arcaico. Ya que según el Libro de Nehemías del Antiguo Testamento de la Biblia, el apellido Témaj corresponde al de una de las familias que vivió el exilio en Babilonia (actual Irak) hasta que volvió a Judea en 537 a.C.
El hallazgo arqueológico es un sello de piedra negra, con forma elíptica, de 2,1 por 1,8 centímetros. "Es un nexo entre las prue bas arqueológicas y el relato bíblico. Evidencia la existencia de una familia explícitamente mencionada en la Biblia", explicó la arqueóloga Eilat Mazar, que dirige las excavaciones.
También indicó que la familia Témaj vivía en una zona de Jerusalén conocida como el "Ophel", un área del Primer Templo que el Rey Salomón ordenó construir en el siglo X a.C. Consultado acerca de la importancia de este hallazgo, Monseñor Luis Heriberto Rivas, profesor de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA) y licenciado en la Pontificia Comisión Bíblica de Roma explicó que este no es el primer hallazgo arqueológico que "muestra coincidencias con los datos bíblicos".
Que de hecho existe una gran cantidad de bibliografía "con libros buenos, malos y regulares sobre el tema Biblia y Arqueología". Y destacó que no puede olvidarse el hecho que "algunos hallazgos arqueológicos muestran que algunos textos bíblicos no eran tan históricos como se pensaba. Es decir, se los leyó como si fuera una crónica histórica cuando en realidad era un texto poético o una epopeya".
Imagen: Diario Clarín.

jueves, 17 de enero de 2008

El complejo Tehuelche 2 - Meridionales y Septentrionales


Eran grupos nómades dedicados a la caza del guanaco, el ñandú, la liebre y el zorro. Su técnica de caza era bastante rudimentaria: perseguían al animal hasta agotarlo, o bien utilizaban disfraces o crías de guanaco a modo de señuelo. La persecución de la presa obligaba, por supuesto, al constante desplazamiento del grupo, cuya unidad organizacional estaba dada por la familia extensa; un grupo de estas conformaba una banda.

El fruto de la caza era utilizado como alimento, desde ya, pero las pieles proveían también abrigo y vivienda. En el primer caso estamos hablando del típico “manto patagón” o quillango, confeccionado con pieles de guanaco o zorro, con el pelo hacia adentro. La vivienda era un rústico toldo o paravientos.

Los grupos en que se desplazaban no solían superar los cien individuos, y contaban con un cacique de autoridad relativa, sobre todo en lo concerniente a la organización de la cacería y el rumbo de cada marcha.

Ambos grupos creían en la existencia de un ser superior; Kooch para los meridionales y Tukutzual para los septentrionales, quienes además tenían la figura de Elal, un héroe civilizador que según la tradición condenó a la primera generación de hombres a ser peces por la violación de un tabú sexual. De allí que estos grupos evitaran el consumo de pescado.

Entre sí, las comunidades Tehuelches se relacionaron a través del comercio y de la guerra, que se daba por violación de los territorios de caza o por venganzas.

Hacia el siglo XVI, momento de la llegada de los españoles al actual territorio argentino, la mayor movilidad de los grupos Tehuelches se daba en la parcialidad septentrional. En esos momentos también se daba la avanzada de los grupos araucanos que, desde el oeste comienzan a llegar a la actual provincia del Neuquén, entrando en contacto cada vez más fluido con los grupos Tehuelches. Ambos contactos terminarán produciendo una notoria aculturación a estos últimos.

Imagen: Anciano con quillango pintado. De ONI (Olimpiadas Nacionales de Contenido Educativo en Internet)
Ver el mapa con situación greográfica de estos grupos, aquí.

miércoles, 16 de enero de 2008

El complejo Tehuelche 1 - Generalidades


Con esta entrada se inicia una serie dedicada a lo que diversos autores estudiosos de los pueblos originarios que habitaron el actual territorio argentino han denominado como "Complejo Tehuelche". En lo sucesivo, se irán desgranando datos históricos y características etnográficas de este conglomerado cultural que se puede contar, desde mi punto de vista, entre los más importantes del actual territorio argentino.

Las regiones de la Pampa y Patagonia del actual territorio argentino presentan, en términos de poblaciones aborígenes, un panorama cultural complejo, que ha sido caracterizado y clasificado de diferentes maneras por diversos cronistas desde la llegada de los contingentes europeos a la región.

Entre los factores que han generado estas dificultades clasificatorias, Martínez Sarasola (Nuestros paisanos los indios) menciona la extinción prematura de algunos grupos, como los Querandíes; el conocimiento fragmentario, ya que se tomó contacto con algunas parcialidades y con otras no; la influencia de los Mapuche, que se extendieron desde el lado occidental de la Cordillera de los Andes hacia la región pampeana; y la gran cantidad de opiniones encontradas entre los diversos estudiosos.

El autor mencionado suma la denominación de “Complejo Tehuelche” dada por Escalada en 1949 a la de Casamiquela (1969), y constituye un “cuadro distributivo” de las diversas parcialidades:

1) Tehuelches septentrionales (Guenaken)
2) Tehuelches meridionales (Penken y Aoniken)
3) Onas (Selk’nam y Haus)

Los dos primeros grupos se ubican en el continente. El tercero, en Tierra del Fuego. Los territorios que estas parcialidades ocupaban limitaban al norte con el sur de las actuales provincias de Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza, al oeste con la Cordillera de los Andes, al sur abarcaban la isla mayor de Tierra del Fuego, no así los canales fueguinos, ocupados por los Yámana – Alakaluf, y el límite este se encontraba en el Océano Atlántico.

Las parcialidades aborígenes que ocuparon estas vastísimas regiones, aún con los rasgos que las diferenciaban a unas de otras, conformaban una unidad cultural y lingüística dentro de la familia Tson, Chon o Chónik (aunque con variantes dialectales), y fueron bautizados por los araucanos como Tehuelche (Chehuelches. Chehuel: Bravo; Che, gente. La gente brava).

Imagen: mapa de elaboración propia sobre la base de las fuentes: Carlos Martínez Sarasola, Nuestros Paisanos los Indios. Claudia A. Forgione, Etnología General y Argentina.
Para la lectura adecuada de las entradas sucesivas intentaré siempre colocar un enlace a este mapa, a fin de que mis carísimos lectores se hagan de una mejor idea de la situación geográfica.

viernes, 11 de enero de 2008

El sistema de tambos y depósitos en el estado Inca

Para John V. Murra (La organización del Estado Inca) “el esfuerzo ideológico para transferir al nivel estatal las obligaciones de reciprocidad andina tuvo por lo menos un éxito parcial: convenció a los cronistas europeos y hasta a algunos estudiosos modernos de que el estado inca controlaba toda la vida económica del país y lo hacía esencialmente con fines de bienestar”. Explica, asimismo, que uno de los títulos honoríficos del rey era el de huaccha cuyas, “amoroso y amigable” con los débiles.

La traducción tradicional del término huaccha ha sido “pobre”, del mismo modo de capac se tradujo siempre como “rico” . Citado por Murra, Gracilaso explica que huaccha es el desvalido, en tanto que capac se puede interpretar como “magnánimo con los suyos”.
Los ejemplos de hospitalidad por parte del estado inca se pueden ver en momentos tales como la muerte de un soberano o en la asunción de uno nuevo, como también en las atenciones que recibían en alimentos y regalos aquellos que llegaran a Cuzco en calidad de señores étnicos, viajeros o llevando tributos.
Además de su hospitalidad, los reyes entregaban objetos con categoría de privilegio real. Los miembros de los linajes nobles y las autoridades étnicas, por ejemplo, recibían piezas de ropas cumbi (ropas finas) “que el rey se quitaba en algunas ocasiones de su propia espalda”. Igualmente, el sólo hecho de que un objeto proviniera de Cuzco ya era suficiente para aumentar sensiblemente su valor y elevar la posición social de quien lo recibía.


El paso de la colectividad basada en el parentesco al Estado va a significar un cambio y resignificación profundos en la reciprocidad y la generosidad. Las ayudas mutuas para la construcción de viviendas, preparación de festividades en honor a los dioses, siembre y cosecha de los comestibles ya no serán suficientes, por caso, para alimentar a una verdadera legión de burócratas, o un ejército en campaña. En este punto se va a dar la organización de la mita, el sistema de prestaciones y contraprestaciones monitoreado desde el poder central.
Uno de los rasgos distintivos de este sistema es la erección de depósitos para el almacenamiento y redistribución de bienes. Apoyado en los cronistas contemporáneos al estado Inca, Murra describe cuatro tipos.

En primer lugar, señala que cada centro de administración “provincial” contaba con instalaciones de almacenamiento. Aún cuando resulta difícil determinar los volúmenes almacenados, para este autor hay evidencia de grandes cantidades guardadas cuidadosamente en vista de las actividades planificadas por el estado, e indica que cuando una persona estaba en su turno de mita, es decir, prestando servicios al estado (en construcciones, en la guerra, etc.) era alimentada y vestida con los bienes almacenados a tal efecto.
Segundo, menciona los depósitos que cada aldea o etnia tenía, de los que se tomaban los alimentos para los inválidos, las viudas, etc.

Tercero, los depósitos centrales en Cuzco, que asombraron a los acompañantes de Pizarro cuando éste hizo su entrada triunfal en la ciudad por la cantidad de objetos de oro y plata, además de muchos otros bienes “maravillosos”.

Cuarto y último, los tambos, ubicados a lo largo de los caminos reales. Los tambos eran construidos por la comunidad étnica local, y disponían de dormitorios, además de los almacenes. Todo aquel que viajara por asuntos de estado, el ejército, el rey e incluso los peregrinos, se detenían allí para alimentarse y pasar la noche.

Respecto de los tambos, no hay acuerdo respecto de la distancia entre estos, hay quienes sostienen que estaban a una legua de distancia uno de otro, y diversos autores van incrementando esta cantidad hasta cuatro leguas (unos veinte km.), que era la distancia que en la región podía recorrerse en un día.

Por otra parte, todos los depósitos, del tipo que fueren, contaban con un quipu camayoc residente, con la función –entre otras- de llevar los inventarios y administración del lugar. Estos contadores, lo mismo que los inspectores que los visitaban, habrían pertenecido a una burocracia dedicada exclusivamente a esta tarea, en tanto que otras funciones, como las de los mayordomos, limpiadores, etc., eran ejercidas por pobladores de las etnias locales como parte de su mita o servicio al estado.

Imagen: el tambo de Huarautambo, de Yanahuanca

martes, 8 de enero de 2008

Reseña sobre las Reformas Borbónicas - Final

En el ámbito de la administración territorial se considera la más importante de las reformas adoptadas en el reinado de Felipe V el establecimiento de los intendentes de provincia. Su cargo se considera generalmente como adaptación de la institución francesa. Con los intendentes se dice que, además, aparece en escena un funcionario en la administración española que tiene bajo su responsabilidad los cuatro ámbitos de la materia administrativa (las cuatro Causas).

Pietschmann afirma que esta manera de conceptualizar a la intendencia no es del todo correcta, porque no parece que existiera en España, aún en aquella época, una división en provincias. Castilla estaba conformada más bien por reinos y provincias, los cuales a su vez estaban divididos en corregimientos o en regiones municipales.

Los funcionarios que se denominaron superintendentes o sus puestos oficiales, llamados superintendencias, aparecieron en la administración española mucho antes, pero aquellos funcionarios no eran responsables de provincias enteras. La designación de los superintendentes era muy común en la España del siglo XVII.

A pesar de todo, el significado fundamental del cargo, el concepto que existía en relación con él, siempre fue el mismo, concretamente de un funcionario encargado de la supervisión máxima de un conjunto de responsabilidades muy específico y que al mismo tiempo contaba con autoridad sobre los funcionarios subordinados del área.

El ejercicio de las funciones de control y la dirección responsable de un área de negocios debe considerarse que conformaban los rasgos característicos de la superintendencia.

Además de los superintendentes, también se encuentran otros funcionarios reales, a quienes se les encargaban sobre todo las funciones de control y de dirección de ámbitos administrativos específicos, como fue el caso de los visitadores, veedores, comisarios de guerra, etc., que también tenían originalmente un carácter de comisarios.

Igualmente, a comienzos del siglo XVIII, entre las obligaciones de los funcionarios en cuyas se hallaban las correspondientes a la administración territorial, o sea los corregidores, se pueden observar funciones distintivas de los superintendentes.

Así, por ejemplo, una de las tareas principales de los corregidores era la inspección de las burocracias municipales, cuyos organismos realizaban las labores de administración urbana, y además tenían la responsabilidad de supervisar la situación general de las ciudades. Asimismo, si se observan los inicios del establecimiento de la institución de los corregidores, se verá que estos funcionarios en su origen también fueron comisarios reales enviados por la Corona a ciudades específicas en casos extraordinarios que se dotaban de plenos poderes, en cuyo caso la duración de la comisión era la necesaria para resolver la dificultad que la había causado.

En julio de 1691 una ordenanza real ordenó la reforma de la administración financiera. A partir de ese momento, el cobro de impuestos debía subordinarse al control y la dirección de 21 superintendentes de Rentas Reales, quienes debían ser los funcionarios superiores en los circuitos asignados, la autoridad suprema para todos los asuntos de finanzas e impuestos.

La tarea de estos nuevos funcionarios, en primer término, era hacerse cargo del cobro de impuestos que estaba en manos de recaudadores privados para transferirlo a la administración real, dando fin así a los múltiples abusos que existían en el cobro de impuestos.

Los superintendentes se encontraban bajo las órdenes del Consejo de Hacienda, órgano central de la administración financiera. Según las responsabilidades mencionadas, los superintendentes no sólo administraban la Causa de la Hacienda, sino también fracciones de la Causa de Policía, parte correspondiente a la promoción de actividades económicas y en el siglo XVIII, lo que se designaría como gobierno económico.

Dichas responsabilidades se quitaron a los corregidores, a quienes se había asignado originalmente en el reinado de Carlos II, para transferirlos a las recién creadas superintendencias. Esto demuestra que ya durante el reinado de Carlos II se había reconocido que sólo con medidas enérgicas se podía contener la decadencia económica de España.

Al establecimiento del sistema de superintendencias no se le debe atribuir sólo importancia en la historia de la administración sino también darle el carácter de antecedente a las reformas implantadas en el siglo XVIII, puesto que representa una de las bases fundamentales de la política reformista.

Así, se tiene que ver que el cargo de intendente de provincia en cierta manera como una fusión de los anteriores cargos de superintendente de rentas, del intendente o veedor de la administración del ejército y del corregidor, al que se confirió la autoridad de control y de dirección de un visitador.

En 1766, durante el reinado de Carlos III este sistema administrativo tuvo otra modificación cuando por decreto real se separaron los corregimientos y las intendencias. A partir de entonces se supuso que los corregidores manejarían las causas de justicia y de Policía, en dependencia directa de las autoridades burocráticas centrales, mientras que a los intendentes les tocaría sólo la administración de las finanzas y del ejército.

Con esto, en España se había logrado crear una vía de instancias en tres escalafones, lo que significaba un enorme progreso en el desarrollo de un sistema administrativo racionalmente ordenado.

La administración de las tropas, conjuntamente con la administración fiscal fue la tarea principal de los nuevos funcionarios, pero el significado histórico de los intendentes en esta área administrativa es difícil de valorar puesto que la administración militar del siglo XVII es prácticamente desconocida y soplo algunos indicios señalan el hecho de que ésta área administrativa ya estaba ampliamente desarrollada antes del establecimiento de los intendentes.

Entonces, si bien la política reformista del absolutismo ilustrado y su desarrollo en España todavía necesita investigaciones más precisas, se puede decir que los esfuerzos reformistas tuvieron por consecuencia una revitalización de la economía española.

Como esta reforma debía partir de la iniciativa de la Corona, surgió la necesidad de que se desarrollara el aparato estatal y que aumentara su eficacia, con el fin de garantizar la aplicación de las medidas reformistas.

Fuente: Horst Pietschmann. Las Reformas Borbónicas y el sistema de intendencias en Nueva España

Imagen: Carlos III de España. De Wikipedia

lunes, 7 de enero de 2008

Reseña sobre las Reformas Borbónicas - 3



El siglo XVIII en España también se designa como la época de la Ilustración, particularmente en la segunda mitad de este siglo.

La Ilustración desarrolló en España corrientes propias muy significativas. Esta particularidad seguramente se puede explicar por el hecho de que los pensadores de la Ilustración española no rechazaron totalmente su “tradición nacional”. Hubo entonces, al contrario, una creciente revalorización de los valores tradicionales, como el idioma y el derecho español.

Este patriotismo, que confirió un fuerte carácter político a la Ilustración española, se expresó en el deseo de que España reconquistara su anterior florecimiento económico y su posición de potencia de primer orden en lo político. El objetivo principal de los españoles ilustrados (y no sólo de los estadistas) fue la reactivación de la economía del país, lo que directa o indirectamente impulsaría las medidas reformistas.

Estas medidas, se esperaba, debían partir del Estado y, en su caso, desde la persona de los monarcas. Por esto se trataba de reforzar la posición del rey y también de ampliar los medios de poder del Estado.

Con esto, se les asignó a los burócratas, sobre todo a los intendentes que tuvieron que considerar como tarea personal ocuparse de asuntos económicos, una importante función en las reformas políticas y económicas, ya que de su trabajo dependería en gran parte el éxito de las restantes medidas reformistas.

La iniciativa estatal no bastaría por sí sola para la realización del programa reformista y, por tanto, se promovió la participación activa de la población.

En este punto, llama la atención que la expectativas de los ilustrados españoles del s. XVIII en cuanto al desenvolvimiento económico y de la aplicación de las reformas, apenas se diferencian de las conceptualizaciones de los autores del siglo anterior.

Hay un reconocimiento del significado fundamental que tiene la agricultura y las medidas relativas a la distribución de tierras ociosas, la apertura de nuevos terrenos para la siembra, la promoción de un aumento de la población productiva agrícola y una modernización de los métodos de explotación en general. Esto también puede observarse en las proposiciones reformistas que se refieren a las labores manuales, así como en los planes de reorganización del ámbito de los impuestos, las proposiciones reformistas en el ámbito de lo social y la promoción de la introducción de nuevas técnicas productivas.

De todo ello, se deduce que los reformadores del siglo XVIII estaban más influidos por sus antecesores del siglo anterior de lo que se creía.

Se puede decir que la Ilustración española tuvo un marcado patriotismo, que buscaba el renacer de España. Esto sólo se consideraba posible mediante la revitalización de la economía, que a su vez crearía un mayor bienestar de grupos poblacionales más amplios. Para lograr esto se debían tomar medidas reformistas no sólo en el campo de lo económico, sino también, y previamente, en el campo de lo social y cultural, así como en la administración del Estado.

La política reformista se inició en el momento de asumir el poder Felipe V y trajo consigo rompimientos, sobre todo durante el reinado de Fernando VI, durante el siglo XVIII. Las numerosas medidas reformadoras que se tomaron en el reinado de Felipe, en relación con la organización civil y en el ámbito de los impuestos, así como la promoción del comercio y los oficios, a pesar de todo no se podían caracterizar como parte de la política influida por los conceptos de la Ilustración.

Estas reformas, especialmente las que se destinaban a dar mayor fuerza a la economía, llevaban todavía la marca de una política mercantilista. El punto culminante de la política reformista se alcanzó en el reinado de Carlos III, hacia la segunda mitad del siglo XVIII.

Durante el régimen de los reyes católicos, se unificaron los reinos de las coronas de Aragón y Castilla. Sin embargo, Aragón, Valencia y Cataluña conservaron en la época siguiente sus viejas instituciones. Uno de los principales cambios que Fernando e Isabel introdujeron en la organización interna de la monarquía fue el refuerzo de la autoridad real. Esto se logró mediante un proceso de debilitación del poder de la nobleza y el sometimiento de las ciudades. En la dirección de los consejos urbanos de Castilla se colocaron funcionarios de la Corona, los corregidores.

Esta figura sirvió para continuar la política centralizadora. El corregidor individual se desarrolló en medida creciente, desde ser un órgano de control central hasta llegar a ser el jefe de un municipio autónomo, con él como gobernador.

Los corregidores eran funcionarios con un periodo fijo de gobierno, establecido previamente y cobraban un salario. Su responsabilidad estaba en la administración de justicia, las funciones de policía, control de las finanzas urbanas, desarrollo económico de su jurisdicción, el aprovisionamiento de los abastos de la ciudad, la defensa de la ciudad y otras cuestiones por el estilo.

La administración de toda la monarquía estaba directamente en las manos de la burocracia de los llamados consejos que dependían del rey, cuya cantidad fue creciendo en el siglo XVI, tanto por la ampliación del poderío español, como por motivo del refuerzo de la autoridad real.
La autoridad central para Castilla era el Consejo de Castilla, que no solo era la suprema instancia para todos los asuntos de justicia, sino que además contaba con poderes muy extensos y era la mayor autoridad administrativa, y a cuyas órdenes estaban los corregidores.

En tanto, la administración de las antiguas provincias, autoridad a medio camino entre la autoridad municipal y la central, se había convertido en un puesto hereditario carente de las funciones administrativas concretas que tenía antes de la implementación de los corregidores.

La creación del Consejo de Hacienda significó el establecimiento de una autoridad central encargada de la administración de las finanzas de la Corona.

Este Consejo determinaba las cantidades pagaderas y su cuantía específica para grupos de personas o corporaciones. El cobro directo por parte de funcionarios reales sólo se realizaba en casos excepcionales. Normalmente eran recaudados por personal especial de cada área. Esta descentralización del cobro de impuestos, transferido principalmente a manos privadas o, al menos, a entidades autónomas, demostró su ineficiencia, ya que dejaba demasiado margen de abuso, que en el transcurso del siglo XVII la Corona no encontró manera de resolver.

Desde el punto de vista general, en el siglo XVII se dividían las tareas administrativas en cuatro áreas, las llamadas “cuatro causas”. La Causa de la Justicia, que abarcaba la legislación en derecho y la administración de justicia. La Causa de Policía, que se ocupaba de las tareas policiales de cuidado de la seguridad pública. La Causa de Hacienda, con tareas relacionadas al cobro y exacción de impuestos debidas a la Corona, como también de su administración. Finalmente, la Causa de Guerra, ocupada de las tareas de conscripción y adiestramiento del ejército.

Los dos primeros ámbitos mencionados estaban bajo la dirección central del Gobierno de Castilla, en tanto que los otros dos niveles estaban bajo el control de los corregidores.

Al agotarse la casa de Habsburgo con Carlos II, y ascender Felipe V (de los Borbones) al poder, los reinos de la corona de Aragón se declararon a favor del pretendiente al trono, Carlos, de la línea habsburga – vienesa. Después Felipe, en el curso de la guerra de sucesión , logró someter a los reinos aragoneses, y basado en su desobediencia y apoyado en las victorias militares conseguidas abolió sus privilegios y los sometió al derecho de Castilla.

Con esto, en Aragón, Cataluña y Valencia se introdujo el sistema de de administración castellana, y finalmente se logró la integración institucional de España.

Una de las principales innovaciones del sistema burocrático administrativo central, que aparentemente siguió el modelo francés, fue la creación de un Consejo de Gabinete, en el que se tomaban todas las decisiones importantes. Comparado con las atribuciones conferidas a esta nueva autoridad, al parecer el Consejo de Estado perdió mucho de su significado como autoridad consejera política de la monarquía española.

Fuente: Horst Pietschmann. Las Reformas Borbónicas y el sistema de intendencias en Nueva España

Imagen: Felipe V de España. De Wikipedia

viernes, 4 de enero de 2008

Reseña sobre las Reformas Borbónicas - 2


En el curso de s. XVI, por causa y en relación con el descubrimiento de América y la corriente de metales preciosos que fluyó hacia España desde el otro lado del océano, la Península Ibérica se había transformado en uno de los centros de comercio europeo. La actividad económicamente incrementada de España, en consonancia con las modificaciones del conjunto económico causadas por el flujo de metales preciosos, así como el alza de los precios de las mercancías, despertó el interés por las relaciones existentes entre estos factores con la economía, a raíz de lo cual hubo una serie de variados planteos de carácter político, económico, moral, etc.

Uno de los primeros escritos conocidos al respecto, fue el del contador Luis Ortiz en 1558, que indicaba que a pesar de su riqueza aparente España era pobre, ya que sólo exportaba materias primas y luego importaba productos terminados, y que esto producía una situación de permanente balanza de pagos negativa para el país. La industria estaba poco desarrollada y en manos extranjeras, ya que los españoles despreciaban el trabajo manual.

Para mejorar esta situación, este contador propuso que se estableciera un “plan de estabilización” amplio. Para empezar, sugería que se derogaran las leyes que descalificaban el trabajo manual en prestigio social y, en vez de eso, pretendía que se les diera a esas labores gran impulso. Pensaba incluso que el estado debía obligar a todos los jóvenes (incluyendo a los nobles), bajo amenaza de perder la nacionalidad, a aprender un oficio.

En ese contexto, Ortiz se declaró también en contra de los mayorazgos. Si se hacían navegables los ríos, si se construían carreteras, las vías de comunicación por el interior del país mejorarían y, con ello, se impediría que las provincias aledañas de Castilla consiguieran más baratos los alimentos traídos por vía marítima desde el extranjero. Pedía Ortiz también que se cargara con impuestos a aquellos que pudieran pagarlos, no a los que no estuvieran en condiciones de hacerlo.

Ortiz no buscaba que en España aumentara la cantidad de dinero circulante, pero las medidas antes descriptas permitirían, al menos, que dejara de salir dinero a raudales del país. De esta forma, se crearía riqueza a través de la acumulación del dinero. Si a eso se sumaba la propuesta del mismo autor de que se emitieran monedas de menor valor y con menor composición de metales finos, la Corona estaría en condiciones de guardar los excedentes de dinero y metales preciosos, con el fin de disponer de reservas y poder realizar inversiones.

Este y otros autores señalaron también la importancia del trabajo manual y de la agricultura, lo cual se expresaba en decididas exigencias del Estado para favorecer este ramo económico. Se desarrollaron planes para una reforma agraria, se propuso la distribución de tierras para el labrado a agricultores sin tierras y se recomendó la explotación en cooperativas de tierras comunitarias, al modo de las comunidades indígenas americanas.

En relación con la decadencia de la agricultura, en muchos escritos se abordaba también el problema de la despoblación de España. Diversos autores esperaban fuertes impulsos para la agricultura y la ocupación económicamente activa por medio del asentamiento de innumerables vagabundos que deambulaban por el campo, o bien la incorporación de inmigrantes extranjeros.
Se puede decir que la bibliografía económica de los siglos XVI y XVII es extensa y multifacética, y que expresó muchos lineamientos de pensamiento moderno, reconociendo fundamentalmente los problemas económicos de España.

La mayoría de los autores reconocieron el mal que conducía a España a la ruina, como por ejemplo los latifundios, la existencia del mayorazgo, la posesión de bienes en manos muertas, el problema del vagabundeo, la deforestación, la incontable cantidad de eclesiásticos, la baja estima en que se tenían el trabajo y las actividades manuales, las presiones causadas por los impuestos, el sistema de limosnas y la excesiva cantidad de días festivos.

El programa de reformas incluía la educación tecnológica, la inmigración de mano de obra no calificada, el saneamiento de las finanzas, la ampliación del riego artificial y la construcción adicional de transporte por barcas en el interior del país.

Ciertamente se pueden observar en aquella época (ss. XVI y XVII) algunos intentos aislados por contener la decadencia interna por medio de reformas; pero parece que no tuvieron éxito, ya que en muchos casos, su puesta en práctica no pasó de un inicio. Esto fue quizás debido a los constantes enfrentamientos bélicos, que no permitirían a España trazar planificaciones de largo plazo.

Fuente: Horst Pietschmann. Las Reformas Borbónicas y el sistema de intendencias en Nueva España

Imagen: Felipe II de España. De Wikipedia

jueves, 3 de enero de 2008

Reseña sobre las Reformas Borbónicas - 1



La gran mayoría de las investigaciones define las reformas como un intento inspirado por Francia y orientado por antecedentes franceses para la reorganización interna del imperio español. Esta opinión surgió principalmente porque durante la aplicación de las medidas reformistas en toda América se instauró el sistema de intendencias.

La historia de España en el siglo XVIII está influida por los esfuerzos de la corona por lograr el desarrollo de reformas internas en la economía del país, aumentar la fuerza militar y construir una flota mayor, para sobreponerse a la pérdida de poder político y a la decadencia interna que se sucediera durante el reinado de Carlos II, para intervenir en forma activa en la política europea.

Es un intento del estado español por aumentar su autoridad con la organización de un sistema administrativo burocrático eficiente.

El arma que los monarcas españoles emplearon para la organización de esta administración fue el establecimiento de la intendencia, sistema derivado del modelo francés de administración.
En el s. XVIII, cuando los enfrentamientos bélicos de las potencias europeas se extendían, conforme también al aumento de sus posesiones transoceánicas, España se vio obligada a intensificar sus esfuerzos por asegurar sus territorios imperiales de ultramar. Junto a esta necesidad defensiva, también vinieron los informes de altos funcionarios acerca de múltiples irregularidades en las instituciones administrativas americanas, lo que finalmente impulsó a la corona española a extender sus esfuerzos reformistas a sus posesiones en América.

España sólo emprendió esfuerzos enérgicos en la segunda mitad del siglo XVIII para reorganizar sus posesiones coloniales. Este desarrollo alcanzó su momento culminante durante el reinado de Carlos III (1759 – 1788).

Lo que querían los reformadores en la metrópoli era trasplantar el estado ilustrado de derecho y bienestar a América. La realización de esta tarea también se encargó a los funcionarios (los intendentes de provincia) nuevos en América. Luego de largas consultas preparatorias, a partir de 1776 se introdujo la reforma en los reinos transoceánicos. La existencia de metales preciosos en el virreinato del Perú, en Potosí (actual territorio de Bolivia), había llevado al encumbramiento de esa región, y convertido a Lima, su capital, en el centro más importante de Hispanoamérica desde el punto de vista económico y administrativo.En tanto que en el Perú los rendimientos de la explotación minera de metales preciosos se iban reduciendo constantemente y por tanto la fuerza económica del país disminuía en forma proporcional, Nueva España (México) experimentó un renacimiento, con un constante incremento de la producción de oro, y especialmente de plata. El correspondiente aumento de la circulación de dinero también confirió a las restantes áreas económicas un fuerte impulso y originó un desarrollo económico interno notable de ese virreinato.

Las reformas que la Corona española realizó en el siglo XVIII en sus posesiones americanas están relacionadas con la política reformista general que la dinastía de los Borbones llevó a cabo en todo el ámbito de la monarquía española que se inspiró en la idea de recuperación política de España.

El principio de las medidas reformistas coincide en el tiempo con un significativo cambio en la monarquía española, concretamente con el ascenso al trono de la dinastía de los Borbones, con Felipe V en 1700. El último rey de la casa de Habsburgo (de origen austríaco), Carlos II, había muerto sin dejar heredero, dejando tras de sí un país agotado por largas guerras, por la decadencia creciente de la casa reinante y además caracterizado por la mala administración. Felipe V era nieto de Luis XIV, rey de Francia, quien consideraba urgentes las reformas en el aparato gubernativo y militar, debido a consideraciones sobre los inevitables enfrentamientos armados derivados de la sucesión (Recordar que hubo una “Guerra de sucesión” entre Inglaterra y Francia por la corona española. Si encuentro algo en la net te mando el enlace también).

Las reformas estatales que se iniciaban quedarían bajo el mando y dirección de funcionarios franceses, que apuntaron sus objetivos a lograr reformas en el campo de la política económica. Con esto se iniciaría en España una fuerte influencia francesa, que no sólo se vería en la política, sino también en la forma de vida de la Corte y hasta en la moda.

Fuente: Horst Pietschmann. Las Reformas Borbónicas y el sistema de intendencias en Nueva España

Imagen: Carlos II de España. De Wikipedia